La escena ocurrió hace varios años, durante la presentación de un proyecto de formación literaria. Para subrayar la importancia de la literatura y, por ende, de proyectos como el que nos reunía, el poeta Eugenio Montejo se dirigió a los presentes para advertir (las advertencias de los poetas hay que tomarlas en serio, porque pueden leer el porvenir en los hechos presentes y escuchar las voces de los objetos inanimados) que debíamos estar alertas con los intentos de cambiarnos el significado de las palabras.
Y, ciertamente, no sólo es usual que en tiempos tumultuosos como los que vivimos se intente apelar a pervertir el idioma como una forma de sumirnos en una confusión paralizante, sino que (lo cual es más grave) caigamos inconscientemente en ese juego y aceptemos usar un lenguaje que cambie el sentido de las palabras, que nos llevará, tarde o temprano, a cambiar los valores que sustentan nuestro sentido de la realidad.
Un ejemplo de confusión bienintencionada reside en la palabra “tolerancia”.
En el argot de lo políticamente correcto, en esa tendencia por evitar la confrontación, la “tolerancia” se promueve como una virtud que, si guía nuestras actuaciones de forma masiva, producirá una mejor convivencia.
Se entiende: en tiempos en que la política (la opinión política) se ejerce con la lógica de la guerra, la palabra “tolerancia” intenta desmontar la idea de que forzosamente debe haber vencedores y vencidos en toda discusión. Y, visto así, posiblemente sea útil y hasta necesaria. Pero la tolerancia, lejos de ser un ejercicio para la convivencia, termina por ser un ejercicio de sobrevivencia. Pedir tolerancia es negociar, de alguna manera, el derecho al espacio y a la existencia, cuando las opiniones y modos de ver la vida (las de todos) merecen respeto, no tolerancia.
El verbo tolerar, cuando se aplica a las relaciones interpersonales, apunta hacia dos vertientes: una que indica respeto por las opiniones ajenas, y otra que se emplea para permitir alguna práctica de forma tangencial, aceptándola ambiguamente. En el primer caso, el ejercicio de la tolerancia se sustenta en una palabra inequívoca: el respeto, que es el reconocimiento del valor de una persona. El segundo es el que pone en práctica una “autoridad” carente de tal condición, cuando se hace la vista gorda ante las irregularidades de la ciudadanía en el cumplimiento de sus deberes, con el tácito objeto de inhabilitarlos para exigir sus derechos, volviéndolos sus cómplices.
Tolera el fiscal que los carros den la vuelta en U. Tolera el supervisor pequeñas fechorías de sus subalternos. Tolera el policía que los ciudadanos incurran en faltas que están expresamente prohibidas por reglamentos y leyes. Toleran las autoridades la buhonería. Toleran las fiestas y las armas en las cárceles. Y los motorizados conduciendo sin casco. O el exceso de pasajeros en un transporte público.
Tolera el poder los abusos de sus amigos contra sus enemigos.
Tolera, permite, se hace la vista gorda… Haga un ejercicio: cambie la palabra “tolerar” por “respetar” en las oraciones anteriores. Hágalo, en cambio, para referirse a la opinión ajena. Así es, producen ideas contrarias. ¿Conclusiones? Dejemos de pedir tolerancia para exigir respeto. La primera invoca un ejercicio discrecional, opcional. El segundo es preciso, digno, rotundo, y apela a una conducta que supone reciprocidad, compromiso, verdadera convivencia.
Así nuestras palabras expresarán lo que queremos y no su contrario.
Artículos más recientes del autor
- Miami: una mala palabra donde están pasando cosas; por Héctor Torres
- La primera baja, por Héctor Torres
- Filtrando el dique, por Héctor Torres
- No lo llame coraje, por Héctor Torres
- El dolor compartido, por Héctor Torres
- Ver todos los artículos de Héctor Torres

Blog de Héctor Torres


guardar en pdf
11 de Septiembre, 2012
Completamente de acuerdo con Héctor solo agregaría que la palabra tolerancia implica una cierta actitud de prepotencia y superioridad que no se puede tolerar. Te tolero quiere decir que “te perdono” por ser como eres. Es mucho mejor que te respeten por ser como eres.
11 de Septiembre, 2012
100% de acuerdo, el valor principal está en el Respeto, la tolerancia, es su primera vertiente, será una consecuencia de mostrar ese respeto.
11 de Septiembre, 2012
Don Héctor, Ya lo decía Benito Juárez “El RESPETO al derecho ajeno, es la paz”… y el abismo que existe en la interpretación entre las palabras Respeto y Tolerancia se vuelve infranqueable mientra no esté en nosotros el reconocer la razón en los demás y respetarlos por lo que son…
11 de Septiembre, 2012
Recordé con este artículo dos entrevistas; una al escritor Salman Rushdie y la otra a Ayaan Irsi Ali: ambos enfrentados a sus culturas de origen y ambos con sentencias de muerte por su rechazo al islam.
Ambos entrevistados sostenían que se debe respeto a las personas, no a sus creencias o valores. Se debe respetar a quién sostiene que la tierra es plana, no a su creencia; a quienes creen en Dios, no a las religiones; a quienes defienden el diseño inteligente sobre la evolución, no a sus fantasías.
Mis respetos a todos y no necesariamente a sus posturas ante el mundo.
