Blog de Pedro Plaza Salvati

Muerte en la diáspora; por Pedro Plaza Salvati

Por Pedro Plaza Salvati | 11 de noviembre, 2017

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Oigo el himno y luego comienza el noticiario. La segunda información del día relata la muerte de un deportista venezolano. Teletica muestra en un video a David Yánez calentando antes de iniciar la carrera. El pobre David no sabía la suerte que le esperaba minutos más tarde. La presentadora menciona que habrá una entrevista con el abogado de la víctima. Se da inicio a la entrevista y, Luis Cubillo, el abogado, afirma que el conductor estaba completamente ebrio y que se dio inicio al proceso de medidas cautelares. Comenta que la fiscal ha sido muy diligente y lo que tendría que imponer el juez es la prisión preventiva de seis meses. Aspira a que no ocurra como el caso de los cuatro ciclistas que murieron atropellados a principios de año y que conmocionó a la opinión pública.

En la entrevista está también presente Laurens Molina, un atleta paraolímpico que ganó la maratón de Los Ángeles. Debido a una deformación congénita, ya que no tenía huesos desde la rodilla hasta los pies al momento de nacer, los médicos se vieron obligados a amputarle las piernas. Ello no impidió que Laurens Molina cosechara múltiples logros a lo largo de una carrera dedicada al deporte y a la competencia, tanto así, que se ha convertido en un motivador que da charlas de superación personal. Este destacado atleta fue el mismo que alojó en su casa a David, le dio techo y alimentación mientras el corredor venezolano procuraba ganar competencias.

Tanto Cubillo como Molina, dos costarricenses, afirman en televisión: ustedes saben cómo está la situación en Venezuela. David ya le había comprado un maletín a su hijo porque se le había extraviado en la escuela en Venezuela y no tenía cómo reponerlo. Se lo iba a enviar esta semana. Y afirman que la organización se desentendió de ir más allá de las obligaciones formales. Que los hermanos de David están por llegar y que serán hospedados en casa de Laurens Molina hasta que puedan terminar los trámites de repatriación del cadáver.

Veo en primera página del periódico (amarillista) La Teja, la leyenda sobre el accidente: “Su última carrera”.

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David Yánez Pacheco participaba en la Esencial Costa Rica Media Maratón y fue atropellado por un vehículo a alta velocidad que se dio a la fuga (fue alcanzado luego por la Policía de Tránsito). En una reseña aparece un Nissan negro, modelo B13, placas 687598, con el parabrisas estallado del lado del conductor. El reporte indica que David murió en el Hospital Calderón Guardia a las 6:59 a.m. de ese fatídico domingo 22 de octubre. En una foto publicada en los medios aparece el corredor con el número 7 colgado sobre su pecho y una nota: “David Yánez Pacheco se refrescaba con agua poco antes de que la fatalidad lo alcanzara”. Pienso en los destinos y los giros de la vida. Llevar en la camiseta el número 7 y venir a morir el séptimo día de la semana… Pienso no solo en las tragedias que enlutan las vías en Costa Rica, ciclistas y transeúntes atropellados con frecuencia, sino en las calamidades del exilio. No es la primera vez que escucho el caso de un venezolano que trata de forjarse un futuro mejor fuera de las fronteras para luego a perder la vida en ese lugar de sueños y aspiraciones. La crisis humanitaria, económica, política, social y moral lleva a que muchos compatriotas, la mayoría en contra de su voluntad, dejen el país como los que huyen de una guerra y luego, en ese lugar que eligen, les ocurre alguna tragedia. Como una cuenta regresiva:

Santiago de Chile, noviembre, 2017: Joven venezolana es asesinada a puñaladas por su pareja luego de una discusión. Una nota de prensa dice: “La terrible situación de crisis en Venezuela ha hecho que muchos jóvenes emigren buscando un futuro con mejores oportunidades. Entre estos soñadores se encontraba una joven de 26 años de edad que la tarde del sábado fue asesinada por su pareja”.

México, Playa del Carmen, septiembre, 2017: Ricardo Sosa, un bailarín venezolano muere de dos disparos en la espalda en un centro nocturno. De acuerdo al portal Noticaribe, Sosa había huido de Venezuela debido a la inseguridad.

