Blog de Willy Mckey

Lo tantas veces dicho: algo más que ruido, por Willy McKey

Por Willy McKey | 8 de Mayo, 2013
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Las redes sociales no sólo difunden las noticias: también las esculpen.

Dos figuras de la farándula nacional reciben un cacerolazo en un restaurante de un centro comercial de Anzoátegui con marina propia y atracadero de yates. “Que si llegaron en yate”. No me interesa. “Que si dicen lo que dicen no deben ir a restaurantes”. No me convence. “Que si les gusta estar con Maduro que se la calen”. No me gusta.

No soy ellos. No somos ellos. Ese ruido no me resume. Es un ladrido.

A los minutos, también por las redes sociales, la cuenta del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello lo pone en palabras justas: “El cacerolazo es una forma legítima de protesta pacífica contra políticas públicas. Hacerlo contra particulares se traduce en acoso”. Tengo catorce años con la espalda cansada de que antes de permitirme dar un paso se me pregunte cuál es mi tendencia política, como si al país se le racionara a dos las posibilidades del horóscopo.

Son la retórica de la venganza, la insistencia de la revancha y el acoso convertido en ruido. Son la torpeza percutando en medio de la nada.

El ruido no suma: el ruido espanta, asusta. Piensen por un momento que mientras el ruido perturba el oído de quien no cambiará de posición por más que usted abolle su cubertería, todo ese barullo funciona en contra de quienes han dejado de oírse a sí mismos. Y entonces la señora de la mesa 14 cree que el odio es mayoritario. Y entonces el chamo que está empezando como mesoneros cree que todo es más de lo mismo y su voto importa cada vez menos. Y entonces la muchacha de la caja se repite a sí misma los insultos que ha aprendido viendo la misma televisión que la ayudó a reconocer a los dos de aquella mesa, cuando no sabía por quién votaban.

Ahí es cuando perdemos todos: cuando nos perdemos. ¿Vamos a repetir el modus operandi que tanto hemos criticado? ¿Basta la licencia de ser más e ir de guapos y apoyaos? ¿No es eso la estupidez de la venganza, del ojo por ojo? Borges advierte que uno debe escoger muy bien contra qué y cómo lucha: siempre existe el riesgo de parecerse demasiado al contrario.

Por eso, cuando se cacerolea, la rabia se lleva hasta unos oídos invisibles que insisten en ponerse demasiado lejos. Oídos de gigantes encerrados en palacios. Las orejas de Goliat. La sordera del Poder. Pero de cerquita… de cerquita no hay nada mejor que el ejemplo y el respeto. Siempre es una oportunidad para demostrar que las cosas cambiaron, están cambiando y van a cambiar. Pero sobre todo que, afortunadamente, incluso quienes se niegan a eso estarán incluidos en la misma alegría.

Lo tantas veces dicho: hagamos algo más que ruido.

Willy McKey  Poeta, escritor y editor. Puedes leer más textos de Willy McKey en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @willymckey y visitar su web personal.

Comentarios (24)

Andrés Cardinale
8 de Mayo, 2013

Bravo, mister McKey…

Martha Beatriz
8 de Mayo, 2013

No caceloraría de esta forma. Pero me molesta la gran importancia que se le dá a un hecho aislado, que en ninguna forma se parece a la conducta presentada por la oposición en estos días, pero que por supuesto no puede esperarse sea uniforme o respetuosa todo el tiempo. Y si se compara con hechos graves como la amenaza a los empleados públicos o la presencia de inocentes en listas negras generadas por Mario Silva, lo que les ocurrió es más un acto de burla, farandulero pues, que algo para destacar. Mientras se le dé cuerda, seguirá en primera plana un evento que no nos representa y que sirve de manera muy conveniente a los otros para satanizarnos.

marisol lopez
8 de Mayo, 2013

Bravo Willy, que acertada tu posición, la cual comparto plenamente, no podemos convertirnos en lo que criticamos. Debemos rechazar estas conductas que lamentablemente, dada la polarización que vivimos, adoptamos pensando que nos la estamos comiendo, asi aportamos nuestra cuota de participación ciudadana!

