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¿Qué pasaría si…? / “La muerte del piyayo” de Miguel Noguera; por Patricio Pron

Por Patricio Pron | 25 de junio, 2016
Que pasaria si La muerte del piyayo de Miguel Noguera; por Patricio Pron 640

Miguel Noguera fotografía por X. Olmos para El Mundo de España.

No sabemos realmente que es el “piyayo” a cuya muerte se alude en el título de este libro, aunque un poema del malagueño José Carlos de Luna lo describe como “un viejecillo renegro, / reseco y chicuelo; / la mirada de gallo / pendenciero / y hocico de raposo / tiñoso… / que pide limosna por ‘tangos’ / y maldice cantando ‘fandangos’ / gangosos”: el poema alude al cantaor y guitarrista Rafael Flores Nieto, pero es imposible saber si era a éste a quien el suegro de Miguel Noguera hacía referencia cuando afirmaba reiteradamente que en la televisión pasarían “La muerte del piyayo”.

Al mismo tiempo, tampoco sabemos si Miguel Noriega es un dibujante, un escritor o ambas cosas: por más elaborados que sean, sus dibujos no son precisamente deslumbrantes, y sus ideas son esbozos sin desarrollo narrativo. Acerca de la comicidad de su obra, es incluso más difícil decir algo, ya que en los textos de este libro (al igual que en los que conformaron Hervir un oso, Ultraviolencia, Ser madre hoy, Mejor que vivir y La vieja tigresa o el erotismo en la senectud, los libros anteriores del autor) hay una inteligencia difícilmente apreciable en la suspensión del juicio que se produce en la risa, así como una renuncia deliberada a los mecanismos más habituales del chiste como el diálogo, la caracterización y el remate.

Esto no significa que los textos de Noguera no sean graciosos (lo son en gran medida), sino que su comicidad parece más afín a la de autores que, como César Aira y Mario Bellatin (o Miguel Brieva), no son humoristas ni aspiran a serlo. En los textos de La muerte del piyayo hay avistamientos (como el del expendedor de velas “ya encendidas” en una iglesia), reflexiones mayor o menormente absurdas (“El abuelo le muestra a su nieto la clásica ilusión óptica del dedo índice que se parte por la mitad mientras le dice ‘Mira cómo te engaña el yayo’. ¿Quién dice eso? Si el yayo engaña, ¿conserva autoridad para denunciar el engaño?”), iluminaciones breves e intensas (“Si pillamos a un abogado lamiendo el gozne de una puerta, ¿cuánto le costaría recuperar nuestra confianza?”), inventos lanzados al rostro del lector para que éste resuelva las dificultades técnicas que su autor no se ha tomado la molestia de considerar (un libro voluminoso que produzca al ser recogido el impacto que tendrá en nuestro conocimiento su lectura, un puntero “menos preciso que el dedo y más corto que la mano”, una aplicación de móvil que informe en tiempo real de “accidentes con estilográficas que revientan y cafés que se derraman”, un libro electrónico sobre cuyo texto se proyecte un juego, interrumpiendo uno al otro de forma permanente, una piedra a modo de marcapáginas), cuentos breves (como el del hombre que sueña la tabla de contenidos del sueño que tendrá a continuación, brillante), una extraña obsesión por la violencia ciberpunk y los chorros (de agua y de orina), una serie de ideas, en fin, presididas por la única pregunta importante en la literatura: “¿Qué pasaría si…?”.

¿Qué pasaría, por ejemplo, si un fantasma “se le apareciera a un tipo en el bosque y justo en ese momento llega un ovni que no tiene nada que ver con el asunto y los abduce a los dos, al tipo y al fantasma”? A este último, “se le acumulan los pasmos en la bandeja de entrada”, y algo similar nos sucede ante las ideas bizarras (en el sentido de valientes) y extraordinariamente fascinantes de Miguel Noguera.

Miguel Noguera
La muerte del piyayo
Barcelona: Blackie Books, 2016

Patricio Pron 

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