Blog de Alberto Barrea Tyszka

Las trampas del lenguaje; por Alberto Barrera Tyszka

Por Alberto Barrera Tyszka | 30 de octubre, 2016
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Fotografía de Gabriel Méndez. Haga click en la imagen para ver la galería.

Y entonces resulta que, después de tanta vuelta, aquí estamos de nuevo sentándonos a dialogar. Hoy es un domingo perturbador. No es fácil dialogar con quien no entiendes, escuchar a quien no le crees ni el saludo. Tampoco es fácil rechazar el diálogo. Sobre todo si no tienes otra alternativa, si no tienes ni siquiera balas. Hoy es un domingo perturbador. Pero ineludible.

Hay que asumir, con saludable naturalidad, que el diálogo es una condena. Una obligación que ninguno de los dos desea cumplir. Vamos empujados, a regañadientes, llenos de heridas. La primera palabra que brilla, para ambos, es la sospecha. Sospechamos que el otro miente, sospechamos que la conversación no sirve para nada. La rabia muda es una zona de confort.

¿Con qué lenguaje vamos a hablar? Ese es un elemento fundamental del debate. Porque, desde el uso mismo del lenguaje, el oficialismo diariamente sabotea cualquier posibilidad de entendimiento en el país. El miércoles pasado, Nicolás Maduro volvió a afirmar que “la oligarquía más nunca vendrá ni entrará a Miraflores. Así lo decreto y así lo lograremos” ¿Quién es la oligarquía para Nicolás Maduro? Es la oposición, es cualquiera que adverse al poder establecido. Lo mismo ocurre con el término “derecha”. Una denominación que, en rigor, define muy poco y que sólo sirve para deslegitimar moral y afectivamente a cualquiera que cuestione al gobierno. Pero Maduro, y otros altos funcionarios, insisten en repetir lo mismo. Es decir: tácitamente, todo el tiempo, se auto proclaman dictadores eternos. La democracia y el diálogo no están en su idioma.

Otro ejemplo: en medio de esta agitada y conflictiva semana, el Ministro de la Defensa, flanqueado por el Alto Mando militar, todos con uniforme verde oliva y rostros circunspectos, leyó al país un comunicado que invocaba el rol institucional de la Fuerza Armada y que apelaba a la defensa de la Constitución por encima de cualquier vinculación política particular. Al finalizar el texto, una sola consigna destruyó completamente lo que había leído. La alusión a Chávez contradice de manera feroz el resto del discurso ¿En cuál de los dos mensajes cree Vladimir Padrino? ¿En cuál debemos creer nosotros?

No se trata sólo de la mesa de negociaciones. Se trata del futuro en general. De la necesidad de entrar en otro tono, de buscar otra manera de pronunciarnos y de debatir políticamente. Es un asunto, también, de coherencia, de mínima honestidad ante el país. Cuando, en medio del desastre económico y social que vivimos, Nicolás Maduro se atreve a decir “estamos haciendo aquí en Venezuela la obra de Jesucristo”, Nicolás Maduro se convierte en una chispa incomprensible. Es un cortocircuito galáctico o un cínico también galáctico. Si la salida a la profunda crisis que vive el país pasa por el diálogo, entonces pasa también por las palabras. Por la necesidad de cambiar las palabras. El oficialismo tiene que incorporar a los otros en su discurso. Con respeto y con legitimidad. Sin eso, jamás habrá diálogo.

Estamos ante una narrativa que muta con rapidez y que tiene en la historia reciente importantes referencias. Esta narrativa oficial, además, cuenta con el apoyo de la hegemonía mediática y con un mercadeo utilitario de la figura de Hugo Chávez. En momentos de crisis, la vocería oficialista se consolida desesperada alrededor de su narrativa. Y, por el contrario, la vocería de la oposición se desparrama, se desordena. Su diversidad se convierte en fragilidad. Hay discursos delirantes, distracciones tan incomprensibles como insistir en la búsqueda de la nacionalidad de Maduro para discutir sobre la ruptura del orden constitucional. Aparece, otra vez, la tentación de las salidas instantáneas, la idea de que somos mayoría y de que lo único que hace falta es tener valientes zapatos para llegar a Miraflores, tocar la puerta y entrar. La simpleza de pretender aprovechar la crisis para imponer agendas personales desde un programa de televisión. El radicalismo se sostiene sobre la fe en la magia. Y ya se sabe: los magos no dialogan. Prefieren recitar hechizos.

