Blog de Rafael Rojas

La lucha por el poder en China; por Rafael Rojas

Por Rafael Rojas | 5 de noviembre, 2016
Presidente de China Xi Jinping. Fotografía de Lintao Zhang para Getty Images

El Presidente de China Xi Jinping. Fotografía de Lintao Zhang para Getty Images

Con frecuencia se dice que en China se ha consolidado una economía de mercado bajo un régimen comunista. La idea que reproduce la mayoría de los medios occidentales es que ese comunismo capitalista es una mezcla perfecta entre los dos sistemas enfrentados en la Guerra Fría. El régimen chino, sin embargo, es todavía más complejo que eso: no es una economía de mercado como cualquier otra de Occidente y tampoco es un régimen de partido comunista único como el que existió en la URSS o Europa del Este.

La reforma económica china comenzó, en tiempos de Deng Xiaoping, entre los años 70 y 80, por medio de la desregulación y la descentralización de la agricultura y la industria y la apertura al comercio occidental que reforzó el modelo manufacturero. Pero entre los años 90 y 2000, bajo el liderazgo de Jiang Zemin, se produjo una privatización acelerada, por la cual miles de jerarcas del partido se convirtieron en empresarios que controlaban los sectores estratégicos de la economía. Aquella burocracia capitalista se abrió a la inversión extranjera y liberalizó las finanzas, al punto de producir el país más integrado a la globalización del siglo XXI, después de Estados Unidos.

El sistema político chino no es un unipartidismo como el de los socialismos reales de la Guerra Fría, que se desplomaron en 1989. Debajo de la hegemonía del masivo Partido Comunista de China (PCCh), con 90 millones de militantes, subsisten ocho partidos minoritarios y regionales, además de múltiples asociaciones sociales, subordinadas al Estado. Pero las dimensiones territoriales y demográficas de China producen una diversidad de intereses que encuentran en la cúpula empresarial y política del Partido Comunista su espacio de negociación y conflicto.

Esas tensiones cíclicas en la cúpula se han confirmado, en los últimos días, con el más reciente pleno de los comunistas chinos, que prepara la celebración del congreso de la institución el año próximo, donde se decidirá si el actual líder, Xi Jinping, es reelegido por otro periodo de cinco años. Desde los años 90, la sucesión de la jefatura política china se ha acomodado a dos periodos de cinco años por mandato. Con ese fin, 400 dirigentes, que concentran todo el poder económico y político del enorme país, se reunieron a puertas cerradas en Pekín y trazaron la hoja de ruta para la élite china en los próximos años.

En esa reunión Xi Jinping fue declarado hexin o núcleo de la dirigencia china, un título informal que en el pasado sólo se reservó a Mao y a Deng. Algunas facciones dentro del partido, con sus representantes en el cónclave, como el Grupo de Shangai y la Liga de Jóvenes Comunistas, presionaron, sin embargo, en favor de una mayor distribución del poder. Tal y como esperaban algunos analistas, el reforzamiento del poder de Xi ha derivado en denuncias de complots y conspiraciones en su contra, que involucran a sectores de la dirigencia con la deslealtad y el nepotismo.

En las últimas horas, la agencia china Xinhua reprodujo declaraciones del líder que acusaban a antiguos jefes de facciones, como los exministros Zhou Yongkang y Bo Xilai y los generales Guo Boxiong y Xu Caihou, procesados por delitos económicos y políticos, de ser los artífices de un plan para desplazarlo del poder dentro del Comité Central. Los medios de comunicación oficiales relacionan a esos jerarcas, que formaron parte del gobierno del predecesor de Xi Jinping, Hu Jintao, con una trama de corrupción que, en China, como en otros regímenes comunistas del pasado, casi siempre encubre una encarnizada lucha por el mando.

Rafael Rojas Rafael Rojas es autor de más de quince libros sobre historia intelectual y política de América Latina, México y Cuba. Recibió el Premio Matías Romero por su libro "Cuba Mexicana. Historia de una Anexión Imposible" (2001) y el Anagrama de Ensayo por "Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano" (2006) y el Isabel de Polanco por "Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica" (2009).

