Blog de Michael Penfold

Las tres preguntas que marcan el futuro de Venezuela; por Michael Penfold

Por Michael Penfold | 29 de septiembre, 2017
Fotografía de Giovanna Mascetti

Fotografía de Giovanna Mascetti

El país está atascado en la parte más baja de un atolladero. La manera en la que salgamos de esta trampa histórica, si es que escapamos, va a determinar el tipo de sociedad en la que viviremos en un futuro próximo. El lugar en el que nos encontramos en estos momentos es totalmente inhóspito. Es una comarca que carece de las condiciones mínimas para ser habitado por los simpatizantes del gobierno y mucho menos por la oposición y el resto de los venezolanos. Quedarse en este punto muerto es prohibitivo para todos.

El gobierno ineludiblemente tratará en los próximos meses de consolidar un proyecto autoritario a través de la Asamblea Nacional Constituyente. Todo ello a pesar de que la población, la oposición y el mundo no reconocen a la Constituyente como legítima. Ante esta falta de legalidad, el gobierno acude, por la vía de los hechos, a la negociación bajo la mediación internacional en busca de su reconocimiento formal. En contraposición, la oposición se debate estérilmente entre una salida electoral sin condiciones y resucitar la calle, sabiendo que si las protestas son activadas serán reprimidas salvajemente. Esta realidad política los obliga, ante la ausencia de un árbitro electoral creíble, a gravitar hacia la negociación para que sea la comunidad internacional la que garantice, por medio de presiones cada vez más grandes, unos comicios regionales y presidenciales medianamente competitivos que apunten hacia una posible transición. Mientras tanto, el país se aísla, fallece.

Tres preguntas alrededor de tres temas cruciales determinarán la modalidad que nos permita salir de la actual coyuntura histórica. El primer tema tiene que ver con la restricción financiera internacional que enfrenta el país. A pesar de un conjunto de políticas económicas ineficientes y corruptas, que condenaron a Venezuela a experimentar innecesariamente la contracción económica más importante de su historia, tanto el gobierno como Pdvsa continúan cumpliendo con sus elevados compromisos externos. Pero más allá de su voluntad de pago es evidente que esta estrategia tiene sus limitaciones. La caída tan rápida de la producción petrolera, la liquidación de la mayor parte de los activos financieros disponibles, las limitaciones legales para vender activos reales tanto petroleros como no petroleros sin la aprobación previa de la Asamblea Nacional y la aparición de sanciones por parte de los Estados Unidos que le impedirían a la actual administración entrar en un proceso de reestructuración o de refinanciamiento de su deuda, se han convertido en restricciones reales que hacen pensar que es cuestión de meses antes de que Venezuela se vea obligada a dejar de pagar sus compromisos externos. Los costos sociales de mantener el modelo actual de controles son cada vez más altos. La irresponsabilidad del gobierno en el manejo de la política económica hace inevitable que el país enfrente en el futuro inmediato algún tipo de reestructuración de su deuda.

La pregunta más importante es si ese proceso va a ser ordenado o más bien caótico. ¿La cesación de pagos ocurrirá bajo la administración de Maduro de una forma desordenada? ¿O durante un gobierno diferente en el marco de un programa de estabilización económica? Las características comerciales y petroleras de Venezuela, así como la estructuración legal de los bonos que se cotizan en los mercados de capitales internacionales, podrían hacer que un default dispare una serie de conflictos legales por parte de los tenedores de estos papeles, que pueden llegar a vulnerar los activos y los flujos de ingresos tanto del gobierno como de Pdvsa. El impacto de este nuevo conflicto sería desestabilizante no solo para el actual régimen sino también para un potencial gobierno de transición. Desde una perspectiva estrictamente legal, este proceso será tremendamente engorroso y por lo tanto riesgoso, no solo financiera y económicamente sino también políticamente. Por si fuera poco, la existencia de cláusulas cruzadas con el financiamiento bilateral que Venezuela recibe de China obligaría al país asiático, si se diera una cesación de pagos, a acelerar el cierre de una de las pocas líneas de crédito que el país mantiene abierta.

