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Obama, Cuba y el idiota de la derecha latinoamericana; por Fernando Mires

Por Fernando Mires | 17 de marzo, 2016

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Idiota es una persona a la que si mostramos el sol con el dedo se queda mirando al dedo. Un idiota, luego, es alguien que no piensa más allá de lo que ve. Definición que no contrasta con la etimología de la palabra.

Según los antiguos griegos, idiotas eran todos aquellos que no sabían pensar políticamente. No se trata entonces de que los idiotas sean tontos. Pueden ser incluso muy inteligentes cuando analizan lo que ven. Lo que no pueden hacer es avanzar con el pensamiento más allá de lo visible. En otras palabras, no saben trascender. Hecho que en política suele ser muy grave pues la política se hace de acuerdo a las tres dimensiones del tiempo humano: recordando el pasado, pensando desde el presente y mirando hacia el futuro.

La reflexión acerca del idiotismo político de una gran parte de la derecha latinoamericana puede ser oportuna si consideramos la gran cantidad de ataques a que ha sido sometido Barack Obama de parte de diversos columnistas de derecha con motivo de su visita a Cuba. Según esas críticas, Obama viajará a Cuba a legitimar a la dictadura de los Castro, pasando por alto las violaciones a los derechos humanos, y con ello traicionado a los principios democráticos que dignifican su investidura.

La visita de Obama a Cuba nos es así presentada como una capitulación de un presidente populista frente a una tiranía familiar. A pocos de esos idiotas  –reitero, no es un insulto- se les pasa por la mente considerar el hecho de que la política internacional de los EE UU no es el resultado de decisiones puramente personales.

El presidente norteamericano es máximo portavoz en un sistema presidencialista. Pero decisiones tan gravitantes como son las que inciden en la regulación de espacios hemisféricos obedecen a razones muy diferentes al humor con el que cada día despierta Obama. Lo contrario sería pensar –es lo que imaginan los perfectos idiotas de la derecha- que la historia universal ha sido forjada por semidioses, héroes y villanos. Pero si así fuera no habríamos avanzado nada desde que Homero escribió La Iliada.

La política de Obama hacia Cuba –es elemental, pero hay que decirlo- ha sido configurada después de consultas, reuniones de expertos políticos y militares, incluyendo en ellas a connotados miembros del partido republicano.

En EE UU, a diferencia de la mayoría de los países latinoamericanos, la política internacional es en primera línea, materia de Estado. Entiéndase bien: de Estado y no de gobierno. Así se explica por qué el mismo Donald Trump no ha puesto el tema de las relaciones con Cuba en el centro de su rabiosa campaña electoral.

La política de Obama con respecto a Cuba continuará después de Obama del mismo modo como la política de Nixon con respecto a China continuó después de Nixon.

La pregunta correcta entonces es ¿qué buscan los EE UU –y no solo Obama- en Cuba?

La respuesta no puede ser otra: lo mismo que buscó Nixon a través de Kissinger en Pekín: un medio para estabilizar un espacio internacional. En el caso de Nixon en el Sudeste Asiático y en el caso de Obama en América Latina. Eso quiere decir que la política de los EE UU con respecto a Cuba no terminará en Cuba. Su objetivo hay que mirarlo más allá del dedo de Obama.

Es por lo tanto conveniente tomar en cuenta que la normalización de las relaciones con Cuba tiene lugar sobre la base de un contexto internacional muy diferente al tiempo en el cual ocurrió la ruptura de esas relaciones. Del mismo modo cabe convenir en que aunque la Guerra Fría ha finalizado, las amenazas en contra de la seguridad exterior de los EE UU continúan vigentes.

En el Medio Oriente el terrorismo islamista ocupa vastos territorios. En el horizonte político ya se dibuja un conflicto militar entre Irán y Arabia Saudita. Si Putin continúa avanzando, un choque entre Turquía y Rusia está programado. Por si fuera poco, Putin no oculta sus deseos de desestabilizar a Europa tejiendo alianzas con los populistas de la más extrema derecha.

En todos esos conflictos EE UU deberá ocupar nuevas posiciones.

Ahora, si pensamos seriamente más allá de Cuba, comprenderemos por qué al gobierno de los EEUU no interesa intensificar las tensiones con sus vecinos del sur. La política de Obama hacia Cuba debe, por lo tanto, ser considerada como una política de distensión: un acto simbólico, un gesto, una prueba de que las relaciones imperiales entre los EE UU y América Latina están llegando a su fin.

