Blog de Rafael Rojas

La sucesión ecuatoriana y el futuro del bolivarianismo; por Rafael Rojas

Por Rafael Rojas | 17 de abril, 2017
bloque

De izquierda a derecha: Lenin Moreno, Evo Morales, Daniel Ortega y Nicolás Maduro

Casi todas las teorizaciones del populismo latinoamericano establecen como uno de sus componentes básicos la apelación a liderazgos no institucionales o autoritarios. Se trata tanto de una constante en la historia política —Perón, Vargas, Chávez…— como de una técnica de poder que Fidel Castro heredó en forma de “reelección indefinida” a otros líderes de la llamada “izquierda bolivariana” del siglo XXI como Daniel Ortega y Evo Morales.

En estos días se ha comprobado que los gobiernos del bloque bolivariano están dispuestos a todo —a renunciar, si es preciso, a sus propias normas constitucionales— con tal de preservar a uno de los suyos al mando. A imagen y semejanza de sus propios estados, la diplomacia bolivariana se personaliza y la lealtad acaba por ser un sentimiento no dirigido a la Constitución, al partido o al país sino al caudillo, en este caso, Nicolás Maduro.

Cuando hace unos días, Raúl Castro levantó la mano a Maduro en La Habana —el mismo gesto que tantas veces repitió con Fidel y Chávez y que intentó una vez con Obama— se evidenció ese sentido estrecho de la lealtad. ¿Cómo se puede demandar la no intervención en asuntos internos frente a las críticas —que son sólo eso, críticas no vinculantes— de tantos gobiernos latinoamericanos —no únicamente de “derecha” — a la situación venezolana si la diplomacia bolivariana es burda geopolítica personalizada?

A algunos podrán resultar vanas ilusiones, pero en medio de la decadencia del bolivarianismo, la sucesión presidencial en Ecuador es esperanzadora. La izquierda ecuatoriana está intentando lo que ya lograron en Brasil y Uruguay, Argentina y Chile, es decir, la permanencia de un proyecto de gobierno más allá de los periodos presidenciales del primer líder. Con frecuencia se dice que en Brasil ese proyecto fracasó, pero habría que recordar que Dilma Rousseff gobernó un periodo completo después de los dos de Lula da Silva.

La propia interpretación del colapso del segundo gobierno de Dilma o del rezago electoral del candidato kirchenista Daniel Scioli, como “derrotas” y no como reveses democráticos, es una personalización autoritaria del liderazgo. No ha faltado quien escriba, en periódicos latinoamericanos que hablan en nombre de la “democracia”, que el error de Lula y de Cristina fue no haber entronizado la reelección indefinida como Fidel y Chávez en Cuba y en Venezuela, respectivamente.

El flamante gobierno de Lenin Moreno tiene en sus manos la posibilidad de marcar la diferencia dentro del bloque bolivariano. De entrada, ese nuevo gobierno se enfrenta a una oposición mucho más sólida y extendida que la que objetó a Rafael Correa. La pregunta es si lo hará o, más bien, si se lo permitirán quienes llevan las riendas del poder geopolítico subregional: Cuba y Venezuela. En los últimos meses hemos visto desplomarse toda esperanza de que La Habana actuase con mayor realismo y respeto a la soberanía de un aliado sumido en una crisis irreversible.

Rafael Rojas Rafael Rojas es autor de más de quince libros sobre historia intelectual y política de América Latina, México y Cuba. Recibió el Premio Matías Romero por su libro "Cuba Mexicana. Historia de una Anexión Imposible" (2001) y el Anagrama de Ensayo por "Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano" (2006) y el Isabel de Polanco por "Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica" (2009).

Comentarios (7)

Estelio Mario Pedreañez
17 de abril, 2017

Interesante artículo del siempre talentoso Rafael Rojas, aunque no c” comparto la aceptación acrítica del nombre de “Bolivarianismo” o “Bolivariano” que muchos han usado para beneficiarse políticamente de la figura histórica de Simón Bolívar, Máximo Héroe de la Independencia Suramericana, quien falleció en 1830, y a pesar de su rol protagónico, su propuesta de “Presidencia Vitalicia” (copiada del héroe haitiano Alexander Petion, quien se copió del traidor a la Revolución Francesa, Napoleón Bonaparte, quien se copió del traidor a la República de Roma, Julio César) significó su ruina política y fue finalmente rechazada por considerársele una monarquía disfrazada. A Bolívar se le ha usado (hasta el tirano y corrupto Juan Vicente Gomez), falsificando la Historia, para lograr beneficios políticos, pero Simón Bolívar nunca fue socialista, menos “comunista” y no abolió la esclavitud de los negros en su época, ni siquiera cuando asumió la Dictadura (1828-30) y se alió con la Iglesia Católica.

Estelio Mario Pedreañez
17 de abril, 2017

En Venezuela tenemos un cuento largo de manipulación política y la falsificación histórica que muchos gobernantes han usado en provecho propio buscando cobijarse con la figura del Grande Hombre que fue Simón de Bolívar, un mantuano que logró convertirse por sus propios méritos en el Primer Caudillo y máximo conductor de las Guerras de Independencias de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia (en Panamá fue innecesaria la guerra). Así la falsedad la inició en el siglo XIX el ladrón General Antonio Guzmán Blanco, varias veces Presidente de Venezuela; la retomó el Tirano y ladronazo General Juan Vicente Gomez, quien orgulloso presumía de una pintura disfrazado él de Bolívar a caballo; continuó con el General gomecista Eleazar Lopez Contreras quien llamó a su gobierno “Bolivariano”, creó con recursos públicos su partido “Agrupaciones Cívicas Bolivarianas” y prosiguió la persecución de ideologías “exóticas” o extranjeras como si la Democracia o la Ilustración fueran inventos del Apure.

