Blog de Boris Muñoz

No estamos del lado correcto de la historia; por Boris Muñoz

Por Boris Muñoz | 28 de julio, 2015

Esta es la última de las tres entregas de la serie Demonios de la Transición escrita por Boris Muñoz. Si desea leer la primera, haga click acá. Para leer la segunda parte, haga click acá.

Exclusivo Gris

Desocupados (1934), de Antonio Berni

Desocupados (1934), de Antonio Berni

La política está llena de lemas contagiosos: “I Like Ike”, “La historia me absolverá”, “Democracia con energía”, “Con los adecos se vive mejor”, “¿Dónde están los reales?”, “Jaime es como tú”, “Por ahora…”, “Yes We Can”, “El tiempo de Dios es perfecto”, “Estamos del lado correcto de la historia”. Cada eslogan es una proposición que no se realiza a sí misma, sino que abre una puerta para que la realidad cambie y se convierta en otra cosa, idealmente en la cosa prometida. En política, el lema expresa un deseo, es un futurible: necesita de la historia para demostrar su capacidad de cumplirse modificando el porvenir.

Hablando de lemas que invocan la historia, estar del lado correcto de la historia es una de las ambiciones más grandes que un líder, un partido o una alianza política se pueden plantear. Más incluso en Venezuela, donde el relato histórico ha sido manoseado, abusado y retorcido a niveles alucinatorios. Hay que decir también que, pese a lo glamoroso que puede parecer estar del lado correcto de la historia, es de una arrogancia temeraria. No sólo porque entraña de por sí una idea de destino manifiesto —sentido de lo justo y lo correcto— que, al subordinar a los individuos a un plano superior que los trasciende, puede ser más excluyente que otra cosa, sino porque también trasporta ecos —o más bien un barro— de aquel famoso (por vanidoso y destructivo) eslogan de George W. Bush que fue repetido varias veces por Hugo Chávez: “Están conmigo o están contra mí”.

“Las sociedades están dirigidas por agitadores de sentimientos, no por agitadores de ideas”. Esta frase esclarecida del diario del poeta Fernando Pessoa debe servir como advertencia para quienes aspiran hoy a participar en la construcción del enorme cambio que necesita Venezuela. Es decir: los dirigentes de la oposición y el chavismo disidente (no gubernamental) deben poner su empeño en dejar a un lado la demagogia y el populismo para dirigir sus energías a elaborar y discutir las pautas de un programa de cambio cuyo resultado debe ser un nuevo gobierno que rescate la Nación y lleve adelante un nuevo contrato social.

El Estado venezolano ha entrado en un proceso de regresión en cuanto a su poder y su alcance, de modo que crear un nuevo contrato social es un asunto de responsabilidad histórica.

La decisión adoptada por los partidos reunidos en la Mesa de la Unidad Democrática de presentarse en las elecciones parlamentarias de diciembre con una tarjeta única es un paso significativo en esa dirección. Y que Voluntad Popular se haya sumado por fin a la tarjeta única, pese al evidente acoso del gobierno contra sus cuadros y líderes, es un acto de coraje.

Hasta ayer la oposición iba en una la marcha acelerada hacia el abismo. Este anuncio es un alentador cambio de dirección. Indica que se ha comprendido que, frente a la autocracia chavista, el faccionalismo opositor es un suicidio político. Ya no hay 15 o 20 oposiciones, según la agenda de sus toldas y líderes, sino una sola. Ahora el objetivo inmediato de la MUD y los partidos debería ser articular un liderazgo colectivo y un programa unitario consistente para sacar a la población de la desesperanza y el apaciguamiento inducidos por el gobierno.

LAS RESPONSABILIDADES PARCIALES Y COMPARTIDAS

Haber logrado la Unidad Democrática, sin embargo, es sólo un paso, no una garantía de éxito. Durante los cuatro meses que faltan de aquí a diciembre, el liderazgo opositor, apuntalado por las campañas locales, deberá mover el archipiélago de los desafectos a favor de una alternativa que haga un drástico contraste con el gobierno chavista. Y para lograrlo hay que amalgamar el malestar y convertirlo en un masivo —e inapelable— voto castigo.