O dicho de otro modo: EE UU busca desactivar, en lo posible, el antiimperialismo ideológico sobre el cual se sustenta la llamada izquierda populista latinoamericana. En cierta medida lo está logrando.

Las derrotas electorales de los populistas en Argentina, Venezuela y Bolivia no son por cierto un producto directo de la nueva política de los EE UU hacia Cuba. Pero difícil será negar que los gobernantes pro-castristas han sido descolocados con el acercamiento de Obama al “bastión del anti-imperialismo”. Tanto Ortega como Morales, tanto Correa como Maduro, han perdido parte de la legitimidad simbólica de su poder frente a Obama. Gracias, entre otras cosas, al acercamiento de los EE UU a Cuba.

Porque por más vueltas que den al tema los idiotas de la derecha, en la historia quedará constatado el hecho de que la derrota del populismo de izquierda latinoamericano comenzó bajo, y en cierto punto, gracias, a la política del gobierno de Barack Obama con respecto a Cuba.

¿Significa entonces que Cuba es para los EE UU solo una ficha destinada a ser jugada en el tablero del ajedrez político? No necesariamente. Si bien el objetivo de los EE UU no es -no puede ser tampoco- la inmediata democratización de Cuba, es evidente que con la normalización de las relaciones internacionales el gobierno norteamericano intenta crear condiciones para que en un determinado futuro dicha democratización sea posible. De acuerdo a ese propósito no es errado pensar que tales condiciones serán factibles en un medio latinoamericano más democrático, menos populista y por supuesto menos anti-norteamericano de lo que es hoy día.

En cierto modo el gobierno estadounidense actúa de acuerdo a una hipótesis, la que como tal solo podrá ser comprobada a través del tiempo.

El futuro, solo porque es futuro, es siempre hipotético. Una hipótesis es, por lo mismo, una apuesta, y como toda apuesta, puede perderse. Pero peor todavía que perder una apuesta, es no apostar. Al hipódromo de la política se va a apostar o no se va. Ir solo a mirar como corren los caballos es cosa de idiotas.

Idiotas: el lector avisado sabe que me he estoy refiriendo de modo tácito a “El manual del perfecto idiota latinoamericano” (1996), un libro que causó revuelo en la América Latina de fin de siglo. Sus autores, Álvaro Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner y Plinio Apuleyo Mendoza, lograron describir al izquierdista clásico de América Latina, aunque al precio de hacer omisión de sus notorios equivalentes en la derecha. Dicha omisión ya no se justifica más. Estos últimos, los de la derecha, han resultado ser tan idiotas, o más, que los de la propia izquierda. Y eso ya es demasiado.

Los idiotas de izquierda existen todavía e incluso, bajo el amparo de los populismos del siglo XXl, tienden a reproducirse de modo exponencial. Son los que piensan que todo lo que sucede en América Latina es y ha sido el resultado de las conspiraciones del imperio; son los que rinden pleitesía a su supuesta y permanente condición de víctimas; son los que creen que las dictaduras de izquierda son “buenas” y, no por último, son los que imaginan que en nombre del socialismo y de la revolución les está permitido violar a todos los derechos humanos habidos y por haber.

El presente artículo no postula en consecuencia la sustitución de los idiotas de la izquierda por los idiotas de la derecha. Los idiotas de la derecha, los mismos que no han ahorrado tinta para injuriar a Obama por su visita a Cuba, no son sustitutivos, pero sí son sumativos con respecto a los de la izquierda.

Razones suficientes para pensar que el idiotismo político es un fenómeno definitivamente universal.

Fernando Mires 

Comentarios (17)

CarlosElio
17 de marzo, 2016

En verdad sería más idiota si se quedara mirando el sol. Y quien le enseña el sol con un dedo puede llegar a ser perverso.

Chacao Bizarro
17 de marzo, 2016

Bien.

Hilda Consuelo
17 de marzo, 2016

Bueno.

Carmen García Vilar
17 de marzo, 2016

Como toda apuesta, puede perderse… Ganarán, como siempre, los intereses de las cúpulas mandantes, a ambos lados del juego. Un toma y daca gatopardiano. En China, en Cuba, siguen encarcelando a los opositores de conciencia.En Rusia, simplemente los asesinan. Los delincuentes políticos juegan a ser demócratas de cara a la galería, pero no sueltan el botín. No hay que ser radical de derechas para ver en perspectiva, o en retrospectiva, y sacar la cuenta.

