Blog de Eduardo Sánchez Rugeles

Sabrina Gómez, Kiara; por Eduardo Sánchez Rugeles

Por Eduardo Sánchez Rugeles | 11 de junio, 2012

Hace unas semanas, cuando decidí seguir la cuenta de Twitter de Sabrina Gómez, recordé la mañana en la que mi mamá me llevó a la tienda Sarela del Centro Comercial Concresa a comprar el perfume Deskaro. La contundencia del recuerdo no permitió autoengaños. La evidencia era irrefutable: acababa de cumplir 12 años y estaba profundamente enamorado de Kiara. Alguna vez, mientras esperaba su aparición en Sábado Sensacional, mi hermana me contó que el objeto de mi afecto, en realidad, se llamaba Sabrina Gómez y que era de profesión abogado. “Pasaron los años. Nació gente, murió gente… Nuevos años pasaron”, dice Eça de Queirós al final de “Los Maia”. Algo así ocurrió en la historia de aquel romance contemplativo. El tropiezo en Twitter, sin embargo, le dio una patada a la memoria. La medianoche prefiguró el insomnio. El techo, pedante como siempre, tomó partido a favor del desvelo. Una idea, entonces, confrontó los motores del aburrimiento. Conecté el disco duro externo a la laptop y exploré una vieja carpeta. Sabía que la encontraría. Transferí todo al iPod. Busqué un vaso corto, hielo, ron, un toque de agua. Música > Artistas > Kiara.

Es el amor” fue el primer ejercicio, los perfiles pixelados de Catherine Fulop y Fernando Carrillo, como animación de PowerPoint, aparecieron en los bordes del recuerdo. Aquel era el preludio de la telenovela Pasionaria. El sintetizador (esencial en la propuesta estética de Pablo Manavello) mostró los primeros acordes. Y, después de muchos años, volví a escucharla: “Tu boca arrastra mi boca/ los besos ruedan sin parar…”. Levanté el vaso al aire y brindé a la salud de la memoria. ¡Grande, Sabrina! Esta canción arrastra vicios inevitables en gran parte de la creación baladológica ochentera: hay un abuso del arreglo electrónico. Todos los instrumentos pasan por el filtro disonante del teclado. Kiara, sin embargo, elude los defectos de fondo con uno de los principales atributos a los que puede aspirar un artista: el estilo. El principio de la causalidad me obligó a saltar a otra pieza importante: “Con mi cara tan lavada”, primer sencillo promocional de Buscando Pelea (1990). Una vez más, el sintetizador confronta mi sensibilidad aséptica. “Con mi cara…” nunca fue una canción por la que sintiera preferencia. Siempre tuve la impresión de que, con este tema, Felix Madrigal y Pablo Manavello, quisieron imitar el efecto erótico/trágico que Rudy LaScala había conseguido con “Qué bello” pero el resultado, sin ser deficiente, muestra a primera vista su calidad de copia. (Imitar a Rudy, ese incomprendido, vilipendiado y originalísimo bardo, no es cosa fácil). De Buscando Pelea, la canción que más me gustaba era “De nuevo estoy temblando”. Tenía un siglo sin escucharla; balada a la italiana (de la escuela de Lucio Dalla), original de M.Marinangeli, versionada por Madrigal y Manavello. El recital continuó con el tema más importante de Buscando Pelea: “Quiero un ángel”, adaptación de Felix Madrigal, inscrita también en el modelo clásico de la balada italiana. En Venezuela, esta canción representó una denuncia pionera sobre casos de violencia de género. “Quiero un ángel”, curiosamente (incluso hoy día), puede ser interpretada como una balada de protesta. Venevisión, durante un par de años, transmitió los días viernes un programa llamado Romance Musical en el que se contaban algunas historias inspiradas en el cancionero de moda. Si la memoria no me traiciona, creo recordar que Mariano Álvarez participó en la versión dramática de “Quiero un ángel” (No sé si era el ángel o el demonio). La denuncia y el miedo se citan desde el primer verso: “Yo vivo en la desgracia / que él siempre me entregó”. El poeta, a través de la voz de Sabrina, hace alusión a la vigilancia opresiva, el rigor de los celos, la imposibilidad de la paciencia, el temor por la soledad y la incontrolable violencia del amante. “Vivía en el infierno / me secuestraba el sueño”, dice con pesar el hermoso timbre de mi Lupe ochentera. El efecto del licor, pasado por los excesos de Buscando Pelea, me incitó a dar un paso trágico, un salto al vacío, un golpe bajo a la memoria: el primer disco de Sabrina.