En unas circunstancias políticas normales este objetivo sería suficiente. Pero dado el veloz colapso que atraviesa el país, es claramente insuficiente.

En primer lugar, porque los cambios necesarios son tan dramáticos —y de un impacto económico y social tan grande— que no será posible llevarlos adelante sin un amplio consenso y una conciencia clara del sacrificio. Como dijo hace poco la historiadora Margarita López Maya: no se sale ni rápida ni fácilmente de una crisis estructural que lleva varias generaciones acumulándose. Es necesario, para empezar a dinamizar y hacer crecer la economía levantando el control cambiario y algunos controles de precios, pero mitigando el impacto en las capas inferiores de la población, en un momento cuando casi no hay recursos que lo permitan y, para terminar, hay que motorizar el desmantelamiento del modelo rentista, una meta indispensable para el éxito de la sociedad venezolana. Y eso, desde cualquier punto de vista realista, sólo se alcanza a largo plazo.

Hace falta una combinación de Plan Marshall con New Deal: un plan de reconstrucción económica que contemple activación general de la productividad, el crecimiento del empleo y la modernización industrial, acompañado de un verdadero Estado de Bienestar que alivie el martillazo de las reformas, sin perder de vista que la meta es reemplazar el modelo rentista, desarrollar la economía y reducir la desigualdad.

Y para lograrlo hace falta algo más que una alianza política unitaria y una estrategia electoral.

Se necesita mucha persuasión para explicar los problemas que originan la crisis y la racionalidad detrás de las medidas. En otras palabras: hay que crear consenso y aceptación en torno a los costos de las reformas estructurales. Lograr esto en democracia amerita una visión integradora de la política. Y esa visión no debe ser producto sólo del acuerdo de élites esclarecidas, sino también del debate con los dirigentes de organizaciones comunitarias y de la sociedad civil.

En Venezuela nunca se ha dado un proceso con esa profundidad. De hecho, entendido a ese nivel, la Constituyente de 1999 hoy podría ser considerada una grotesca parodia.

Evidentemente, un cambio con verdadera y radical profundidad tampoco se pare de un día para otro. En última instancia, involucra trabajar con el Estado y las instituciones que ya existen. La sociedad no puede darse el lujo de seguir repitiendo estúpidamente lemas como “Inventamos o erramos”, que por lo visto nos mantienen anclados al error.

Segundo, porque el gobierno usará todos los medios a su alcance para impedir que la oposición alcance una mayoría calificada en la Asamblea Nacional. Esto ha quedado en evidencia con las inhabilitaciones políticas recientes. La asediada oposición ha resistido otras veces estos embates exhibiendo su capacidad de movilizar la indignación a su favor, como sucedió tras la detención de Daniel Ceballos, alcalde de San Cristóbal, y la posterior elección como alcaldesa de Patricia Ceballos, por una avalancha de votos. También sucedió como respuesta ética de la población ante la arbitrariedad de Chávez al negarle la reforma constitucional de 2007. En otras palabras no cabe duda de que el gobierno seguirá intensamente entregado a violar la ley para mantener su hegemonía, inhabilitando figuras potencialmente exitosas, implementando alteraciones de último minuto a las reglas de juego e incluso acentuando el acoso contra organizaciones políticas. Mientras tanto cada una de esas acciones profundizará su ya rampante deslegitimación ante la comunidad internacional. Si esto es bien aprovechado por la oposición y los descontentos del chavismo, desnudará aún más ante los votantes la naturaleza opresora del sistema de poder chavista provocando una repulsa aun mayor.