Freddy Siso
17 de marzo, 2016

LO IMPORTANTE, ES QUE LOS IDIOTAS ABUNDAMOS A LO LARGO Y ANCHO DEL PLANETA. LO GRAVE, ES QUE MUCHOS NO NOS VAMOS A CURAR.

Diógenes Decambrí.-
17 de marzo, 2016

“Putin no oculta sus deseos de desestabilizar a Europa tejiendo alianzas con los populistas de la más extrema derecha”: Y es probable que con populistas de la ultra izquierda, como el griego Tsipras, del partido Syrisa (que fue a Rusia por lana, y salió trasquilado, porque la Rusia de Putin no está hoy en condiciones de ayudar financieramente a nadie, el Rublo debilitado, fuga de capitales, alto desempleo e Inflación, y pretende abarcar militarmente más de lo que puede y debe). “Ir solo a mirar como corren los caballos es cosa de idiotas”: Esa me define totalmente, me encantaba ir al Hipódromo a disfrutar del espectáculo y -sobre todo- de los caballos (ya no lo hago porque el Hipódromo en la ciudad donde vivo fue eliminado por intereses obscuros y egoístas). Y es que tampoco me gusta apostar. “Idiotas: el lector avisado sabe”: AVEZADO.

Odoardo Graterol
18 de marzo, 2016

¡Muy bueno! Gracias por la lección. Aunque no cita a los “concretos” idiotas de uno y otro lado, ello deja que cada cual pueda lograr sus perspectivas… para no quedar como “idiota” del centro de alguno de los dos lados, ni del mismo “centro”. ¡Qué buena lección de Política! Gracias Profesor Mires… y disculpe el “encomio”, pues soy un simple estudiante agradecido de estar en una “salón de clases” de muy alto nivel.

Jose Pirela
18 de marzo, 2016

Al no haber superado la estupidez humana, el idiota no reconoce ideologías, solo sigue a la manada.

lars
18 de marzo, 2016

Los idiotas de derecha y de izquierda se complementan y retroalimentan. Para cada uno, el otro es algo así como “el resto del mundo”.

María Isabel Alvarez Mederos
19 de marzo, 2016

gracias señor mires… ahora entiendo el por què el empresario no se ha referido aùn a lo que hace el presidente en relaciòn a cubita la bella.. interesante lo que escribe..yo, muy de acuerdo y en especial, la ùltima frase: buenìsimo!!

lincoln martinez
19 de marzo, 2016

La experiencia en Siria de la entrada de Putin debido al descuido de Obama,perdió el control e influencia en el Oriente Medio, el notable ingreso económico de China en América Latina. Obama no puede permitir la presencia de Putin en Cuba y que China invierta en la Isla.

Fernando Mires
20 de marzo, 2016

Diógenes de Cambri: si quiere criticar hágalo, pero critique con fundamentos. No se pase de listo. Esto es lo que dice el Larouse sobre “lector avisado”. De nada. 1 Se aplica a la persona que es hábil e inteligente y se da cuenta de lo que puede ocurrir: el lector avisado detectará enseguida qué es lo que quiere decir el autor del libro. sagaz. Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.

Cromwell
20 de marzo, 2016

Como latinoamericano sé que la historia de la mayoría de nuestros países muestra la instauración de dictaduras unas sanguinarias como la de Batista en Cuba, etc y otras disfrazadas de democracia, promovidas y protegidas por Norteamérica, que detuvieron el desarrollo social, económico y político de sus pueblos durante décadas, sumiendo en la pobreza a millones de personas. El anti-imperialismo de latinoamérica no surgió por un acto de “idiotismo”.

Leopoldo Olmos
21 de marzo, 2016

La visita de Obama solo como una incidencia y sin merecidos antecedentes tendrá poca repercusión política y social para el pueblo cubano.

Gonzalo De Sola
21 de marzo, 2016

Excelente y claro artículo,hay que leer siempre entre líneas y proyectar a futuro,el tiémpo de cpmprensión política es lento en el pueblo,se debería dar mas rápido para accionar por la humanidad con expresion diversa y llegadera.ampliándo los ángulos !! Felicitaciones a Fernando Mires !

Olmar Centeno
21 de marzo, 2016

“Razones suficientes para pensar que el idiotismo político es un fenómeno definitivamente universal.”

100% exacto. Justo en el blanco. Ladrémosle al Imperio y meneemos la cola ante el Imperio Amarillo. O a la inversa.

César Reynel
23 de marzo, 2016

Idiota es quien no ve que detrás del sol que indica Obama está el vacío de un régimen totalitario, psicopático, despótico y dinástico.

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