Blog de Alberto Barrea Tyszka

La palabra dictadura; por Alberto Barrera Tyszka

Por Alberto Barrera Tyszka | 16 de octubre, 2016
WhatsApp Image 2016-10-15 at 20.50.48

Fotografía de la serie ‘Nuestra guerra invisible’ de Alejandro Cegarra / ©2016. Haga click acá para ver la fotogalería completa

A algunos nos ha costado relacionarnos con ella. Es incómoda. Sobre todo porque su referente suele ser más básico y simple que nuestra realidad. En este continente, todavía, el término dictadura o dictador aluden a la estampa militar instalada con feroz contundencia en el siglo XX. Señala regímenes férreos, con enorme control de las libertades individuales, donde el toque de queda es una forma de cotidianidad. Donde no se puede escribir esto que escribo y publicarlo este domingo. Donde no está permitido entrar y salir tranquilamente del país. Donde es imposible ejercer un mínimo de independencia personal en el escenario político… La palabra dictadura parece tener un significado antiguo. Remite más fácilmente al pasado que al presente. Los sistemas autoritarios se han modernizado, han logrado flexibilizar algunos ámbitos de la vida social, sin perder su poder de control y dominación. Pero el lenguaje que los designa no se ha modernizado. No existe una palabra que describa con un solo trazo a las nuevas tiranías.

La palabra dictadura, también, ha sido utilizada a veces con premura y facilidad vehemente por algunos radicalismos. Sin embargo, pronunciarla debería conllevar cambios importantes. El lenguaje define, compromete. Pronunciar la dictadura, frecuentar seriamente sus sonidos, hacerla común en el habla diaria, supone un intento por dinamitar el verbo oficial, el idioma espejismo del poder, la retórica que invoca al pueblo mientras saquea al pueblo, que canta a la paz mientras ejerce la violencia, que promueve la Constitución mientras viola la Constitución. Dice Tzvetan Todorov que, en las experiencias totalitarias, el poder ejerce el lenguaje de manera particular:

“las palabras no están ahí para designar las cosas sino para esconderlas. Diciendo lo contrario de lo que se hace se gana en dos frentes: actuar con total libertad y a la vez protegerse de los efectos negativos de los propios actos”

Desde el comienzo de su gobierno, Nicolás Maduro ha pregonado que no le importa que lo llamen dictador. En el fondo, solo preparaba este momento. Ahora se presenta como una consecuencia natural de la acción de los otros. Se ha vuelto un tirano por culpa nuestra. Ahora no le queda más remedio que dar un golpe de Estado. Nos jode para salvarnos.

El 7 de diciembre del año pasado, el Presidente declaró “Hemos venido con nuestra moral, con nuestra ética, a reconocer estos resultados adversos, a aceptarlos y a decirle a nuestra Venezuela: ha triunfado la Constitución y la democracia”. A partir de ese momento, comenzó —desde el Estado y desde las instituciones— una campaña sostenida para despojar de poder y de sentido a la nueva Asamblea Nacional. Ningún Ministro del gobierno ha comparecido ante ella. El TSJ ha anulado todas sus decisiones importantes. Maduro mismo la descalificó, la saqueó, le suspendió la paga a los representantes y —diez meses después de las elecciones— acaba de burlar Constitución y la democracia, presentando el presupuesto del 2017 ante un pueblo que no tiene, ante un pueblo que él mismo se ha inventado.

La democracia sin separación de poderes, sin elecciones y sin votos, no existe, Nicolás. Eso tiene otro nombre.

El oficialismo es tan obvio que no necesita que nadie los delate. Héctor Rodríguez, jefe de la bancada del partido de gobierno, denuncia que “la Asamblea Nacional se ha convertido en un poder conflictivo”. ¿Y qué más esperaba? ¡Por supuesto! Para eso la elegimos. Para eso, justamente, la mayoría de los venezolanos votamos por esos diputados. Para que fueran un poder conflictivo. Para darle problemas a la casta que dirige este país. Si los venezolanos hubiéramos querido un poder anodino y complaciente, el PSUV seguiría siendo mayoría en la Asamblea. Votamos para crearle conflicto a una élite que detiene estudiantes y periodistas, acusándolos de supuesta legitimación de capitales, pero que impide que se investigue el maletín con 800 mil dólares que Antonini Wilson intentó cruzar por el aeropuerto de Buenos Aires. Votamos para crearle conflicto a una oligarquía que vive de espaldas al pueblo, declarando que la crisis hospitalaria no existe, que la escasez es una ficción, que aquí nadie pasa hambre. Votamos para crearle conflicto a unos pillos que llevan años manejando el dinero público, pagándose y dándose el vuelto, negándose a ofrecer explicaciones. Votamos para ver si, por fin, podemos obligarlos a decirnos dónde carajo están los miles de millones de dólares que —durante todos estos años— se han desaparecido.

Eso es lo que hace cualquier oposición. Para eso existe. Para crear conflictos. Para ser un poder ante el poder. Eso, camarada Héctor, se llama democracia.