Desde luego que el gobierno cuenta también con otros recursos para descontar una desventaja que va cada día en aumento. Podría sacar algunos millardos de dólares de algún cofre secreto y aumentar de golpe el gasto público, inundar los anaqueles de alimentos y medicinas, llenar los bolsillos y los estómagos durante algunos minutos con un espejismo de prosperidad. Hay trucos que funcionan. La abrupta y masiva expansión del gasto público funcionó a la perfección en las elecciones de 2012 cuando con un petróleo a un promedio de 100 dólares diarios se bajó el desabastecimiento a niveles históricos y llevó la aprobación de Chávez a 58%. Cuando Maduro, con un petróleo también cercano a 100, perpetró el Dakazo, el chavismo subió 9 puntos de un solo tiro, gracias a la liquidación de línea blanca y electrónicos a precios de risa.

Sin embargo, esos son trucos ya vistos y, aun peor, irrepetibles. Suponiendo que el gobierno adoptará un conjunto de reformas económicas y fiscales esta misma semana –lo cual no hará-, ya no cuenta con el tiempo necesario para recoger resultados positivos, puesto que en el corto plazo la crisis se profundizará. Tampoco tiene la capacidad económica –con un barril de petróleo alrededor de los 50 dólares– y gerencial para administrar eficazmente una bonanza de cinco minutos que corra la arruga más allá de las elecciones. En última instancia, el chavismo puede activar en algún grado la maquinaria de “la marea roja” a través del reparto de sus exiguos recursos, pero incluso así la estrecha correlación existente entre la evaluación desfavorable de la gestión presidencial, la percepción negativa del país y los resultados electorales, desfavorece ampliamente al gobierno, como revelan datos históricos revelados hace pocas semanas por la encuestadora Datanálisis. De hecho, cuando la percepción negativa del país ha estado en auge los resultados electorales han sido generalmente más negativos para el gobierno que los números proyectados.

En teoría, se puede discutir si el gobierno hoy dispone de un margen de maniobra pequeño o casi inexistente, pero también cabe afirmar que remontar la ventaja de casi 20 puntos en intención de voto a favor de la oposición será prácticamente imposible.

La oposición tiene por primera vez en más de una década una posición claramente mejor que el gobierno para dar pasos decisivos hacia el control de uno de los poderes públicos, lo que como consecuencia puede generar el control de los otros poderes e incluso llevar a sustituir a Nicolás Maduro por la vía constitucional. Éste es el mejor escenario para la sociedad venezolana, pues tal vez sea el único que pueda conjurar las difundidas y ominosas profecías de violencia y sangre.

Pero se trata de un proceso que consta de diferentes escalas antes de lograr su objetivo. Y cada escala es prerrequisito de la siguiente. Esto implica un importante giro político para una oposición que se ha visto más de una vez tentada por los atajos y las vías rápidas. No sólo hacen falta una alianza política y una estrategia electoral, sino también una visión integradora y plural de la política plasmada en un programa común y en un acuerdo de base entre las partes que la integren.

Hablo de una alianza que debe acercarse al chavismo no gubernamental y disidente, para garantizarle la posibilidad de mantener el derecho de ciudad dentro de la política democrática. Esto no tiene nada de novedoso. Al contrario: forma parte del postulado del Gobierno de Unidad Nacional promovido por la MUD. Si se ven las consecuencias del Pacto de Punto Fijo (1958) y de la Asamblea Constituyente (1999) se concluirá que esto ha sido algo infrecuente en la historia contemporánea venezolana.

Para llegar a algo por el estilo, el chavismo disidente también deberá demostrar su moral rompiendo con el gobierno y denunciando los abusos, la ineficiencia y las corruptelas que tienen al país en caída libre. Hace pocos días el columnista de Aporrea Ramón Álvarez llamaba a rebelarse contra los coacción de la nomenclatura chavista:

“No podemos callar ante las incoherencias de este gobierno, ya que el silencio nos convierte en tontos útiles, nada de someternos a chantajes de que si criticamos somos terroristas o contrarrevolucionarios”

Álvarez es sólo una voz, pero por fortuna una dentro de un conjunto polifónico que crece cada día. La suya es, obviamente, una proclama insuficiente y muy tardía. Pero también es una rectificación de conciencia que el chavismo disidente debería tomar como ejemplo para profundizar su antagonismo con la nomenclatura y acelerar su ruptura. El paso siguiente sería reconocer que no podrán salir de la nomenclatura ni vivir en un país viable sin alguna forma de entendimiento con la oposición.