Ante un evento crediticio de esta naturaleza hace una diferencia si Venezuela entra en default en el marco de una transición política, así como de un cambio creíble de política económica, que modifique a su vez el manejo de la industria petrolera. También es fundamental saber si el país hace el default con el apoyo de los organismos multilaterales y buscando un acuerdo rápido y transparente con el mercado. En cambio, si el default ocurre en el marco de un gobierno sujeto a sanciones internacionales que decidió irresponsablemente terminar de aislar económicamente a la población, o incluso bajo un gobierno de transición políticamente débil que realice cesaciones de pagos selectivos sobre ciertos tipos de bonos, aumentaría la incertidumbre política como consecuencia del conflicto legal que pudiese activarse con los tenedores de bonos, en especial con los fondos buitres. Los mayores gurús de las reestructuraciones de deuda a nivel mundial, Lee Buchheit y Mitu Gulati, afirman sin tapujos que la crisis de la deuda venezolana si no es bien gestionada financiera, política y legalmente pudiese llegar a ser comparable con la crisis de la deuda mexicana durante la década de los ochenta e incluso mucho más compleja que la que vivió Argentina a comienzos del milenio.

El segundo conjunto de preguntas gira alrededor del tema de las sanciones internacionales. ¿Pueden seguir escalando? Es indudable que las sanciones pueden perfectamente continuar aumentando en la medida en que la comunidad internacional perciba que el gobierno profundiza la senda autoritaria que decidió transitar con la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, la disolución fáctica de la Asamblea Nacional y la delicada situación en materia de derechos humanos que enfrentan los presos políticos.

También es evidente que el gobierno venezolano aceptó participar en el proceso de negociación que se intenta llevar a cabo en República Dominicana, en parte, aunque no exclusivamente, como una táctica dilatoria para evitar un escalamiento mayor de las sanciones. Uno de los objetivos del gobierno con la negociación es disuadir a la Casa Blanca de activar otra serie de medidas económicas que terminen de afectar negativamente el funcionamiento comercial de la industria petrolera. En una primera etapa, pareciera que estas sanciones estarán cada vez mejor coordinadas con Europa, Canadá y América Latina. Probablemente su escalamiento esté centrado exclusivamente en medidas individuales más que económicas. En una segunda etapa, en caso que la negociación en Dominicana no avance en la dirección correcta, que sería la de garantizar procesos electorales confiables y competitivos, Estados Unidos procederá a introducir nuevas medidas económicas y financieras.

La fecha límite para evaluar esa situación será a comienzos del segundo trimestre de 2018. El gobierno entiende que el efecto marginal de cualquier sanción económica adicional sobre Venezuela será devastador ante su propia debilidad financiera. Estas medidas lo obligarían a cesar los pagos de deuda y lo llevarían a asumir el costo político, económico y social de una crisis externa aún más severa. Para el gobierno de Maduro ya es evidente que las restricciones externas tanto políticas como financieras son reales. Una nueva ronda de sanciones económicas podrían convertirse a su vez en una perfecta excusa para suspender o posponer hasta abril de 2019 los comicios presidenciales.

El tercer grupo de preguntas están vinculadas con las características del ciclo electoral. ¿Qué tan competitivas o no van a ser las elecciones para gobernadores, alcaldes y Presidente? Las condiciones electorales técnicas (software, mesas y totalización) se han deteriorado dramáticamente y aun así la oposición aceptó participar en condiciones mucho más desventajosas que las que ha enfrentado en el pasado. Los principales candidatos presidenciales de la oposición también han sido inhabilitados. De modo que unas elecciones medianamente competitivas dependen casi de forma exclusiva de la presión internacional y del mismo proceso de negociación para poder resolver, o por lo menos aminorar, ambos problemas.

El chavismo, por su parte, también enfrentará algunos dilemas. El principal de estos es si Nicolás Maduro aspirará o no a la reelección. Esta decisión es quizás la más importante. En caso que decida optar por la reelección, es improbable que la comunidad internacional termine reconociendo un supuesto triunfo electoral oficialista ‒pues difícilmente Maduro podría ganar unas elecciones que sean competitivas en un ambiente hiperinflacionario‒ y también es poco probable suponer que las sanciones serán retiradas una vez que se mantenga en la presidencia, pues las mismas parecieran estar centradas exclusivamente en su permanencia en el poder.

