Blog de Alberto Barrea Tyszka

La revolución en el ventilador; por Alberto Barrera Tyszka

Por Alberto Barrera Tyszka | 27 de agosto, 2017
Fotografía de Esther Carolina Fernández

Fotografía de Esther Carolina Fernández

Ahí la puso, nuevamente, esta semana, la Fiscal Luisa Ortega Díaz. Lo que tanto temían, ocurrió. Todo el estiércol está en el aire. Y no es fácil sortear la situación. No es tan sencillo pasar agachadito debajo de cien millones de dólares, por ejemplo. Si alguien, medianamente sensato, todavía tiene alguna pregunta sobre la naturaleza del oficialismo, las denuncias realizadas por la Fiscal prometen desvanecer todas las dudas. Ya en España comenzaron a salir noticias sobre los negocios de algunos clanes bolivarianos. En México y Panamá las investigaciones están en marcha. Quizás pronto los rumores se conviertan en evidencias. Pero, ante los ojos del mundo, ya no solo queda claro que Maduro dirige un gobierno dictatorial, represivo, que ejerce ferozmente la violencia del Estado en contra de cualquier disidencia, sino que ahora también es evidente que es un gobierno escandalosamente corrupto, que se trata de una élite envilecida que se ha hecho millonaria manteniendo al pueblo en la miseria. El chavismo está podrido.

Pero justo en el momento cuando el oficialismo parece haber perdido toda legitimidad, aparece entonces el gobierno norteamericano con nuevas sanciones económicas y Donald Trump le da a Nicolás Maduro algo de oxígeno, aunque sea oxígeno discursivo. Ya salió el Canciller Arreaza exigiendo a la ONU tomar medidas, diciendo que el gobierno va a “proteger al pueblo” del bloqueo financiero de los Estados Unidos. Quienes quebraron al país, ya tienen una simple pero eficiente explicación que dar. Y no hay que subestimar la narrativa antiimperialista. Menos en este continente, tan maltratado por la política exterior de Estados Unidos; menos con un personaje como Trump en la Casa Blanca. El gobierno por fin tiene al gran enemigo que tan desesperadamente estaba buscando.

Ya no hay que hablar de la inflación sino de invasión. Ya no hay que enfrentar la escasez de alimentos y de medicinas, las denuncias de corrupción, las masacres en las cárceles, el problemas los presos políticos… Ahora hay que organizar ejercicios de campaña, jornadas de entrenamiento para defender a la patria. El gobierno que se ha militarizado de manera feroz y vertiginosa tiene, por fin, la oportunidad de justificar ese proceso. Tal vez la mayoría de la población venezolana no crea en esta farsa. Pero el gobierno, igual, la repetirá y la difundirá. Es combustible retórico. A los paranoicos les ha llegado un perseguidor visible. El oficialismo vuelve a tener un argumento. Es mejor hablar del imperialismo que de los testaferros y de las cuentas bancarias en Suiza.

¿Cuánto puede, realmente, durar este guion? No es fácil saberlo. Quizás no demasiado. La tragedia real del país devora rápidamente cualquier espejismo. Pero sin duda es un refuerzo para la mentalidad de “contexto de guerra” con la que se maneja el oficialismo. Todo esto solo alimenta la vocación totalitaria de la Constituyente. Tanto la autoproclamada “Comisión de la Verdad” como el proyecto de ley contra el odio son ahora los instrumentos perversos para terminar de enterrar la democracia en el país. El gobierno que ha hecho de la opacidad su metodología, que ha ocultado todas las estadísticas e invisibilizado el dinero público, pretende ahora decretar qué es verdad y qué es mentira en el país. El gobierno que convirtió el odio en una política de Estado pretende ahora crear una legislación para combatir el odio.

¿Quiénes se erigen como la nueva conciencia nacional? Los mismos que han hecho negocios durante todos estos años. Los mismos que no reconocen el voto popular. Los que detienen a estudiantes, los torturan, los encarcelan. Los mismos que son responsables de las masacres de Barlovento o de Puerto Ayacucho. Los que te pinchan el teléfono. Los que secuestran. Los que te desaparecen. Los que te despiden del trabajo si no te pones la camisa roja o si no votas por ellos. Los que aparecen en televisión y te llaman escuálido, golpista, apátrida, maricón. Los que te suspenden los viajes y los conciertos porque dijiste algo que no les gustó. Los que tienen empresas fantasmas en otros países. Los que te han robado miles de millones dólares. Ellos ahora van a juzgarte. Van a definir tu futuro.