El resto es política.

La oposición tiene también una buena cuota de responsabilidades por asumir. Tras el acuerdo que incorpora a Voluntad Popular en la tarjeta única, los miembros de la MUD se comprometieron a recuperar la capacidad legisladora y controladora de la Asamblea Nacional y a renovar los poderes. Estas iniciativas son importantes para salir del marasmo en que se encuentra desde #LaSalida. Sin embargo, no se adelantó nada sobre cómo van a concretar estos objetivos.

EL PACTO INDISPENSABLE

Deberíamos enfatizar, sin embargo, que para salvar a la sociedad venezolana hace falta que los líderes de primera fila de la oposición —aquellos con opción presidencial— pongan sus aspiraciones individuales en el congelador para conformar un liderazgo colegiado.

Hasta ahora la oposición ha sido un archipiélago de posiciones confusas y anárquicas. Detrás de este hecho hay una verdad todavía más incómoda: muchos de sus miembros son rémoras del bipartidismo, lastres estériles que no aportan al país ni dan pruebas concretas de su razón de ser. Aun así, hay que vivir con ellas… durante un tiempo. Esos grupos también tendrán que asumir su responsabilidad haciendo a un lado sus pequeños intereses.

Las dos personas con mayor responsabilidad de sacar adelante a la oposición y llevarla a la meta son sus dos líderes principales: Leopoldo López y Henrique Capriles Radonski. Ambos representan dos estilos de liderazgo bastante diferenciados, con cualidades y defectos característicos pero también complementarios. Ambos, también en conjunto, amasan la mayoría absoluta de la intención de voto de la oposición. En sus dos campañas presidenciales, Capriles demostró ser un candidato capaz de remontar enormes obstáculos y adversidades. En su desempeño como gobernador ha demostrado constancia y consistencia de sobra, cualidades cardinales de un buen líder. López no solo ha sido un exitoso formador de cuadros, un ágil organizador, un movilizador de masas valeroso y con garra, sino también alguien que aun estando preso es capaz de proponer importantes jugadas políticas y marcar la agenda, como lo notó recientemente Hugo Prieto en su blog El Díscolo.

La pugna entre estos dos líderes le ha causado un daño a la causa opositora y a la política, porque ha llevado a miles de venezolanos a preguntarse sobre el sentido y los principios que fundan su creencia en la construcción de un mejor país. Es necesario reparar este daño mediante un armisticio personal que difiera sus desacuerdos y apetitos hasta cuando sea oportuno dirimirlos. Un pacto político no tiene que ser un matrimonio por amor. Ni siquiera una reconciliación entre adversarios. Un pacto entre Capriles y López es indispensable para motivar a los millones de venezolanos que quieren ponerle fin constitucionalmente a un gobierno ruin.

María Corina Machado, Antonio Ledezma y Henri Falcón, quienes han demostrado diferentes talentos y capacidades muy apreciables como la determinación, la templanza y la moderación, también deben impulsar este equipo mediante un compromiso de términos precisos y conocimiento público centrado en consolidar la unión y los objetivos de mediano plazo de una transición.

LA MEJOR MONEDA

Los hechos han demostrado que bajo el régimen chavista ninguno de los mencionados cuenta con condiciones objetivas suficientes para realizar sus aspiraciones individuales. En cambio, pese a las críticas que se le puedan hacer a la MUD, simbólicamente la unidad sigue siendo la moneda opositora de mayor valor. Por eso mismo, esa moneda debe ser extendida para abarcar incluso a aquellos que no se identifican espontáneamente con la oposición, convirtiéndola en la definición misma de los venezolanos que desean una Venezuela mejor y están dispuestos a trabajar por ella.

Y un liderazgo colegiado es la mejor manera de conseguirlo.

