Una Grand Cherokee plateada, acorazada como un tanque de guerra, voló a nuestro lado en clara persecución de un abusador que se le había colado en el estancamiento que dejábamos unos metros atrás. A treinta metros de donde estábamos, el abusador bajaba la velocidad en una intersección, sin sospechar su protagonismo en la película que estaba en pleno desarrollo. La camioneta plateada aceleró a una velocidad incómoda para las estrechas calles de Naiguatá y embistió al vehículo del abusador por detrás. No dio tiempo que el destartalado carro azul absorbiese el impacto, cuando una camioneta dorada, de la misma marca y con blindaje similar a la anterior, lo chocaba por el frente para dejarlo aprisionado. Inmediatamente, del vehículo dorado bajaron cuatro gigantes blandiendo cuatro pistolas Glock nueve milímetros —armas que pudimos detallar gracias a la incómoda cercanía a la que nos encontrábamos—. Mi esposa entró en pánico, mi reflejo fue voltear al asiento trasero para ver a mi hija, quien a pesar de su corta edad, trataba de ver sobre el asiento de su madre para saber de qué se trataba tal conmoción. Ante los histéricos reclamos de mi copiloto, retrocedí y crucé en la primera calle que pude, no sin antes ver de reojo a los hombres armados cateando al conductor “abusivo”.
Luego de salir de la zona de peligro, me detuve en la primera panadería/licorería que pude encontrar, para comprar algún refresco dulce que pudiese devolver el color a la cara de mi esposa. Minutos después, mientras pagaba y contaba la insólita escena al vendedor y a un par de borrachos curiosos, se detuvo la Grand Cherokee plateada —claramente escoltada por la dorada— justo detrás de mi carro. Del piloto se bajó un muchacho joven, vestido impecablemente, y se acercó al lugar donde yo estaba, acompañado por uno de los gigantes de la otra camioneta para comprar una caja de cigarrillos y unas cervezas. Al darse cuenta, por mi cara, que yo había presenciado todo el incidente, me dijo con una sonrisa sobrada “que bolas los abusadores, pero por lo menos con este se hizo justicia.”
Esto es un fenómeno que se está viviendo en las calles de Caracas al que quizás los colombianos y mexicanos ya estén acostumbrados. Hoy, todos tenemos una historia. Haber sido detenido por una moto en un semáforo en verde para que pasen vehículos sin placas oficiales. Visto pasar grandes camionetas negras blindadas, a alta velocidad, por el canal de contra-flujo para evitar el tráfico. O ser agredido verbalmente, o peor aún, apuntado por un guardaespaldas, que a simple vista es difícil de identificar como policía o maleante.
Sin duda existen empresas de seguridad privada con todas las credenciales reglamentarias y que cumplen a cabalidad con las leyes que les aplican, pero es innegable que han proliferado los escoltas de mercado negro que actúan irresponsablemente, en pos de la “seguridad” y un preciado estatus de VIP de sus empleadores. Nos dejan al resto, como los espectadores de una película de acción, detrás de la ilusoria seguridad de un vidrio ahumado.
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15 de Febrero, 2012
En este mundo anáquico y fantasioso, todo es posible. Vivimos dentro de unas estadísticas. No hay otro comentario que hacer …
16 de Febrero, 2012
Esd cierto, existen empresas de seguridad de maletín y, de escritorio también, que emplean a ex policias, ex militares las menos, ex maleantes o en pleno ejercicio, que portan , por lo general, sus propias armas. Son contratadas para escoltar camiones y cargas, por ejemplo Puerto Cabello -Caracas; o Maiquetía- Caracas o vis. Iguual, para escoltar a clientes qe manejan dinero en efectivo. Quizás hagan el trabajo esperado por el cliente, pero representan un grave peligro para la seguridad de la ciudadanía. El perfil de tales candidatos es de terror. Manejarse con suma discreción para no tener qe rendir cuentas ante este tipo de “justicia” es lo recomendable para todos, en especial, los jovenes desprevenidos e impulsivos. Tomen nota.
16 de Febrero, 2012
Qué tristeza tener que convivir con estos abusadores…. y lo peor, ellos en su mundo fantasioso se sienten seguros y creen hacerlo bien
19 de Febrero, 2012
L Lo peor es que es verdad. Gracias a Dios que està muy bien redactado!!!