Blog de Alberto Barrea Tyszka

La historia no se repite; por Alberto Barrera Tyszka

Por Alberto Barrera Tyszka | 31 de julio, 2016
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Fotografía de Reuters

Muchos fuimos sandinistas. Era casi una ecuación natural: teníamos 18 años, Somoza era un dictador, los rebeldes parecían más modernos y diversos que la nomenclatura cubana, entre sus filas había gente como el poeta Ernesto Cardenal o el narrador Sergio Ramírez.  En 1979, en América Latina, la palabra revolución volvió a llenarse de esperanzas.

Un poco antes del triunfo sandinista, Daniel Ortega realizó una gira por Venezuela, buscando apoyo, recursos. En Barquisimeto, un grupo de jóvenes, más o menos radicales, realizamos todo un día de “batida”, recogiendo fondos en apoyo a la “lucha sandinista”. Nos montábamos en autobuses o nos parábamos en las esquinas, dábamos fugaces discursos, llenos de lugares comunes, y extendíamos un botellón de plástico exigiendo solidaridad con los revolucionarios.  Hacia el final de la tarde, en una punta de la Avenida Vargas, debía darse el acto público que habíamos organizado. Y el mismísimo Comandante Ortega se dirigiría desde una tarima a la multitud.

Pero no hubo multitud. Éramos nosotros y unos cuantos más. No demasiados. El Propio Ortega prefirió que nos acercáramos, que hiciéramos una rueda, que tuviéramos un encuentro más íntimo. Ahí, de manera breve, nos agradeció el esfuerzo pero aseguró que, más allá de las ideologías, en esos momentos, el sandinismo necesitaba dinero, municiones, medicinas, botas militares… Nos contó que el entonces Presidente Carlos Andrés Pérez les había dado una ayuda importante.  Fue un balde de agua fría. Un aterrizaje forzoso en los límites de la realidad.

Pocos meses después, los rebeldes entraron triunfantes en Managua. Diez años después, la revolución sandinista solo era otra oportunidad perdida en el pantano de la ineptitud y de la corrupción.  Treinta y cinco años después, Daniel Ortega es el nuevo Anastasio Somoza de Nicaragua.

La historia no se repite: solo se aprovecha del pasado para avanzar de manera más perversa. Esta semana el orteguismo destituyó a 28 diputados de la oposición. Se trata de un régimen que intenta someter por las fuerza a las instituciones. Es la reinvención de la dictadura desde la aparente legalidad democrática.  En un imperdible artículo, el periodista nicaragüense Carlos F. Chamorro describe la situación de esta manera: “Estamos pues ante un régimen autoritario que no tolera ninguna clase de competencia en los espacios institucionales o autonomía en los poderes del estado, y ante cualquier protesta social o desafío político en los espacios públicos, recurre a la represión paramilitar o policial. El monopolio de la política en las calles, sin oposición, ha sido siempre uno de los pilares de la estabilidad autoritaria, en la que se apoya la alianza económica con el gran capital”.

A los venezolanos esta historia, por desgracia, nos suena conocida, lamentablemente familiar.  El pasado regresa de pronto trastocado, reformulado pero insistiendo en lo peor de sí mismo: la violencia, el autoritarismo, la exclusión.  Esta semana, en nuestro país, el alto gobierno realizó un acto para recordar un aniversario más del asesinato de Jorge Rodríguez: un homicidio político, un espantoso crimen de Estado, ocurrido hace ya cuarenta años.  Escuchando los discursos, cualquier ha podido también pensar en las trágicas vueltas que da la vida.  En los presos políticos que hay hoy. En las denuncias de violación a los derechos humanos. En todos los casos de abuso que el poder voluntariamente ignora ¿De quién está más cerca ahora el gobierno? ¿De Jorge Rodríguez o de sus victimarios?

