Blog de Elías Pino Iturrieta

Los bueyes viejos de Gómez; por Elías Pino Iturrieta

Por Elías Pino Iturrieta | 26 de junio, 2017
Imagen del Archivo Fotografía Urbana

Imagen del Archivo Fotografía Urbana

La fórmula de arar con bueyes viejos se la debemos a Gómez, quien la popularizó cuando decidió acudir a antiguos servidores para desembarazarse de una situación comprometida. Ninguna genialidad, como han afirmado los simpatizantes del Benemérito, sino simplemente la receta sugerida por una estrecha cabeza de agricultor sin luces. Ahora, cuando la dictadura de Nicolás Maduro mueve las piezas de su tablero para salir de un atolladero, conviene mirar hacia esos antiguos movimientos que solamente son conductas orientadas a la sobrevivencia.

Gómez probó a sus hombres y supo para lo que servían, para lo que podían ser útiles, pero no por la posesión de una ciencia del gobierno sino simplemente por la práctica de los labriegos ricos que miraban a los peones desde la casa grande para calcular los límites de sus servicios.

Cuando cambiaba a los ministros y a los procónsules, pero especialmente cuando sentía que pasaba por una situación complicada, hurgaba en la memoria de La Mulera para cuidar la labranza y la cosecha. Si apenas se trataba de llevar a cabo una molienda sin interrupciones, sin otras metas en la mente, sobraban las teorías políticas y los consejos de los letrados. Apenas trataba de salir del paso con el socorro de lo que estuviera a mano, sin exagerar en materia de innovaciones.

Es un aspecto digno de atención, debido a que nos pone frente a la imposibilidad que tenía el tirano de comprender las necesidades de un país que se transformaba por la influencia del petróleo y necesitaba, por lo tanto, ideas y designios correspondientes al reto. Gómez gobernó Venezuela imitando los usos de administración de una hacienda cafetalera. Por eso no se valió de una policía moderna y eficaz, sino de los chácharos a quienes conocía y en quienes confiaba desde niño. Por eso siguió con las prisiones de antes, sin renovar los establecimientos penitenciarios. Lo mejor que se le ocurrió fue hacer más crueles los castigos que el país sufría desde el siglo XIX. También por eso se rodeó de liberales amarillos cuando empezó a gobernar, y de los veteranos del nacionalismo mochista que le ayudarían mientras dejaba de caminar a tientas. Por eso hizo del andinismo un credo sempiterno, en la medida en que le proporcionaba bastones que jamás ofrecerían sorpresas.

Lo importante del asunto radica en lo siguiente: sin cambiar de mentalidad, sin mover ni un ápice su sensibilidad campesina, trató con los capitalistas de Holanda y de Estados Unidos, inscribió a Venezuela en el club de los países ricos, fundó un ejército, oyó lenguas ininteligibles, atesoró fortunas fabulosas, conoció gente inesperada, vio cine americano y modas estrambóticas, viajó en automóviles confortables, se hizo traidor y perseguidor de traidores.

El país cambiaba porque debía hacerlo, no en balde pasaba por un baño de hidrocarburos, pero su dirigente mantenía fidelidad a una biografía invariable, es decir, a un entendimiento anacrónico de la realidad. Las imágenes que lo presentan montado en una mula y rodeado de guardias a caballo, o con indumentaria de campesino y polainas en las playas de Ocumare, son la traducción fiel de su peripecia de mandón desde principios del siglo XIX, cuando formó parte de la cúpula castrista. No sabía ni quería cambiar, mientras Venezuela hacía maromas históricas. Su asunto era la petrificación, pese a la metamorfosis del entorno. La petrificación le daba jugosos resultados.

La versión del sujeto incapaz de entender los desafíos de un universo marcado por los enigmas no ha pasado a la posteridad por el empeño de los letrados que fueron sus leales servidores. Presentar a Gómez como un individuo incapaz de comprender su realidad durante veintisiete años, es decir, casi como un idiota de plazo largo sediento de poder, no convenía a los autores que le escribían loas y memorandos, o que lo buscaban por negocios atractivos. No podían presentar la receta de los bueyes viejos como la repetición de una salida gastada, como una evidente falta de ideas e iniciativas, sino como una muestra de ingenio.

Don Juan Vicente era “el hombre fuerte y bueno”, el “César democrático”, el “puente del futuro”. En consecuencia, nadie lo podía ver en el terreno de los gobernantes comunes, o de los mandones sin una sola idea en la cabeza. No se trataba solo de enaltecer al hombre que cancelaba con generosidad sus servicios, sino especialmente de lavarse ellos la cara. De allí que pasaran a la posteridad como intelectuales dotados de una profundidad excepcional, como unos estudios pacientes y certeros, pero jamás como manumisos de un sujeto oscuro en cuya conducta encontraban cobijo la mediocridad, la rapacidad, la insensibilidad y la ignorancia que ellos debían ocultar en espesa cortina. Los autores del positivismo también fueron bueyes viejos de Gómez, pese al tamaño de sus bibliotecas y a su afición a los maestros de moda.

La posteridad debe entender de manera diversa los sucesos del pasado, en especial si se han asentado en la sensibilidad de quienes los llevan en la memoria. Detalles como el de los colaboradores de un tirano abominable que se han abocetado ahora, iletrados y cultos, desconocidos y célebres, pueden ayudar en la faena de juzgar con mayor propiedad el presente. Quizá no sirvan para llegar al extremo de llevarnos a entender los “cambios” que Maduro hace ahora en la alta burocracia, pero sí para hacernos menos ingenuos y más severos frente a los hombres que desfilan frente a nuestras narices.

