Respiro

Octavio Paz, la India y lo humano de entender al otro; por Betina Barrios Ayala #Respiro

Por Betina Barrios Ayala | 9 de agosto, 2014

«Estabas cubierta de poemas/ todo tu cuerpo era escritura / acuérdate /
recobra la palabra / eres hermosa/ sabes hablar cantar bailar / Delhi»
El balcón, de Octavio Paz [1914-1998]

 Octavio Paz y la India como otredad, por Betina Barrios Ayala 640

Una de las características más hermosas de la obra de Octavio Paz,de quien este año se celebra el centenario de su nacimiento con homenajes en todo el mundo, es su capacidad de establecer analogías entre distintos escenarios, colocándose en el lugar de cada uno de ellos. Desde esta variedad de perspectivas, no sólo se interesa por conocer el otro lado de las cosas, sino que puede verse a sí mismo desde esa otra orilla.

La otredad es una de las fascinaciones de Paz y, a su vez, una forma de organizar el pensamiento y las ideas. La figura de la India en la vida de Octavio Paz ocupó un lugar importante: es en este país donde desarrolló una buena parte de su trabajo y se empapó de la fascinación que deja la inmersión en un nuevo mundo, un mundo que concibe una esencia radicalmente distinta a la que le resultaba familiar al escritor. La India, una sociedad de castas, profundamente compleja, en la que conviven infinidad de culturas de forma simultánea, dando vida a toda una estructura que se reveló ante sus ojos para quedarse siempre subyacente en la naturaleza de sus conceptos.

En sus roles de ensayista y poeta, Octavio Paz es considerado de los escritores latinoamericanos más cosmopolitas y prolíficos del siglo XX. Entendiendo cosmopolita como quien da una orientación educativa a su vida. El espíritu cosmopolita significa ser receptivo a nuevas personas, ideas, prácticas y formas de conducta. No se trata nada mas de tolerancia frente a las ideas y valores de los otros, sino también de una clara y entusiasta disposición a aprender de los demás, a penetrar en sus formas de vida y hacerlas parte de la propia, asumiendo nuevas formas de orientación cultural, moral y política. Esto no implica la carencia de una identidad. Por el contrario: es necesario gozar de un intenso disfrute del universo propio y un fuerte sentido de pertenencia para poder permitirse esa permeabilidad que requiere adentrarse en vidas y realidades completamente disímiles sin perder de vista quién se es.

Paz vivió alrededor del mundo por distintas razones, pero todas se vincularon con su incansable deseo de empaparse de nuevas experiencias que aportaran sustancia a su existencia y a su creatividad. Específicamente en Oriente visitó Birmania, Tailandia, Vietnam, Camboya, Nepal, Afganistán y Ceilán. En la India experimentó inmersiones y cambios profundos en su visión del mundo. Incluso se enamoró de la artista francesa Marie José Tremini, con quien contrajo matrimonio bajo un árbol Nim, con el rugir de tigres de bengala como música en el jardín de la Embajada de México en 1965. Con esa mujer estuvo casado hasta el día de su muerte, en 1998.

Paz traspasó las fronteras de la cultura occidental a través de sus funciones en el cuerpo diplomático mexicano.  Viajó por primera vez a India en 1951, como segundo secretario del servicio exterior mexicano, aunque ésta fue una estancia muy corta. Luego regresó como embajador desde 1962 hasta 1968, año en que tiene lugar la Masacre de Tlatelolco, en medio del Movimiento de 1968 en México durante la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz. Sus servicios prestados al Ministerio de Relaciones Exteriores de México terminaron de forma abrupta a partir de estos sucesos, pues Octavio Paz renunció públicamente a su cargo de Embajador en la India como muestra de rechazo frente a la agresión sufrida por los estudiantes y la sociedad civil, brutalmente reprimidos en medio de una manifestación en la que murieron centenares de personas en Ciudad de México.

La estancia de Paz en India, sobre todo a partir de 1962, se convirtió en espacio para la experimentación sobre lo humano y lo místico. Paz se introdujo en la cultura de este país hasta un punto en el que le fueron reveladas implicaciones profundas de las tradiciones religiosas, artísticas y filosóficas. Su curiosidad se fijó principalmente en torno al hinduismo y al budismo tántrico. Este último es, sin lugar a duda, uno de los objetos de estudio y análisis a los que más se dedicó el poeta y sobre el cual se distendió para establecer analogías y comparaciones relacionadas con el erotismo, lo sagrado y el lenguaje.

En la poesía de Paz el ser humano se pone de manifiesto, revelándose en sus formas más puras. No se trata de un instrumento de explicación de la naturaleza humana. Al contrario, se trata de una muestra de ella, una necesidad que no puede ser contradicha. En el trabajo de Paz el otro tiene un componente protagónico. Su razonamiento actúa como un espejo en el que se ve a sí mismo en su contexto y en el otro que está frente a él. El misticismo comienza a tomar la batuta en parte de sus creaciones y su trabajo se convierte en un puente entre dos mundos francamente divididos. En esta etapa oriental, Paz entró en una meditación profunda sobre su forma de concebir el mundo, la vida y el arte.

Entre los libros de poesía de Paz brilla imponente la India, siendo fuente de inspiración para Ladera Este, El mono gramático, Hacia el comienzo y Blanco. También sus ensayos Vislumbres de la India y Conjunciones y disyunciones se ofrecen como una autobiografía de la mano de una revisión de los aspectos fundamentales que este país dejó en la mente del autor. Asuntos como la convivencia de los contrastes en todo tipo de aspectos, el islamismo y el hinduismo, el monoteísmo y el politeísmo, la pobreza y la abundancia, lo masculino y los femenino, el ascetismo y el erotismo.

Tras esta etapa oriental, Octavio Paz comienza a plantear el erotismo, la poesía y el budismo tántrico como caminos para la realización humana. Agregó nuevos elementos a sus conceptos de lenguaje, tiempo, realidad, espacio, silencio, vacuidad, erotismo, misticismo, vacuidad y otredad, que lograron fusionarse con sus ideas y conclusiones previas a estas experiencias, para consolidar una estructura analógica conceptual mucho más completa y universal.

El tantrismo influyó la obra de Paz de forma complementaria, pues no difiere del todo con sus concepciones previas. Se trata de una fusión perfecta entre el erotismo y lo sagrado, la experiencia sexual como una forma de liberación. Es así como lo poético se introduce en la ecuación apareciendo como testimonio del éxtasis que experimenta el hombre descubriendo en sus instintos más puros la esencia de su ser.

El budismo fue también objeto de interés para Paz, siendo una doctrina filosófica que destaca el pensamiento crítico y la esencia paradójica de la existencia. Este último es uno de los criterios de análisis más utilizados por el autor, en su permanente juego de enfrentar los opuestos, ya se trate de masculino y femenino, Oriente y Occidente, o aquí y allá. A lo largo de su trabajo, Paz destaca que la revelación del ser viene de la mano de la experiencia poética y erótica en comunión con lo sagrado. Para llegar a esto, propone el desarrollo de una experiencia que definió como otredad: un movimiento que reconcilia al hombre, quien a partir de su soledad sale de sí mismo para encontrarse con el otro y sintetizarse en una comunión trascendente que conduce a la liberación.

Betina Barrios Ayala Instructora de Yoga . Licenciada en Estudios Políticos por la UCV. Master en Relaciones Internacionales por la Universidad de Belgrano, Argentina.

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