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Razones de un desconocimiento internacional; por Rafael Rojas

Por Rafael Rojas | 3 de agosto, 2017
Fotografía de la OEA

Fotografía de Naciones Unidas

La reacción internacional contra la Asamblea Constituyente en Venezuela, que reúne a Europa y la mayor parte de las Américas, tiene diversos motivos. Desde los más inmediatos, como la frágil credibilidad de comicios, en los que el gobierno de Nicolás Maduro, en medio de la crisis actual, obtiene tres millones de votos más que hace año y medio o logra el milagro matemático de que más de ocho millones de ciudadanos voten en 24 000 mesas en 12 horas. Hasta los estrictamente normativos, que tienen qué ver con la inconstitucionalidad del proceso.

Maduro tenía derecho a convocar la Constituyente, pero la decisión de ir a elecciones legislativas correspondía al pueblo, en referéndum, y las bases comiciales debían respetar la ley electoral vigente y no introducir un modelo diferente de representación, basado en el territorio, comunas y sectores sociales, controlados por el gobierno o el PSUV. Ésa es la principal objeción, que ocultan los medios maduristas, para los que la inconstitucionalidad es un tecnicismo de la democracia burguesa.

A eso se ha referido siempre la fiscal Luisa Ortega Díaz cuando habla de ruptura del hilo constitucional. Ahora, consumada la violación de la ley, viene la exposición de motivos del propio gobierno. La verdadera intención, detrás de la negativa al referéndum revocatorio o a las elecciones locales y regionales. Ya comienza a insinuarse con el envío de Leopoldo López y Antonio Ledezma de vuelta a la cárcel, pero se verá más claramente cuando se produzca la disolución forzosa de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora.

Todo lo que ha sucedido en Venezuela, de enero de 2016 para acá, tiene que ver con la imposibilidad de un gobierno dividido entre el poder ejecutivo oficialista y el legislativo opositor. Por supuesto que hay responsabilidad de ambos actores en ese cierre del juego político, atascado en la deslegitimación mutua. Pero la ruptura del orden constitucional ha sido obra del gobierno, como valientemente ha sostenido la fiscal general.

Los aliados de Maduro en América Latina, especialmente Cuba, Nicaragua y Bolivia, que han sido los más enfáticos —Granma dijo “victoria ejemplarizante”, como si se tratara de un castigo—, preferirán hablar de amenazas a la soberanía venezolana y de saqueo de las reservas petroleras. No darán crédito a los datos inocultables del decrecimiento de la importación de petróleo venezolano desde Estados Unidos. Quienes desean y, sobre todo, necesitan petróleo venezolano son ellos.

Una vez más, Nicolás Maduro pone a la oposición a elegir entre la calle y la calle. Sin presencia en el nuevo parlamento, limitada en su acceso a los medios de comunicación nacionales, encarcelados varios de sus líderes e inhabilitada buena parte de su dirigencia local y regional, la oposición opta por la resistencia y el gobierno, naturalmente, por la represión. De ahí que la “paz” de la Constituyente no sea más que una fantasía macabra.

Rafael Rojas 

Comentarios (1)

Brother Full
3 de agosto, 2017

“como la frágil credibilidad de comicios, en los que el gobierno de Nicolás Maduro, en medio de la crisis actual, obtiene tres millones de votos más que hace año y medio o logra el milagro matemático de que más de ocho millones de ciudadanos voten en 24 000 mesas en 12 horas. Hasta los estrictamente normativos, que tienen qué ver con la inconstitucionalidad del proceso.”

Es sólo el preludio de los desmanes en que incurrirá la omnímoda constituyente.

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