Kiara (1988) incluye uno de los más preciados logros de la balada venezolana finisecular: “Después de ti, composición original de Frank Quintero. Esta pieza, según mi discreto criterio melómano, es una de las mejores canciones de Sabrina. Usando a conciencia los matices graves de su voz, describe la fugacidad de la belleza, la melancolía resignada, la felicidad condicionada por el amor ausente. “Deskarado, por su parte, fue una canción esencial en la consolidación de la ochentería. Con ella, Pablo Manavello definió el estilo de la artista. La figura de Kiara se construyó alrededor de la imagen de femme fatale que esta canción dignifica y celebra. “Deskarado fue algo más que una marca. Con este tema, Sabrina propuso un nuevo concepto de feminidad en el contexto patriarcal y machista del cancionero venezolano. Hasta entonces, en la balada clásica, la mujer solía tener un rol meramente romántico, contemplativo y pasivo. La madrugada, prendada de Kiara, continuó con “A más de uno”, “Tú, me faltas tú” y “Alas de libertad” (joya original de Frank Quintero y Guillermo Carrasco). A conciencia, eludí la tercera del Lado A. Sé perfectamente que el iPod carece de agujas, palancas y revoluciones pero en ese momento, sosteniendo entre mis manos una carátula imaginaria, no pude evitar la sensación de deja vú. Al final, decidí confrontarla: Play¡Qué bolas este tema!, me dije. Y Kiara, por su parte, tras una breve cortina de guitarra: “Por qué me miras así / mientras me visto sin ti / recuerda bien este cuerpo que fue tuyo a placer para amar y olvidar”. ¡Su madre! Esa voz, herida y quebrada, sirve de preludio a una de las más importantes baladas eróticas de la historia contemporánea: “Qué bello”. Con estas canciones, Kiara desarrolló un contenido hardcore que para la época, sin duda, representó una flagrante transgresión. “Qué bello”, además, tiene un complemento necesario, un lado B, una continuación, un dueto con Guillermo Dávila que sirvió de banda sonora a la telenovela La Revancha. Me refiero al clásico “Tesoro mío”, composición original del crack baladológico Rudy LaScala.

Años más tarde (tragos más tarde) apareció Como un huracán (1992). Entre todo el conjunto de la obra de Sabrina, este trabajo, a mi juicio, es el que más adolece del exceso electrónico. Aunque se publica en 1992, el disco en su totalidad es muy ochentero. Las percusiones falsas, el exceso de bajos, el sintetizador omnipresente y el abuso de los coros le resta fuerza a interpretaciones de calidad. En esta oportunidad, también de la mano de Frank Quintero, Sabrina hace otro gran aporte al compendio de la balada erótica: “Baila conmigo”, clase magistral del curso académico Baladología II. Como un huracán, por otro lado, incluye una de las canciones más crueles en la historia de la composición romántica. Nunca, en mis rigurosos estudios baladológicos, he tropezado con una letra más despiadada que la de “No me importa nada” (P.Varona/ M. Rodríguez/ G. Varona). Si alguien quiere hacerle daño emocional a otro ser humano, solo debe obsequiarle los versos de esta canción. El timbre de Kiara, además, hace que la letra sea mucho más hiriente. Pero el gran éxito comercial de Como un huracán fue “Libérame”. Kiara, en este contexto, tras gestionar la creatividad lírica de talentos como Rudy LaScala, Pablo Manavello, Felix Madrigal y Frank Quintero en sus primeros trabajos, en esta nueva oportunidad, se asoció a uno de los más grandes realizadores de la canción contemporánea: Franco de Vita. Y, es curioso, Franco escribió “Libérame” utilizando los mismos arreglos que, un año más tarde, desarrollaría en su trabajo Voces a mi alrededor (1993). Sugiero a baladólogos ociosos hacer el ejercicio: escuchen algún tema de Voces y luego salten a “Libérame”. Los arreglos son idénticos. Se percibe, a primera vista, que a estas canciones las sostiene el mismo aliento creativo.

