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La sociedad contra el estado en Venezuela; por Michael Penfold

Por Michael Penfold | 21 de abril, 2017

 

Fotografía de Leo Álvarez / Haga click en la foto para ver la galería completa

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La sociedad venezolana ha despertado en las calles luego de un largo letargo dispuesta a recobrar sus derechos económicos, políticos y civiles. Hay quienes todavía analizan la dinámica política del país simplemente como una polarización entre chavistas y antichavistas; pero lo cierto es que la masiva demostración del 19 de Abril hizo ver que el conflicto venezolano es mucho más amplio: representa una sociedad que decidió rebelarse frente a un Estado autoritario que ha optado reiteradas veces por frenar cualquier posibilidad de cambio a través de un uso cada vez más intensivo de la represión. Los eventos de San Félix, hace unas pocas semanas atrás, también ilustraron esa misma dinámica del descontento, con otro repertorio de protesta, que reflejó igualmente la profundidad del malestar que aqueja a la población y su disposición a manifestar activamente.

Pero el hecho de que la sociedad haya logrado irrumpir de forma definitiva en el escenario político venezolano, con un brío que probablemente vaya desbordando tanto al gobierno como a la misma dirigencia opositora, no quiere decir que la sociedad tenga su victoria asegurada. Tampoco quiere decir que el cambio sea inmediato o inevitable y mucho menos que el proceso sea pacífico, predecible y lineal. Es indudable que la manifestación del 19 de Abril simboliza una ciudadanía que durante más de cuarenta años ha acumulado una cultura política centrada en el voto (aquí manda el pueblo) que el gobierno ha conculcado de una forma tan aberrante que ha causado una gran indignación, incluso dentro de las mismas bases chavistas. Los venezolanos claramente están diciendo que no están dispuestos a entregar involuntariamente (al menos sin ningún costo) sus derechos constitucionales para mantener en el poder a un gobierno que luce cada vez más extractivo, represivo y desconectado de sus necesidades más elementales. La concentración del 19 de Abril mostró a una sociedad que percibe su lucha como un dilema existencial.

Es por ello que para comprender las implicaciones de este evento tan significativo no basta con las comparaciones –que si la marcha fue más grande que la del 1 de Septiembre del año pasado, que si la gente ahora está más resteada que antes– sino que se hace necesario analizar la naturaleza cualitativa que convierte a esta nueva reaparición de la sociedad venezolana (con toda su heterogeneidad social y valorativa, con sus cambios demográficos y toda su carga histórica) en un fenómeno singular. Lo primero es que este evento sorprende sobre todo por su escala nacional. Fue una movilización muy diferente a lo que el gobierno pretendía etiquetar al tratar de enmarcarla en su tradicional retórica revolucionaria: es evidente que esto no fue un asunto estrictamente urbano ni caraqueño ni mucho menos del este contra el oeste de la ciudad capital. Aquí las regiones, incluso las provincias más golpeadas por la crisis económica como los andes y el oriente venezolano, mostraron su fibra ciudadana y también su indignación frente al atropello y el olvido. El gobierno insiste en el ritornelo de la polarización entre chavistas y antichavistas, como si el asunto fuera una competencia de masas, “mi marcha frente a la tuya”, y por eso terminaron taponeándose en la Avenida Bolívar, cuando lo cierto era que la protesta social adquirió a lo largo de todo el territorio una escala que los debe haber tomado por sorpresa. De ahí que limitar el acceso a Caracas se haya hecho irrelevante frente a la penetración territorial de la protesta. El mensaje ciudadano es simple para quienes ejercen el poder: se llama clamor nacional. El 19 de Abril mostró a una sociedad tercamente empeñada, frente a la imposibilidad de utilizar su derecho al voto, a elevar su voz de protesta para defender su libertad.

Sería muy tentador tratar de darle un contenido sólo político y electoral a la movilización y ponerle un rótulo exclusivamente opositor, que lo tiene, cómo negarlo, pero que tampoco lo define exclusivamente. La movilización mostró una ambición ciudadana orientada fundamentalmente a refundar el estado de derecho y la democracia. Este punto es crucial pues algunos actores pueden estar tentados a darle una lectura instrumental a la irrupción de la sociedad y pretender usar la movilización como una pieza más dentro de sus juegos de poder y sus cálculos electorales. En la medida en que la calle tenga más autonomía tendrá mayor legitimidad y será mucho más poderosa. Y eso pareciera estar ocurriendo, aunque todavía de una forma muy incipiente. No es casual que la movilización ciudadana apareció justo después de que uno de los poderes del Estado, a través de la Fiscalía General de la República, haya declarado la ruptura del orden constitucional y luego también de varias semanas de una represión creciente que aumentó el número de presos políticos y que terminó por activar una mayor solidaridad entre la población. Uno quisiera ver estos fenómenos sociales como algo que puede ser controlado, dirigido y ajustado –como parte de una estrategia– pero lo cierto es que estos procesos son intrínsecamente efervescentes y no siempre moldeables.

El país quiere un desenlace. Villa Rosa. El 1 de septiembre. El Referéndum. El billetazo. San Felix. Y ahora el 19 de abril. Y no llega. El asunto es que queremos que ese desenlace, que involucra una sociedad movilizada en la calle, se ajuste a una expectativa preestablecida que tenemos en la cabeza, un evento único, definitivo, que tampoco es realista. Más bien el efecto pareciera ser acumulativo. Y pareciera también que esos eventos en los que la sociedad se ha pronunciado, cada uno con sus respectivas particularidades, va marcando una grieta que si bien no produce una ruptura va minando. Y debilita tanto, que la estructura de poder del gobierno no encuentra otra respuesta que promover la violencia: una represión cruda y brutal. Pero esa respuesta gubernamental tampoco es sostenible. Me recuerda aquel brevísimo y maravilloso cuento del gran Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Pero claro: ¡ya despertó!

