Tecnosociedad

La crisis de la prensa es un saco de gatos, por Luis Carlos Díaz

Por Luis Carlos Díaz | 8 de Noviembre, 2012


Se nos está vendiendo un saco de gatos cuya complejidad requiere cautela y análisis. Dentro del saco todos los gatos son pardos y afilados, pero no son de la misma camada. Se habla de una “crisis de la prensa” y en ella se meten tantas referencias dispersas que en lugar de ovillo hay hilachas. Han hecho de la supuesta crisis un Frankenstein con retazos de cadáveres de proyectos que no fueron o hegemonías caídas o impresiones a la baja, cuando en realidad el fenómeno es distinto, así que no compremos el combo aunque sea más barato por docena.

La crisis española, por ejemplo, ha sido una tromba para casi todas las estructuras de su sistema económico. Desde las inmobiliarias hasta los medios son parte de ese coro europeo que gime con la mengua de su estado de bienestar. Cualquiera podría creer que en un periodo de crisis, los medios que supieran atenderla, explicarla y montarse en su ola tendrían más oportunidades de salvarse, no sólo por su conocimiento de entorno, sino también porque su contenido se haría más relevante para una sociedad ávida de explicaciones y timoneles durante el temporal. Eso sería óptimo si el medio fuese a su vez una empresa sólida, pero los encontraron fuera de base.

Ya a principios de la década pasada autores como el colombiano Javier Darío Restrepo o el dúo Kovach y Rosenstiel (Los elementos del periodismo, 2003) habían advertido que el hecho de que las empresas de medios fuesen absorbidas por grandes capitales y grupos económicos ajenos al servicio público de la prensa ponía en riesgo su equilibrio. Pasado los años, se ha demostrado que también se tambalean sus finanzas. Es en este punto donde un diario como El País, pieza del Grupo Prisa, en España, se diferencia del modelo de fundación que mantiene The Guardian en Inglaterra. En uno se le debe rendir cuentas a los accionistas por sus pérdidas económicas, y priva su protección por encima de los intereses del medio, mientras que en el otro los esfuerzos están puestos en hacer buen periodismo y sólo a eso se responde para lograr rentabilidad. En el camino, se permite la innovación porque no se entiende como un gasto extra sino como la búsqueda de mayor eficiencia.

Ambos modelos se enfrentan al mal tiempo y aunque los dos resienten pérdidas, sólo El País ha tenido este recorte del 30% de su plantilla mientras el presidente ejecutivo del Grupo ganó 13 millones de euros en un año. Que a nadie le extrañe entonces el cabreo de sus periodistas, las huelgas, dimisiones, protestas de calle y minutos de silencio por los recortes.

Al menos dos buenos y reconocidos periodistas de su planta le han echado la bronca. Maruja Torres, con 48 años de profesión encima, se descargó así: “Decía que estaba salvando el periodismo, que había un cambio de paradigma. Mentira. Perdió 5.000 millones de euros jugando al capitalismo de casino, comprando radios en Miami y teles latinoamericanas que no valían nada. Quería ser un tiburón de Wall Street pero era una sardinita que todo lo hizo mal. Se pulió las ganancias del trabajo de todos nosotros en la aventura del mejor diario de la democracia española. Cebrián era un quiero y no puedo, un cateto”.

No le falta razón. En numerosos foros al jefe mayor de El País se le escuchó pregonar con fuerza que los diarios ya no servían, que su papel en la sociedad se estaba agotando y que no era crisis sino un cambio de paradigma. Ningún argumento puede ocultar que en la falta de planificación y el estiramiento de la arruga le pudo más la rentabilidad que la calidad. Resultó una profecía autocumplida. Otro adelantado en la materia fue Enric González. Recientemente renunció a la planta, pero en mayo 2009 escribió una columna que nunca fue publicada por el diario. En ella avisaba que: “Uno lo ve todo negro. No quiero ponerme en lo peor, pero cualquier día, en cualquier empresa, van a rebajar el sueldo a los obreros para financiar la ludopatía bursátil de los dueños. Ya sé que exagero, que esas cosas no pasan”.

Los periodistas que se quedaron en El País sufrieron un recorte en sus salarios. Enric se fue.

Por su parte, la prensa oficial venezolana se regodea al hablar de la crisis y las protestas en España, lo muestra con el eslogan “hecho en capitalismo”, se enfoca en el modelo cuando en realidad debe hacer centro en sus prácticas y actores irresponsables, que los hay en todas partes. Es la arrogancia de la petrochequera la que no les permite hacer periodismo.

Al revisar las deudas y pérdidas del Grupo Prisa, muchas están ligadas a sus juegos en bolsas de valores, no en el periodismo, así que ese gato no es de este saco. En la misma tromba está El Mundo, el diario Público (que no pudo volver a imprimir) o el ABC, que prescindió del columnista José Luis Orihuela, otro narrador aventajado del salto digital.