Una reelección de Maduro implica tanto para el chavismo como para el resto del país una profundización segura de la crisis. Esta es una realidad que debe preocupar a toda la base de apoyo político que lo sostiene. En este sentido, Maduro enfrenta el mismo dilema de Boris Yeltsin en Rusia a finales de los noventa, quien ante su baja popularidad y su exigua viabilidad política tuvo que fabricar, a través de su control sobre el aparato estatal, un candidato alternativo como lo fue Vladimir Putin, quien fue elevado mediáticamente desde el más absoluto anonimato a la presidencia. En el caso venezolano, resolver este dilema es mucho más difícil, pues un candidato chavista alternativo va a tener que luchar contra el pasivo de una pésima gestión y un ambiente hiperinflacionario.

Si el chavismo decide optar por una candidatura alternativa, igualmente tendrá que decidir si tolerará elecciones competitivas. El chavismo quizás apueste a que estos comicios sean significativamente menos competitivos para poder garantizar el triunfo de un “delfín” o de una “transición controlada”. La comunidad internacional tendrá que evaluar si acepta o no la validez legal de estos comicios. También deberá valorar si acepta el retiro de las sanciones en caso que haya un cambio de política económica y una mayor liberalización política. En este escenario, la comunidad internacional podría estar modificando su deseo de “cambio de sistema” (regime change) por un “cambio de comportamiento” (regime behavior). La posibilidad de que el país alcance unas elecciones verdaderamente competitivas, en el contexto de un chavismo que decidió entrar nuevamente en etapa de “sucesión”, va a depender exclusivamente sobre qué tan integral sea el compromiso de la comunidad internacional con la restauración de la democracia venezolana.

Las respuestas a todas estas interrogantes son totalmente inciertas pero serán verdaderamente determinantes en el devenir de los acontecimientos del país. ¿Cuándo ocurre el default? ¿Cómo escalan las sanciones? ¿Aspira el oficialismo a la reelección o prefiere más bien la sucesión? Se aceptan apuestas.

Michael Penfold es Investigador Global del Woodrow Wilson Center, Profesor Titular del IESA en Caracas y Profesor Invitado de la Universidad de Los Andes en Bogotá. Es Ph.D de la Universidad de Columbia especializado en temas de Economia Politica y Politica Comparada. Fue Director de Politicas Publicas y Competitividad de la CAF Banco de Desarrollo de America Latina. Es Co-autor junto con Javier Corrales de Un Dragon en El Tropico: La Economia Politica de la Revolucion Bolivariana (Brookings Institution) que fue seleccionado por Foreign Affairs como mejor libro del Hemisferior Occidental. Autor también de Dos Tradiciones, Un Conflicto: El Futuro de la Descentralización (Mondadori) Editor del Costo Venezuela: Opciones de Politica para Mejorar la Competitividad y Las Empresas Venezolanas: Estrategias en Tiempo de Turbulencia.

Comentarios (9)

Maximilian L G Grüber
29 de septiembre, 2017

“Contra los hechos no valen argumentos” nos repetía un profesor, es lo primero que me vino a la cabeza. Si a legitimidad vamos, la presidencia de Maduro no es mucho más legítima que su infame engendro, bautizado como asamblea nacional constituyente, que no es asamblea -no reúne las cualidades de ninguna de las cuatro acepciones de la RAE- ni es nacional, ni constituye otra cosa más que un monumento al fraude. La presidencia del ciudadano -sabrá él de qué país- Maduro, es de muy dudosa legitimidad de origen, e indiscutible ilegitimidad de ejercicio. A mayores, Maduro fue declarado ausente del cargo, que detenta desde la fecha en que la constitucional Asamblea Nacional legalmente vigente determinó su abandono de la presidencia, pero de hecho la okupa. Consintiendo negociar con Maduro, no veo por qué no negociar con un elemento -numeroso- más de su banda. Negociar, todo pasa por negociar, el “diálogo” fue una práctica terriblemente hipócrita. Diálogo sí, con la Comunidad Internacional.

Guillermo Guarino
29 de septiembre, 2017

Muy interesante análisis, solo creo que a veces somos muy educados con las palabras que describen la realidad de Venezuela. Cambiaría la frase: “A pesar de un conjunto de políticas económicas ineficientes y corruptas,…” por esta otra frase:

“A raíz del mayor SAQUEO, ATRACO Y ESTAFA que un grupo en el poder ha logrado en cualquier país en la historia de la humanidad,…”

Gracias.

