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La épica necesaria; por Leonardo Padrón

Por Leonardo Padrón | 3 de octubre, 2016
La epica necesaria; por Leonardo Padron 640

La movilización de la oposición en la Av. Francisco de Miranda de Caracas el 1 de septiembre de 2016. ©Fotografía de Diego Vallenilla. Si desea ver toda la galería, haga click sobre la imagen.

En Venezuela la democracia fue dada de baja. De esa palabra sólo quedan escombros. Ha sido un exterminio en cámara lenta. Aunque en los últimos meses la demolición ha alcanzado velocidad de vértigo. No es una noticia nueva, dirán algunos. Pero hay que repetirlo, insistir en ello. Y sobre todo, asumir la épica necesaria para recuperarla.

El gran duelo que se ha establecido entre el régimen y la oposición ha llegado a su punto máximo de tensión. Para Nicolás Maduro y su camarilla ni siquiera se trata de demostrarnos que pudieran sacar al país de la crisis en la que ellos mismos lo sumergieron. Los pocos intentos han sido fallidos, más aún, nefastos. Muecas de sanación que han resultado ser cuchilladas en las arterias de nuestra economía. Lo único que les quita el sueño, a estas alturas de la asfixia nacional, es salvar su propio pellejo, evitar el desplome final del chavismo, aferrarse desesperadamente a las hebras del poder. Mientras tanto, el resto del país, esa vastedad que hoy es oposición, pero sobre todo indignación, bracea con todas sus fuerzas para salir del remolino que amenaza con tragarse el resto que queda de nosotros. Un remolino trágico que ya se ha llevado nuestros alimentos, medicinas, sueldos y miles y miles de vidas.

En este acuciante panorama, la oposición propone una iniciativa para darle la vuelta al desmadre general: el Referendo Revocatorio. Un procedimiento de participación civil que el propio Hugo Chávez incorporó a la Constitución, queriendo alardear de demócrata, y ahora se le devuelve a sus discípulos como un letal búmeran.

Ya lo sabemos. El régimen ha colocado obstáculos de toda calaña en el camino. Ha diseñado sus propias güarimbas contra el deseo de buena parte de los venezolanos. Sin mayores escrúpulos ni pudor. Con muy tibios disimulos. Jugando a que son institucionales, mientras todo lo demoran, distorsionan y alteran a su antojo. Han sido tan sediciosos en su afrenta que la reacción del enorme universo opositor ha sido variopinta. Algunos, efervescentes y hastiados, proponen calle y artículo 350, calle y turba, calle y desobediencia civil. Habría que ver cuántos venezolanos, sobrevivientes a duras penas, abandonarían las colas para ni siquiera tener esa noche un íngrimo paquete de arroz, cuántos cerrarían sus negocios o desertarían a sus trabajos para agudizar aún más su propia crisis, cuantos tomarían la calle sin regreso y se expondrían a la hora loca de los colectivos armados o a la represión ya usual y cada vez más cruenta de los uniformados del régimen. Otros gritan, estentóreos, que la solución es más simple y expedita: acorralar a Maduro contra una pared de Miraflores y exigirle su partida de nacimiento. Convencidos de que es colombiano, piensan que ante el pedimento unánime, Nicolás, el cucuteño, terminará confesando la patraña, empapado en lágrimas de arrepentimiento. Como si fuera tan difícil urdir un documento apócrifo, o dos, o tres, los que sean necesarios para sostener la mentira que tengan que sostener.

Se entiende la desesperación. Se entiende que nos debatimos contra personajes aviesos e inescrupulosos que no respetan las reglas de juego. Se entiende la cólera ante cada día que pasa, ante cada venezolano asesinado, cada familia que huye al exilio, cada nuevo preso político, cada neonato muerto en los hospitales, cada bolsa de basura que se abre para buscar restos de lo que sea. Estamos bajo el signo de la urgencia, sí. Pero justamente por eso debemos ser más sensatos en cada decisión que tomemos. Si un malandro nos dispara, la constitución no frenará las balas, es cierto. Pero si la arrojamos al cesto de la basura, si no la interpretamos con lucidez, le estamos dando la bienvenida a la locura colectiva.

Por eso vale la pena detenerse y evaluar la propuesta que la MUD, ese conglomerado de partidos políticos, coloca ante el país. Su primera invitación es a mantener la unidad. Suena casi de Perogrullo, pero es crucial. Si le lanzamos una granada a la unidad que hoy debemos ser, perdemos la oportunidad histórica de recuperar la democracia. Luego, propone más. Jugar este trance decisivo con las herramientas de la política. Insistir en el revocatorio es insistir en la constitución. Y agrega un punto de inflexión clave: hacernos todos corresponsables de conseguir el 20% de las firmas para el revocatorio. Por primera vez, la MUD canceló el olor a cenáculo y decidió convocar a distintos gremios de la sociedad civil, les preguntó, indagó, quiso oír opiniones de gente cuyo principal carnet es el de ciudadano venezolano. Aceptó dimensionarse, abrir sus puertas y ventanas, ampliar su propio espectro, convertirse en país múltiple. Y así han terminado proponiendo convertir los tres días de recolección de firmas en un nuevo episodio de contundencia civil. Sin cauchos quemados, sin calles cerradas, sin atajos estériles. Quizás a algunos no les convence, porque su indignación es más grande, o su impaciencia, o su sabiduría. Pero las propias encuestas que dicen que el 70% del país desea despedir a Nicolás Maduro de su cargo, señalan que lo quieren hacer de una forma coherente, civilizada y definitiva, sin anarquía ni sangre en las consignas.