Este proceso de definición de los últimos años tiene una sintomatología implacable: a medida que desciende la popularidad aumenta la represión. El oficialismo ya es un cuerpo predecible: cada voto menos produce una violencia más. Su naturaleza ha terminado irremediablemente asociada a la represión. El saboteo oficial a la Asamblea Nacional, el comportamiento sesgado del Consejo Electoral, la actuación parcializada del TSJ, el desconocimiento sistemático de la voluntad popular… solo se puede proceder de esta manera con el consentimiento y la complicidad de los militares. El sentido la democracia ha sido sustituido por el sentido de la autoridad militar. El orden no reside en el respeto a la diversidad sino en el respeto a la fuerza. Tenemos un gobierno que le encarga a los militares la gestión pública, que usa a los militares para la seguridad ciudadana con los muy cuestionables OLP, que permite a los militares reprimir manifestaciones con armas de guerra…Tenemos a un gobierno que es gobierno por su capacidad de violencia.

Basta ver y escuchar al Ministro Reverol Torres para entender la fragilidad de la democracia en Venezuela. Las acciones y las justificaciones en contra de los productores del video de Primero Justicia, o las denuncias en contra del Alcalde Ocariz, por solo poner dos ejemplos cercanos, podrían representar una secuencia perfecta de lo que fueron los gobiernos militares en latinoamérica. Si Víctor Jara viviera hoy en Venezuela, de seguro ya estaría preso. Cualquier ciudadano puede ser detenido en cualquier momento, puede ser llevado y secuestrado por los cuerpos de seguridad, puede ser encarcelado sin respetar ningún procedimiento legal… Cuando la voz del uniforme sustituye a la ley, vuelve a aparecer titilando ese término incómodo y difícil: dictadura.

Esta semana, en uno de sus editoriales, César Miguel Rondón imaginaba la palabra democracia “agujereada e inútil”. Ciertamente, los síntomas son cada vez más claros y aterradores. Y este tránsito en el lenguaje es cada vez más estrecho y frágil. Nombrar siempre es un riesgo. Nombrar también es un acto de dolorosa consciencia. Aquí está la palabra dictadura.

Alberto Barrera Tyszka 

Comentarios (14)

Luis guerrero
16 de octubre, 2016

Excelente….”solo se puede proceder de esta manera con el consentimiento y la complicidad de los militares”….el artículo define claramente el momento histórico que estamos viviendo…

carlos holguin
16 de octubre, 2016

sr alberto a cada cochino le llega su sabado

Mauricio López
16 de octubre, 2016

Concuerdo con casi todo lo dicho en el artículo, hasta que el Sr. Barrera dice “solo se puede proceder de esta manera con el consentimiento y la complicidad de los militares”. Si bien las fuerzas armadas de este régimen están envueltas en infinidad de delitos, ilegalidades, negocios, tráfico, etc., hablar de “consentimiento” sugiere que ellos podrían hacer algo para detener lo que en mi opinión debe ser arreglado entre civiles. Darle beligerancia ahora a unos militares “buenos” o “conscientes de la situación país” sería convalidar su actuación siempre. Para mí no los hay ni buenos ni malos. Ellos deben ocupar su puesto y hacer su trabajo. Entiendo que quizá no fue exactamente eso lo que quiso decir, pero como estamos hablando de no torcer el significado de las palabras, es muy importante confrontar al régimen con un lenguaje sin posibilidad de malos entendidos.

Hugo Fonseca
16 de octubre, 2016

La verdadera democracia es la que se horizontaliza y dedica sus recursos a ese gran sector social, marginado durante 500 años. Ejemplo los indígenas de América son parias en sus propias tierras y han sido aniquilados por los sectores “democráticos”, esos de pensamiento occidental a lo JM Rondón, y reducidos a guettos o “reservas” (EEUU y Canadá); invisibilizados como grupo social de última categoría (incluso con componentes racistas) en México, cuya población originaria es de casi el 50%; eliminados por la democracia occidental en el Sur argentino, dominados como animales en Perú y en la Bolivia anterior a Evo Morales y prácticamente esclavizados en Colombia por los señores feudales de la “democracia”; ni hablar del norte brasileño, ni de Centroamérica. Pero, cuando surgen gobiernos que pretenden liberar a esas masas de millones de pobladores originarios miserables (analfabetos, hambrientos y enfermos) brotan salvadores de la “democracia” como concepto abstracto que sólo significa “libertad” para conservar los privilegios y seguir esclavizando. Por mas que se teorice los resultados están a la vista. El concepto neoliberal de democracia ha fracasado. Las democracias de Barrera son las de los países más desiguales, ergo los mas injustos, incluido EEUU. ¿Entonces? ¿Democracia para las élites y opresión para los pobres? O somos creativos y valientes o nos plegamos a la metrópoli… Esa es la dicotomía y Barrera sabe de qué sector está.

