Blog de Elías Pino Iturrieta

Los grandes congresos de Venezuela (I); por Elías Pino Iturrieta

Por Elías Pino Iturrieta | 17 de abril, 2017

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Desde sus orígenes como república, Venezuela es un país presidencialista. En consecuencia, se considera que la autoridad se impone desde el Ejecutivo, mientras el resto de los poderes ejerce funciones accesorias. La influencia de los hombres fuertes y el trabajo de las guerras civiles en el siglo XIX reafirman el punto, que se prolonga durante los treinta años iniciales del siglo XX debido al predominio de los regímenes autoritarios de Castro y Gómez. Ahora, cuando se observa la preponderancia de una sola voluntad de naturaleza política desde el advenimiento de Chávez, prologada en tiempos menos lejanos por la dictadura de Pérez Jiménez, se apuntala la lápida de una preeminencia ante la cual se han arrodillado los diputados y los jueces.

Cualquier vistazo se detiene en la preponderancia de los individuos establecidos en la casa de gobierno, sin mirar hacia las vicisitudes de la representación popular, mucho menos hacia la sede de los tribunales. Pero, pese al aplastante dominio de un puñado de individuos amparados por los muros de un familiar palacio, la representación popular ha protagonizado momentos estelares de los cuales conviene hacer memoria. Los señores de la judicatura deben esperar un análisis que tal vez será más extenuante.

Confesión de intenciones

Las letras que siguen no pretenden una descripción aséptica, sino la sugerencia de un conjunto de apreciaciones que remitan a una valoración justa de la conducta del actual Parlamento frente a la dictadura de Nicolás Maduro. No quieren salir del cauce de equilibrio que se exige en sentido profesional, pero declaran el propósito de apoyar los esfuerzos de la oposición de nuestros días en el seno del Capitolio para que pensemos, con la información que se pueda asomar, en la necesidad de que cada quien los respalde desde su ámbito. Nada inocente se leerá en adelante, por lo tanto, pero tampoco afirmaciones alejadas de la verdad. Solo puntos de vista quizá poco trajinados, que se quieren entrometer en las urgencias de la actualidad para remendar su capote.

Si algún nuevo conocimiento circula en adelante, en esencia persigue ese objetivo. Hay una tradición de esfuerzos que mueve la conducta de los diputados de la actualidad, un nexo con procesos fundamentales de la sociedad que concede trascendencia a una conducta que en un primer vistazo puede parecer aislada o endeble. No obstante, tal conducta recoge y resume manifestaciones esenciales para el control de los asuntos públicos, sin cuyo entendimiento miraremos los hechos con miopía. Si a las luchas de nuestros días les falta historia, es decir, conexiones con los sucesos llevados a cabo por los antepasados, ahora se recorrerá un poco de ella.

El inicio estelar

Las batallas de la Independencia, esenciales sin duda, colocaron en segundo plano las actividades del Congreso de 1811, cuyas discusiones fueron primordiales en el tratamiento de los asuntos que conmovían las conciencias de su tiempo. No solo porque los diputados declararon la separación de España, sino también por la realización de un entendimiento de la realidad que los venezolanos no habían llevado a cabo. El desconocimiento de la Corona obligó al tratamiento de problemas jamás tocados por la colectividad, nunca desafiados por cabezas nacionales, todos arduos de coser y planchar, pero se hizo en términos correspondientes con las solicitaciones del contorno. Los diputados actuaron con vacilación debido a la magnitud de las mudanzas que acariciaban, pormenor que le otorga entidad especial a lo que hicieron. Comenzaron una fábrica para cuya obra carecían de experiencia, pensaron a solas y en conjunto sobre temas desconocidos, o ante cuyos retos se acercaban a tientas, para dejar un primer testimonio de comprensión del acuciante ambiente que debía señalar los rumbos del futuro.