El equipo de líderes de la Unidad Venezuela debería avocarse a tres objetivos principales: hacer creíble la unidad, llevar adelante una estrategia multinivel para catalizar la transición y ser los mensajeros de un programa económico, político y social para navegar el trayecto más oscuro de la crisis y salir con éxito de ahí con éxito.

El segundo y el tercer punto merecen un desarrollo separado que supera los límites de este artículo. Sobre la estrategia multinivel, es suficiente esbozar algunos de sus posibles aspectos axiales: una estrategia electoral, una estrategia de movilización, una estrategia hacia el chavismo disidente y una estrategia internacional.

Sobre el tercer punto es necesario enfatizar la urgencia de una mensajería honesta y eficiente que explique a los venezolanos qué es lo que viene. Es altamente probable que sean los líderes opositores los encargados de vender la amarga medicina de los ajustes y reformas insuflando en los venezolanos altas dosis de paciencia y optimismo.

De eso también se trata el liderazgo.

A pesar de las distintas fórmulas para salir de la crisis que economistas y politólogos cabales como Francisco Rodríguez, Miguel Ángel Santos y Michael Penfold han puesto sobre la mesa, todos coinciden en la necesidad de atenuar su impacto mediante transferencias directas e indirectas. Traducido al cristiano: el paquete de reformas golpeará duro a una población ya castigada por la inflación y la escasez. Este golpe, aun siendo cuidadosamente amortiguado, puede tener un efecto desestabilizador e incluso explosivo. La gobernabilidad del país estará en gran riesgo. Y sin un liderazgo político responsable y eficiente, ausente en este momento, este riesgo se multiplica. Conseguir todo esto es un requisito ineludible para avanzar hacia un nuevo contrato social.

Desde luego, éstas son sólo hipótesis de lo que es posible. Nadie tiene el monopolio del futuro ni hay destino manifiesto. Tal como recuerda Octavio Paz: la historia es un continuo hacerse, una diaria invención. Y se hermana con la política por esa vía: ambas se basan en la acumulación de saberes y en lo provisorio de la experiencia, son apuestas creativas contra lo imprevisible, artes de lo posible.

Corresponde hoy a la oposición hacer su mejor y más urgente apuesta histórica para propulsar ese nuevo contrato social que haga posible una Venezuela viable, democrática y plural.

Boris Muñoz 

Comentarios (17)

henrique Meier
28 de julio, 2015

Concuerdo totalmente en particular con la necesidad impostergable de una gran alianza integradora, un pacto político y social de gobernabilidad sobre la base de una agenda básica o mínima común que incluya a todas las organizaciones políticas democráticas, al chavismo disidente, al sindicalismo autónomo, los empresarios independientes, las universidades, la Iglesia Católica y todos los demás cultos que consideren conveniente superar este régimen de poder que no ha hecho otra cosa que destruir el patrimonio ecónómico del pais, su capital social, la institucionalidad democrática y lo peor la convivencia pacífica y civilizada.

Belkis
28 de julio, 2015

Como siempre, un portentoso articulo de Boris. Excelente analisis. Lo que tememos muchos venezolanos, en esta proxima coyuntura electoral, es la infinita capacidad del regimen, o de sus mentores cubanos, para poner en practica las estrategias mas inesperadas, pero no por ello ineficaces, para hacerse -una vez mas- de los resultados, “contra viento y marea” No obstante, y aun ante esa posibilidad, los opositores debemos votar. Y, como bien lo expone Boris, consolidar una opcion firme, creible, confiable y capacitada, para emprender la compleja y dificil tarea, a ser desarrollada a largo plazo, de la reconstruccion del pais. Para ello, cada habitante de buena voluntad de este pais, hemos de aprender las cualidades y obligaciones minimas de ser ciudadano, comenzando por la participacion efectiva en los asuntos publicos, en todo lo que concierne y afecta al conglomerado social en sus diversas esferas. No sera facil, pero debemos intentarlo, el objetivo lo vale.