Zaira Castro
8 de Mayo, 2013

Gran lección!!….aquí es mas fácil hacer ruido que escuchar…es un reactivo latino que todos tenemos…pero es el momento de practicar el ejercicio de la Tolerancia y descartar el tema de los bandos… aunque cueste contar hasta mil, cerrar los ojos y mordernos la lengua, aunque estemos cansados y agobiados del caos político y nos quiera vencer el instinto animal….Nada debe perturbar el norte que comienza a tener sentido!

silvio
8 de Mayo, 2013

Asi es Marisol estoy muy de acuerdo contigo.

milagros pérez
9 de Mayo, 2013

Esta oportuna reflexión nos sitúa en el lugar del otro que también tiene derecho a un espacio público de respeto y armonía ciudadana. El caceroleo generalizado entre la población permite expresar toda la frustración y desencanto de una parte del país que está maniatada frente a la injusticia y el abuso del gobierno; pero hacérselo al individuo lo que genera es un resentimiento difícil de superar. Si estimo que se ha sobredimensionado la condición de que sea un personaje de la farándula, lo que me indica lo superficial de nuestra concepción de valía profesional . Aunque según Zapata, eso es lo único que se respeta en este país: la farándula!.

Susana Soto
9 de Mayo, 2013

Me encantan tus escritos y tus puntos de vista siempre. Ahora bien, la respuesta social de cacerolear a alguien, en este contexto morboso, amoral, pernicioso y perverso, me resulta casi una cosa de niños. El ruido no deja a nadie sin trabajo, ni le deja morados en la cara, ni lo manda al quirófano, ni lo insulta verbalmente ni lo mata. Solo aturde 5 minutos. No creo que sea posible normar las respuestas dóciles – desde mi punto de vista- de la gente ante esta escabrosa realidad. Mis respetos y saludos.

Susana Soto
9 de Mayo, 2013

Hemos hecho muchísimo más que ruido en este calvario, bro. Ruido es lo que menos hemos hecho. Dile a la gente que no haga ruido, y verás en poco tiempo a la neurosis acumulada convertirse el algo muchísimo peor.

Oswaldo Aiffil
9 de Mayo, 2013

Hace unos 14 años el país era un polo negro, un puente grandísimo de grises y un polo blanco. A lo largo de 14 años, y poco a poco, fueron trayendo esmeriles para reducir el ancho del puente de grises. Esmeriles tales como una victoria en referendum que se tradujo en decretar lo rechazado e imponerlo a la fuerza. Esmeriles como ese contribuyeron a llevar el ancho del puente a poco menos que el ancho de un hilo, y eso es lo que queda actualmente. Un delgado hilo que une a dos gigantescos polos que, cual traca-traca, se dan y se dan golpes hasta que uno de los dos reviente en pedazos. Así está el país luego de las elecciones del 14A: traca-traca-traca-traca hasta que no pueda más.

R. Vivas
9 de Mayo, 2013

La postura de Mckey es moralmente impecable , tan impecable y ejemplar como la de Cristo al instarnos a perdonar nuestros enemigos o de ofrecer la otra mejilla . La postura de los caceroleros es menos ejemplar pero si explicable y casi condonable , los caceloleros pertenecen a un segmento de poblacion que en Venezuela es objeto de constante vilipendio , persecucion ,abuso por parte de las autoridades , y que es impotente de defenderse sino a travez de actos de protesta mas simbolicos que inmediatamente efectivos . Esto crea en ellos una rabia de justicia insatisfecha que es como una espina prendida debajo de la piel. Hay personas iconicas que se identifican con este estado de cosas , con el puño que castiga al opositor , que alegremente aplauden y celebran sus desmanes . No es ejemplar pero si comprensible que la victima de ese vilipendio y abuso sienta el afan irreprimible de expresar su repudio de esos personajes iconicos a travez de acto pacificos como son los cacelorazos.

Daniel
9 de Mayo, 2013

Buen texto. Basta de echarle más gasolina al zaperoco que tenemos encima.

Paz y respeto

Cristina Olivo Poletti
9 de Mayo, 2013

No estoy de acuerdo, pero le respeto su opinión. Para mí mas que una retaliación o revanchismo colectivo, este hecho aislado fue un acto espontáneo, hasta humorístico y acorde a la idiosincracia del Venezolano, ante la impotencia de hacer algo en contra de un gobierno ilegítimo, esa rabia es canalizada para fastidiar a unos actores sin talento que de la noche a la mañana decidieron venderse con el unico fin de lucrarse y tratar de revestir este gobierno de facto en algo digerible. Son tan cómplices como un ministro y todos sabemos que tienen el poder de mover masas ante la falta de carisma y argumentos de este gobierno tan incapáz, feo y sin gracia. Yo sí aplaudo la acción, nadie los acosó o les echó gas del bueno, así que fue más una protesta sonora y pueril. El peligro está en victimizar al que presta su imágen pública y se arriesga a diario al escarnio público por sus malas desiciones.

corina lipavsky
9 de Mayo, 2013

Apreciado Willy,

Coincido contigo: es imperativo que los venezolanos hagamos algo más que ruido. Como también se hace imperativa la conciliación en una sociedad fracturada como la nuestra. Sin embargo, discrepo respecto al silencio y la tolerancia como estrategia ciudadana. Y esta es una discusión ya no venezolana, sino global. Lo es ahora en España, por ejemplo, donde los ciudadanos recurren al ‘escrache’ como modo de protesta pacífica ante los oídos sordos de un Estado que busca por todas las vías posibles criminalizar esta forma de resistencia.