No tocaron temas superfluos, sino asuntos de difícil solución, si se considera el peso de la tradición contra la cual insurgían y de la cual también formaban parte: la separación de unos poderes públicos que solo existía en los libros prohibidos por las autoridades metropolitanas; la igualdad de los hombres en una sociedad dividida hasta entonces en estamentos diferenciados a cabalidad; la libertad religiosa en un teatro rodeado de sacristías y la elaboración de un mapa político que cambiara la división del territorio impuesta por la monarquía y diera a las regiones el peso que nadie había calculado, por ejemplo. Estamos ante la primera gran reflexión sobre Venezuela, un hecho inédito que debemos a un grupo de representantes del primer civismo encerrados en una capilla. En esa capilla empieza la historia intelectual de la república, aunque la sangre derramada en los campos de batalla la coloque en segundo plano.

La época de oro

Ganada la guerra y creada Colombia entre bombos y platillos con Bolívar en la cúspide, las decisiones de los diputados de 1830 remiten a un capítulo de singular significado, el más importante después de la etapa fundacional. Los hombres reunidos en Valencia llevan a cabo una rectificación medular, la madre de las rectificaciones, gracias a la cual se inaugura el ejercicio de una república liberal de orientación moderna que impone sus principios hasta nuestros días, pese a la traba de los personalismos. ¿Qué hacen los constituyentes de entonces? Arrojan luces sobre las limitaciones del régimen colombiano, especialmente sobre sus reminiscencias coloniales; se escandalizan frente a las trabas que imponía un gobierno establecido en la remota Bogotá; llaman la atención sobre la necesidad de recuperar la peculiaridad de Venezuela como parte de una parcela singular, con economía y sensibilidad particulares que requerían una administración más precisa y menos panorámica; y advierten sobre los peligros del militarismo en un tiempo que tenía a los generales Páez y Mariño en la vanguardia.

No es poca cosa. De allí la fragua de una autonomía que condujo a un profundo viraje de la vida. Los diputados de 1830 obligan a mirar con ojos diversos los logros de la Independencia y a considerar los perjuicios que traía la continuidad del Libertador en el ejercicio del poder. El desafío obligó a debates en los cuales brilló el entendimiento de los voceros, el apogeo de la lucidez asomada antes en la primera asamblea de la Confederación y a veces en las curules de Cúcuta, porque los delegados de la nacionalidad en ciernes no podían aferrarse a controversias banales para el logro de su espinoso objetivo. Tan espinoso, que todavía el patrioterismo, idiota y trivial como de costumbre, los acusa de traición y del crimen del parricidio.

Pero el parlamentarismo de 1830 no solo importa por el deslinde que establece frente al pasado inmediato, sino también por el hábito de deliberación que impuso en las décadas siguientes. La sociedad todavía es un enigma que escudriñan los diputados a través de pormenorizados análisis. La historia que comienza se orienta hacia el establecimiento de una administración de corte liberal-capitalista, empresa aventurada que deben resguardar sus proponentes de Valencia y una maraña de propietarios en bancarrota sin credenciales políticas. El flamante capítulo topa con la resistencia de los oficiales del Ejército Liberador y con los intereses de la jerarquía eclesiástica, ante cuyos fueros debe imponerse en el salón de sesiones una inusual retórica que no permite descanso. Como los que mandan se llaman José Antonio Páez y Carlos Soublette, cargados de laureles, y como en la cercanía se asoman las prerrogativas de unos individuos parecidos a ellos, se debe machacar un sistema de frenos y contrapesos capaz de impedir desmanes, sin que los voceros de la opinión pública encuentren valladares de importancia en su sendero.

No se llega entonces a una situación redonda, a un cumplimiento cabal de las obligaciones del Legislativo, pero la autonomía de la Cámara logra el establecimiento de rutinas escrupulosas en la supervisión del gabinete y de los primeros mandatarios. Tales rutinas importan por su excepcionalidad, porque no abundan en lo que falta de siglo, pero también por la lección de independencia que nos dejan. El hecho de que fuesen asfixiadas por el ataque sucedido en 24 de enero de 1848, cuando el presidente José Tadeo Monagas dirigió una arremetida o permitió que se asaltara la sede del Congreso que lo quería juzgar por abuso de poder, remite al arranque de un proceso de cuño cívico que solo pudo ser sofocado por la brutalidad.