Panamá, agosto, 2017: Oscar José Rengifo, un venezolano de 31 años de edad, fue asesinado de varias puñaladas luego de robarle su televisor y otros objetos de valor.

Bogotá, junio 2017: Leonard Jesús Alarcón, de 22 años, un músico venezolano que llegó a Colombia buscando una vida mejor, según indica la prensa, muere apuñalado en el pecho al tratar de evitar una riña a la salida de un bar en el sur de Bogotá. Alarcón no solo amaba la música sino que también se dedicaba a hacer tatuajes y su consigna en las redes sociales era, irónicamente, “La muerte no es el límite”.

Chile, julio, 2017: Joscar Antonio de Jesús Landaeta Zabala, de 25 años de edad, al día siguiente de llegar a Santiago de Chile en la búsqueda de un sueño, muere de un paro respiratorio. Según familiares, en ese momento tenían previsto cremar el cuerpo porque no contaban con el dinero para repatriar el cadáver.

Argentina, mayo, 2017: María Laura Perozo Hernández muere luego de llegar a Buenos Aires, “lugar al que había emigrado en busca de mejores oportunidades”. Las autoridades argentinas intentan dar con el paradero de los padres. En junio circula en los medios un llamado de Noemí Fernández y Martín Perozo, los padres, apelando a la solidaridad de los venezolanos para poder traer el cuerpo de su hija a Maracaibo.

Medellín, abril, 2017: Andrés, un adolescente de 16 años, “prefirió lanzarse del séptimo piso de un edificio antes que regresar a Venezuela, su tierra natal, y volver a vivir la crisis que atraviesa su país, del que huyó con su madre en agosto del año pasado”, reporta la prensa. La madre del joven tenía que regresar a la frontera para para evitar un estatus migratorio ilegal en Colombia. Ninoska García afirmó que su hijo tenía autismo y cuando le contó que debía regresar a Venezuela entró en crisis y en una severa depresión. La Alcaldía de la Estrella asumió los costos del entierro y se ofreció a cubrir los gastos de repatriación.

Lima, marzo, 2017: el venezolano-libanés Kamal Loutfe Youseff Saad fallece en un supermercado tras sufrir un infarto. Una nota televisiva relata: “Llegó hace ocho meses huyendo de la crisis política que atraviesa Venezuela. Su objetivo principal era darle un mejor futuro a su esposa y a sus dos hijos de 10 y 15 años, un futuro que se vio truncado cuando el personal de un conocido supermercado en el Rimac no lo auxilió cuando sufría un infarto”.

Panamá: febrero, 2017: Luis Portillo, un venezolano de 26 años, falleció en un accidente de tránsito en la Avenida La Amistad.

Alberta, Canadá, enero, 2017: Dos mujeres, identificadas por la Policía Montada de Canadá como inmigrantes de origen venezolano, fallecen en un accidente de tránsito junto a sus parejas, dos hombres que sobrevivieron y que solicitaron mantener el anonimato de las fallecidas.

¿Habrían estos venezolanos, por solo indicar algunos de los casos más notorios reseñados en los medios y que no incluye aquellas muertes “más silentes” también producto de la diáspora, corrido con otra suerte de haberse quedado en su país natal?

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Una nota de La Nación de Costa Rica indica:

“Conseguir, al menos, el segundo lugar de la media maratón San José, para obtener el premio de $500 y así enviar algo de dinero a su hijo de 13 años, era el objetivo del atleta venezolano de 35 años, David Yáñez Pacheco”. Otro medio impreso agrega: “Yáñez es parte de un grupo de corredores venezolanos que salieron de ese país en busca de una mejor situación económica. Desde el año pasado había destacado en las competencias nacionales. Los corredores venezolanos entrenan dos veces al día, tienen muchas ansias de ganar porque necesitan el dinero para ahorrar y forjarse un mejor futuro”.