Gonzalo Himiob Almándoz
28 de julio, 2015

Muy bueno tus artículos Boris, un abrazo, y que Dios y nuetros líderes te oigan moderen sus ambiciones personales en función del país. un abrazo Gonzalo (padre)

Tanya Miquilena
28 de julio, 2015

Creo que estos tres artículos son de una alta contribución en este momento crucial. La claridad del planteamiento, que recoge la angustia de muchos venezolanos, abre una vía de acción que todos deberíamos apoyar y contribuir a su materialización. El logro de un liderazgo colegiado en los términos planteados en el artículo, permitiría cambiar el rumbo que llevamos y sumar muchas voluntades, así como ideas que ya están en marcha por parte de grupos políticos y de la sociedad civil para el proceso de transición y en la búsqueda del proyecto país que tanto se ha ansiado. Agradezco, como ciudadana común, la enorme contribución de Boris Muñoz en clarificar caminos y en proponer ideas concretas para superar las trabas. Pido alos venezolanos que trabajemos para lograr ese objetivo, y fundamentalmente a los líderes políticos.

KBULLA
28 de julio, 2015

Chávez podía esgrimir la mayor de las barbaridades y su tolda salía en cambote en defensa de la misma. En días pasados Capriles presentó una idea evidentemente populista y dirigida justamente a captar la atención de ese chavismo cada vez menos convencido de las bondades de la “revolución bonita”. El resultado fue, que desde las propias filas de la oposición salieron las más furibundas críticas a la propuesta de Capriles.

Difícil, muy difícil ese camino hacia una necesaria unidad integral. Los partidos de oposición (incluyendo los “bisoños” Primero Justicia y Voluntad Popular) siguen peleando fieramente sus cuotas de poder por encima de la evidente necesidad de un pacto social. Mientras no entiendan que “entre bomberos no se pisan la manguera” de nada va a servir el llegar a contar con una mayoría absoluta (simple no nos sirve) en la Asamblea. Las divisiones y saltos de talanquera por intereses mezquinos no se harán esperar.

Hernando Herrera
29 de julio, 2015

Bastante teórico y honesto el articulo de Boris, sin embargo no expresa el nudo de la problemática gestionaria de Venezuela desde los combatientes por la independencia en el siglo XIX. Hay que desmilitarizar las instituciones civiles del Estado. Hay que sustituir los detentores de los poderes públicos por hombres y mujeres probos, competentes y sabios. Hay que modernizar las escuelas publicas con maestros probos, competentes y honrados y correctamente pagados. Hay que profesionalizar las FF AA y disminuir el numéro de contingentes porque Venezuela necesita gente responsable y honesta y bastante menos militares. Reglamentar optimizando el acceso a la formación militar. Todo ello conduce un proceso mínimo de 10 o 15 años aunado a una institución judicial que sea ejemplo de probidad, competencia y autoridad moral y efectiva. De manera que hay que pedir y aplicar gobernabilidad inteligente, proba y con autoridad suficiente para ser creíbles y respetados. Caso contrario el pais seguirá en lo mismo o peor. Ahora es que hay trabajo y pareciera que los politicos de gobierno y oposición actual olvidan o por lo menos no muestran lo que hay que hacer ni en teoría ni en la practica para mejorar la calidad de vida de todos y cada uno de sus ciudadanos.

Tomas G
29 de julio, 2015

Nada de innovador cuando el articulo invita a seguir bajo el modelo de la planificación central cambiando el color. Venezuela necesita libertades de todo tipo. Basta de pensar que el Estado, como ente monopolizador de la violencia tiene la llave mágica para la distribución de recursos.

boris Muñoz
29 de julio, 2015

Siempre he dicho que el problema esencial son los déficit institucionales de todo tipo que el chavismo profundizó o incluso creó. Nadie habla de un Estado monopolizador sino de un Estado que cumpla su papel donde tiene que hacerlo. Una liberalización y desregulación general no resuelve nada en sí misma. Hace falta un mejor Estado, aunque una aspiración en la que coincide el anarquismo con el liberalismo es en la desaparición del intervencionismo estatal.