Estelio Mario Pedreañez
17 de abril, 2017

Y todos los falsos autoproclamados “continuadores” y hasta “reencarnados” de Simón de Bolívar (la ambición, la ignorancia y la manipulación no conocen límites) olvidan que nuestro máximo Héroe se ganó su lugar en la Historia por sus grandes méritos: 1) Fue un patriota que hizo la guerra (y la ganó) durante 14 años contra ejércitos del Rey de España, nunca un traidor como el Tirano Gomez que pidió al gobierno de Estados Unidos que enviara barcos de guerra y tropas a Venezuela para darle el Golpe de Estado a Cipriano Castro en 1908 y se entregó a los gringos. Tampoco permitió que dictadores extranjeros “co-gobernaran” Venezuela y jamás perjudicó una reclamación territorial en beneficio de un país extranjero. 2) Fue un gobernante honrado no un ladrón. Con esto todo está dicho. 3) Fue un valiente. No llevó nunca bajo engaño un soldado a la guerra. Y el mismo combatió muchas veces cuerpo a cuerpo. Jamás lloró asustado temiendo la muerte. Mandó fusilar a muchos traidores, ladrones y cobardes

chemo59
18 de abril, 2017

Ciertamente es ya un cliché del oportunismo histórico el uso de la palabra o remoquete de ¨Bolivariano¨ para adecuarlo al silogismo que mueve la fibra patriotica suramericana y asi justificar cualquier exabrupto revolucionario latinoamericano, Ciertamente el ¨Bolivarianismo´a servido para todo menos para empoderar a los pueblos de su destino.

Estelio Mario Pedreañez
19 de abril, 2017

4) Simón de Bolívar fue un hombre culto y de inteligencia superior, y casi todos los desquiciados autotitulados sus “émulos” y “reencarnaciones” son unos ignorantes cuyos delirios causan vergüenza nacional. Bolívar era un hombre con ideas de la Ilustración, muy informado de las ideas de su tiempo y aunque no era un pensador ni creó ninguna escuela de pensamiento propio, fue el albacea político de Francisco de Miranda, el más ilustrado de los americanos de su tiempo, y su brillante formación en Historia, en cultura clásica griega y latina, y de las ideas políticas y filosóficas contemporáneas europeas, se deben al Marqués de Ustariz, “el sabio”. Atribuírsele su sólida formación intelectual al gran Andrés Bello o al extravagante Simón Rodriguez es falsedad histórica por puro capricho romántico. Y Bolívar viajó por Europa y conoció también Estados Unidos. Nunca fue un atorrante a quien la adulación, la ignorancia y el servilismo pretenden “estudiar su pensamiento”, como Fidel Castro y Cía

Estelio Mario Pedreañez
19 de abril, 2017

5) Simón Bolívar, rico terrateniente y oficial de milicias de baja graduación (era capitán en 1810), no era un militar de escuela y como la mayoría de los generales de las Guerras de Independencia, era un civil que tomó las armas para rechazar someterse como nuevos súbditos del Emperador de Francia, el traidor Napoleón Bonaparte, y no aceptar más la subordinación al decadente Imperio Español, formando de sus colonias americanas nuevos Estados Soberanos. La guerra fue una necesidad histórica, un mal que nunca glorificó. Al contrario, sus pretendidos “herederos”, algunos “militares de pluma”, simples “burócratas uniformados”, formados en el “Ejército Gomecista”, ociosos locutores frustrados, pretendieron con sus mentiras convertirse en “valientes paladines” cuando sus hechos prueban sus cobardías o la degeneración en represores, torturadores y homicidas ?Qué honor hay en ordenar masacrar a civiles desarmados que reclamaban Libertad? ?Qué honor hay en ser unos ladrones del Tesoro Público?

Estelio Mario Pedreañez
19 de abril, 2017

Y para finalizar, muchos de los farsantes que en la Historia de América Latina se disfrazaron de “Bolivarianismo” o de “Bolivarianos”, en verdad eran unos manipuladores, ambiciosos de poder y riquezas, que aspiraron al poder político para enriquecerse ellos, juntos con sus familiares y asociados, robando la Hacienda Pública, viviendo como nuevos reyes, como multimmillonarios o magnates (ellos que, antes de asaltar como saqueadores el Tesoro Público, eran unos “limpios”, “pobres de solemnidad” o popularmente unos “muertos de hambre”) mientras sometían a sus pueblos al hambre y a todo tipo de miserias, a la opresión, a la censura, a la cárcel, al exilio y al destierro, a las torturas, al oprobio y a la ignominia, sometiendo sus países a la humillación de ser subordinados a gobiernos extranjeros, a ser esclavos de unos gobernantes viles que se creen eternos por tener aliados, también viles, dispuestos siempre a reprimir, torturar y matar a los hombres y mujeres dignos que pidan Libertad.

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