David se había levantado muy temprano ese día y había llegado junto a su amigos, el venezolano Ángelo Olivo y el atleta paraolímpico Laurens Molina, entrevistado por Teletica al día siguiente del accidente. Yánez competía en categoría Elite cuando le correspondía la Master B, y lo hacía porque el premio era superior. Los tres amigos habían hecho acto de presencia llenos de entusiasmo por la carrera. Ángel y David habían participado durante quince años en competencias en Venezuela, Colombia, República Dominicana y Panamá. Cuenta Olivo a La Nación que durante la carrera se había extrañado de que luego de un cierto momento no vio más a su compañero: “¿Dónde viene David?”, se preguntaba, mientras se esforzaba por mantenerse como puntero. Se entera del accidente al llegar a la meta, y para mayor ironía de todo ese extraño día de luto, Olivo obtiene el primer lugar de Esencial Costa Rica Media Maratón 2017, así lo confirma el cuadro de ganadores: Ángelo Olivo Bonilla, con un tiempo de 1:10:20.

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Los hermanos de David Yánez, una familia de Tinaquillo, Cojedes, aparecen en Teletica. Los Tribunales de Justicia en la Avenida 8 de fondo mientras declaran aplomados pero con mucha rabia al mismo tiempo. Dennys Yánez fue directa y cruda: “No vine acá a pedir ni crema dental ni a pedir víveres ni vine a pedir dinero porque no lo necesito… Mi país puede estar pasando lo que está pasando, pero no es momento para cuestionar políticas”. Jesús Yánez dice que no puede ser que el conductor esté libre luego de cometer al menos tres fallas graves: “Con dinero no vamos a revivir a David, el dinero no es la felicidad, el conductor ebrio que atropelló a mi hermano cometió un delito y tiene que responder por el acto que cometió. Nos sentimos mal al saber que ya hoy el sospechoso esté en su casa”. De hecho, unas semanas más tarde se confirma la premonición del abogado Luis Cubillo con la nota informativa del 7 de noviembre de La Nación: “Tribunal ratifica libertad al chofer que mató al atleta venezolano. Jueces dijeron que tiene arraigo, trabajo y familia”.

Los hermanos Yánez también afirmaron que no habían logrado hablar personalmente con el cónsul de Venezuela en el país. Ellos esperaban que alguien del consulado los hubiera acompañado en los trámites, por lo que manifiestan sentirse indignados. Una nota de prensa agrega:

“Laurens Molina ha corrido con los gastos de todo, ayudando a esta familia y desprendiéndose de todo lo que tiene, para que puedan llevar el cuerpo de David hasta su natal Venezuela, ya que en Costa Rica el propio consulado venezolano les ha propuesto mandar el cuerpo vía marítima, algo que no es viable para la familia pues eso tardaría al menos unos 15 días”.

Con un acto religioso en una iglesia en Pavas despidieron el cuerpo de David Yánez Pacheco para que un avión de carga lo trasladara a Venezuela el jueves 26 de octubre y poder darle sepelio el sábado. Ese mismo sábado 28 de octubre, mientras era sepultado el cuerpo de David, en San José se desarrollaba una carrera/marcha en el parque La Sabana en su honor para recaudar fondos para el hijo de David. En el anuncio de este evento aparece una foto de David corriendo, lo que más le gustaba hacer, su pasión, su modo de vida, y un encabezado: “Donativos de amor: David Yánez”. Solidaridad costarricense.

Un periódico local presenta un extenso reportaje sobre lo ocurrido y titula: “Crisis venezolana: drama golpea a Tiquicia”. Se muestran varias fotos de David con su amigo, Ángelo Olivo, el ganador de la carrera, con su madre, con otros compatriotas, inclusive hay una foto donde se encuentra en un supermercado con un pote de leche en la mano y sonriendo a la cámara por la felicidad de poder escoger cualquier marca de leche; una foto que dibuja la escasez y la penuria del drama venezolano. Debajo de esa fotografía una nota del reportero: “David estaba muy cómodo en Costa Rica donde podía conseguir todo lo que necesitaba en cualquier supermercado”.

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El martes 21 de noviembre, Prodavinci realizará un evento en el teatro Chacao en el que Yorelis Acosta, Asdrúbal Oliveros, Michael Penfold y Ángel Alayón compartirán sus visiones sobre la situación en Venezuela y las perspectivas para el año 2018. Haga click acá para entrar en Ticketmundo y comprar las entradas.

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Pedro Plaza Salvati 

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