Perspectivas

La violencia y la represión vistas desde Walter Benjamin; por Ramón Escovar León

Por Ramón Escovar León | 20 de abril, 2017
Fotografía de Leo Álvarez

Manifestantes opositores son reprimidos por los funcionarios de orden público en la marcha del 19 de abril de 2017. Fotografía de Leo Álvarez

Las imágenes de la represión ejercida contra la población civil desarmada, que manifiesta pacíficamente en Venezuela, guardan relación con el tema de la violencia ejercida por el Estado. En este sentido resulta útil leer el ensayo de Walter Benjamin titulado Para la crítica de la violenciapublicado en Ensayos escogidos (Madrid, Editorial El cuenco de plata, tr. H.A. Murena, 2010, pp. 153-180). En él, el autor presenta una tesis según la cual la violencia puede constituirse como fuente del derecho, lo cual es un aporte original y poco referido por la doctrina jurídica. Según Benjamin, la violencia debe ser buscada en el campo de los medios y no de los fines. Luego, como medio, solamente puede ser usada para fines legítimos (la legítima defensa, por ejemplo); y no puede ser ejercida para fines injustos (la violación de derechos humanos). En consecuencia, la utilización sistemática de la violencia como medio con fines políticos, como ocurre en Venezuela, persigue perturbar e impedir el derecho a manifestar pacíficamente de la población civil.

El ensayo de Benjamin reviste gran interés en virtud de que reflexiona de manera original sobre un tema de filosofía del derecho. Se trata de un ensayo que trata sobre el dilema de si la violencia es creadora o conservadora de Derecho. El autor nos sitúa ante un tema novedoso, pues las fuentes del derecho son la ley, la costumbre, la jurisprudencia, los tratados internacionales y la doctrina jurídica, según lo plantea François Geny en Método de interpretación y fuentes en Derecho Privado Positivo (Madrid, Editorial Reus, 2ª edición, 1925, p. 228).

Al analizar la violencia como fuente de Derecho, Benjamin distingue entre la violencia legal e ilegal. La primera, siempre sujeta a normas, es admisible, pero la segunda, no. El Estado está autorizado para ejercer la violencia, pero el particular no puede hacerlo, salvo que sea en legítima defensa. Por eso queda proscrita la violencia que ejercen los paramilitares (llamados “colectivos”). Desde luego, hay que subrayar que el uso de la violencia por parte del Estado está limitado por la Constitución, las leyes y los tratados internacionales. En ningún caso queda justificado “un ataque generalizado o sistemático contra la población civil” desarmada, tal como lo prohíbe el Estatuto de Roma en su Artículo 7.

El ensayo de Benjamin es seminal porque introduce novedosos aspectos sobre el tema y predica que la violencia puede ser creadora o conservadora de Derecho. Por ejemplo, en las guerras, el vencedor le impone el Derecho al vencido. Esto es así pues en algunos casos la violencia persigue un fin noble. Piénsese que en la Segunda Guerra Mundial los ganadores afirman que la violencia se justificó ya que estaba dirigida a lograr un fin justo: evitar el dominio nazi. Con este argumento pretenden justificar, igualmente, el lanzamiento de dos bombas nucleares, porque impera la idea de que la violencia es buena para quien la usa, pero mala si la ejercen los demás.

A continuación, el autor distingue entre el Derecho natural y el Derecho positivo. Al primero le corresponden fines naturales y al segundo, fines jurídicos. En esta sección del ensayo, el fundamento de su razonamiento se basa en la idea de que los particulares no pueden ejercer violencia, porque ésta queda reservada a la que está autorizada jurídicamente; por ejemplo, como ocurre cuando un juez ordena el desalojo de un inmueble. Asimismo, los particulares no pueden ejercer violencia, salvo la legítima defensa, como ya he señalado antes. Por eso, entre otras cosas, nadie puede desalojar a otro sin una orden judicial. Seguidamente, Benjamin señala una máxima reguladora de la violencia, de la cual “se deduce que el derecho considera la violencia en manos de la persona aislada como un riesgo o una amenaza de perturbación para el ordenamiento jurídico” (p. 157). Esta máxima parece un lugar común, pero construida de la manera en que lo hace Benjamin, resulta interesante. Y si se ve al revés, indica que la violencia en manos del Estado no es peligrosa, ni ilegal y está justificada y puede ser necesaria; por ejemplo, cuando se ejerce contra los delincuentes, porque no hacerlo sería negativo para la sociedad. Aquí cabe una pregunta que no se planteó Benjamin: ¿está justificada la represión, el asesinato y el uso excesivo de gas lacrimógeno contra civiles desarmados que manifiestan pacíficamente? Quien defiende al gobierno dirá que sí, porque se trata de defender el ideal “revolucionario”. En cambio, quienes piensan que el derecho a manifestar pacíficamente es un derecho humano, dirán que no. En realidad, la represión por parte del Estado en manifestaciones pacíficas es una modalidad de violencia no justificada, porque siempre debe preservarse el derecho a disentir por medio de la manifestación pacífica, como lo autoriza claramente nuestra Constitución en su Artículo 68. Mucho menos puede justificarse que esta represión se ejerza de manera sistemática y mediante el uso de armas letales.

