Blog de Pedro Plaza Salvati

Los zapatos de Nacho y la emulación pecuniaria; por Pedro Plaza Salvati

Por Pedro Plaza Salvati | 3 de marzo, 2016

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“¿Con qué moral me hablan de socialismo con aviones privados, con pent-houses en Brickell en Miami, con casas en Aruba y en República Dominicana? Eso no me lo contó nadie a mí: eso lo he visto con mis propios ojos. Yo he compartido con ellos. Ellos saben que yo sé quiénes son”, nos dice Miguel Ignacio Mendoza Donatti mejor conocido como Nacho, el popular músico venezolano, en su discurso del Día de la Juventud en la Asamblea Nacional el pasado 12 de febrero de 2016; palabras que evocan al consumo ostensible y la emulación pecuniaria.

Emular significa “imitar las acciones de otro con el fin de igualarlas o incluso excederlas”. Pecuniario es aquello “perteneciente o relativo al dinero”. Si juntamos ambas palabras, la emulación pecuniaria sería el intento de tratar de igualarse a otros (generalmente a las élites), mediante el uso ostensivo del dinero, de lo bienes y propiedades acumuladas, con el fin de escalar en la estratificación social. Este concepto fue concebido por Thorstein Veblen en su obra La teoría de la clase ociosa, que Jorge Luis Borges incluyó en su Biblioteca personal.

Veblen, un sociólogo y economista estadounidense hablaba, entre otras ideas, de la formación de la clase ociosa, de los privilegiados, de los que son capaces de acumular riquezas y lujos y de ostentar comportamientos acordes con su estatus económico para mostrar lo que han amasado y, de esta manera, elevar la estima de la sociedad. Los gobernantes, afirma, son parte la clase ociosa. La clase gobernante u ociosa es lo contrario de la clase media que se edifica a través del trabajo, sin embargo, busca al mismo tiempo la forma de escalar escaños sociales mediante la imitación del comportamiento de la clase alta y la acumulación de bienes que deben ser exhibidos y ostentados. Es lo que dice Nacho que han estado haciendo los chavistas; escalando desde los niveles más bajos a lo más alto del escalafón pecuniario, pero no por méritos propios.

En el fondo, el fenómeno del chavismo ha sido la suplantación de una clase dominante por otra mediante argucias dogmáticas, habilidades oratorias e imposiciones castrenses con las que, como nuevos ricos voraces, copian e imitan a las clases previamente adineradas (ahora los adinerados son ellos). “Son exactamente todo lo que critican. Hablan de burguesía y nadie está en una posición más alta que la de ellos, económicamente hablando”, agrega Nacho.

Un punto cumbre del discurso fue cuando afirmó haber visto a chavistas con zapatos de mil quinientos dólares, admite que él también se los compró alguna vez pero sentencia: “La diferencia es que yo me los gané cantando”. Esa frase, que pudiera ser la más brillante del sorpresivamente lúcido y frontal discurso sintetiza, el statu quo bolivariano del Socialismo del Siglo XXI. Por su poder meteórico y metafórico provocó un estruendoso aplauso de los diputados que se levantaron de sus asientos al unísono. Standing ovation. Se les veía con cara de satisfacción, alegría, desquite, consentimiento, euforia controlada, abundaban las muecas y miradas de aprobación unánime de lo que acaba de decir el cantante.

Luego de ver varios videos musicales de Chino y Nacho, se puede llegar a pensar, aunque acá caeríamos en el campo especulativo, de que tal vez los zapatos a los que se refiere Nacho pueden ser los que aparecen en el video Me voy enamorando con ese inicio dramático en la UCV (sin gas lacrimógeno de por medio), contentivo del poderoso mensaje de que el amor es el mejor antídoto contra una enfermedad como el cáncer. Al momento de la redacción de este artículo, el video musical ha sido visto unas trescientas millones de veces, o lo que es lo mismo, casi diez veces la población de Venezuela. Ello debe dar una idea de la magnitud de la importancia de que Nacho hubiese sido el orador de orden del Día de la Juventud en el hemiciclo.

Entre los presentes en la Asamblea, diputados y público, nadie parecía desaprobar, para sus adentros, el hecho de que Nacho se gastara mil quinientos dólares en unos zapatos. Pensando en lo que podía ser un zapato de mil quinientos dólares, google nos da algunas opciones: los del diseñador Giuseppe Zanotti, un Michel Domit o los más tradicionales Gucci, entre otros. Aunque pudiese ser un punto controvertido en relación a un gasto dispendioso de un artista, lo que realmente resalta de las palabras de Nacho es la libertad de elegir lo que uno desee producto de un trabajo honesto y milenario: cantar. Los diputados y el público aplaudían porque el trasfondo claro y directo era que los chavistas conocidos de Nacho, a los que se refirió sin identificarlos, no se habían comprado los zapatos por medio de un oficio, sino producto de un dinero habido de manera fácil y rápida simplemente por simpatizar (de verdad o de impostura) con el régimen. Lo que permite también incorporar un inciso reflexivo sobre la idiosincrasia del venezolano.