Pero los desaciertos de los liderazgos de la oposición no justifican el monólogo autoritario del poder. El oficialismo tiene que entender que el diálogo no transcurre únicamente en una mesa delante del representante del Vaticano. El diálogo también se expresa en las acciones del SEBIN, en las detenciones arbitrarias, en los presos políticos. El diálogo está en los oficiales militares que asistieron como público al programa de Diosdado Cabello esta semana. El diálogo está en la expulsión o prohibición de entrada al país a periodistas extranjeros. El diálogo está en un Presidente que usa el adjetivo “fascista” para calificar un derecho constitucional como es la huelga. El diálogo está en el TSJ convertido en instrumento partidista. El diálogo está en el silencio militante ante las denuncias de corrupción en PDVSA. El diálogo también está en la simple posibilidad que tiene cualquier otro de marchar en paz sin que, de forma inmediata, aparezca una manifestación oficialista contra atacando, queriendo enfrentarse. El diálogo supone que el chavismo por fin acepte la alternancia, que por fin entienda que los demás venezolanos no somos la guerra.

Las preguntas que han estado girando sobre el país durante todos estos días se detienen hoy en la esquina de este domingo ¿Es posible dialogar? ¿Cómo? ¿Para qué? ¿Acaso hay país más allá de las trampas del lenguaje?

Alberto Barrera Tyszka 

Comentarios (12)

Elsa Este
30 de octubre, 2016

El país y la dirigencia están entrampados. Y no solo por el lenguaje sino por las ejecutorias. El gobierno tiene muy claros sus objetivos y los cumple, sin escrúpulo, sin verguenza, sin careta, y sin importarle usar así sea al Vaticano para sus propósitos, y si es éste mejor, pues le imprime una seriedad que no tiene por ningún lado. No sé cual será el punto de quiebre, llegará, claro, pero hasta entonces solo tenemos el “mientras tanto”.

Pedro Villavicencio
30 de octubre, 2016

Si logramos comparar el lenguaje que usaba el difunto Chavez, con el que actualmente utiliza Nicolás Maduro, no es difícil notar que ambos son muy comunes, en cuanto a la descalificación y a su naturaleza de bajo fondo. Esto, naturalmente permite llegar a la conclusión que ambos personajes hau usado el mismo libreto cubano y, por tanto, fungen como unas repetidoras que obedecen a una misma fuente primaria, la del castro-comunismo. Dialogar se hace cuesta arriba, no hacerlo, pareciera condenarnos en forma ilimitada a esta dictadura del siglo XXI.

H.Augusto Pietri
30 de octubre, 2016

“EL INFIERNO ES EL OTRO” Jean Paul Sartre.

Diógenes Decambrí.
30 de octubre, 2016

“Maduro se atreve a decir “estamos haciendo aquí en Venezuela la obra de Jesucristo””: Para calibrar el crédito de esa afirmación tan fantasiosa y demagógica, bastaría pedirle que nos indique una declaración suya, o de Chávez, -pero con más de ocho años- donde se ubiquen en calidad de creyentes, refiriéndose con respeto a la religión católica. Por primera vez disiento de un enfoque de ABT: “distracciones tan incomprensibles como insistir en la búsqueda de la nacionalidad de Maduro”: Absurdo calificar como “distracción incomprensible y búsqueda”, el cumplimiento de lo que la Constitución establece para optar o ejercer la presidencia de Venezuela (Ser venezolano por nacimiento Y no poseer otra nacionalidad). Quienes han solicitado, por diversas vías desde el 2013, que se defina esa condición en Maduro, no andan BUSCANDO su nacionalidad, pues a él corresponde la carga de la prueba, es él quien debe MOSTRAR sus documentos y DEMOSTRAR que no viola la Ley, y no puede el TSJ imponerla.

