Perspectivas

La lucha por el poder y la Ley de Amnistía; por Andrés Stambouli

Por Andrés Stambouli | 8 de abril, 2016

La lucha por el poder y la Ley de Amnistía; por Andrés Stambouli

La Ley de Amnistía recientemente aprobada por la Asamblea Nacional es un episodio más en la confrontación histórica entre dos visiones de la política y la lucha por el poder en Venezuela: la visión democrática liberal que aboga por el pluralismo, el diálogo, la resolución concertada de las diferencias y la llegada al poder sólo por la vía electoral y la visión de izquierda revolucionaria, confrontadora, exclusivista y excluyente, que está dispuesta a llegar al poder incluso por la vía electoral, sin desestimar “otras formas de lucha”, ante la exigencia de conquistar o de preservar “la revolución”.

La visión democrática liberal gobernando Venezuela y derrotada la izquierda revolucionaria y su lucha armada en la década de los sesenta del siglo XX, el Presidente Rafael Caldera con su política de pacificación, le abrió las puertas a los rebeldes armados para su reinserción en el sistema político, relegalizando sus partidos políticos para su desempeño en el marco constitucional liberal.

El otro episodio de más reciente data fue el sobreseimiento de la causa seguida a Hugo Chávez por su intento de golpe de Estado en 1992, legalizando su partido político con el que participó en las elecciones presidenciales de 1998.

La negativa absoluta del actual régimen presidido por Nicolás Maduro a aceptar la Ley de Amnistía, ley que se inspira en los valores de la tolerancia, la reconciliación, la convivencia y el diálogo, revela en su plenitud la diferencia entre las dos visiones de la política y del ejercicio del poder señalados anteriormente, la democrático liberal y la revolucionaria.

Al ser preguntado recientemente el Presidente Maduro si se podía imaginar al chavismo en la oposición, respondió:

“Creo que ese tiempo no ha llegado… Si llegara, nosotros nos iríamos a un proceso revolucionario más radical, más profundo. Si ellos lograran un cambio de gobierno por la vía de esta guerra económica, del boicot internacional, de toda la guerra psicológica, tendrían que agarrarse duro porque el chavismo popular, revolucionario, tomaría sus caminos originarios”

De igual modo afirmaba Chávez: “Ésta es una revolución pacífica, pero no desarmada” y agregaba Néstor Francia, en su columna de la página web Aporrea:

“No hay ninguna duda, el porvenir inmediato es de lucha, no de conciliación…el grado de violencia que la confrontación pueda alcanzar no es posible preverlo…el destino de la Revolución Latinoamericana no residirá en la conciliación, sino en la lucha”

Quien pensó que luego de los resultados del 6 de diciembre el régimen bajaría la guardia, cambiaría su tónica, sus políticas y se abriría a un gran diálogo nacional, se equivocó: el régimen se aferra al poder, desde su ideología, con todos los recursos que tiene a su disposición y con eso debe contar la oposición.

Las iniciativas de leyes y el ejercicio de las atribuciones de control de la Asamblea Nacional serán enfrentadas, como de hecho lo han sido y lo seguirán siendo. La realización del referendo revocatorio será obstaculizada y pospuesta hasta donde más se pueda. El régimen intentará atrasar su realización hasta el momento en que tenga garantizado que a la eventual revocación de Maduro le seguirá la culminación del período presidencial por el Vicepresidente.

Quien sostiene que “la revolución llegó para quedarse” o que “la revolución no se mide por resultados electorales” y no cree en la alternabilidad consagrada constitucionalmente, se aferrará desesperadamente al poder. Pero, incluso en esa última eventualidad, la situación política cambia significativamente y el gobierno se debilita aún más.

Y ni hablar si en diciembre la oposición gana una mayoría de las gobernaciones.

Andrés Stambouli 

Comentarios (1)

henrique Meier
8 de abril, 2016

Coincido, el problema del país no es jurídico, es una lucha política, una confrontación entre dos concepciones radicalemente antagónicas. Como bien lo expresa Mires en su artículo en esta misma página, las dictaduras del siglo XXI utilizan los medios de la democracia electoral para acceder al poder y desde alí demoler a la democracia. Bien dice el profesor Stambouli, ni el desaparecido Chávez, ni su sucesor el “Ilegítimo”, y todos los integrantes de la secta destructiva, no aceptan la alternabilidad en el poder porque no creen en la democracia, por eso no reconocen en la oposición a un adversario legítimo, sino al enemigo que hay que destruir. En ese contexto, resulta dificil, por no decir imposible, un acuerdo para resolver la crisis de gobernabilidad. Diría con Canetti: “Comprendí que los hombres se hablan unos a otros, pero no se entienden…sus palabras son golpes que rebotan contra las palabras de los demás”.

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