Edgard J. González.-
29 de julio, 2015

“eslogan de George W. Bush que fue repetido varias veces por Hugo Chávez: “Están conmigo o están contra mí””: Maduro le acaba de decir a Almagro, que está con dios (o sea él, Maduro) o está con Washington (en lenguaje ñángara, el diablo). Además de devaluar horriblemente al bolívar, devalúan a dios a una profundidad aberrante. “los dirigentes de la oposición y el chavismo disidente (no gubernamental) deben poner su empeño en dejar a un lado la demagogia y el populismo para elaborar un programa de cambio”: ¿Cómo se logra compatibilidad con quienes alaban “el legado de Chávez”, que equivale al período 1999-2012, y sólo cuestionan del 2013 pa’cá?. Deben lograr un equilibrio sobre compromisos 50% populistas y una amnistía total? “que Voluntad Popular se haya sumado por fin a la tarjeta única, pese al evidente acoso del gobierno contra sus cuadros y líderes, es un acto de coraje”: No entiendo que el presunto mayor acoso del gobierno a VP impidiese que se sumaran a la tarjeta única. “lemas como “Inventamos o erramos”, que por lo visto nos mantienen anclados al error”: Y también a las peores invenciones atadas a los esquemas parasitarios y clientelistas (salvo los éxitos alcanzados con los inventos de gallineros verticales y cultivos orinopónicos, los únicos rubros con excedente para exportación en la Venezuela chavista). “e incluso llevar a sustituir a Nicolás Maduro por la vía constitucional”: Con exigirle que muestre la Partida de Nacimiento, ya tiene esa nueva AN más de medio partido ganado.

Preocupado
29 de julio, 2015

Excelente trilogía de artículos, con la calidad a la que nos tiene acostumbrados el autor, se agradecen. Pero si bien hay razones para cierto optimusmo, creo que en general tanto este conjunto de artículos como sus comentarios y muchos otros obvian el hecho de que el regimen aún no ha jugado una carta: el fraude abierto, sin mayor disimulo. Si la elección está pérdida como luce, ¿qúe le afecta más, dejar el poder o quedárselo a lo Pancho Villa? Allí tenemos a los gringos agarraditos de las manos con el asesino menor de los Castro, con el aplauso del resto de los gobiernos del planeta. Para ese escenario hay que estar preparados.

Johnny Urdaneta
30 de julio, 2015

Lo que voy a comentar tal vez se lea como que está fuera de lugar. ¿Por qué en las dos primeras entregas de la seria habla de NOMENKLATURA? A diferencia de ellas en esta última se lee NOMENCLATURA. Asumo que se está refiriendo a la troika (alianza) a la que hace mención en las dos primeras partes pero, ¿fue escrita a propósito la palabra de esa forma?

Boris Muñoz
30 de julio, 2015

A Johnny Urdaneta: gracias por la observación. Tienes buen ojo. Lo había colocado originalmente con K, nomenklatura porque creo que se entiende mejor la alusión a una troika (término que prefiero) o camarilla. Esta vez la persona a quien le pedí que revisara el texto, me dijo que nomenclatura era mejor porque es la palabra que aparece en el diccionario y conserva la alusión. Sin embargo, tienes razón al notar la falta de consistencia con los otros dos artículos. Gracias y saludos

Jose R Pirela
30 de julio, 2015

La esperanza del nuevo contrato social venezolano lo tienen que difundir entre la población intelectuales y comunicadores. Los políticos venezolanos no soltarán la presa petrolera. Es precisamente de la estatización del petróleo de donde obtienen el Poder y la fuente populista. El nuevo contrato social democrático tiene que contemplar el empoderamiento económico de la población para que el Estado se dedique a los servicios y no a mandar. La MUD puede atraer el voto chavizta inconforme pidiendo su voto para pedir el revocatorio de Maduro