Elías Pino Iturrieta 

Comentarios (9)

Zen Ten Xiao
26 de junio, 2017

La figura del caudillo zamarro, “resabiado”, amo del poder, nepotista, al que se subordinan todos…el hombre que nos retrasó la entrada al siglo XX, tal como hemos tenido retrasada la entrada al XXI por culpa del culto personalista y el caudillismo ramplón. Cuánto de este caudillismo está en el ideario venezolano y conforma nuestra impronta genética cultural. De Páez a Gómez una sola cachucha, las mismas charreteras y los mismos capataces, de Castro a Medina, época de tachirenses, gochos empoderados, con Gómez como figura central, luego algunos mas como MPJ y CAP por nombrar otro par de común origen y algunas similitudes arquetipales. Gómez se valió de títeres y presidentes de utilería mientras modificaba la constitución a su antojo para permanecer con el poder y darle toque democrático a su cruel dictadura, porque sin duda toda dictadura es cruel, las de derecha horribles y las de izquierda obscenas. Gómez el inmenso incapaz, de esos a los que la historia intenta barnizar o pulir, Gómez el dictador grosero, el militar que se imponen a los civiles, un cuento que podría ser similar al más reciente, con el matiz de que la barbarie esta vez no bajó de Los Andes sino que salió del pie de monte, ambos surgidos del golpismo y la casualidad, que dieron por llamar golpistas a sus oponentes naturales y jurar por su aniquilamiento, porque también la intolerancia ejercida desde el poder está en la impronta genética y la cultura política del venezolano. Gómez el de las dos mujeres, el de los 15 hijos legítimos y los 73 ilegítimos inventariados, el semental y padrote patrio. Gómez el malvado y cruel, Gómez el sátrapa que la historia va humanizando y maquillando hasta hacer que infelizmente olvidemos sus oprobios, Gómez el buey de los bueyes…

Eduardo
26 de junio, 2017

Gómez fue muy básico en su manera de pensar si el Petroleo producía más ganancia entonces ¿Qué importa el café? Si estamos en paz ¿por qué venir a crear conflictos con las potencias como hizo Castro? tenía la misma visión de futuro que tuvo Chávez quien llego a decir que a él no le importaba un carrizo el Producto Interno Bruto sino el pueblo muy bonito sonó pero cuanta demagogia.

NO dijo carrizo sino otra cosa que empieza por C

carlos sanabria
26 de junio, 2017

dictador asesino y cruel,tambien corrupto,el bagre

Fernando Gonzalo
27 de junio, 2017

Sus analisis y opiniones los aprecio siempre. En este caso, sinceramente, me cuesta trabajo hacer ningún tipo de comparación o paralelo, entre entonces y ahora…entre Gómez y Maduro.

Diógenes Decambrí.
27 de junio, 2017

La única ventaja de Gómez comparado a Maduro, es que con toda su idiosincracia de agricultor conservador y desconfiado, además de ser venezolano por nacimiento y trayectoria vital, nunca fue una ficha de otra dictadura, para colmo, al servicio de un país más pequeño y con un fracaso de casi seis décadas en su currículum. Gómez, en su mentalidad de agricultor, prefirió mantenerse en Maracay, por sus resabios respecto de la metrópoli caraqueña, pero todos sus chácharos eran criollos, y no habría concebido permitir que nuestra Soberanía y Recursos fuesen administrados y beneficiaran a alimañas extranjeras de pensamiento más retrógrado y totalitario que el gomecista. Traicionó a Cipriano, no al país, a pesar de someterlo bajo su óptica campesina.

Marielisa
28 de junio, 2017

Interesante articulo.

German Jaimes
28 de junio, 2017

He seguido con detenimiento su articulo, y aunque no soy un experto en la materia he leido algunos libros de Gomez que lo presentan como un hombre quizá falto de cultura, pero con una aguda inteligencia y conocedor de hombres, si fuese como Ud lo pinta, entonces como pudo mantenerse en el poder por todos esos años? seria que los otros hombres eran mas brutos que el?

carive
30 de junio, 2017

Como siempre, léele un escrito del Prof. EPI es una garantía para el aprendizaje y la reflexión, sobre todo en estos tiempos tan oscuros de nuestro país donde la moral, las luces, y la cultura se ven tan amenazadas y escasas. En mi opinión, el Prof. EPI no se está refiriendo realmente a JVG en su escrito, sino a su entorno. De allí, que no es una comparación directa entre el Maburro y Gómez.

Por cierto, muy elocuente e interesante el comentario de Zen Ten Xiao, lo disfruté mucho. Gracias.

Sebastián Blanco Gómez
6 de julio, 2017

Interesante artículo que intenta seguir poniendo a Gómez como un vulgar campesino sin ningún tipo de valor agregado, que hacía las cosas “de barriga” por decirlo así. Mucho más curioso basar sus argumentos en el hecho de que en “pleno siglo XX” Gómez apareciera a caballo con una escolta de caballeria a la “vieja usanza” (según), cuando para la época aún era el común denominador. La mitad del mundo tenía monarquías, “estaba en atraso” pero ¿de Gómez es la culpa de una época? ¿del hombre que funda el estado que no existía? ¿en serio?. En otros términos podría entender el artículo y la crítica histórica a Gómez que es discutible, pero intentar inventarse un contexto para hacer una comparación barata con el sátrapa de Maduro no le queda Dr. Pino Iturrieta, no le queda el guante.

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