Es cierto, dados los antecedentes no podemos ser ingenuos. Los voceros del régimen lo han dicho en distintas versiones que se resumen en una frase: “Nosotros vamos a hacer todo lo posible para que el revocatorio no ocurra”. Maduro no quiere ser un desempleado más. Diosdado Cabello no quiere perder su show de televisión y su asombroso poder. Jorge Rodríguez todavía tiene cuotas de resentimiento que saldar. Pedro Carreño necesita seguir vistiendo fluxes de marca. Eso lo sabemos. Y sabemos que el TSJ y el CNE son solo siglas diseñadas para perpetuarlos en el dominio de las pocas riquezas que nos quedan. Por eso nos toca, en esta hora crítica, convertir nuestra indignación en muchedumbre democrática, en avalancha de firmas, en ríos de colas que duren tres días con sus noches, en una larga, kilométrica, millonaria cola de demócratas que presionen, insistan y se acumulen en las calles exigiendo —no otro verbo hay— exigiendo el derecho a salvarnos entre todos.

Hugo Chávez transformó una Constitución “moribunda” en un país enfermo. Nicolás Maduro ha perfeccionado el legado de su padre político. Y por eso ya la analogía es redonda: somos también un país moribundo. La única forma de evitar la extinción total de la democracia, con sus ciudadanos incluidos, es justamente con una sobredosis de democracia y ciudadanía. Toca marcar en el calendario con una equis los tres días de la manifestación civil que se avecina. Toca hacerlo entre todos. Sin próceres, ni mesías. Contra la intoxicación militar y autoritaria que hoy nos saquea, toca la movilización de una inolvidable, gigantesca, histórica multitud de personas que rebase el 20% de cualquier ámbito, sea parroquial, regional o nacional. Lo hicimos el 1 de septiembre y sería una tontería inexcusable no multiplicar el gesto el 26, 27 y 28 de octubre. Está en juego nuestra supervivencia como nación. Hoy conquistar el revocatorio es conquistar la comida de los próximos años para los nuestros. Y si toca convertir el 12 de octubre en antesala magnífica, en día de calle nacional, lo debemos hacer. Sin más crítica que la de no permitirnos la inacción. Sin dibujarle grietas a la compleja unidad de toda diversidad. De ahora en adelante, todo debe ser movimiento, avance, contundencia. Que la calle y la constitución vayan de la mano. Que no volvamos a aceptar ni una sola burla convertida en norma. Que el sonido multitudinario de la democracia calle los ladridos de la dictadura. Que los paralice tanta civilidad desbordada. Que no tengan más remedio que aceptar la decisión de la mayoría. Que se les agrieten los ojos de tanto contar firmas. Se acabó el irrespeto. Imposible aceptar una humillación más. Toca detener en seco a la jauría que ha hecho de nuestra vida una calamidad insoportable. Es el momento de todos. Es el instante de los millones de ciudadanos de bien. Contra el oprobio debe ocurrir la épica necesaria. La imprescindible. Para, de una bendita y democrática vez, lograr la redención final como país.

Leonardo Padrón 

Comentarios (8)

Petrusco
3 de octubre, 2016

Dice Leonardo: “En Venezuela la democracia fue dada de baja. De esa palabra sólo quedan escombros. Ha sido un exterminio en cámara lenta. Aunque en los últimos meses la demolición ha alcanzado velocidad de vértigo”

¡Sin ninguna duda!, y el mejor y más reciente ejemplo es lo que hizo la MUD removiendo de su cargo como encargado de la Coordinación Internacional de la Mesa de la Unidad a Timoteo Zambrano, por criticar la negativa propuesta en MERCOSUR contra Venezuela, considerando que eso afectaría a “todo los venezolanos” y no solo a su gobierno.

Porque no hay que olvidar que lo que se le critica a este gobierno, la oposición lo hace igual o peor.

Donde falla la afirmación de Padrón es, por ejemplo, en el hecho de que hace menos de un año la oposición ganó en elecciones libres y directas, la mayoría del Poder Legislativo. En un país sin democracia, eso no pasa.