Richard
16 de octubre, 2016

Cierto es que votamos por la Asamblea para que sea incomoda al regimen, para que detenga la corrupcion, Para que detenga los abusos del regimen, sin embargo nos salieron complacientes al mismo, y lo único que articulan son palabras estériles de condena a las irregularidades y faltas a la constitucion que hace el regimen. Una vez que se instalaron en el cargo, los diputados ya dejaron de mostrarse los aguerridos luchadores de la verdad y justicia, como ellos se proclamaban durante la campaña. Asumen una posición cómoda y una vpez más, es el pueblo el que queda deshauciado y desesperanzado ante un cambio que no se va a dar.

Carlos Molinatti
16 de octubre, 2016

La colonización del venezolano por medio de esta dictadura empezó(y sigue) estableciendo el lenguaje para desculturizar y cambiar los paradigmas. Siguió conla amenazas, la represión y la instaurazión de la delincuencia y fuerzas paramilitares como adláteres del uso de la fuerza para oprimir. Lo nuestro es retomar nuestro lenguaje y confrontar las actitudes totalitarias con inteligencia y con mucha vehemencia!

Kondorito Konstitución
16 de octubre, 2016

La Constitución es un contrato social y todo contrato “que se respete” tiene su letra pequeña al final del articulado. En las constituciones anteriores la letra pequeña se podía leer con una lupa y su texto: ciertas condiciones aplican. En la constitución bolivariana la letra pequeña se puede leer sin necesidad de lupa y con total “transparencia”: me sabe a casabe.

Carlos Rodriguez
17 de octubre, 2016

Quisiera contestarte al Sr. Fonseca, ya que él habla de una “democracia horizontal” que dedica recursos a los indígenas. Pero es evidente que este gobierno ha malgastado los recursos porqué sigo viendo a los indígenas en precaria situación. De paso una gran masa no indígena, le está costando muchísimo poder alimentarse apropiadamente y tener acceso a medicinas. Por supuesto que si vi buenos intentos de mejorar, pero eso no basta. Hay que ser eficiente, hay que evitar la corrupción y hay que rendir cuentas. En tantos años queda muy claro que su “gobierno liberador” ha fallado, vive del pasado, de lo que intentó. De paso ya prácticamente no es democracia ni horizontal ni vertical, porque obstruyen el contarse, porque “los plazos no dan”, o el “pueblo está confundido”, y súbitamente dejó de ser sabio. Que fácil se conforma usted Sr. Hugo.

hector escalona
17 de octubre, 2016

Para entender el lenguaje del gobierno solo basta leer 1984 de orwell, en el neolenguaje la dictadura es la democracia

Arturo G.Bello
17 de octubre, 2016

Esta “revoilusión” falleció con el insepulto; ya hiede, y, sin embargo, alarga su entierro. El insepulto se creía eterno y no preparó relevo; para muestras, varios botones..

Edgardo
17 de octubre, 2016

Algunos comentarios denotan el desconocimiento de la palabra democracia y no entender el articulo de Barrera Tyszka. Confunden la Constitucion con el termino de democracia, como siempre se van al infinito y recitan las canciones de mediados del siglo XX de la eliminacion de los indigenas para robarles sus tierras intentando disminuir el concepto actual de democracia y sin tomar partido por lo planteado en el articulo y el modo que el Bloque de la Patria se apropio del pais que nos pertenece a todos y en el cual tenemos derecho a participar en su direccion mas sabiendo que somos mayoria.

Reimer Romero
18 de octubre, 2016

Aplauso a todos los interlocutores, palabras van, palabras vienen, se entienden? creo! funciona? no se? es democracia es dictadura? se lo dejo a Barrera, pero en la práctica solo puedo decir que el venezolano se cansó de escuchar palabras bonitas, se cansó del vulgar de Chávez para enamorarse de otro no mejor ni pero pero si todo lo contrario del Allup. Sabemos por la “práctica” que los empresarios no son políticos, que los militares no son ni políticos ni empresarios, y los políticos no sirven pa’ na’, por no decir otra cosa.

nelson lanz
19 de octubre, 2016

Modestia aparte señor Barrera, soy uno de los pocos que desde hace tiempo nos atrevimos a llamar las cosas por su nombre. Chavez y Maduro concretaron la primera dictadura de este siglo en América con la valiosa colaboración de los seniles dictadores cubanos.Dictadura planificada en la Habana y ejecutada en Venezuela para desgracia de todos nosotros incluyendo a los indígenas que según comenta alguien aquí fueron dignificados por la dictadura. Algo mas dislocado que esta aseveración no puede haber. Basta dar una vuelta por todos los territorios indígenas : Amazonas, Bolívar, Zulia, Barinas y Apure para desbaratar este argumento. Todos, absolutamente todos siguen siendo parias en sus tierras al igual que el resto de los venezolanos La Guajira es el ejemplo mas palpable de lo que digo. Los guajiros aun siguen luchando por sus tierras. Hay quienes quieren tergiversar la realidad pero es imposible. Nadie puede ocultar la verdad, mucho menos un dictador sostenido con bayonetas.

orlando j garrido m
19 de octubre, 2016

decantado en la creacion y acertado en la realidad, escritura para el momento historico. Alberto cumple con uno de los destinos de los literatos.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.