La idea que se plantea es que la única violencia que admite el Derecho positivo es la que ese mismo Derecho autoriza. Es decir, el uso de la violencia está codificado en una serie de normas que la autorizan. Es una forma de estatizar la violencia porque es válida cuando está prevista en una norma jurídica producida por el Poder Legislativo, y cuando la ejerce un poder legítimo. Fuera de ello no hay posibilidad de admitirla válidamente. Luego, si el ejercicio de la violencia del Estado no tiene una norma que la respalde, la misma es inaceptable. En estos casos, hay un espacio para la discusión de la ética de la violencia. Ejemplo de la represión que repugna al derecho y a la ética son las represiones con gas lacrimógeno, así como la tortura. Esto es contrario a la Constitución que señala, en el Artículo 68, lo siguiente: “Los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a manifestar, pacíficamente y sin armas, sin otros requisitos que los que establezca la ley”. Y en el primer aparte, la norma “prohíbe el uso de armas de fuego y sustancias tóxicas en el control de manifestaciones pacíficas”. La lectura de esta norma con el Artículo 7 del Estatuto de Roma permite concluir que hay una clara prohibición de ataques sistemáticos contra la población civil que manifiesta pacíficamente, al tiempo que no está permitido el uso de sustancias tóxicas.

Todo lo anterior nos enfrenta a otra interrogante: ¿es válida la violencia para defender un proyecto político sin respaldo popular? La violencia es repudiada cuando se usa para un fin que implica la violación de los derechos humanos. Entonces, se trata de rechazar la violencia que se ejerce sin la aprobación de las normas jurídicas, o en exceso de lo previsto en la ley; en caso contrario, esta violencia pone en peligro la existencia del propio Derecho. Es lo que ocurre cuando el Estado no respeta el contenido del Artículo 68 de la Constitución y no solo reprime una manifestación pacífica, sino que lo hace con sustancias toxicas. Esta situación puede justificar que se acuda a los tribunales internacionales, porque en el orden interno no habría, en la práctica, un tribunal que pudiera juzgar con independencia y libertad la violación de los derechos humanos de los manifestantes.

El ensayo de Benjamin es útil para examinar el caso venezolano, en el cual el gobierno ejerce una violencia sistemática en detrimento de la Constitución (artículos 68 y 337, entre otros), así como del Estatuto de Roma. Hay que respetar el derecho a la manifestación pacífica, el derecho a la vida, la prohibición de la tortura y el debido proceso; igualmente, se deben preservar el derecho a la información y los “derechos humanos intangibles”. El caso de Venezuela habría dejado perplejo a Walter Benjamin y deja corto los planteamientos de su agudo ensayo.

 

Ramón Escovar León 

Comentarios (11)

alejo urdaneta
20 de abril, 2017

Excelente analisis iusfilofico sobre ideas de Benjamin que nos llevan a la teoria pura del derecho, de Kelsen. El problema del Derecho es de tècnica social, sin juicios de valor como propuso Carlos Cossio en su teoria egologica. Benjamin se aproxima al derecho natural al establecer la posibilidad de la violencia en el derecho positivo, en este caso el uso de la violencia para situaciones determinadas. Ensayos como el tuyo nos dan aliento para indagar màs en el contenido individual del derecho.

Cesáreo Espinal
20 de abril, 2017

Te felicito por le artículo y la referencia que haces de Walter Benjamin, pero no olvidemos que en un régimen marxista el derecho es la revolución permanente. No existe Derecho Justo y menos democracia. Abrazos.

rafael vivas
20 de abril, 2017

Desconocia el que Benjamin se hubiese ocupado de este genero de topicos. Es notable que el autor del articulo haya encontrado este texto , claro que no siendo Benjamin abogado no debe estar entre los mas profundos y agudos que atarearon su pensamiento …..!! pero siempre alecciona que haya un pensador reconocido que se haya ocupado de estos topicos tan ajenos a la mente de un filosofo comun ……!! Esta visto que el topico de la violencia es uno de los que mas cuesta entender a fondo ……la tentacion es siempre a recamarla con tediosos lugares comunes . Benjamin evidentemente hizo un esfuerzo por resistir esta tentacion quizas con menos exito que pudiera desearse !!

Guillermo Gorrín Falcón
21 de abril, 2017

Celebro que este artículo esté publicado, debe haber un sano debate sobre lo que desde 1998 experimentamos en Venezuela: un Estado permanente de violencia. Esto impide ubicar el tema dentro del Derecho natural o positivo, porque es inadmisible a la luz de ambos. No percibimos, no dimos la debida importancia, al que la violencia era aplicada en forma abusiva, fuera de los límites en vista de los que su uso está autorizado en la ley, y que el medio empleado no se limitaba a la violencia física, como la represión, el asesinato, el uso excesivo de gas lacrimógeno contra civiles desarmados que manifiestan pacíficamente, sino que alcanzaba, además, la violencia psicológica, he ahí el Estado permanente de violencia. El constante golpeo del puño con la palma de la mano contraria; las amenazas a los medios hasta lograr la autocensura; la convocatoria a contramarcha; la limitación a la libre convertibilidad de la moneda etc., fueron y son signos claros, son prueba evidente de ese Estado.