Jesus
3 de octubre, 2016

Anote esto, y me dice si soy buen profeta, se esta sobando mucho la Lampara y el demonio va a salir de ella,el agujero por donde sale es pequeño y tarda en salir; pero sale, también es dicicilisimo de volverlo a meter porque es pequeño y esta libre en mayor espacio.Sus palabras de llamado a la cordura,son viables,cuando la nevera esta llena y gracias a Dios la suya lo esta y siga así. He visto en los Barrios como la gente come mortadela VERDE y PAN RALLADO.Solo le ruego a Dios, que el demonio de esa lampara del pueblo siga allí adentro, dudando, pero jurelo usted por los mas sagrado,que en el momento menos esperado,sin avisos,sin fanfarreas sin un LIDER que diga “CALMA..,vuelvan a sus hogares”, solo diré, Dios nos ampare,porque ni los colectivos mas aguerridos podrán asimilar la sorpresa que se presenta,ante u pueblo asqueado y dispuesto a morir mas rápido que de hambre.

Indira Salazar
5 de octubre, 2016

¿Esa épica tan necesaria lleva sangre?…

maría alvarez
5 de octubre, 2016

cómo, en qué forma se revoca a un ilegítimo??

Diógenes Decambrí.
5 de octubre, 2016

“Lo hicimos el 1 de septiembre” (en la maravillosa Toma de Caracas, tres grandes avenidas abarrotadas de alegría y multicoloridad, en contraste con aquella “escualidez” del oficialismo, tan irrisoria que Diosdado optó por mostrar una foto del 2012). Pero ya lo habíamos hecho, cuando VALIDAMOS el 1%, con el CNE funcionando como picado de mosca Tse Tse, muy ingleses a la hora de cerrar, four pi em Sharp. El jueves 23 de junio la MUD anunció que ya se habían validado más de las huellas requeridas (porque la cuestión fue con los dedos y las captadoras), y sin embargo, el viernes 24 de junio, pa’más señas FERIADO, las colas para validar eran más largas que los días anteriores. Toma tu Tse Tse !! “En un país sin democracia, eso no pasa”: En Chile, bajo la dictadura de Pinochet, DIC TA DU RA, los militares sureños perdieron el Plebiscito ante la Oposición UNIDA, y Pinochet (el Chávez de por allá) tuvo que aceptar ese resultado. ¿En un país sin democracia, eso no pasa?

Petrusco
10 de octubre, 2016

Perder una consulta popular no es lo mismo que perder un poder público. Creer que ambas cosas son lo mismo demuestra muy poco conocimiento político.

El 1S Diosdado Cabello primero montó una foto de una concentración en la Av. Bolívar del año 2012. En esa se quedó enganchada la mayoría de la gente que solo lee portadas y no profundiza. Unos minutos más tarde, Cabello reconoció su error y montó entonces la foto de la concentración chavista de este año en esa misma avenida y ahí si se podía ver la masiva asistencia que tuvo.

Aunque sea duro de reconocer, la torta de la preferencia política sigue partida en dos partes casi iguales en Venezuela.

El ultra derechista Pinochet igual al súper izquierdista Chávez, las cosas que uno tiene que leer…

Diógenes Decambrí.
10 de octubre, 2016

“la torta de la preferencia política sigue partida en dos partes casi iguales”: ¿dos partes casi iguales? El 6D15 la Oposición obtuvo DOS TERCIOS de los diputados a la Asamblea Nacional, dos tercios son el 66,6 % lejos del 50% que es la mitad. El descontento ha aumentado desde diciembre (hoy 80%), y lo demuestra el cúmulo de violaciones al marco legal, los obsecuentes dictámenes del TSJ interpretando de forma perversa la Constitución, para apuntalar al régimen, y la obvia OPERACIÓN MORROCOY del CNE, que necesita para el Revocatorio más de NUEVE MESES, aunque ese mismo CNE validó en el 2015 EN UN DÍA 10,4 millones de firmas SUPUESTAMENTE RECOGIDAS POR EL PSUV EN TRES DÍAS (para presionar a Obama y su Orden Ejecutiva contra 7 camaradas incursos en leves travesuras). La elección presidencial del 2013 – Chávez supuestamente murió el 5 de marzo- las organizó el CNE en UN MES, y tuvo más CELERIDAD la proclamación de Maduro (bajo reclamos de FRAUDE). El Plebiscito colombiano tomó 30 días.

Petrusco
11 de octubre, 2016

Diógenes:

El 6D, la oposición sacó 7,7 millones de votos, el chavismo 5,6 millones y los votos nulos más la abstención fueron 6,2 millones, es decir, ni a favor de la oposición, ni a favor del chavismo. Eso, en ninguna parte, se puede considerar una mayoría absoluta a favor de una u otra tendencia política.

El descontento ha tenido altibajos, no se ha mantenido “in crescendo” como muchos nos quieren hacer creer. La gente, todos nosotros, nos hemos ido adaptando y resolviendo, y muchos rubros han reaparecido, algunos muy caros y otros, costosos, pero aún asequibles. La presión social no ha desaparecido, pero se desinfló.

El CNE, ni ha demorado ni ha apurado este referéndum revocatorio. El que se hizo contra Chávez se llevó 10 meses en realizarse. Este, contra Maduro, se llevará el mismo tiempo, siempre y cuando la MUD cumpla con los pasos establecidos.

Los únicos que dicen que la cosa está “retardada” son los propagandistas de la MUD.

Saludos.

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