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Medio siglo de ‘Paradiso’; por Rafael Rojas

Por Rafael Rojas | 21 de febrero, 2016
Medio siglo de 'Paradiso'; por Rafael Rojas 640

El escritor José Lezama Lima (La Habana, 1910-1976) retratado por el fotógrafo Iván Cañas en 1969.

Hace cincuenta años la editorial Unión, en La Habana, editó por primera vez la novela Paradiso de José Lezama Lima. Se trataba del Bildungsroman de un joven habanero, José Cemí Olaya, alter ego del propio Lezama, en la Cuba de la primera mitad del siglo XX. Familia, lecturas, amigos, religión, sexo y ciudad se volcaban en una prosa exuberante, a ratos ingeniosa, pero siempre barroca.

Era, como el propio Lezama lo concibió, el paso de una poética de la literatura y de la propia historia de Cuba a la ficción.

Lezama era un poeta y un ensayista admirado fuera de la isla desde los años 40 y 50, cuando dirigió la importante revista Orígenes, donde publicaron Octavio Paz, Carlos Fuentes y algunos de los mejores escritores de la lengua. Los seguidores de Orígenes habían leído cinco capítulos de la novela, entre 1949 y 1955, que Lezama publicó en números sucesivos de la revista. Los muchos amigos del poeta en el mundo esperaban la edición definitiva de su novela.

El impacto de la publicación, dentro y fuera de Cuba, fue evidente. Algunos escritores del boom de la nueva novela, como el argentino Julio Cortázar o el cubano Severo Sarduy, se convirtieron ya no en lectores sino en devotos y exégetas de Paradiso. A dos años de la edición habanera ya había ediciones de Paradiso en Era (Ciudad de México) —gracias a la insistencia de Carlos Monsiváis—, en Ediciones de la Flor (Buenos Aires) y en Ediciones Paradiso (Lima).

Otros narradores del boom, como Mario Vargas Llosa, aunque no se entusiasmaron tanto —el peruano siempre admiró más a Alejo Carpentier que a Lezama Lima—, reconocían que la aparición de Paradiso era un acontecimiento. En su “Crónica de Cuba” (1966), publicada en Cuadernos del Ruedo Ibérico, escribía Vargas Llosa: “¿no es significativo que el libro más importante aparecido en Cuba en los últimos años sea la novela Paradiso del católico (y poeta hermético) Lezama Lima?”.

Dentro de la isla, además de seguidores, Lezama y Paradiso se ganaron muchos detractores, que desde el poder político y la burocracia cultural intentaron contrarrestar la buena recepción de la novela. Ejemplares del libro fueron retirados de librerías y el funcionariado ideológico propagó una pertinaz estigmatización de Lezama, en la que se juntaban machismo, homofobia y ateísmo. La conjunción de nacionalismo católico e imágenes fálicas, de los parlamentos eruditos de Fronesis y Foción y las orgías de Farraluque y el guajiro Leregas, era un escándalo para la nueva élite comunista.

Al rechazo oficial de Lezama Lima por su catolicismo, su homosexualidad y, también, su refinamiento intelectual, se sumó en 1968 el apoyo del viejo escritor a Heberto Padilla, un joven poeta que en un cuaderno de ese año, Fuera del juego, cuestionó abiertamente los rasgos cada vez más estalinistas del socialismo cubano. A partir de entonces y hasta su muerte, en 1976, el autor de Paradiso, que era venerado por lo mejor de la literatura iberoamericana, se convirtió en un exiliado dentro de su propia isla.

Rafael Rojas Rafael Rojas es autor de más de quince libros sobre historia intelectual y política de América Latina, México y Cuba. Recibió el Premio Matías Romero por su libro "Cuba Mexicana. Historia de una Anexión Imposible" (2001) y el Anagrama de Ensayo por "Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano" (2006) y el Isabel de Polanco por "Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica" (2009).

Comentarios (3)

Diógenes Decambrí.-
21 de febrero, 2016

Dos rasgos esenciales de quienes se alienan a la ideología comunista más ortodoxa, son su actitud de Superioridad respecto de todo aquel que rechace apoyar sus anacronismos y crímenes, y la Mojigatería que los lleva no sólo a la Homofobia más rastrera, sino a la Censura de libros, filmes, incluso costumbres que consideren inconvenientes a la imposición de su credo totalitario. En la Venezuela chavista vemos que llegan al extremo de atacar que se produzca cerveza (odian los licores, en apariencia), y el funcionamiento de los Centros Comerciales, una genuina Oda al más remoto pasado, a donde quisieran llevarnos con sus mentalidades cavernícolas y autoritarias.

Libia Kancev
21 de febrero, 2016

Leí Paradiso en 2011. Mi edición es la quinta de diciembre de 1976 de Ediciones De La Flor que encontré, bastante deteriorada, en una librería de viejo. Ella fue mi primer acercamiento a la prosa de Lezama Lima. Novela realmente extraordinaria que me llevó a buscar con ahínco, por diversas librerías de Caracas, la promocionada como su continuación, Oppiano Licario publicada posterior al fallecimiento de Lezama. Sus cuentos sólo los hallé por Internet y para mí son de un interés singular.

Este artículo de Rojas puede constituir una especie de homenaje a ese gran autor cubano quien en vida no supo ser reconocido en su propia tierra. Desde que lo leí por vez primera no sé por qué me embargada la idea de que Lezama Lima debió haber sufrido mucho. Tal vez su literatura fue un modo de sublimar y compensar ese sufrimiento que siempre he imaginado.

Estelio Mario Pedreáñez
22 de febrero, 2016

Censurar al arte, en cualquiera de sus manifestaciones, es propio de los gobernantes opresores. La opresión es esencia de las dictaduras, más aún en las totalitarias como las comunistas, que padece el sufrido pueblo cubano desde hace 50 y tantos años que se inició la monarquía castrista con Fidel I del Reino (ahora Imperio) de Cuba Comunista. Pero la censura y la represión no son patrimonios exclusivos de “comunistas”: Ya en la antigua Atenas a Sócrates lo condenaron a muerte por “impiedad”, por cuestionar la existencia de los dioses. No olvidemos la terrible “Santa Inquisición”, que hasta al valiente Don Quijote, capaz de enfrentarse solo a Gigantes, ante un sacerdote, recordó todo el poder que atrás estaba y le hizo decir “…Con la Iglesia hemos topado, Sancho”, y prudente tomó otro camino, evitando enfrentarla, Cervantes dixit. No olvidemos la Gestapo. Ni al Comité Senatorial de McCarthy en Estados Unidos “Cuna de la Libertad”. Ni a la SN en la ¿aún, siempre? atrasada Venezuela.

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