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Narrar la agonía del caudillo; por Rafael Rojas

Por Rafael Rojas | 3 de marzo, 2016
Narrar la agonía del caudillo; por Rafael Rojas

Fotografía de Esther Fernández. Haga click en la imagen para ver la galería “Grafitis de Caracas: norte, sur, este y oeste”

Como Emmanuel Carrère o Javier Cercas, el escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka piensa que una novela puede captar la crisis política de un país tan bien o mejor que un reportaje o un ensayo. Su ficción Patria o muerte (Tusquets, 2015) cuenta con maestría los dos últimos años del gobierno de Hugo Chávez, desde que le diagnostican un cáncer avanzado, en 2011, y su muerte en marzo de 2013.

Chávez se preparaba entonces para una nueva reelección a fines de 2012 que lo perpetuaría en el poder, gracias al principio reeleccionista que se introdujo en el referéndum aprobatorio de 2009. En vez de retirarse, el “Invicto e Inmortal Comandante” colocó su enfermedad, tratada en La Habana, en el centro de la vida de los venezolanos. El culto a la personalidad del líder llegó entonces a la obscenidad, explotando el afecto del pueblo chavista en una especie de rezo colectivo y permanente.

Lea acá el primer capítulo de ‘Patria o muerte’, la nueva novela de Alberto Barrera TyszkaBarrera cuenta aquel fenómeno trenzando varias historias que confluyen en la muerte del caudillo. Un oncólogo al que llega un video con las últimas imágenes del líder agonizante, llorando y suplicando a sus médicos que quiere vivir, que le salven la vida. Dos niños que inician un romance electrónico y que acaban fugándose de sus familias, quebradas por el despojo y la violencia. Un periodista venezolano que investiga en Cuba el secreto de la enfermedad de Chávez y una periodista estadounidense, discípula del antropólogo Charles Lindholm, que viaja a Caracas a estudiar el fenómeno de la dominación carismática.

Por el camino, Barrera realiza un diagnóstico de la enfermedad social venezolana, que funciona como analogía del cáncer del presidente. La violencia que hace que una madre caiga fulminada de un disparo en plena calle de Caracas o que la dueña de una casa se vea obligada a invadir su propio domicilio para forzar la salida de unos inquilinos renuentes. La violencia del fanatismo político que separa familias entre “chavistas” y “escuálidos”, como si cada casa fuera un microcosmos de la fractura nacional.

Apuntes sobre ‘Patria o muerte’, de Alberto Barrera Tyszka; por Luis Yslas PradoTodas esas historias llegan a su clímax a medida que el cáncer destruye el cuerpo de Chávez. El 5 de marzo de 2013, cuando se desata el duelo en Caracas, cada uno de los personajes vive el desenlace de una trama que tiene alguna conexión con la muerte del caudillo. Patria o muerte (2015) trasmite entonces la idea de que el tipo de liderazgo carismático que, en buena medida, por inspiración de Fidel Castro, desarrolló Chávez en Venezuela, acabó encarnando su propia profecía.

Si Chávez, según la propaganda bolivariana, era “el pueblo” y “la patria” y el único líder capaz de llevar a Venezuela al socialismo, cualquier alternativa a ese destino pasaba por la muerte, como decían los propios lemas del chavismo. El cáncer de Chávez apareció en la historia de Venezuela como un designio o una maldición, que convertía el drama populista en realidad política. Se entiende por qué Alberto Barrera Tyzska trata de devolver ese drama a la ficción, de donde no debió salir.

Rafael Rojas Rafael Rojas es autor de más de quince libros sobre historia intelectual y política de América Latina, México y Cuba. Recibió el Premio Matías Romero por su libro "Cuba Mexicana. Historia de una Anexión Imposible" (2001) y el Anagrama de Ensayo por "Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano" (2006) y el Isabel de Polanco por "Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica" (2009).

Comentarios (2)

Estelio Mario Pedreáñez
3 de marzo, 2016

Hay que leer la novela “Patria o Muerte” del talentoso escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka. Y difiero del lúcido Rafael Rojas sobre la figura del “Caudillo” (como también llamaron al dirigente adeco Alfaro Ucero): El caudillo no existe en Hispano-América, porque ya no existen ejércitos particulares mandados por hombres capaces de hacer la guerra como mecanismo para ejercer el poder político. Lo que puede existir son ambiciosos militares pretorianos o civiles, con gran capacidad para la demagogia, que ante la ignorancia popular y la debilidad institucional, logran electoralmente llegar al poder político para destruir la democracia y gobernar como hegemones, incluso buscando ser autócratas y/o ladrones del erario público, pero no son en verdad “caudillos”, porque ya la guerra no es el mecanismo para alcanzar el poder, a lo sumo el “Golpe de Estado”, porque, lamentablemente, en muchos de los países de nuestra América Latina aún vivimos tiempos de barbarie, de atraso, de salvajismo.

Diógenes Decambrí.-
3 de marzo, 2016

“su muerte en marzo de 2013”: Historiadores, Periodistas, Educadores, están obligados por ética profesional a indicar a sus lectores u oyentes, lo que pueda estar oculto tras una fecha, un nombre, un adjetivo, si existen sólidos indicios de que en la versión oficial hay adulteraciones que le restan veracidad. La fecha oficial de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez es el 17 de diciembre, aunque es muy probable que haya ocurrido antes, pero pospusieron el anuncio para hacer coincidir sus fechas de nacimiento y muerte con las del Libertador Simón Bolívar (no es reciente la manía de explotar ese culto). Es también muy probable que Chávez haya muerto en La Habana, a fines de diciembre (como incluso señaló su escolta de más confianza, Leamsy Salazar, quien lo acompañaba entonces), y que por motivos más graves que hacer coincidir simples fechas, lo mantuvieran “vivo”, hasta que aquel templete de falsedades comenzó a derrumbarse y forzó el “desenlace” melodramático del 5 de marzo, 2013.

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