Jose R Pirela
30 de julio, 2015

Nuevo contrato sin petroestado La esperanza del nuevo contrato social venezolano lo tienen que difundir entre la población intelectuales y comunicadores. Los políticos venezolanos no soltarán la presa petrolera. Es precisamente de la estatización del petróleo de donde obtienen el Poder y la fuente populista. El nuevo contrato social democrático tiene que contemplar el empoderamiento económico de la población para que el Estado se dedique a los servicios y no a mandar. La MUD puede atraer el voto chavizta inconforme pidiendo su voto para pedir el revocatorio de Maduro

leonardo
4 de agosto, 2015

Creo que se plantean en el artículo, de manera clara, los desafíos, y en primer lugar el retorno a la institucionalidad. Muchas cosas parecen presumir de un estado que funcionaría de manera “democrática” ¿lo sigue siendo Venezuela? Dentro de la visión de la dirigencia chavista, creo que no. Queda, entonces, una gran interrogante ¿qué haría el chavismo perdedor en la oposición? ¿Hasta dónde estarían dispuestos a llegar, qué recursos estarían dispuestos a utilizar para salvar su revolución?

Pepetex
17 de agosto, 2015

Quiero agradecer a Boris Muñoz su contribución con ésta trilogía reflexiva al esclarecimiento de la ominosa situación en la que nos hallamos. Creo que éste aporte es capital en ésta hora oscura que padecemos en Venezuela y que requiere de claridad, coraje y liderazgo para señalar el camino correcto en un momento que todo pareciera confuso e inasible.

Es precisamente, esta percepción generada de manera intencional y deliberada por los responsables, la que demanda como contraposición, una dirección firme y comprometida no sólo con la derrota electoral de un GOBIERNO RUIN, sino en la capacidad y la sabiduría para comunicarle a los venezolanos que la reconstrucción de nuestro país conllevará indefectiblemente un ingente sacrificio de parte de cada uno de nosotros.

Es cierto. Ante el bloqueo de muchísimos paisanos que pensarán ingenuamente que sólo por ser el país con las reservas petroleras más grandes del mundo, nuestras perspectivas económicas mejorarán y en consecuencia la situación política también; hace falta una visión realista y proactiva que permita quitarnos el velo y admitir con humildad que Venezuela será un país con un desempeño modesto durante algunos años y quien sabe décadas.

Lo importante es salir del espejismo y la larga decadencia que precedió estos 17 años de barbarie, profundizados para empujarnos a este nivel involutivo en el que nos encontramos.

Comenzar por disipar los mitos de los que nos hemos alimentado los venezolanos a lo largo del tiempo resultará al final un bálsamo necesario, aunque la resistencia para tomarlo nos lleve aun algo de tiempo.

De cualquier modo, quedan estas reflexiones de Boris Muñoz para meditar y decidir el porvenir que anhelamos para nuestro país. Hay bastante trabajo por delante.

gerardo
18 de agosto, 2015

Comparto totalmente la tesis de que la oposición venezolana debe ir sumando adeptos electorales, bien sea por el desencanto lógico con este desastre o bien sea con el convencimiento político de sus planteamientos. Veo dificil que el llamado “chavismo disidente” comparta alguna idea con la oposición, mas bien es una corriente ultra comunista que no esta contenta con las propuestas “moderadas” de Cabello y Maduro. El verdadero potencial de la alternativa democrática esta en los descontentos con la “politica economica” del gobierno, en esa inmensa poblacion que esta al borde del colapso humanitario por culpa de los irresponsables, corruptos y depredadores que parasitan del Estado venezolano. Pero esto no es nada facil, el chavismo se ha encargado de crear un tipo de venezolano sui generis, el que con una bandera en la mano declara que tiene derecho a todo sin hacer nada por lograrlo. Chavez, al igual que todos los demagogos, convenciò a una gente, muy facil de convencer, que la necesidad es la medida de todo derecho y no el esfuerzo y el trabajo que se requiere para exigirlo. Sin una aproximación a este problema y a su solucion radical, no hay posibilidad politica para ninguna alternativa, ni siquiera para el propio chavismo. Pero no es imposible revertir esta terrible realidad, Caldera, con el petroleo a 9 dolares, logro establecer algunas reformas de las que hoy imploran los economistas que deben hacerse, y no hubo estallido social ni alzamiento militar, claro habia papel sanitario y harina pan!

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