I. ¿Qué es?
Elena se la pasa tratando de convertir a todo el que conoce. Cree que va a cambiar al país de uno en uno. Está convencida de que el gobierno le ha coartado sus libertades. A ella y a sus hijos. Sacrilegio. Tiene la franela que dice “Con mis hijos no te metas”, y la usa. No pierde la oportunidad de batirse con cualquier persona que represente algún tipo de autoridad. Sus víctimas favoritas, funcionarios de chaqueta roja o uniforme verde. Se da un banquete en las elecciones. Hace años, en una de tantas verbenas electorales, ya ni recuerda cuál, Elena decidió aplicársela a uno de los soldaditos del Plan República. Lo agarró desprevenido mientras hurgaba con la punta del FAL en un matero, en franca cacería de un tuqueque.
—Joven, ¿no cree usted que el país está mal encaminado con este señor?
—Bueno yo no sé señora, pero ahora hay más libertad.
—¡¿Qué qué?! ¿Cómo es eso mijo?
—Mire: Antes, si uno orinaba por ahí, en la calle, venía la policía y lo llevaba a uno detenido. Eso, o mínimo te daban una tunda de palos. Ahora, uno puede oriná donde sea y nadie dice nada. ¿Ve? Más libertad.
II. ¿Hasta dónde llega?
—¡Epa, epa, carajito, no mees ahí coño! Socio, dígamele al niño que no orine ahí en la arena, que el viento está para acá.
—Ah vaina, ahora se va a poner exquisito, la playa es de todos nojoa— dice el padre del infractor, mientras menea un whisky (el que sea, pero de 18 años), en el toldo contiguo.
El niño, un muchachito regordete y de edad ciertamente incómoda para andar mostrando la manguera en público, vuelve a sacarla, la empuña y pone cara de labor de parto. El viento sopla, y baña a los vecinos con un rocío amarillento que, ciertamente, no es whisky 18 años.
III. ¿Para qué sirve?
Una beldad, eso dicen de ella. Bomba Sexy la llaman también. De vedette la catalogan los más acertados. Todos, elogios lanzados por una prensa ávida de un escándalo sexual en un mar de noticias pacatas. Sin querer (o queriendo) la han convertido, más allá de un guilty pleasure, en ejemplo a seguir.
Ella se guía por la máxima “si escandaliza, te hará famosa”. Ha llevado al extremo de lo absurdo lo aprendido de las Socialites norteamericanas. [Sin ánimos de entrar en polémica, entiéndase Socialite (o Socialité) como: mujer joven de cierto nivel socioeconómico que ha logrado relevancia mediática gracias a videos porno hechos en casa.]
Abro Twitter y me encuentro con la siguiente perla: “La vedette fulana, haciendo pipí en el monte http://pics.lockerz.com/s/227379174”.
Me indigno. No la voy a ver. Por este tipo de vainas innecesarias es que estamos al borde del despeñadero. Que asco. ¿A quién puede interesar esto? No entiendo por qué le dan cámara. Mis dedos, ya acostumbrados a gobernarse solos en las redes sociales, traicionan a mi cerebro y hacen click en la foto. Dios(a).
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Elena, que normalmente se incomoda más ante la palabra “orinar”, que ante cualquiera de sus versiones más chabacanas, apartó los ojos de la mirada alegre del soldadito y volteó desconcertada buscando, quizás, a Miguel Ángel Landa, o algo que le indicara que se encontraba en medio de un sketch cómico, una cámara escondida, o un chiste malo, malo, malo. Aquella situación, que en televisión habría causado tanta gracia, a ella, en persona, la hizo sentir terriblemente responsable.
Los hijos son de todos.
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21 de Septiembre, 2012
Que buen artículo. Es la representación de como se ha ido relajando y deteriorando nuestro país en aras de una libertad mal asumida! Mucho le va a costar a Elena hacerle entender al soldado que la libertad de uno termina donde empieza la del otro, que la chabacanería no es libertad y que la libertad empieza con la educación. Y todos tendremos que poner de nuestra parte, porque es verdad que los hijos son responsabilidad de toda la sociedad.
24 de Septiembre, 2012
Yo disfruto de lo bien escrito que està literariamente, eso mismo pudiera decirse sin que tuviera ninguna importancia y logras hacer un comentario agudo.
25 de Septiembre, 2012
Excelente,cierto y triste.