Nora Esther De Paz Donado
30 de septiembre, 2017

En mi opinión NO se puede avalar un sistema político, social y económico, qué ha demostrado con resultados ser CATASTROFICO (Dixit Agnes Deaton), NO puede haber ningún acuerdo, Venezuela debe ir a una era de Desarrollo, Progreso, Calidad de Vida a través de la Educación, Producción Nacional con productos competitivos para la sustitución de importaciones,incentivar la RSE como elemento de aportar al Desarrollo, gracias por el Análisis en el Artículo.

jefer94
30 de septiembre, 2017

Yo defiendo la siguiente tesis, los venezolanos estamos empobrecidos y mas podres que hoy no podemos quedar, las sanciones a los venezolanos ya casi no nos afecta directamente, porque toda la plata se la roban.

La cuestión es que, mientras afrontemos el problema con la visión socialista keynesiana, el país siempre sera una mierda.

Hay que entender, que el futuro del país ronda alrededor de mejorar la economía, ¿como se mejora la calidad de un país? pues creciendo, debemos afrontar este problemas tal como lo afrontaron los chilenos, promoviendo la inversion privada, con objetivos claros.

Claro dirán que van a llegar de la nada, con la situación actual, la inversión privada en Venezuela es un espanto, tu investís y todos te quieren robar tanto el gobierno, el ladrón, el sindicato, el envidioso y si eres de sector de alimento el CLAP.

Jugando así nadie querrá poner plata en nuestro país, claro como el socialismo es lo que esta de moda, ni hablar de la inversión privada eso no es cool.

rafael diaz
30 de septiembre, 2017

Creo que en este análisis falto una cuarta pregunta? Que pasaría y “Dios nos agarre confesado” que en la elecciones regionales próxima no gane la oposición la mayoría de las gobernaciones, a mi modo de ver sería catastrófico. Las regionales vendrían a ser el toque de oro, para la deslegitimación de la asamblea nacional constituyente írrita por donde se le mire. De tal forma, el ganar sentaría las base para el principio del fin del régimen forajido.

Aminta Calonge
30 de septiembre, 2017

Porqué no ponemos las 3 preguntas en futuro?. Creo serían más explicativadas considerando el contexto en que nos estamos desenvolviendo

Oswaldo Campos
30 de septiembre, 2017

La Comunidad Internacional debe entender que la solución para salir del desastre económico-político y humano que esta viviendo Venezuela es por la vía de un cambio de gobierno y la instauración de un nuevo gobierno electo por elecciones libres garantizadas por la ONU, mediante la conformacion de un grupo de paises regentes respaldados por los Boinas azules de la ONU y las fuerzas de la OTAN. Mientras la comunidad internacional siga dándole largas al asunto pensando que con el dialogo entre las partes, gobierno y oposición, se va a llegar a algo. Este gobierno no tiene voluntad de cambio y por el contrario cada dia profundizan mas el modelo autocratico comunista – socialista del siglo XXI, eso de un cambio de escenario, en el cual la comunidad internacional podría estar modificando su deseo de “cambio de sistema” (regime change) por un “cambio de comportamiento” (regime behavior) ante La posibilidad de que el país alcance unas elecciones verdaderamente competitivas eso no existe.

Per Kurowski
3 de octubre, 2017

El problema es que elegimos la Asamblea Nacional mas quedada del mundo. Hace años debería haber declarado. Somos nosotros quienes negociamos

http://petropolitan.blogspot.ca/2017/06/una-simple-compleja-pregunta-de-un.html

Justo Mendoza
5 de octubre, 2017

Penfold hace un enfoque económico que afecta capitalmente las opciones políticas de la realineacion del país hacia la democracia constitucional ¿el eje? Las negociaciones. Debemos profundizar en un tema -desde nuestra vision opositora- que Penfold aborda desde la mirada internacional: _“cambio de sistema” (regime change) por un “cambio de comportamiento” (regime behavior)_. Nuestra experiencia practica -la del “tira y encoge” con el régimen-nos ha llevado a concluir que el chavomadurismo tiene una meta innegociable: la liquidación de la democracia constitucional en un sistema de pluralismo politico, para la entronización del totalitarismo castrocomunista. Su abatimiento implica una consistencia opositora de otro calado y de un acuerdo de compromiso diferente a las meras “alianzas perfectas” electorales que a cuestas la realidad nos ha impuesto. Incluso es suoerior a un acuerdo de unidad nacional: un acuerdo tipo “Pacto de Punto Fijo” más abroquelado.

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