Blog de Willy Mckey

Nicolás Maduro y las verdades del hombre kalashnikov que conjuraba pepazos; por Willy McKey

Por Willy McKey | 30 de diciembre, 2015

Nicolás Maduro no pudo contra las verdades del hombre kalashnikov que conjuraba pepazos

Una matriz discursiva puede construir la verosimilitud que necesita un hecho que no sea del todo cierto. También puede normalizar lo terrible o, para usar palabras guevarinas, volver cotidiano lo extraordinario. Las matrices discursivas emitidas desde el poder (desde cualquier poder) suelen tener esa intención: construir una visión singular de la verdad.

Singular y conveniente.

Un conjunto de matrices discursivas emitidas desde el mismo poder tiene, además, un llegadero: de manera programada o inesperada, logran confluir hacia un mismo lugar. Y pocas veces ese punto es una idea: suele ser una verdad a medias, un hecho real distorsionado, una mentira convertida en denominador común de esas matrices confluyentes.

Sin eso, sin la necesidad de tapar algo, toda matriz sería innecesaria: bastaría con contar la verdad.

El problema es que, en ocasiones el punto de encuentro de esas matrices, de todas esas verdades torcidas a conveniencia, es una persona: el militante, el creyente, aquel cegado por la fe.

En la edición número 52 de un programa de televisión que ocupa el tiempo del jefe del gobierno nacional una vez a la semana, Alberto dijo: “Aquí el que se rinda, un pepazo por la cabeza por detrás, pin”.

Un-pepazo-por-la-cabeza-por-Naky-Soto 320X100Y entonces la violencia instalada como licencia discursiva también puso en evidencia la falta de herramientas comunicacionales de la cual es víctima constante el presidente.

Apenas pudo reaccionar con una risa nerviosa, con un adolescente “¿Tú estás loco, chico?”, con una torpe reacción ante el-qué-dirán mediático: “No se te olvide que estás en vivo”, le dijo.

Y ese “No se te olvide que estás en vivo” fue una bofetada al país entero, este territorio de impunidad donde cada familia tiene un relato de duelo que suele terminar con el mismo sintagma nominal: “un pepazo por la cabeza”.

Aunque en Alberto la violencia desmedida logró eclipsarlo todo (como en el país; como en nosotros), en su confluencia de matrices dijo mucho más que lo del pepazo.

Por ejemplo: supo decir que la oposición no ganó, sino que sacó sus casi ocho millones de siempre… como si siempre hubiesen sido ocho millones. También dejó saber que aunque la guerra económica va contra todos, en el territorio de la guerra política llegó la hora de los machos, de los hombres. Y nos explicó que no tiene sentido el reclamo por los votos nulos que hoy ponen en tensión algunas curules ganadas por la MUD, pues él sabe que fueron empleados públicos que lo hicieron a consciencia, marcando “dos y tres veces”. Funcionarios públicos… como sus hijos, a quienes Alberto nepóticamente confesó haber dejado en puestos públicos importantes antes de retirarse del liderazgo nacional de los Círculos Bolivarianos.

Así fue como todos los argumentos que había intentado instalar Nicolás Maduro durante su alocución se vinieron abajo.

Ninguna matriz, por más oficial que sea, aguanta el impacto seco de verdades tan gordas como la ceguera militante de Alberto.

Y, a pesar de lo grave del asunto, no pasó nada. En señal abierta, vimos al mandatario callar, temblar riendo ante el pepazo convertido en sentencia imaginaria.

No le importaba que Alberto creyera que eso que decía eran verdades. El problema era que las dijera mientras él era el responsable de este vodevil fuera de programa que ya no era la parranda prometida.

Apenas pudo articular palabra, lo único que supo decirle fue que estaba en vivo y directo.

Nicolás Maduro no pudo contra las verdades aprendidas por el hombre kalashnikov que conjuraba pepazos.

Alberto no era culpable: sólo era el lugar donde confluían las matrices. Y eso nunca resulta conveniente. Las verdades torcidas se ponen en evidencia cuando las juntan.

Sin embargo, el poder debe saber moverse ante el derrumbe de sus matrices. Y esta vez no pasó. Apenas una risita, ver hacia otra parte, pedir que canten. Un extravío sonoro antes de volver a mostrar en cámara que era capaz de escribir un tuit.

Maduro perdió una ocasión más de tornarse pedagógico, pacífico, aleccionador… líder eficaz.

La risa del presidente era un naufragio.

De nuevo la política y las potencias de la comunicación se le escurrieron entre los dedos.

Alberto sólo repite, cacarea la violencia aprendida porque le han hecho creer en ella.