Acomodaticios, como hemos sido siempre los venezolanos, nos hemos acostumbrado a hacer la vista gorda ante hechos y personas cuyas palabras o acciones merecen total repudio. Recuerdo mi indignación adolescente cuando en la Venezuela de los ochenta todos sabíamos de las atrocidades cometidas desde el poder por aquel personaje infame llamado Blanca Ibañez y sin embargo, todos los que criticaban sus andadas terminaban asistiendo a sus fiestas, tomándose unos güisquis y retratándose juntos en las páginas de sociales de la prensa nacional. Desde entonces, sentí que nuestra idiosincracia era eso, “sólo ruido” porque al final “cada quien baila al son que le toquen”. Y esto tal vez sea lo más importante que deberíamos cambiar.

Hay muchas formas de protesta no violenta, está claro. El ahora tan nombrado profesor Gene Sharp ha identificado 198 métodos y entre ellos, se encuentra la No Cooperación Social. Una serie de prácticas de desobediencia civil que permiten al ciudadano común –como individuo- manifestar su rechazo ante personas o instituciones cuyas acciones son social y/o políticamente reprochables. Allí las cacerolas, como gota que horada la piedra. Cito a Sharp:

“Cuando la gente rechaza cooperar, se niega a prestar ayuda y persiste en esta desobediencia y postura retadora, le está negando a su adversario el apoyo y cooperación humanas básicas que cualquier gobierno o sistema jerárquico requiere. Si lo hace suficiente gente y por un tiempo suficientemente largo, ese gobierno o sistema jerárquico perderá el poder”.

El día que seamos capaces de marcharnos de un local cuando a él llegue un funcionario que sabemos corrupto, cuando físicamente demos la espalda a personas involucradas con aquello que despreciamos, cuando dejemos de asistir a los convites, de hacer “la corte”, de recibir “premios”, cuando se nos acabe el “güabineo”, entonces y sólo entonces, estaremos en condiciones de iniciar un verdadero cambio. Si no, seguiremos, como decía Cabrujas, en este país provisional, de sólo ruido, “mientras tanto… y por si acaso”.

Irene Racca
9 de Mayo, 2013

Por fin alguien dice algo sensato. Si te comportas igual que ellos, en que te diferencias?. Hay que hacer la diferencia y pedir respeto y reconocimiento cuando nosotros irrespetamos es suma 0. Tenemos que seguir sumando, tenemos que convertirnos en eso de lo que queremos para nuestra patria. No ofendan, no descalifiquen, eso aliena y radicaliza. Hay que cambiar YA.

Leticia Gañango
9 de Mayo, 2013

La verdad que estoy de acuerdo con la opinión de Mckey. Pero así mismo tratando de entender esta situación se tendría que decir que la suma de frustraciones,decepciones y desesperanzas se actuan a través de una cacerola; cacerola ésta que es un medio en sí mismo, un escape, una representación, pero ciertamente una respuesta emocional y como impulso, vuelvo y repito sólo se actua, sin claridad, ni blanco específico y aunque ciertamente resulte un acoso y pérdida del objetivo político, creo entender, sostiene, contiene- cual dique-, la VIOLENCIA sobre aquel o aquellos que de manera igualitaria expresan su sentir y realizan sus alianzas, en esta oportunidad fueron estos artistas. Y cuando digo violencia me refiero a la dirigida hacia la integridad física del otro, porque ciertamente cacerolear y pitar a una persona es una forma de violencia, pero evidentemente atenuada. Entonces hay que imaginarse la “olla de presión” en que nos hemos convertido, situación complicada para procesar y elaborar. Esperemos haya reflexión de todo esto tanto en el gobierno como en los ciudadanos, todos venezolanos y hermanos!

