Perspectivas

Quinto juego: Petit, el Grande; por Rodrigo Blanco Calderón

Por Rodrigo Blanco Calderón | 29 de enero, 2012

“La pelota es redonda” es una perogrullada que se utiliza para suspender los juicios apresurados y recordar que en el béisbol todo es posible. O que todo lo que sucede en el juego responde a una lógica de compensación a mediano y a largo plazo.

Si uno analiza las escogencias de Los Tiburones de La Guaira en la ronda de sustituciones, y hace un balance del RR y de la final, no puede sino concluir que la gerencia de los salados ha sido castigada por su imprudencia. La temporada de lujo que tuvo el equipo y que le permitió clasificar de primer lugar, quizás desembocaba únicamente en el privilegio de poder escoger primero que nadie al lanzador Yusmeiro Petit.

De hecho, el día anterior al draft, los Tiburones anunciaron que esa sería su primera escogencia. El campanazo sonó cuando La Guaira prefirió al jonronero Luis Jiménez, en lugar del pitcher de los Bravos de Margarita. El mensaje, en aquel momento, me pareció claro. Los Tiburones tuvieron en la temporada regular la peor efectividad de picheo y el mejor promedio ofensivo. Es decir, pensaban llegar a la final y conquistar el título a palo limpio.

La historia, ya se sabe, ha sido otra. Los Tigres de Aragua escogieron a Yusmeiro Petit, cuyo trabajo durante la postemporada ha sido maniatarnos, abofetearnos, hacernos mofa, darnos lepes, inning tras inning, al ritmo de una cantinela que dice “quién les manda a no escogerme”.

Los 5 juegos que ha pichado contra La Guaira los ha ganado demostrando un dominio absoluto, empapando con la garúa de sus lanzamientos exactos, fastidiosos, al supuesto camión de leña que los Tiburones traían para la final. Si algo conforta de todo esto es que el ensañamiento de Yusmeiro Petit, teledirigido por Buddy Bailey, revela que el manager de Los Tigres de Aragua tuvo muy claro desde el principio quién iba a ser su duelista y enemigo principal.

Con la serie en contra y al borde del precipicio, Los Tiburones de La Guaira sólo tienen el respiro de no volver a verle el rostro a Petit hasta la próxima temporada. En otra palabras, les queda el último chance de demostrar que toda esa fuerza contenida en la alineación más temible de la liga puede derribar todo sentido de prudencia y cálculo.

Más allá del resultado de esta final, queda como lección para la gerencia de Los Tiburones de La Guaira, y para los seguidores del béisbol en general, la venganza de Yusmeiro Petit. Un lanzador que ha hecho de un handicap, tener el brazo de lanzar más corto, más Petit, que el otro, una pieza decisiva dentro de su mortal mecánica de lanzamiento.

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Rodrigo Blanco Calderón 

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