Elías Pino Iturrieta 

Comentarios (8)

Estelio Mario Pedreañez
17 de abril, 2017

Excelente artículo del brillante historiador Elias Pino Iturrieta. Promete extenderse en el tema. Sin embargo, no comparto su rotunda afirmación según la cual “Desde sus orígenes como república, Venezuela es un país presidencialista…”, creo que el presidencialismo se impuso a partir de la Constitución de 1819, aprobada en plena Guerra de Independencia por el Congreso de Angostura en base al Proyecto propuesto por Don Simón de Bolívar, que no aprobó la Presidencia Vitalicia (copiada del haitiano General Alexander Petion, quien se copió del traidor General Napoleón Bonaparte, quien se copió del traidor General Julio César) por considerarla expediente para instaurar una monarquía disfrazada. En la Constitución de 1811 se adoptó un Ejecutivo Colegiado, un Triunvirato, muy controlado por el Congreso, más cercano al Presidente de los Estados Unidos, el modelo que se decidió imitar, en cambio en la Constitución de 1819 el Presidente tomó como modelo al Rey Absoluto de España antes de 1812.

Estelio Mario Pedreañez
17 de abril, 2017

Quizá Venezuela en el futuro decida darle una oportunidad al Sistema Parlamentario en sustitución del Sistema Presidencialista, que degenera como mayor facilidad en Autocracia, Dictadura o Tiranía. Así lo entendieron los Gobiernos de los Estados Unidos, que victoriosos en la II Guerra Mundial, impusieron Democracias Parlamentarias en las derrotadas Dictaduras Fascista de Italia, Nazi de Alemania y Militarista de Japón, lo que permitió la estabilidad política y la rápida reconstrucción económica de estas naciones vencidas en los campos de batalla y sometidas a la destrucción por los ejércitos aliados. Alemania Nazi y el Imperio del Japón incluso se rendicieron incondicionalmente. Y miren como están ahora esas naciones, libres de grandes gastos militares y dedicadas a su crecimiento económico. Son democracias consolidadas y en pocos años lograron resurgir como gandes potencias económicas del mundo. Y evitaron nuevos, desquiciados y nefastos “Líderes Supremos”, es decir “Fuhrer” o “Duce”.

Luia F Gutierrez C
17 de abril, 2017

Siempre me ha llamado la atencion cierto paralelismo entre los sucesos del 24 de4 Enero de 1848 y la actual situacion. Claro, hay que hacer un esfuerzo para que ese “parecido” se haga mas patente. El autocrata tratando de hegemonizarse, de perpetuar su blazon personal y familiar, por un lado, y por el otro, una representacion popular que trataba de ganarse su puesto aun ante el sacrificio. Hoy, en estos ultimos 18 años, se ha tratado de establecer esa misma hegemonia personal, lease Hugo Chavez, cuyos propositos se interrumpieron por su desaparicion fisica, pero continuada en forma de legado personal, por parte de los sucesores “nombrados a dedo” y con animos de establecerse sin rubor alguno. Falta que asomen los verdaderos, Fermin Toro, Michelena, Martin Sanavria y otros valientes que clamaban…:NO NOS VENDEMOS, NO NOS PROSTITUIMOS. Algunos pagaron con sus vidas sus deseos de que la Libertad y el Orden se establecieran definitivamente.

Miguel H. Cano
17 de abril, 2017

Extraordinario análisis de la raíz de nuestra institucionalidad. Fuimos creados como Estado por esos pensadores libres (no libre-pensadoras); nos dieron esa configuración característica que ningún Castro, Gómez, Pérez Jimenez o Chávez podrán cambiar. Nuestro Estado Federal liberal capitalista, por mucho ataque centralizador que se haga contra él, no podrán desaparecerlo. Ese fue nuestra génesis y debe ser nuestro destino. Estamos imbuídos de esa autonomía de los gobiernos locales que les transmitieron los beré-beres a la sociedad medieval peninsular. Las cartas puebla nos dieron el carácter que hizo posible la declaración de independencia y los gritos de libertad de estos pueblos americanos, con Venezuela la primogénita. Nunca las castas militares que posteriormente vinieron a “cobrar” los favores concedidos.¡La lucha sigue!.