Luna de plata (1995) lo compré en CD, fue mi primer CD de Sabrina, todos los demás los tenía en acetato. “Nadie como tú” y “Hey hey” fueron los primeros sencillos, los que ella solía interpretar en Sábado Sensacional. Mi debilidad, sin embargo, siempre se centró en la canción que da título al disco. “Luna de Plata”, adaptación de Carlos Montoro, forma parte esencial de mi antología privada de la balada/pop noventera. Tengo la impresión, no lo sé, de que Luna de plata es el trabajo de Kiara menos condicionado por el contexto. Los arreglos acústicos, por primera vez, están por encima del sintetizador y el teclado. El paradigma musical ochentero, poco a poco, desaparece.

Corazón de contrabando (1997) coincidió con un período desafortunado para muchos artistas venezolanos. Quizás, solo Franco de Vita y Ricardo Montaner lograron mantenerse a flote ante el avance de la abulia, las tendencias en boga y las nuevas generaciones que, por distintas razones, perdieron interés por el pasado reciente. La radio, intempestivamente, dejó de favorecer a los intérpretes locales. Con el paso del tiempo, Kiara desapareció del dial. En esos días inciertos, fiel a mi espíritu baladológico, a pesar de la burla de los panas, me compré mi “Corazón de Contrabando” en el Recordland del Concresa. En ese CD, Kiara interpreta una canción original de Joaquín Sabina. Lo hace, además, diez años antes de que el propio Joaquín la grabara en Alivio de luto. Me refiero, justamente, a la canción que da título al disco. Lúcida en sus selecciones, interpretó un tema del para entonces extraño (por no decir inédito en América Latina) Pedro Guerra: “Cada dos días”. Dicen que soy una mujer original aunque lo intento cada día, recuerdan las cornetas. Al escucharla, tuve la impresión de que, alguna vez, en un programa malo de Televén, vi el videoclip dirigido por uno de los integrantes de la mítica Zapato3. El recuerdo, sin embargo, es muy inestable. Tras “Cada dos días”, se terminó la botella.

En combate singular con el techo formulé inútiles reflexiones sobre el abandono de las aficiones de juventud y los prejuicios venezolanos en torno al patrimonio. Muchos amigos músicos, letrados, intelectuales e insolentes acostumbran condenar con rigor mi debilidad por el género de la balada, en particular, por la balada latinoamericana ochentera y noventosa. En el caso de los artistas locales ese rigor suele ser mucho más implacable. El argumento con el que acostumbran desmontar el trabajo de estos intérpretes es el de una supuesta condición irrefutable de producto. Dicen que Sonorodven, entre otras industrias, apelando a la lógica del mercado, se propuso la invención de artistas de ficción como Karina, Guillermo Dávila o Kiara, que aquellas baladas no fueron más que una estrategia comercial cuya única pretensión era distraer la imaginación domesticada de una sociedad ingenua y críticamente pasiva. La verdad, creo que no me interesaría saber si Rudy LaScala o Pablo Manavello, reunidos con algún gerente de medios, hayan confeccionado la invención de Sabrina Gómez. No sé si Kiara fue un nombre ficticio que se elaboró en una oficina y que, tras una sesión de casting, se le adjudicó a la intérprete que más se parecía al modelo descrito en un cuaderno. Hoy día, repasando estas canciones, solo puedo decir que el trabajo de esas personas está ahí y que, guste o disguste, forma parte esencial de una tradición cultural que no ha sido inventariada ni estudiada con la atención y el respeto que merece. En el caso de Sabrina, el estilo es auténtico. La voz se defiende por sí sola. Esta mujer, además, fue capaz de convertir un verso sencillo como Y yo que te deseo a morir en una fórmula mágica que Georges Bataille, sin duda, hubiera querido incorporar como bibliografía a su clásico ensayo sobre el erotismo.