La historia no se repite: solo se aprovecha del pasado para avanzar de manera más perversa. Esta semana, el Tribunal Supremo de Justicia ratificó una resolución que le permite a los militares venezolanos usar armas de fuego en las manifestaciones. En América Latina, la violencia institucional también se está reinventando.

Alberto Barrera Tyszka 

Comentarios (7)

José E. Espinoza Dávila
31 de julio, 2016

ABT , parafraseando el tango —La historia “no” vuelva a repetirse,— pero cómo se parece. Para mí, es una repetición de la repetidera.

Eduardo
31 de julio, 2016

Menudo baño de agua fría debió ser el saber que Carlos Andres Pérez ayudaba a la revolución sandinista, el mundo por lo general esta lleno de este tipo de contrastes el sandinismo era un movimiento subversivo y CAP lo apoyaba ahora es un movimiento autoritario,por cierto en los 80 también lo era y lo apoyan los revolucionarios de ayer y de hoy

Freddy Siso
31 de julio, 2016

La historia no se repite, pero los dictadores sí. ¿Cuál es la diferencia de la dictadura chilena, argentina o cubana? ¿Llegó Chávez a ser un presidente honesto o sus esbirros más amorosos que otros?

Alfredo L. Girón
31 de julio, 2016

Hace algunos años, en mi época de adolescencia, tenía por diversión engarabitarme en las ramas de los árboles, incluso de los más esbeltos. Persiguiendo las frutas o no, pude darme cuenta de la similitud de algunas ramas en un mismo árbol, aunque obvio que nunca iguales… Con esto busco un parangón para discurrir una alegoría de la historia de un país. El árbol produce cada rama con sus propias hojas (los actores), en momentos distintos; pero, por ley natural, no debemos esperar que, espontáneamente, un árbol de mamón, p.ej., comience de pronto a prolongar ramas, digamos, de mango. El árbol puede cambiar de forma o fronda con la savia del mismo subsuelo (los habitantes), pero su naturaleza no. Y aquí conviene parafrasear una conocida frase popular: quien hoy zurriaga con su lengua mañana podría mostrar en su cuerpo las huellas de sus azotes. No es el discurso lo que autentifica las virtudes de los actores políticos, es la rama en que aparecerán en el árbol histórico de su país.

Adriana
1 de agosto, 2016

Todos fuimos jóvenes y coqueteamos en mayor o menor grado con la izquierda. Escuchamos a Serrat, leímos a Sartre, Beauvoir. La historia si se repite: Los devaneos de la adolescencia no se convierten en el amor de la madurez excepto en contadísimas excepciones. La emoción de lo efímero es algo que atesoramos pero nuestras auténticas pasiones están en la seducción a la que sucumbimos pasada la primera juventud, mucho más allá de las hormonas.

Rodrigo J. Mendoza T.
3 de agosto, 2016

Cuba, Nicaragua, Venezuela. Es dificil que la izquierda revolucionaria, catequística y dogmática, no repita los mismos nefandos errores: para sobrevivir desde la incompetencia, tienden patológicamente a concentrar el poder, ahogando progresivamente la disidencia, mediante estridencia, creciente hegemonía de medios, exacerbación del discurso antagónico. Antes o después se quedan sin anticuerpos, amancebados por las ventajas obscenas del poder, sin capacidad de autocrítica, reduciendo la ideología a clichés y convirtiéndola en pretexto para conservar el poder.

Parece mentira, pero la ignorancia de algunos obliga a recordar que la división de poderes y la libertad de expresión, si bien son resultado del ascenso histórico de la burguesía, también constituyeron respuestas a siglos de opresión absolutista. Confiscar estos logros supone un retroceso de siglos, como parece evidenciar la debacle actual del país.

Eduardo Puertas-Abreu
6 de agosto, 2016

Borges lo dijo:”Hay que tener cuidado al escoger a nuestros enemigos…uno termina pareciendose a ellos”. ABT tiene razon…cuanto se parece Orteguita a Tachito. Ces.t la vie.

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