Cornelius Eisig
18 de abril, 2017

Habiendo vivido y observado el acontecer político desde el 18 de Octubre hasta el presente, siempre he sostenido que el modelo presidencialista conlleva grandes peligros para estos paises latinos desde la misma colonización española por una casta de hidalgos ansiosos de obtener riquesas y poder en el Nuevo Mundo (muy distinta a la colonización en el norte que fue por pequeños agricultores y artesanos, refugiándose de persecusiones religiosas). Por eso el modelo Norteamericano, tan intrigante y atractivo para nuestros libertadores ha sido un gran lastre y nos seguirá pesando por el camino que llevamos. Estoy 100% de acuerdo con el Sr. Pedreañez: aquí es necesario cambiar a un sistema parlamentario donde hay separación entre la jefatura de gobierno y la jefatura de estado, en el que el primero está obligado a dimitir cuando pierde la confianza del electorado, y el segundo es un estadista relativamente independiente quien debe mantenerse por encima de la (sucia) refriega partidista.

Estelio Mario Pedreañez
18 de abril, 2017

Señor Cornelius Eisig: Gracias por su comentario, que valoro aún más por su condición de testigo del acontecer político venezolano desde 1945 hasta el presente, con sus horas menguadas. Por dicha condición, y ya que estoy escribiendo un pequeño ensayo que titularé “De la Naturaleza del Ejército Gomecista”, me atrevo a preguntarle: ?Qué pensó el 19 de Octubre de 1945 al saber que el general Isaias Mediana Angarita fue derrocado? ?Qué piensa ahora de dicho derrocamiento? ?Qué piensa del 18 de Octubre de 1945, Golpe o Revolución? ?Qué pensó de las aspiraciones del general Eleazar Lopez Contreras de ser electo en 1946 Presidente de Venezuela por segunda vez por el Congreso de la República? ?Qué pensó del triunfo electoral de 1947 del escritor Romulo Gallegos como Presidente de la República? ?Qué pensó del derrocamiento del Presidente Gallegos en 1948 por los mismos militares que derrocaron al general Medina en 1945? ?Qué pensó del poco repudio popular contra el derrocamiento de Gallegos?

Rafael Angulo
19 de abril, 2017

Cornelio, Estelio, Elias, mucho se ha pensado y discutido la conveniencia de una democracia parlamentaria en Venezuela. Yo favorezco la discusión, pero —en este momento de nuestra historia— creo sólo conviene elegir un presidente, lo otro sería muy peligroso.

Sí, un real presidente buscaría acrecentar los poderes del parlamento, aún a sus expensas, pero ese bicho raro aún no ha nacido. Lo que está a nuestro alcance es un parlamento plural, producto de una sociedad educada. La educación libre debe ser nuestra prioridad, es un proceso lento pero aquí estaremos los próximos mil años.

Estelio Mario Pedreañez
22 de abril, 2017

Señor Rafael Ángulo: Soy partidario del libre debate de las ideas y este es un foro público que tiene, entre otros fines, promover dichos debates. No comparto su criterio al afirmar que “…mucho se ha pensado y discutido la conveniencia de una democracia parlamentaria en Venezuela…” y como esa posibilidad (el Sistema de Gobierno Parlamentario) ni siquiera fue planteada por los redactores de las Constituciones de 1961 y 1999, le pregunto: ?Quiénes y cuándo, muchos pensaron y discutieron el tema? Tampoco pienso que debatir sobre el tema o que Venezuela sustituya el Sistema Presidencialista, históricamente nefasto en nuestra experiencia nacional “…sería muy peligroso…”, y le pregunto: ?Peligroso para quiénes? ?Peligroso por qué? Tampoco comparto su certeza inmovilista, según la cual exponer ideas de organización política debe esperar un proceso lento ya que “aquí estaremos los próximos mil años”. Así creyeron erradamente los jerarcas de la Dictadura Monárquica-Comunista de la URSS.

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