Blog de Willy Mckey

“La cosa está muy dura, pero tengo fe” (o el dilema de ser militante o feligrés); por WIlly McKey

Por Willy McKey | 3 de marzo, 2016

La cosa está muy dura, pero tengo fe (o el dilema de ser militante o feligrés); por WIlly McKey 640

El matemático, filósofo y Premio Nobel de Literatura Bertrand Russell fue un crítico de la noción de la fe que utilizaban los políticos en el siglo veinte: decía que sólo se hablaba de fe cuando se pretendía sustitur la evidencia por la emoción. Y esta referencia tiene lugar porque se ha difundido en la web una campaña del gobierno venezolano basada en una frase que remite de inmediato al autor de Por qué no soy cristiano: “La cosa está muy dura, pero tengo fe”.

Quizás Bertrand Russell fue uno de los primeros filósofos en articular (no en definirla, sino en articularla) una estructura argumentativa alrededor de la idea de que la religión está basada en el miedo, principalmente en el miedo a lo desconocido. Y dentro de esas ideas, los regidores de la fe se convierten en una especie de protectores que le hacen creer al feligrés que sin ellos no hay salvación. Y éste parece uno de los principios conceptuales de la referida campaña.

Poner a un joven deportista a conjugar, después de casi dos décadas al mando de las políticas públicas, una frase como “Vamos a comenzar a producir los alimentos y otras cosas que necesitemos aquí en Venezuela” no es otra cosa que una evasión de responsabilidades claras en torno a un modelo rentista que durante muchos años incluso llegó a creerse el espejismo de que el precio del petróleo era un logro de líder de la revolución.

Este recurso de hacer contraste con un pasado abstracto y resemantizado es lo que en economía conductual podrían describir como un “cambio de los puntos de referencia”: pretender que el ciudadano no se preocupe por la penuria que está viviendo en el presente, sino que pacte con la idea de que antes habría estado peor (incluso si ese “antes” es una experiencia desconocida y construida desde la resemantización del pasado).

Ese cambio de punto de referencia es mucho más explícito en otra pieza de la misma campaña:

Las religiones más antiguas se basaron en estrategias narrativas mitologizadas para explicar los fenómenos inexplicables para lo humano de una manera que captara a los feligreses desde una única e inequívoca versión del Universo. Y éste parece otro de los principios conceptuales de la campaña, sobre todo porque después de diecisiete años en el Poder es mucho lo que se puede mitologizar.

Revisar la historia de nuestra política contemporánea permite ver cómo los autodenominados “Hijos de El Caracazo” llegaron al poder desde una épica fallida y violenta que viró hacia una mitología de orígenes múltiples. Y entre esos mitos está una referencia instalada en el correlato político de aquel MBR 200 que ha evolucionado hacia el PSUV de hoy: los pobres comiendo perrarina.

La noticia de seres humanos comiendo alimento para animales es algo metafóricamente poderoso, pero financieramente inexplicable en la década de los ochenta. Ya varios periodistas venezolanos, Luis Carlos Díaz entre ellos, se han esforzado en desmentir mitos como el del consumo de perrarina en los estratos sociales más bajos.

Al resemantizar los referentes del pasado, esta campaña de propaganda pone al militante político en la posición del feligrés que pacta con las excusas de quienes gobiernan: no hay electricidad ni agua por culpa de otro, no hay alimentos ni medicinas por culpa de otro, no hay seguridad ni calidad de vida por culpa de otro, pero lo poco que ese feligrés puede reconocer como suyo tampoco le pertenece porque tiene un solo responsable: aquel quien hoy lo obliga a tener fe.

El lugar común de Karl Marx refiriéndose a la religión como el opio de los pueblos no puede ser más paradójico: hoy la revolución pide fe, pero los únicos pecados que perdona son los de ella misma.

La responsabilidad de las políticas públicas aplicadas durante cuatro ejercicios presidenciales es escondida debajo de una manipulación que, como decía Russell, sustituye la evidencia con la emoción. Y pretender eso cuando la clase obrera que gana el salario mínimo está ganando más en tickets de alimentación que en salario es, por decir lo menos, un acto temerario contra aquellos a quienes se les está exigiendo tener fe. Porque es innegable que después del reciente aumento del sueldo mínimo la clase obrera venezolana está trabajando por comida y no por lo que significan un salario y sus reivindicaciones.

Por eso, cuando la propaganda se refugia en un concepto como la fe, conviene acudir a las ideas de Russell para poder digerir el golpe desde las ideas.  Visto así, en Venezuela ya no vivimos en el socialismo del siglo veintiuno sino en una esquirla del Medioevo donde el Estado patrón ha decidido convertirse en un señor feudal que paga con alimento y pide fe.

También fue Rossell quien dijo que el mundo por hacerse necesitaba más valentía y conocimiento que esa fe vaciada de sentido por quienes ejercen el poder. Así que si la promesa que los feligreses reciben de las religiones se basan principalmente en el miedo a lo desconocido, ¿qué está haciendo el otro liderazgo para darle al ciudadano una idea de futuro verosímil, palpable, real?

Todo cuanto se ha olvidado también forma parte de esa bruma atemorizante, así que apelar a la nostalgia en situaciones como éstas es una torpeza política.