Michael Penfold es Investigador Global del Woodrow Wilson Center, Profesor Titular del IESA en Caracas y Profesor Invitado de la Universidad de Los Andes en Bogotá. Es Ph.D de la Universidad de Columbia especializado en temas de Economia Politica y Politica Comparada. Fue Director de Politicas Publicas y Competitividad de la CAF Banco de Desarrollo de America Latina. Es Co-autor junto con Javier Corrales de Un Dragon en El Tropico: La Economia Politica de la Revolucion Bolivariana (Brookings Institution) que fue seleccionado por Foreign Affairs como mejor libro del Hemisferior Occidental. Autor también de Dos Tradiciones, Un Conflicto: El Futuro de la Descentralización (Mondadori) Editor del Costo Venezuela: Opciones de Politica para Mejorar la Competitividad y Las Empresas Venezolanas: Estrategias en Tiempo de Turbulencia.

Comentarios (8)

FGB4877
21 de abril, 2017

Por cierto, se dice que ese cuento de Monterroso es el más corto escrito hasta ahora.

Por otro lado, gracias por recordar que este no es un evento de ruptura de un día a otro, esto es un proceso que va a llevar su tiempo. La capacidad de crecer tanto en la dirigencia como en la población en general no es algo que se de en forma instantánea.

Eduardo
21 de abril, 2017

Es un proceso lento quizá demasiado pero definitivamente es así, aunque los sectores más golpeados por la crisis desea y quieren una salida que no sea tan lenta, en lo personal no les culpo.Yo también sufro las consecuencias de esta crisis de estas políticas desastrosas.

Lila Siegert
22 de abril, 2017

El despertar de un largo letargo guarda relación estrecha con profundos sentimientos de abandono y desconexión con los dirigentes de la “oposición ” para defender nuestros derechos fundamentales y exigir respuesta y solución a los problemas y carencias cotidianas . Obviamente, sería otro error “pretender usar la movilización como una pieza más dentro de los juegos de poder y cálculos electorales”.

Jenny Moreno
22 de abril, 2017

Así es amigo, queremos un solo desenlace, un evento único, que parece no realista, pero las opciones consecuencias de estos escenarios si lo son por eso salimos, marchamos, denunciamos, gritamos, queremos elecciones regionales, salida de los magistrados, canal humanitario, liberación de presos políticos, esto debe servir para que el gobierno juegue su ultima carta para llegar al 18. Dios nos guié para no perder estos avances y que se diluyan como tantos otros

Johnny Peña
22 de abril, 2017

En mi diario transitar; el café de la mañana en la esquina, la empanada en el kiosko, en la cola para el pan a cualquier hora participo de esas tertulias con extraños que no parecen tanto en nuestros días. En ellas casi siempre y sin acuerdos previos la mayoría aprueba un cambio del gobierno y del sistema. Todos aceptan la necesidad de cambiar todo. La necesidad de rescatar algo de aquella sociedad que respetaba, de aquella sociedad tolerante, solidaria, alegre y próspera. Aquella sociedad económicamente diversa, con muchas diferencias culturales e ideológicas pero con tantas convergencias ciudadanas. Hoy lo que converge en esas tertulias es la igualdad económica; la miseria, el hambre, las enfermedades sin cura ni medicina, el temor, la rabia, la impotencia y la ansiedad generada por la incertidumbre de saber cuándo y cómo terminará esta oscuridad ideológica. ¿Cuándo despertaremos sin la presencia del dinosaurio?

FGB4877
22 de abril, 2017

Si hay algo que nos DEBE quedar de esta debacle es que algunas ideas, por muy hermosas que puedan parecer en un principio, no son más que cantos de sirena que nos llevan a estrellarnos en las rocas. Ayer conseguí la Ética para Amador y la Política para Amador, ambos de Fernando Savater. En estos tiempos hay que tener las ideas bien claras.

Ánimo amigos foristas. Todos los países civilizados han tenido que sufrir para entender qué es lo que NO debe hacerse. Nosotros no somos la excepción. Brindo por una Venezuela más sabia.

MAMayoral
22 de abril, 2017

Excelente. Me parece que en el imaginario venezolano, la imagen de la vaca sagrada y la huida de Perez Jiménez en el avión tiene actualmente un peso demasiado grande. El 1ero de Septiembre el ambiente general era, “ahora si, después de esta marcha si sale el avión desde La Carlota” como quien cierra – y abre – una película.

Franklin Vallenilla
23 de abril, 2017

Creo que los militares, actores fundamentales de esta tragedia, están mirando todo lo que ocurre y haciendo sus propios cálculos: costo vs beneficio. Ellos, que no son de un lado ni de otro y solo les interesa su propio bienestar, apoyarán aquello que represente la mejor relación. En ese sentido, la evolución de los sucesos a continuación puede significar un cambio inesperado en el tablero. Tanto, como en su momento lo fue la sorpresiva aceptación, por parte del gobierno, de los resultados del 6D de 2015. Allí percibimos que, en efecto, existen hilos que se mueven donde no podemos ver.

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