Carlos E. Weffe
21 de abril, 2017

¿Es la violencia “a secas” fuente del Derecho? ¿Está ella de suyo proscrita como elemento de juridicidad de la acción humana? ¿O debe admitirse cuando ella está acompañada de un adjetivo, digamos, “legítima”? Una aproximación superficial al tema supone que la violencia es legítima, y en consecuencia es jurídica, cuando ella se utiliza como recurso final (la última ratio de los penalistas), en medida estrictamente proporcionada a la magnitud de la agresión antijurídica a la que se responde con la violencia (como en la legítima defensa), y sobre la base de la protección del Derecho (elemento justificador). De esta guisa se justifica la legítima defensa, ya no como “fuente” del Derecho, como propone Walter Benjamin, creo yo, sino como auténtico “derecho”. Un derecho -extremo, claro está- a defenderse de la agresión desproporcionada, injusta e ilegítima. ¿Cómo se aplican estas reflexiones a lo que la sociedad venezolana ha vivido en estos días? ¿Existe un derecho del Estado a violentar a sus ciudadanos, bajo el pretexto de la preservación del “ideal” del Poder y de sus acólitos? Esa es la reflexión que, con la sobriedad y la agudeza acostumbrada, nos trae Ramón Escovar León hoy, en Prodavinci. Les recomiendo ampliamente esta lectura.

Hernando Diaz-Candia
21 de abril, 2017

Excelente artículo para poner en contexto y tratar de entender el [fracasado] marxismo occidental que en Venezuela han engalletado y empastelado maquiavelicamente. Es importante entender el pasado. Por lo demás, la fuerza pública como monopolio del Estado no debe confundirse con violencia en sí misma.

José Briceño
22 de abril, 2017

Excelente análisis desde la obra de Walter Benjamin. Sus ideas, aun cuando de vieja data, son de gran actualidad al evaluar la situación que actualmente se verifica en el país.

Luis Melo
22 de abril, 2017

El artículo nos lleva de la mano del ensayo de Walter Benjamín, para mirar la violencia ejercida por el gobierno como expresión ilegítima de su uso como medio para obtener fines políticos. Concuerdo con el articulista en que todo forma parte de la negación al derecho de expresarnos políticamente, del derecho a expresar nuestro desacuerdo con las políticas públicas como lo expresa el artículo 62 de la Constitución y del derecho a la manifestación. El artículo es una invitación a mantener nuestro reclamo para que se restauren los principios democráticos y volvamos a tener una verdadera convivencia democrática. Las interpretaciones que se hacen de la Constitución en la Sala Constitucional, la han separado de los principios democráticos y convierten a los integrantes de la Sala en actores políticos que defienden los intereses de la corriente política que representan. Es cierto, como lo expresa el artículo, necesitamos jueces independientes dispuestos a defender nuestros derechos.

CARLOS TAYLHARDAT
22 de abril, 2017

Estimado Dr Ramón Escovar León, un gusto en saludarlo.

Es muy interesante la investigación desarrollada en el presente estudio: La violencia y la represión vistas desde Walter Benjamin.

Es importante tener presente que uno de los límites a la legitimidad del uso de la violencia por el Estado es el principio de proporcionalidad, que consiste en que la fuerza utilizada para neutralizar el ataque sea eguivalente a éste, lo que nos permite comprender que su exceso conlleva responsabilidad dentro del contexto de la Ley. En razón de ello, no puede comprenderse que tales represiones injustas sean fuente de derecho, porque precisamente son su negación y conllevan como Usted explica lo prohíbe el Estatuto de Roma en su Artículo 7.

En un contexto aparte sería muy interesante estudiar las nociones expuestas dentro de lo que comienza a definirse como la Doctrina Almagro, en atención al actual Secretario General de la OEA y su visión hacia el caso Venezuela.

Cordiales saludos, Carlos Taylhardat

Luis Eduardo Galavis
23 de abril, 2017

Excelente articulo, Hijo de gato caza raton.

franklin guerrero
10 de mayo, 2017

Una canción de Joan M. Serrat (Esos locos bajitos) nos propone que la violencia nace en el seno familiar y luego nos desarrollamos en ella, y así hasta cumplir el ciclo. generalmente también se trata de explicar la criminalidad como producto del abuso y de la violencia, de allí que se considere al violento como un producto social. Pero, el discurso encadenado incitando minuto a minuto a la violencia en nombre de la paz, es paradójico. No fui asiduo a las cadenas del fallecido eterno, pero, lo poco que escuché fue una cadena de insultos, improperios, amenazas, retaliaciones, que de alguna forma hacían saltar en mi, esos resortes de la violencia sobrevivientes en el ADN.

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