Comentarios (4)

Olmar Centeno
5 de noviembre, 2016

Y me pregunto el por qué, si en Venezuela el Estado es el único propietario de yacimientos y minas y de las empresas que con esos materiales trabajan siendo asi sus ingresos superiores a los de la suma de los particulares, sean éstos productores agropecuarios, industriales, comerciantes o propietarios de empresas de servicios por lo cual no habia que arrebatar riquezas para poder verterlas a la población, no pudieron adecuar el modelo chino a lo que ya se tenía y convertir el país en una potencia y no un vertedero de basura

CEFÁS ROCAFIRME
6 de noviembre, 2016

Quizás la RESPUESTA a la pregunta dal distinguido comentarista Sr, Centeno, se pueda encontrar en que: el llamado SOCIALISMO del S.XXI”, INVENTADO y puesto en práctica (sin conocerse aún de qué se trata) por un COMANDANTE militar, CAUDILLO “golpista” y MEGALOMANÏACO,ESTRATEGA AUTORITARIO y MAQUIAVËLICO, con MÍNIMO o NINGÜN conocimiento de ESTADISTA, para ser JEFE de ESTADO… y que fue RODEADO y APOYADO por viejos STALINISTAS y MAOISTAS, tantas veces DERROTADOS en el pasado, complementados por “RECIENVESTIDOS” COMUNISTAS castristas… se lanzó a la PROFUNDIDAD del MAR, sin saber NADAR…y para poder FLOTAR y no MORIR AHOGADO tuvo necesidad de “echar mano” a todo cuanto lo pudiese ayudar a evitar su “NAUFRAGIO”…Así, sabiendo que ñla MAYORÏA ABSOLUTA el pueblo venezolano es CRISTIANO NATO, eliminó el ATEISMO del MATERIALISMO DIALÉCTICO COMUNISTA y lo SUSTITUYÓ- sin AVISO y sin PROTESTO- por un CRISTIANISMO variopinto, vaticano y protestante, mezclado con un SANTERISMO afro-cubano de BABALAOS y GALLOS degollados…MUESTRA evidente, entre otras tantas sociales y económicas, bien conocidas, de lo ERRÄTICO y ERRADO de su trasnochado “PROYECTO” político o SISTEMA de gobierno “a la cubana”…Estas pudieran ser, a nuestro modesto modo de ver, las RAZONES, entre tantas fundamentales “SINRAZONES” las que nos mantienen navegando “ARRUINADOS, ENFERMOS, ANGUSTIADOS y DESESPERADOS”, no en el TORMENTOSO y legendario “MAR de los ZARGAZOS”, si no en este DESVENTURADO, CARIBEÑO y FIDELETO: “MAR de la FELICIDAD ” !!!

FGB4877
6 de noviembre, 2016

Estimado señor Centeno, otra posibilidad se lee en el párrafo de este artículo que reza: “Pero entre los años 90 y 2000, bajo el liderazgo de Jiang Zemin, se produjo una privatización acelerada, por la cual miles de jerarcas del partido se convirtieron en empresarios que controlaban los sectores estratégicos de la economía.” Si lo lee de esta manera, es un método para destruir y empobrecer a la posible competencia “políticamente no alineada con el Proceso”, para luego apropiarse de los frutos de la futura expansión económica. Ellos creen que nada de esto les va a tocar, que están aislados y protegidos de la debacle que están propiciando. Si quiere, vea la presentación en TED del sr. Jared Diamond acerca de su libro sobre los colapsos en las civilizaciones. Mucho ánimo.

Estelio Mario Pedreáñez
8 de noviembre, 2016

Magnífico artículo del brillante Rafael Rojas, aunque no comparto que “La idea que reproduce la mayoría de los medios occidentales es que ese comunismo capitalista es una mezcla perfecta entre los dos sistemas…”, al contrario, creo que la mayoría de los medios de comunicación de Occidente difunden una realidad: Que esa mezcla perversa en China, de Dictadura del Partido Comunista con el Capitalismo Salvaje (el modelo que los Reyes Comunistas de Cuba quieren implantar en su “Reino” para continuar esclavizándolo), es lo peor de los sistemas: No se respetan los Derechos Humanos, no hay Democracia, no existen Derechos Laborales, no se protege al débil (niños, ancianos, mujeres embarazadas, discapacitados, etc.) ní al ambiente. El ser humano está solo frente a 2 monstruos que solo buscan dominarlo y explotarlo: El Estado Comunista y el Empresario deshumanizado que solo busca maximizar sus ganancias. China, para no colapsar, inició ese modelo por la alianza con EE.UU. (Nixon, 1972) y Europa

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