Lo primero que habría que hacer en Venezuela es hablar del odio institucional. De la manera en que el chavismo se instaló en el Estado como si estuviera reconquistando su territorio, como si expulsara a un enemigo extranjero de su casa. Llegó con la idea de quedarse para siempre. Y, desde ese nuevo poder, comenzó a instrumentalizar el odio en todos los espacios. ¿Acaso ya olvidamos el primer símbolo comunicacional en las campañas de Chávez? El puño alzado, golpeando la mano abierta. ¿Qué era eso? ¿Puro cariño? ¿Ternurita de la buena?

Vicente Díaz señaló alguna vez que, pretendiendo eliminar la exclusión económica, el chavismo había creado una enorme y terrible exclusión política. Así fue. Y ahora, a su manera, aun con el control del poder, las consecuencias les llegan por donde menos esperaban: quien siembra exclusiones, cosecha escraches. Confieso que yo, en lo personal, me siento incómodo y rechazo cualquier situación de violencia. Sobre todo si involucra gente menor de edad o personas inocentes. Pero puedo entender que el escrache es en el fondo un estallido, una válvula de escape. Por eso mismo, también, quienes realizan estas acciones muchas veces se muestran algo descontrolados, nerviosos, más dispuestos a gritar cualquier cosa que a ordenar una frase coherente. Se trata de una catarsis defensiva. Con todos los riesgos que eso tiene. Es la reacción irracional ante tantos años de escrache oficial, ejercido días tras días, sin ninguna piedad, en contra de cualquiera. El odio no se regula con leyes. Es una dinámica. Un vínculo.

Cuando Diosdado Cabello habla de amor, ¿alguien le cree? Probablemente no. Probablemente, ni los suyos. Cuando Tarek Williams Saab invoca la justicia, ¿quién confía en él? Cuando Delcy Rodríguez menciona la verdad y el odio, ¿en qué pensamos los venezolanos? Nos roban millones de dólares, nos golpean, nos encarcelan… ¿y encima quieren que los amemos? Ni de vaina. Nosotros lo sabemos: la ley contra el odio es una ley para censurar, para reprimir a los ciudadanos y para proteger a los corruptos. La revolución sigue estando en el ventilador.

Alberto Barrera Tyszka 

Comentarios (11)

Pilar
27 de agosto, 2017

Ciertamente, un factor común de los escraches es que al que increpa pareciera que se le traba el cerebro, y atina apenas (habiendo tantísimas cosas que decir) a repetir uno o dos insultos, y nada más. Situación de extrema tensión, parece.

rafael diaz
27 de agosto, 2017

No sé si se le dio “oxigeno” al descreditado régimen de este error histórico que nos toca vivir. Pero creo que las medidas de sanción económica muy afinadas por parte del Norte de alguna forma, coadyuvan a replantearse los escenarios de barbarie que está ejecutando el gobierno. Ya antes de estas medidas estamos en la hecatombe de una economía empobrecida de un aparato productivo en los más bajos niveles. La corrupción, el narcotráfico, el narco estado. El desabastecimiento, la violación sistemática de la constitución y de los derechos fundamentales. Y pare usted de contar.

ARICHUNA SILVA ROMERO
27 de agosto, 2017

De nuevo un excelente artículo para la reflexión y como insumo para nuevos escritos. Cuánto nos ha impactado el aire enrarecido de ese ventilador. Su motor marca ATP (Alta Traición a la Patria), no ha dejado de funcionar.

maria nuñez
27 de agosto, 2017

Le felicito por esas análisis que realizó en su escrito, yo lo pienso igualito que usted, los del norte no hacen sino facilitarle la retórica barata que utilizan para seguir engañado a las personas que no entienden el proceso que estamos viviendo. Pero un día no muy lejano, se abrirán los caminos y florecerá la esperanza, y en ese amanecer cantaremos, Bailaremos, reiremos, nos abrasaremos, y seremos felices para siempre. Mil bendiciones.

maria nuñez
27 de agosto, 2017

Para Sr.Barrera Le felicito por el análisis que escribió, en estos momentos que estamos viviendo, pienso igualito que usted, los del norte no hacen sino brindarles las oportunidades a los del gobierno para defender sus malas gestiones administrativas, con esas supuestas invasiones.la oposición esta dispersa, y desunida.y la población votante no entiende que nos está pasando, no pegamos una como se dice popularmente. Pero hay un camino con un nuevo amanecer,cantaremos reiremos y nos abrasaremos y seremos felices. Mil bendiciones.

