Blog de Federico Vegas

Quince años por 60 segundos; por Federico Vegas

Por Federico Vegas | 24 de septiembre, 2016
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Fotograma del videoclip “No pasa nada” de Famasloop.

Yo quería ser director de cine, e hice el intento, hasta que empecé a descubrir que requiere un valiente don de mando del que carezco. No sé delegar ni convencer con la fuerza que lo hace Diego Rísquez. Mientras mayor es mi entusiasmo, más introvertido me vuelvo, más necesitado de soledad, por eso me he ido metiendo en este oficio de la escritura que tanto exige apartarse.

Esta claudicación ha sido provechosa, pero tiene su carga de nostalgia. Añoro el contacto con las emociones de los actores, que hoy son apenas sombras que se mueven en mi imaginación; y la coordinación de los complicados instrumentos, que en mi trabajo no pasa de un teclado; y la emoción del tiempo, un recurso que para el director de cine siempre es escaso y para el escritor a veces parece sobrar.

Hace dos días estas diferencias se han hecho dolorosamente palpables. Unos jóvenes han creado un video de un minuto y han causado una conmoción. Tres de sus productores han sido detenidos y tres más están siendo buscados para ser juzgados por la justicia militar. Si reparten la culpa entre los creadores, cada uno debería ser responsable por unos diez segundos, y parece que ya un fiscal habló de quince años de prisión (año y medio por segundo). Con este grupo de creadores se estaría batiendo un record de injusticia y saña, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿qué habrá en ese video que les resulta tan ofensivo y peligroso a los militares y al Gobierno?

Estoy orgulloso de lo escrito por colegas sobre lo que está sucediendo en nuestro país, y los respeto cada día más. De lo último que le leí a César Miguel Rondón, “Cuando ya nada importa”, se desprende: “Qué más podemos decir”. César habla sobre la rara y terrible sensación de estar metido en un desierto, y podríamos añadir, “donde las palabras no tienen efecto, digas lo que digas”.

Y esta semana descubrimos que hay otras maneras de expresión que sí importan, que sí duelen y producen desmedidas reacciones que revelan el miedo a que se diga lo que debemos decir. El video es una llama en el desierto, pero también un oasis donde comienza a beber una historia sedienta y necesitada de medios para expresarse con contundencia.

¿Qué diablos sucede en esos 60 segundos para generar tanto encono? Vemos a una madre enferma, una nevera donde no hay más que un pepino, una hija a cargo del hogar. Hasta aquí no hay nada que no haya sido dicho y visto antes. La trama se complica cuando nos enteramos de que el padre de la joven es un soldado.

Nuestro soldado (uno de los aportes del video es hacerlo sentir como nuestro) forma parte de un pelotón que está firme en una calle para no dejar pasar una marcha que protesta. Justo en el segundo 30 comienza la escena sacrílega que origina la persecución, la detención y la huida de todo el que tenga que ver con la producción de este video. La hija le comunica a su padre:

—A mamá se le acabaron las pastillas. Voy a salir a buscar comida en alguna cola.

Aquí es donde se traspasa la peligrosa frontera entre lo civil y lo militar, una zona peligrosa y confusa que debemos explorar.

En nuestro idioma a la palabra “civil” le tomó mucho tiempo asentarse y asumir lo que hoy tiene de sociable, de urbano y civilizado, al definir lo que es “propio del ciudadano”, tal como en sus orígenes latinos.

Al principio su significado era desestimable, mezquino, ruin, de baja condición y procederes, pues en los albores del español lo civilis se oponía a lo militaris: “lo propio del caballero”. Si dudan de esta evolución y su persistencia, pregúntenle a un militar, al que le tengan confianza qué piensa de los civiles.

Con los siglos, lo “civil” ha ido ganando terreno. En el DRAE de 1970 la acepción de grosero, ruin, mezquino, vil, está en el tercer lugar. En la edición del 2001 estos vicios pasan a la sexta acepción, pero siempre lo civil estará en peligro de volver a envilecerse.

En la historia de la política venezolana no hay tema más importante que la relación entre lo civil y lo militar, pues la proporción entre ambas fuerzas ha signado a todos los gobiernos. No voy a resumir aquí la historia de esta relación, solo me atrevo a decir que los civiles llevan la desventaja si analizamos los diferentes sistemas de gobierno que hemos tenido.

Con respecto al presente, les propongo un simple ejercicio: escriban en una hoja las siete personas que consideran culpables por el cataclismo que estamos viviendo. Es probable que lleguen a la figura número siete sin escribir el nombre de un militar en ejercicio.

¿Qué significa este resultado? ¿Qué no tienen responsabilidad en la dirección del país?