r vivas
9 de Mayo, 2013

Antes del chavismo , durante la cuarta , muchos se quejaban de como en Venezuela se toleraba al corrupto notorio , de modo que estos podian acudir a cualquier sitio publico y ser recibidos y tratados como celebridades .Ahora hay personajes oportunistas no menos corruptos en su conducta personal y publica que los de antes , que la gente repudia pero que ciertas reglas del trato civil pareciera proteguer de cualquier manifestacion visible de condena. Creo que la violencia siempre es condenable , pero el cacelorazo no se si merece el mismo rechazo que un acto de violencia directa . La indignacion nos conmina a expresarla, la interdiccion absoluta del cacerolazo a personajes que son emblemas de posturas infamantes puede no siempre justificarse .

elizaria
10 de Mayo, 2013

Celebro este artículo. Es necesario que entendamos que el fin no justifica los medios, que no hay causa alguna que justifique el atropello a los otros. El ruido de las cacerolas debe ser fuerte, pero en el oído del poder, hasta causarle tinitus, en el oído del poder.

Antonio Márquez
10 de Mayo, 2013

Esto viene sucediendo desde hace años, sin darnos cuenta y ahora parecemos una sola masa de gente que dice, hace , grita y patalea desde un mismo molde. Por eso, quizás, no está costando tanto terminar de sacudirnos la pesada carga de tres lustros perdidos.

Cecilia Requena
10 de Mayo, 2013

Buenísimo este articulo. Hace reflexionar y revisarnos. Bravo Corina lipvsky! diste en el punto y en el cómo.

Andrea
10 de Mayo, 2013

Estoy de acuerdo pero creo que la respuesta de los caceroleados es igualmente manipuladora y lamentable. Decir que se está “secuestrado” en un restorán con yates es francamente una exageración y una falta de respeto para todos los venezolanos que han sido realmente secuestrados en estos 14 años. Si estos “artistas” se consideran secuestrados por un cacerolazo, ¿cómo debemos llamar a la situación del documentalista Timothy Tracy, a quien no lo dejan si quiera ver a funcionarios consulares de su país?

Seamos autocríticos pero también examinemos la manipulación del otro lado.

Pedro Ramirez
10 de Mayo, 2013

Respeto su opinion pero no estoy de acuerdo,el cacerolear es la unica manera pacifica de drenar el descontento y las injusticias que pasan dia a dia,estamos acostumbrandonos a malvivir, aceptar y compartir con corruptos,ladrones,hipocritas, y yo no acepto esos terminos,No tengo miedo,ninguna batalla se gana sin protestar,cuando inventen una manera pacifica mas efectiva que la cacerola me avisan,

Nidia Pernalete
11 de Mayo, 2013

Excelente articulo, sin embargo, creo que la oposición venezolana no ha conseguido otra forma de hacerse oír que no sean lo cacerolazos … los caceroleros oposicionistas con formas menos violentas de seguro recuerdan todas las veces que fueron ninguneados por los oficialistas y violentados en sus derechos hasta de caminar por el centro de caracas o caminar por las cercanías de Miraflores en la época de la inefable lina ron … y asi sucesivamente ….

Luis Gómez Veracierta
12 de Mayo, 2013

Muy bueno el artículo y creo que ese debería ser la actitud del venezolano que quiere erradicar la violencia que se nos ha montado encima en todas sus variantes. La otra cuestión es sobre las personas que llegaron al centro comercial. Recuerdo que hará unos dos o tres años el señor Vallenilla andaba en una promoción de algún detergente y llegó al mismo centro comercial y en presentación publicitaria todo eran gritos y celebraciones de las personas que estaban allí. Esa vez dicho personaje no llegó en yate. Creo que estos dos personajes con sus respectivas parejas debían saber a qué se exponían al ir al lugar y arribar de la forma como lo hicieron. Dieron muestra del comportamiento típico del “vivo” venezolano al que no le importan principios ni posturas morales si en ello obtienen un beneficio económico de manera deshonesta. Ellos quisieron alardear de su nivel económico e imagino de sus posturas políticas. No comparto el comportamiento de quienes los cacerolearon, habría preferido que todos los ignoraran y huyeran de su presencia que eso sí les heriría en sus egos, pero como pedirle a tanta gente que ha sido atropellada por este gobierno un poco de razonamiento en un momento así.

Ana María Sacchini
13 de Mayo, 2013

Sr. Mckey aunque en principio estoy de acuerdo con Ud., sobre todo porque la violencia trae más violencia, lo que esta sucediendo es por el principio acción-reacción y si le soy franca creo q hemos tardado mucho…. Las humillaciones hacia la mayoría del país son infinitas, no hay suficiente espacio. Diría q están obteniendo un poco de su misma medicina, lamentablemente pero sin lugar a dudas con razón…..

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