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Los duelos del antiobamismo; por Rafael Rojas

Por Rafael Rojas | 29 de marzo, 2016

Los duelos del antiobamismo; por Rafael Rojas 640

Los viajes de Barack Obama a Cuba y Argentina ofrecen algunas lecciones a la izquierda y la derecha americanas que, lamentablemente, los extremos de una y otra no podrán asimilar. Quienes piensan las relaciones internacionales a partir de la premisa del realismo saben que los intereses no están reñidos con los valores o los principios. La izquierda o la derecha radicales, en cambio, no llegan a la política desde la ideología, como generalmente se cree, sino desde el afecto.

En Estados Unidos, el conservadurismo extremo rechaza la política de Obama hacia América Latina porque considera a sus vecinos del Sur como amenazas. América Latina es tierra de dictadores o de migrantes, que buscan trastocar la identidad nacional y el modo de vida de los estadounidenses. Los latinoamericanos no son vecinos, son enemigos, reales o potenciales, con los que no hay que tener libertad de comercio ni trato justo. Donald Trump y Ted Cruz explotan el sentimiento de duelo de muchos ciudadanos de Estados Unidos, cuando identifican al migrante con el asesino, el delincuente, el violador o el ladrón de puestos de trabajo.

En la extrema izquierda latinoamericana, aquella que en La Habana o en Buenos Aires se manifiesta contra la visita de Obama —con la diferencia de que en Cuba se manifestó después que Obama se fue, a través una batería penosa de artículos y editoriales en la prensa oficial—, también se piensan la política y las relaciones internacionales desde el duelo. Para esos extremistas, Obama no representa un gobierno demócrata que está de salida sino un imperio del mal que siempre hará daño a América Latina.

Las-repercusiones-del-viaje-de-Obama-a-Argentina-por-Carlos-Malamud 320En esas izquierdas, la historia es memoria y la memoria es duelo. El pasado es una suma de infortunios causados por Washington, que nunca serán superados, aunque el presidente de Estados Unidos los reconozca o pida perdón por ellos. Obama es, para el extremismo de la izquierda latinoamericana, un político peor que Ronald Reagan o George W. Bush porque representa el mismo mal disfrazado de bondad y risa cordial. Recibirlo con respeto sólo puede ser obra de la claudicación de Raúl Castro o del entreguismo de Mauricio Macri.

Si la historia es memoria y la memoria es duelo, Obama debería pagar por los “daños del bloqueo” y por las víctimas de la dictadura argentina. La única relación posible con un enemigo que ha causado tanto sufrimiento es la justicia, por reparación o por venganza. Para que haya una relación respetuosa con Estados Unidos, que reporte ventajas comparativas, el “imperio” debe ser puesto de rodillas o en el banquillo de los acusados.

Obama, piensan los dolientes, no debe corregir la política de Estados Unidos hacia América Latina —no hay manera de corregir lo que, por principio, es antagónico— y mucho menos debe rendir honores a sus propias víctimas. Tampoco debería vaciar de contenidos el embargo comercial a Cuba ni pedir su derogación definitiva al Congreso. Lo único que podría reivindicarlo ante América Latina es que meta en la cárcel a todos los cómplices de las dictaduras latinoamericanas en Estados Unidos, empezando por Henry Kissinger, y que pague a Cuba la cantidad que el gobierno de la isla reclama por daños del “bloqueo”.

En el relato del duelo sólo caben dos personajes, la víctima y el victimario, y en la cultura política del nacionalismo estrecho el culpable es siempre el enemigo externo. El duelo impone una racionalidad rígidamente binaria, incapaz de comprender el sistema de las relaciones internacionales o de tolerar los protocolos diplomáticos. Obama, piensa la extrema izquierda, no debió viajar a Cuba y a Argentina: su visita sólo ha servido para abrir más las heridas.

Rafael Rojas Rafael Rojas es autor de más de quince libros sobre historia intelectual y política de América Latina, México y Cuba. Recibió el Premio Matías Romero por su libro "Cuba Mexicana. Historia de una Anexión Imposible" (2001) y el Anagrama de Ensayo por "Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano" (2006) y el Isabel de Polanco por "Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica" (2009).

Comentarios (3)

Francisco Esteban Somana
29 de marzo, 2016

Obama es realista, Estados Enidos no puede ignorar a America Latina, una proporcion muy significativa de EU es hispana o de origen hispano y esa proporcion seguira creciendo a tal rimo que los latinos en pocos años seran king makers en las elecciones.

Colette
29 de marzo, 2016

Muy bueno este artículo…ya están como muy largas las agonías de esas izquierdas y derechas que no acaban de entender que el juego, o cambió, o es imperativo que cambie ya…son como zombies cinematográficos, de pacotilla, pero igualmente retrógrados…qué fastidio!

Diógenes Decambrí.-
29 de marzo, 2016

Para la izquierda radical (que en el fondo es conservadora) “Obama representa al imperio del mal que siempre hará daño a América Latina”, porque decir lo contrario sería salirse del dogma, perder la narrativa que explotan desde que se alienaron a la épica estalinista cuya fea realidad tampoco han estado dispuestos a reconocer. Claro que la visita se dio, y los fundamentalistas quedaron como pajarito en grama, no dijeron ni pío mientras el mulato estuvo de huésped ilustre. Las quejas y letanías lloriqueantes de presunto reclamo no las hubiera permitido, durante la visita, la Nomenklatura raulista, menos revolucionaria y más pragmática que la tozuda Nomenklatura fidelista, ya en el baúl de los recuerdos ahora inconvenientes.

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