Pareciera que la respuesta es otra y se encuentra en una de las mutaciones que ha sufrido nuestra democracia en su tránsito hacia una total desaparición. No es una fantasía desmedida suponer que los militares son los que mandan mientras siete figurones civiles se están chupando toda la culpa, o mejor dicho, más de la que ya tienen.

La frase de Churchill: “Never was so much owed by so many to so few”, en nuestra Venezuela habría que traducirla: “Nunca tan pocos le han hecho tanto daño a tantos ciudadanos”. Esta sensación insoportable de que los gobernantes son pocos, cada vez menos, solo se entiende si esa reducida troupe de entretenedores, extraordinariamente bien pagados, tiene el apoyo de los militares, o más grave aún, si les sirve de mampara, de pararrayos.

Esta enrevesada situación explica que los militares pretendan encargarse de algo tan civil como producir y distribuir comida, y algunos líderes de la oposición digan que son gente muy competente; una ciega, torpe y adulante manera de decirle incompetente al gobierno y sonreírle al verdadero poder.

Por estas circunstancias resulta tan peligroso hurgar en ese límite entre lo civil y lo militar. En el caso del video, al mostrarnos con imágenes que valen más que mil palabras  (y todos los ensayos de todos los escritores) que un soldado es también un civil que está sufriendo, que está harto.

La democracia de finales del siglo XX, temerosa con toda razón del poder de los militares, les inventó limitaciones absurdas: no podían votar ni opinar. Estas barreras se eliminaron, pero en un solo sentido. Ante los militares los civiles somos tan mudos como unos muertos. Ellos pueden opinar sobre nosotros, juzgarnos, pero es un delito que una hija le diga a su padre, quien es uno de nuestros soldados y también un ciudadano:

—Papá, los que están protestando están sufriendo tanto como nosotros. Esto ya no se aguanta, y tú lo sabes.

Si esto no es un delito, ¿por qué tanto escándalo por la escena donde se representa este diálogo?

Esas hijas a cargo del hogar, que están vivas con esa vida capaz de generar más vida, no van a encontrar la solución, pero si propiciarán el desenlace. Las palabras de Jeremías no conocen límites ni fronteras: “Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera”.

 

Federico Vegas 

Comentarios (4)

Flor Bello
24 de septiembre, 2016

Gracias, como siempre acertado. Lamentablemente recuperar la democracia está cuesta arriba, a lo mejor me tacharan de pesimista pero así lo siento.

Demóstenes Pérez
24 de septiembre, 2016

El gorilismo corrupto y represivo — que manda sin gobernar — tiene la piel política muy sensible. Quienes tienen 17 años saqueando a Venezuela no perdonan 60 segundos de talento de jóvenes pensantes. Pensar, para el fascismo uniformado, es un delito, es un acto subversivo. Por eso toda esa carga de odio, acoso cacería contra nuestros jóvenes. El gorilismo olvida que un militar es un ciudadano uniformado con familia y amigos que también padecen la vida miserable y humillante.¿Puede un video, de 60 segundos de realidad, justificar 15 años de prisión para tres jóvenes venezolanos que jamás han robado recursos públicos? ¿Podrá el gorilismo, a punta de represión, ocultar una realidad miserable que ya está desbordada por estas calles?

Diógenes Decambrí.
25 de septiembre, 2016

Ese ejercicio que propone Federico, de nombrar a siete responsables del desastre en que convirtieron a Venezuela los redentores del chavismo, recibe mayoritariamente nombres de civiles, porque los militares, que ocupan los cargos de mayor envergadura, donde se bate el cobre y se apartan los cobres pa’los frescos, aparecen generalmente mimetizados como civiles, no usan el uniforme en sus oficinas, tan ajenas a los cuarteles y tan cercanas al atropello y al biyuyo. Maduro es tan parte del decorado, que a su orden decembrina de que regresaran a los cuarteles, reaccionaron ocupando más puestos y asumiendo la jefatura de la PDVSA paralela, CAMIMPEG, como para que no queden dudas de quienes son los que mandan, y el rol de pagapeos* que le endosan los militares a los civiles, incluyendo a Nicolás. (*Menester recordar la narrativa sobre el papel de las jóvenes de la servidumbre, cuando de sus amas mantuanas emanaban gases frescos, en misa for example).

Lubet Betancourt
25 de septiembre, 2016

Eso es lo que pasa cuando un régimen se siente acorralado, todo lo que significa “amenaza”, porque sabe perfectamente, que lo hace mal, quiere suprimir todo lo que refleja la realidad. Para infundar miedo, terror,con el fin de evitar que se vea su horror y que nadie se atreva a hablar.No nos callarán hagan lo que hagan. Siento pena por llores jóvenes que al hacer un y su trabajo se vean afectados en su libertad tanto de trabajar, pensar y expresarse.

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