E. Esoinoza
30 de octubre, 2016

Excelente artículo, nos sitúa en el contexto político venezolano actual con gran claridad.Sólo queda la pregunta que expresa la terrible incertidumbre que nos agobia a todos: qué va a pasar aquí? qué va a ser de nuestro país?

Olmar Centeno
30 de octubre, 2016

Sabe una cosa, señor Barrera Tyzka? Acaba de hacer que descubra el agua tibia, en concreto que justamente por esa imposiblidad de dialogar entre las partes en conflicto es que se justifica la existencia de la carrera de abogacia. Para eso están los abogados, para representar a quien ya le es imposible tanto dejar de insultar como hacerse oír por la otra parte. Como el abogado no esta involucrado ni emotiva ni económicamente en el asunto, puede negociar con su igual dentro de los límites que le han sido establecidos . Sería eso acaso imposible? Terceros no involucrados?

nelson rampersad
31 de octubre, 2016

ciertamente el primer acuerdo debe ser el cambio del lenguaje,la palabra ha servido como herramienta para el surgimiento del odio, entra en corazón como un cuchillo caliente en una barra de mantequilla. pero también la palabra, el lenguaje,las expresiones serán el medio idóneo para construir una Venezuela unida.

David Bone T
31 de octubre, 2016

Excelente escrito sobre la terrible situación que transitamos pero ya ésto está rayando en genocidio. Acabo de leer el comunicado de la MUD y solo veo un acta con muy vagos lineamientos que ya dan asco por repetitivos..ojalá me equivoque

Kondorito Konstitución
31 de octubre, 2016

Este año cae Fidel.

Flor Bello
31 de octubre, 2016

Ojalá no exagere en mi opinión, pero creo que esto no va a ninguna parte, ya que sé con quien estamos tratando de dialogar, será como siempre dando tiempo al tiempo para que todo termine en nada y “ellos”, sigan aquí irrespetando la Constitución y así van pasando los días.

Jesús Zurita Peralta
1 de noviembre, 2016

La mentira se dice con tal naturalidad que la falsedad se muestra en el contexto de una dialéctica continua, absurda, fabulada, increíble y vana, ya se miente sin causa. El país, la sociedad, viven sumergidos en el lodazal del engaño, la verdad no existe, todo está justificado con fines políticos, electorales, nefastos, de control y de marketing. El poder sujeta la bestia por los cuernos y el animal es manso…Al final sólo la palabra queda en pie, pero maltrecha, herida, luciendo sucia y vistiendo ropas roídas, cubierta de trapos rasgadas. En su rostro están los estigmas, las huellas del maltrato, pues ha servido, sin querer, muy contra su voluntad, para animar la fiesta de los insultos, agravios, calumnias, difamaciones, improperios y abusos de todas las escalas. Fue tanto el abuso, se usó tan mal, que ella fue perdiendo sentido y significado, la semiótica sirvió para cualquier cosa, todo menos para aquello que era correcto o que permitía acercarse al mejor significado, para su mejor espacio en la frase apropiada. Fue obligada a formar parte de un discurso y una retórica en donde la dualidad, lo ambiguo y lo inexacto se hicieron una constante. Las cosas podían ser llamadas de otra manera y ella servía para eso, para darle el más disparatado significado a una mala intención y convertir aquel abuso en otra banalidad comunicacional. El mal uso justificó esa retórica, en boca del ignorante, decía el sabio, las palabras pierden contenido…”…La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio…” Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

Jesús Navas
7 de noviembre, 2016

En relación al comentario del Sr. Jesús Zurita Peralta, de fecha 01/11/2016, quien , al parecer hace una cita textual del político Cicerón, quisiera que me ilustrara si en es época, en Roma, antes de Cristo, ya se conversaba y se manejaba el término Marketing ? Gracias

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