El amanecer hizo guiños tras la ventana sucia. ¿Dormir? preguntó el techo. Fuck, un nuevo día. Como dice Bukowski en uno de sus diarios: ¡Dios mío!, ¿Y ahora qué? El recuerdo de Sabrina, el tropiezo en Twitter ameritaba un bis. Giré la rueda del iPod. Mastiqué el último trozo de hielo. Retrocedí hasta la G. Artistas> Guaco (Featuring Kiara)>Triceratops>”Siempre juntos”. Play¡Qué grande Sabrina!

Eduardo Sánchez Rugeles 

Comentarios (6)

Joeif Ducgir
11 de junio, 2012

Señor mío: qué interesantemente cercano este recuento de tus discos, CD´s y preferencias. Casi le tengo afecto a cualquiera que le guste tanto “Después de tí”! Y hago constar que cuando recuerdo esa canción, es la voz de tu Sabrina-Kiara la que se viene a mi memoria.

CEFÁS.. !
11 de junio, 2012

BRAVO ! por “KIARA”… SABRINA “abogada” que canta, y que en lo musical de su garganta mágica tiene el poder de “trasnochar”, a TANTOS y más… que le recuerdan “inolvidablemente”, a pesar de su “frustación” de enamorados “platonianos” y de los años pasados… y los cuales – ya “madurados” por el tiempo – enyuntados a sus cálidos recuerdos, que guardados se han quedado en la tibia “complicidad” y “cibernetidad” de un “disco duro”… le escriben extraordinarios TEXTOS, que bien pudiesen ser considerados como “biográficos” VERSOS de trasnocho, amanecidos en el INTELECTO, la EMOCIÓN y el AFECTO; tales como el excelente éste, que leemos !… FELICITACIONES ! a Eduardo Sánchez, por eso…Y para KIARA, en su cuasi inmortal “virtualidad”: un respetuoso BESO “CIBERNÉTICO” !!! !

Eduardo Zabaleta
11 de junio, 2012

Apreciado Eduardo Sánchez Rugeles, simplemetne se la comió le invito a entrar en el blog de la radio online que dirijo, su temátic a es ochetera y conalgo de lso 70´s y 90´s … http://www.sospechosaonline.blogspot.com le sugiero si no tiene los plugins necesarioo para oir el audio streaming usar internet exploerer saludos

omar rojas
11 de junio, 2012

Cada vez me gustas más y me intrigas…. abrazos sr. e. s

Raiza gonzález
12 de junio, 2012

Excelente este relato de Eduardo Sánchez Rugeles, no solo por lo bien escrito que está el artículo, sino por las sensasiones que me generaron al leerlo, me pasó lo mismo cuando leí el que escribió de Yordano, uno de mis ídolos de mi anterior juventud y la de ahora también. No soy muy seguidora de Kiara, a pesar de reconcoer la potente voz que tiene. Y te digo Eduardo no las has escuchado cantando boleros, es extraordinara de verdad es como para arrancarse las venas y el corazón, con unos vinitos encima por supuesto. Si tienes la oportunidad no dudes en escucharla.

juan
12 de junio, 2012

Cuánta palabrería gastada en tonterías, como si se tratara de obras cimeras de la cultura universal. Dos cosas se puede decir a su favor, la primer es que tenía un vozarrón; la segunda, que al menos escucharla no era tan torturante como oir a María Rivas.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.