Es bien sabido la propensión que puede tener la gente hacia las marcas. Poseer una prenda de vestir de marca, en la cultura general, representa un muestra de estatus, algo así como batuquear a los demás en sus caras que se dispone de tal o cual ingreso que le permite adquirir costosos zapatos, pantalones, relojes, lentes, camisas o gorras. Emulación pecuniaria, en otras palabras. Veblen nos dice en su libro: “En cuanto la posesión de propiedad llega a ser la base de la estimación popular, se convierte también en requisito de esa complacencia que denominamos el propio respeto”. Y agrega que la clase que no ha logrado acumular bienes para exhibirlos como signos de estatus, cae en una suerte de infelicidad al ser degradados por los que más tienen: “Sólo individuos de temperamento poco común pueden conservar, a la larga, su propia estimación frente al desprecio de sus semejantes”.

El portador de una prenda de marca, así como el que conduce un BMW, un Audi o una supercamioneta, se siente superior. Y se siente superior a pesar de que en lo personal pueda padecer de halitosis o de un coeficiente intelectual bajo, por ejemplo. Se cree, de manera equivocada, que la marca hace al hombre o a la mujer. Por supuesto, que no todo el mundo piensa de esa manera en Venezuela; las generalizaciones son siempre acomodaticias.

Ciertamente el dinero ayuda a evitar padecimientos, enfermedades, facilita a acceder a una educación superior, viajar y tener mayor confort en la vida, pero: ¿hace el dinero superior a un ser humano por sobre otro? ¿Tienes razón Veblen? Acaso el que posee más dinero es más importante y ocupa una posición superior en la especie humana. Ello, en el fondo, presupone una distorsión de la visión de la vida, del hombre y de su lugar en el universo. Porque, en realidad, es preferible tener al lado a una persona inteligente y honesta aunque sea humilde que a un tarado corrupto pero con billete que despacha una vergonzosa conducta de nuevo rico.

En el caso de Venezuela, al contrario de otros países, la emulación pecuniaria, en general, se ha podido ver exacerbada por las riquezas materiales generadas gracias al hecho de ser un país petrolero. Ello derivaría en una mentalidad propensa al consumo ostensible. La emulación pecuniaria, en nuestro caso, estaría íntimamente ligada a su vez al mal holandés, aquel referido al súbito pero sustancial aumento de ingresos de un país y las serias distorsiones que esto genera.

Algunos textos que tratan de explicar la enfermedad holandesa incluyen ejemplos como la entrada de tesoros de América a España durante el siglo XVI, el descubrimiento del oro en Australia en la década de 1850 y hasta el ingreso por los altos precios del petróleo en Venezuela en la década de 1970, los tiempos del “Ta’ barato  dame dos”. Es decir: nuestra situación resulta en un caso de estudio sobre el comportamiento de las personas y las sociedades cuando logran enriquecerse repentinamente.

La actitud de emular el comportamiento de los ricos no es nuevo ni se trata de un fenómeno exclusivo de esta era. Sin embargo, el detalle ahora radica en que al desmantelar todos los mecanismos de chequeos y controles en el manejo de los fondos públicos, han hecho lo que les da la gana con casi un billón de dólares que han ingresado al país durante la era Chávez-Maduro, una fortuna que no se han visto reflejada en obras, ni en mejoras de la infraestructura, ni en educación, ni en sistema de salud ni en una mejor calidad de vida.

¿Dónde está, entonces, esa cantidad gigantesca de dinero? Duele pensar que una buena parte se haya invertido en zapatos de mil quinientos dólares.

Pedro Plaza Salvati 

Comentarios (4)

Miguel Carrasco
3 de marzo, 2016

Muy buen artículo. Sólo una simple corrección de cifras. No son dos mil millones de dólares los que han ingresado en la era Chávez- Maduro. Son aproximadamente un billon de dólares (doce ceros hacia la derecha). La cifra real es quinientas veces más.

Diógenes Decambrí.-
3 de marzo, 2016

Por obvias razones, el mismo traje, vestido, zapatos, relojes o joyas, lucen diferentes en aquellos cuyas fortunas tienen origen conocido y legal, y aquellos que nos sorprenden con una posición holgada habiendo sido hasta hace poco limpios de solemnidad. Si a esa diferencia que no emana de lo que llevan (o del vehículo y la casa que disfrutan) sino de las maneras de amasar el dinero con que lo adquirieron, le sumamos que se autocalifican como socialistas y por ende practicantes del lema “Ser rico es malo”, las contradicciones se multiplican. El tartamudeo del alto dirigente del “socialismo del siglo 21” al tratar de explicar que tuviera prendas de marca extranjeras de las más caras, es algo que retrata mejor la doble moral de estos farsantes, que cualquier disertación de erudito académico summa cum laude en Politilogía. La satisfacción que nos obsequió ese video de la barbarie hipocritona, fue ¡ Sen Sa Cio Nal ! para todo lo demás existen las tarjetas de Crédito y Youtube.

Ariana
4 de marzo, 2016

Muy bien dicho …. Excelente articulo

sandra caula
4 de marzo, 2016

Por fin un artículo que señala que el problema en la elección de Nacho no es que sea un cantante de reguetón, sino que los valores que representa y promueve, que no difieren mucho de los del chavismo: fama, dinero, poder, ostentación, ese el socialismo del siglo XXI, muy parecido al sueño de la Gran Venezuela, la del ta´barato, dame dos.

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