Zen Ten Xiao
27 de agosto, 2017

Maestro: el sentimiento que nos embarga o identifica es de impotencia, indefensión, resignación quizá, se impuso el discurso sobre la realidad, se impuso la barbarie sobre la sensatez, ya nada será igual, ya sé que todo será peor. Las minorias si pueden imponerse cuando El Estado deja de existir. La tiranía se impone y tal como decía M L King el problema no es el grito del tirano sino el silencio de la gente (pueblo). El silencio en la calle, postprostituyente, es angustiante, de mal presagio, recuerda a la Marisela de Lorenzo Barquero sentada con la mirada perdida en el horizonte, sin saber que mira o que espera ver, mientras el tremedal se lo traga todo. La de hoy es la Venezuela de Gallegos, de las casas muertas de MOS con su “habrá que resignarse a la espera del acabamiento”…

Brother Full
28 de agosto, 2017

Sr. Alberto

Así como el oficialismo se hace de su chachara repetida hasta el cansancio, se oyen entre ellos mismos, que son muy pocos (3 millones y se cuentan mas de 2 veces para decir 8). A quien hay que escuchar es al espectador silencioso, las razones del resto de la población, para sumar 30 millones. Por otra parte, DT está ofreciendo una mano para restaurar la Democracia en nuestro país, puede que algunos no lo entiendan por las razones que Usted explica y otros, simplemente porque él habla en ingles, mientras nosotros hablamos en castellano. Por lo que vemos, sólo pasaría liso, si hiciera todo lo que le exigimos que haga, a la cuenta de 1.

Alcides Medina
28 de agosto, 2017

Las medidas tomadas por el gobierno de USA, son respuesta a la situación, acción del grupo corrupto gobernante, no es de dudar que se producirán daños colaterales, eso es posible pero, qué otra acción podía hacer el gobierno de USA ante el clamor de la población…¿ La incursión quirúrgica como lo hicieron en Panamá? Dudo que “el pueblo” hubiera salido a defenderlos, hubiera sido día de jubilo, de fiesta. El problema que se Produciría tendría consecuencias geopolíticas y hoy día, se cuenta con elementos de guerra de 5ta generación capaces de ofrecer resultados sin disparar un solo cartucho. La población del país ya no cree en las mentiras, ven como la opera bufa montada por Maduro y su grupito, trata de distraer y no se lo cree, eso de darle oxigeno al gobierno no es verdad, si tanto quieren al pueblo, demuéstrenlo y váyanse, esa es la respuesta a la ecuación planteada.

Lilliam M. Espinoza
29 de agosto, 2017

Desde hace muchos años leo sus articulos, y sus libros, su narrativa es maravillosa y sus predicciones y razonamientos fabulosos. Es un placer leerlo. Felicitaciones.

Jose Abel Ramirez.
3 de septiembre, 2017

Amigo ABT sus artículos son para mi, lectura obligatoria. He tratado de hacerle llegar un comentario sobre su prima novela. Aprovecho ahora y lo hago: Me tope en mi biblioteca con “Tambien el Corazón es un Descuido” su personaje, Bastidas, el”Carnicero de Stone Hil” y su extraña pasión por las mujeres feas.es tremendamente original.Fea y erección es una contradiccion. Hay mas pero espacio aqui no.Exito.l

Jose Abel Ramirez.
3 de septiembre, 2017

Aparentemente. Leí la novela de un tiron. Indague y revisé a Umberto Eco, yo semiologo médico, él literario su obra “La Historia de la Fealdad” 2004″Lo feo es antinomico de lo bello esto generó mi oba.” En 1520 surge el manierismo que precede a lo barroco, lo bello es sustituido por lo expresivo y la fealdad se torna un estimulo voluptuoso. Montaigne escribe un afectuoso elogio a las mujeres cojas… continuara..

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