11 de Septiembre, 2012
Ningún funcionario tiene “autoridad” para tolerar desviaciones de la ley. Por ello, el ciudadano que comete una falta sancionable ante un funcionario que no sanciona sino “tolera” queda como el toro con aro en la nariz manejable a futuro.
Pareciera que Héctor Torres indicara que, si queremos ser ciudadanos aguerridos, “no comprables” deberíamos exigir la sanción para mantener nuestra autoridad ciudadana ante los desvíos del poder.
11 de Septiembre, 2012
¡Maravillosa reflexión Héctor!, lo cual hago hincapié en que el “Respeto es el único camino para llegar a la tolerancia y sin ello somos seres humanos carentes de dignidad” Hoy día se ha abusado mucho del significado de esa palabra como método camuflado para sojuzgar e incluso desestimar a las personas, vamos…, a la ciudadanía y la población en general. Se están perdiendo valores importantes en la humanidad y pensar en ser tolerantes muchas veces no es suficiente y en la mayoría de los casos inaceptable, porque si se la aceptara, entonces estaríamos faltándole a nuestros principios morales que como bien se ha expresado es el RESPETO hacia mí y para con los otros. Lo dicho, es bueno ser tolerante, pero no abusado. U.U
Gracias por esta nota, ¡como siempre eres un crack, lo máximo! ^.^
¡Saludos y mis respetos sinceros!
11 de Septiembre, 2012
¡Me encanta! Lo de “tolerar” suena a “soportar”,”aguantar”,”resignarse” o dicho de manera mas coloquial a:”¡Te lo tienes que calar!”
11 de Septiembre, 2012
Mas que respeto y tolerancia, necesitamos conciencia.
A estas alturas, pienso que somos un pueblo sin conciencia.
La gente actua por instinto, porque se dejan llevar por los demas, porque asi les ensenaron desde ninos; sin detenerse a pensar y a tomar conciencia si lo estan haciendo bien o mal.
Y si no hay conciencia, no va a haber respeto ni maneras de desenvolvernos como sociedad.
11 de Septiembre, 2012
Muy interesante la reflexión del escritor y como toda excelente reflexión es muy fecunda para desarrollar otras reflexiones. Por ejemplo yo enfocaría más el asunto no a un nivel del lenguaje sino al nivel de los hechos.Respetar o tolerar barbaridades tienen como resultado común el permitir que ocurran. El problema de las democracias es que confunden a sus enemigos con sus adversarios ; y esto se dirige a un plano de hechos: los enemigos de la democracia no toleran ni repetan sus instituciones democráticas es decir son intolerantes.La pregunta dilemática es: los tolerantes deben tolerar a los intolerantes o los respetuosos deben respetar a los irrepetuosos.La respuesta a nivel de palabras es sencilla a nivel de la realidad tenemos 2 ejemplos históricos: la génesis del nazismo alemán y el conato de “salto atrás” francés con el neofacismo de Jean Marie Le Pen. En el primero se toleró y se respetó por una de las sociedades más cultas del planeta, en el segundo no se toleró y se unieron todas las fuerzas vivas para extirpar de raíz el arbol oprobioso de la intolerancia.No se trata de intercambiar vocablos simplemente se trata de no tolerar ni respetar la violencia, la corrupción, la injusticia, la vagabundería y la vulgaridad surrealista y kafkiana
16 de Septiembre, 2012
Excelente… esto aplica para la religión, la orientación sexual, la cultura, la posición política. Respeto es lo que merecemos todos los hijos e Dios.
17 de Septiembre, 2012
Mi desacuerdo con Héctor lo origina una experiencia de la niñez: trabajaba con mi padre en su camión de cerveza. Por esa razón, cada sábado “visitaba” las zonas de tolerancia cercanas. Tolerancia es para mí entonces el epítome de la felicidad pública, de la convivencia social hecha carne. Que me disculpe Héctor: que hable mal de la tolerancia y hable bien de respeto, indica que no ha pisado ciertos espacios donde ambos sufren inversiones y casi se contraponen.
Claro que tengo otras razones para mi desacuerdo: asocio la palabra con las guerras de religión europeas, cuyo eclipse fue anunciado con los llamados Edictos, no de respeto, sino de Tolerancia. No pienso que sea una mala tradición.
En cualquier caso, lo mío con la tolerancia es más visceral y, algo recuerdo, visual. Es asunto de impregnación, como los pollitos al nacer: dicen tolerancia y me trae buenos recuerdos. ¿Respeto? No, eso me suena a mi flaca y vieja maestra de cuarto grado con vestido al tobillo y regla castigadora de largo alcance. ¿Tolerancia? Es el recuerdo de una bata de dormir vaporosa de color rosado y seguro bajo costo que no ocultaba un gran par de piernas e insinuaba, es un decir, todo lo demás. Vista gorda, pues.
20 de Septiembre, 2012
Disculpen que el exceso de actividad me mantuvo alejado del foro. Es gratificante saber que esos temas que lo angustian a uno son compartidos por otras personas. Que el desarrollo del ejercicio de la ciudadanía es del interés de muchos. De acuerdo, en general, con sus contribuciones al tema. Vemos el mundo a partir de nuestras experiencias, Víctor. Es decir, no es tanto la discrepancia con el término como desde el sitio en el que lo vemos. En todo caso, el respeto es la base de toda relación en ausencia a aspirar al amor, que si es el valor supremo.
Gracias a todos, como siempre, por leer y por comentar. Saludos