El papel arde

A 233 grados celsius arde el papel, ya lo advirtió Ray Bradbury, sin embargo con los impresos está ocurriendo otro fenómeno, y es la migración de sus audiencias a otros modos de consumo de contenido. El proceso es sostenido y vigoroso. Aunque la brecha digital deje por fuera a grandes grupos de la población que sencillamente no están viendo lo que pasa, los medios de comunicación han estado retejiendo con dificultades un problema de esta década: volver a controlar al dios de la gratuidad. La distribución electrónica de contenidos ha abaratado los costos de la industria de manera que no se le ha encontrado la vuelta para hacerla rentable, aunque parezca paradójico. Con un modelo sustentado en la venta de publicidad en papel, el reto es migrar ese concepto a medios digitales de manera que pague la plantilla.

De grandes medios que funcionan en parques industriales porque requieren de una imprenta, se pasa a iniciativas digitales que tienen como oficina una laptop. Las respuestas no están claras aún porque los modelos son mixtos como la audiencia, pero ya hay anuncios al respecto.

La revista Newsweek anunció que dejará de imprimir su revista para pasar a formato digital, pero se sustenta en una cosa: la cantidad de tabletas en el mercado estadounidense permitirían, a través de suscripciones, ser una plataforma sostenible para seguir ofreciendo contenido de calidad.

Al igual que The New York Times cuando decidió volver a cobrar por su contenido en línea, pierde algo de impacto en buscadores, pero gana otro tipo de fidelidad de su audiencia. Es una apuesta comprensible en un entorno como ese, en el que hace una década imprimían 4 millones de ejemplares y actualmente están rozando el millón y medio.

¿Eso es crisis o evolución? Si dejan salir al gato del saco y perdemos el miedo, lo sabremos.

Luis Carlos Díaz Periodista y bloguero

Comentarios (3)

Oswaldo Aiffil
9 de Noviembre, 2012

Excelente tu análisis LC. Saludos!

Magín Serfaty
10 de Noviembre, 2012

Muy buen articulo y un excelente analisis. Deseo agregar algo:Es muy curioso que la situacion del diario El Pais de España practicamente no ha sido comentada en otros medios españoles. Y eso que se ha reducido drasticamente la plana de trabajadores y/o periodistas. Ahora bien, hay dos puntos que no fueron tocados.1) Mucho de que el tiraje ha bajado en ejemplares fisicos tiene que ver con la cada vez menor costumbre de las personas a leer prensa diaria. Erroneamente se piensa que los medios digitales sustituyen al ejemplar impreso, pero no es así. El hecho de que una persona abra una pagina web de un diario, no significa necesariamente que lo este leyendo. Dado que esto es una ciencia relativamente nueva,no hay muchos estudios al respecto.Sin embargo la mejor manera de comprobarlo es la desinformacion en todos los niveles del grueso de la población.Es una falsa retroalimentacion el pensar que un hit de pagina web involucra la lectura de la misma. 2)El tema de la gratituidad, pensé que se refería a la tendencia de regalar los ejemplares de un cierto tipo de diario, basandose solo en la venta publicitaria para sus subsistencia. Esto particularmente es terrible en varios aspectos ya que la tentacion de sacrificar la informacion veraz y oportuna por publicidad es muy grande. Pero nadie reclama por que es gratis.Y de paso se crean una serie de errores y malas tendencias noticiosas espectaculares. Mas cuando el medio es manejado por una fuente oficialista donde cuenta con todo el apoyo economico y judicial del gobierno, mas la simpatía “irrestricta” de los periodistas resteados con el proceso,convirtiendo periodicos gratuitos en pasquines propagandisticos aceptados alegremente por todo el mundo. Por ultimo, aunque es cientificamente correcto el dato de los 233 grados centigrados la temperatura que arde el papel, lo correcto es 451 grados Farenheit, que es como Ray Bradbury llamo a su excelente novela.

LuisCarlos
12 de Noviembre, 2012

Hola, Magín. Unos comentarios sobre tus puntos: 1) Tampoco comprar el diario físico significa su lectura. El ritual de comprar la prensa no implica que sea leída en su totalidad, ni vistas todas sus publicidades. El recorrido del lector es disperso, como su atención. 2) Sí, es gratuidad regalar el periódico, y es un modelo que en España probó el diario 20 minutos sin desmérito de su calidad. En Caracas tienes el Primera Hora, que no tiene mucho valor en su contenido, y Ciudad CCS, que es un órgano de propaganda del PSUV, pagado con el dinero de los caraqueños (en mi humilde e innecesaria opinión). Sin embargo también se habla de gratuidad cuando los consumidores en la actualidad acceden a contenidos culturales de manera gratuita, por la vía de modelos “freemium” o porque se lo descargan o comparten en redes P2P. Eso explotó en la cara de las industrias culturales y aún no saben atajarlo. 3) La referencia a los 233 grados era por un lado a Bradbury, pero por el otro a 233grados.com, un blog español premiado como mejor blog del mundo hace algún tiempo por la DW. Algunos amigos escriben allí. Sigue en línea y es un blog enfocado en la transformación de los medios mientras arden. Saludos. Mil gracias por tu comentario.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.