Alberto sólo es una parte del parque de armas inventariado durante estos años de violencia discursiva.

Alberto sólo habló en el idioma percutor que el poder ha convertido en su segunda lengua.

Alberto sólo se atrevió a hablarle al poder en un idioma que le habían enseñado.

Alberto es un hombre kalashnikov.

Alberto los tomó por asalto.

Y ahora que impugnaron a 8 diputados Qué puede pasar por José Ignacio Hernández 320x100Y lo hizo como suelen sorprender al gobierno más mediatizado de nuestra tímida historia patria: en vivo, en señal abierta, sin semiólogos que analizaran lo que dijo para llevarlo preso ni comisarios de Conatel mandando cartas a Miraflores diciendo que el moderador de este programa no supo detenerlo a tiempo.

El gobierno insiste en que no se le note cuánto poder ha perdido, pero son demasiadas las verdades torcidas que han cargado en el discurso de su militancia.

Y no hay ninguna que no pueda volverse en contra.

Son municiones.

Y la ceguera siempre convierte a la puntería en un imposible.

¿Cómo van a decirle a Alberto que un pepazo a traición (“por detrás”, dijo) es algo que no se dice por la tele?

Alberto sólo conjura aquello que le enseñaron como único dilema de la política: Patria o Muerte.

No le pidan a los hombres kalashnikov que recuerden que están en vivo.

Así es que se gobierna aquí: por televisión y en directo.

Willy McKey  Parte del equipo editorial de Prodavinci. Poeta, escritor, docente y editor de no-ficción y nuevo periodismo. Especialista en semiología política y conceptualización creativa. Puedes leer más textos de Willy McKey en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @willymckey Haga click acá para visitar su web personal.

Comentarios (9)

aymara
30 de diciembre, 2015

Excelente, como siempre

Estrella Pérez Matos
30 de diciembre, 2015

Señor Mackey: se botó, la botó con ese escrito!Sin desperdicio.

Mónica Santamaría
31 de diciembre, 2015

¡Excelente artículo! Siento que la risa de Nicolás tal como señalas era un naufragio, usando palabras de Benedetti, el simple Maduro, sólo es el palo mayor de un barco que se va a pique.

Rodrigo J. Mendoza T.
31 de diciembre, 2015

Un pepazo por la cabeza es un acto de barbarie, la barbarie y la violencia que han sembrado con prédicas constantes desde que llegaron al poder.

Si el pepazo se ofrece por detrás la cobardía de la violencia se dobla de la infamia de la traición.

El chavismo debería intervenir severamente, e impedir que la depravación de algunos continúe profundizando la degradación del país. Aunque fuera por razones de conveniencia política.

Víctor González
31 de diciembre, 2015

Excelente!! Ahora la pregunta es ¿cómo revertir el mensaje?

Luis Moya
1 de enero, 2016

Caray Sr. McKey su escrito me impresiona por su capacidad de análisis y su certero desmenuzamiento de los hechos. Mis respetos y saludos.

Elsa Este
2 de enero, 2016

Si, excelente. Y tenemos un nuevo término en el vocabulario para definir al chavismo: hombre Kalashnikov. Aunque ha decir verdad, tenemos un gobierno Kalashnikov. Gracias Sr. Mckey.

Petrusco
4 de enero, 2016

McKey actúa acá como altoparlante de lo nimio, para maximizar su importancia dentro de un esquema argumental que pretende arrostrarle al chavismo la exclusividad del discurso violento y de su accionar.

Lo que dijo un cantante equis se convierte entonces en algo SUMAMENTE importante, pero los deslices totalitarios, agresivos y ofensivos de personajes de renombre del lado opositor, son pasados por alto.

La realidad, que nunca escriben completa, es que la violencia acá (tanto en discurso como en acción) no es exclusiva, ni del chavismo, ni de la oposición. Ambos lados políticos la han practicado y de eso tenemos abundante evidencia.

La trampa caza bobos de que toda la maldad del mundo TIENE que estar del lado político que adversamos, ya debería ser desactivada de una vez y por siempre.

Willy McKey
4 de enero, 2016

Consecuente lector Petrusco: si esto llegara a suceder en un programa hecho por un mandatario con el cual tuviera alguna coincidencia política y que en su papel de moderador se quede naufragando en el silencio y no pueda esgrimir nada más que su miedo mediático, pero además por la señal del Estado, comprometiendo el presupuesto de varios ministerios y dejando que la violencia avance hasta los oídos de sus militantes como una patente de corso, sin ponerle el más mínimo coto, créame que tendrá mi palabra levantada en contra de ese mismo silencio con la misma celeridad. Gracias por leernos tan a menudo.

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