El hombre del Renacimiento demostró que la única manera de desembarazarse del peso de la religión en la Edad Media se alcanza desde la confianza que generan las ideas.

Hay un liderazgo político que hoy tiene la responsabilidad de fomentar la confianza suficiente para que esa fe que exige el poderoso parezca lo que es: una extorsión al dolor de quienes tienen menos. No me refiero solamente al liderazgo de la alternativa que hoy es mayoría en la Asamblea Nacional, sino también a aquellos que fueron escogidos por los militantes de un proyecto político que no ha cumplido con sus expectativas.

Y generar confianza requiere mucha más voluntad política que exigir fe.

Es cruel seguir en el intento de sustitur la evidencia con la emoción. Porque la fe es ciega, pero el hambre no.

Willy McKey  Parte del equipo editorial de Prodavinci. Poeta, escritor, docente y editor de no-ficción y nuevo periodismo. Especialista en semiología política y conceptualización creativa. Puedes leer más textos de Willy McKey en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @willymckey Haga click acá para visitar su web personal.

Comentarios (14)

Diógenes Decambrí.-
3 de marzo, 2016

El único motor del castrochavismo que ha funcionado desde incluso la campaña del 98, es el de la adulteración del pasado, entendido como la mal llamada “cuarta república” o “puntofijismo”, dos definiciones nada académicas que persiguen satanizar el lapso 58-98, Chávez pistoneaba cuando se refería a la anterior Dictadura Militar 48-58, no sólo admiró a Tarugo, sino que trató con vehemencia de ganar su apoyo, nunca logrado, Pérez Jiménez fue represor y ladronazo, nunca tonto. La versión chavista describe a Betancourt y Leoni como unos locos que agredieron a los del PCV y el MIR en los 60, por odiar que hubieran organizado comunas hippies, rurales y urbanas, y salieran en grupos casi clandestinos a ofrecer cánticos de amor y paz, junto con abrazos y flores. Quienes repiten esa ficción, haciéndole coro a la Fiscal (que inició un juicio a las maldades de AD y COPEI por sus maluquezas contra aquellos ángeles rojos, incapaces de matar una chiripa), se indigestaron con perrarina y promesas.

angel
3 de marzo, 2016

La verdadera fe no es ciega, la fe viene de Dios, no del hombre

Josua T.
4 de marzo, 2016

Excelente artículo. Es indignante ver la propaganda, nos tenemos que calar el desastre general (para no caer en detalles) y encima le achacan a la “fe” que debes tener aun cuando, ya no comas o te mueras (por falta de medicinas) por la total irresponsabilidad del gobierno. Ningún personaje revolucionario le dice a su familia tengan “fe” para comer, adquirir medicamentos o vestirse.

Alberto Balza
4 de marzo, 2016

La desesperación que estos sujetos del gobierno tienen por conservar el poder y así no pagar los delitos que deben, los llevan a hacer cosas tan patéticas como estos videos, que no son sino un insulto para millones de venezolanos de las barriadas populares que saben que sus penurias se deben a la gigantesca corrupción de esta dictadura, que no fue capaz de trascender su discurso demagógico y sus programas populistas hacia una verdadera industrialización moderna, generadora de riqueza no dependiente del rentismo petrolero hoy menguado por su baja de precio. Suponen entonces poderlos seguir engañando con las mentiras grotescas de este guión que por demas son las mismas que como estribillo repiten a coro todos sus representantes. Desde hace años sabíamos que la duración de esta “revolución” de pacotilla estaba en proporción directa a la duración de los petrodólares. Esta pretendida “revolución”, enarbolando las banderas ideologícas que trataban de impulsar los cambios de la sociedad mundial en los años 60s y 70s del pasado siglo, hoy, por una parte, muestra los vestigios de los fanatismos mas enconados que solo encuentran nido en las almas cuyo equilibrio entre el bien y el mal ha desaparecido, y por el otro, deja ver como ya dije, la terrible desesperación en que se encuentran los protagonistas del mayor saqueo perpetrado a una nación, siendo unos completos ignorantes del asunto político, filosófico conceptual, ni sobre su supuesto marxismo ni tampoco sobre social democracia ni sobre ninguna otra idea política, sino simples y vulgares ladrones, oportunistas, arrimados de primer y último minuto que con sus hambres atrasadas llegaron para hartarse y una vez “jartos” cagarse en el alma de este país como jamas nadie lo hizo. Los pueblos, ante el aluvión informático que la revolución tecnológica trajo consigo, hoy como nunca ocurrió antes en la historia, tienen en sus manos y en sus consciencias la certeza de que los cambios hacia sociedades mas justas solo vendrán de la mano del conocimiento liberador, y que los intentos de opresión y de manipulación de quienes gobiernan no dependerá de lo que ellos quieran, sino de lo que los ciudadanos en UNIDAD y en MOVILIZACIÓN permitamos.

Alberto Balza
4 de marzo, 2016

Cuando se les dice que el cuento de la ingesta de perrarina por parte de los pobres es un mito puesto que su costo para entonces era lo suficientemente elevado como para que pudieran adquirirlo, entonces responden esta perla: “claro, pero es que no la compraban, se la robaban las pobres mujeres madres que trabajaban en casas de los ricos”. Y así la leyenda sigue su marcha.

Alejandro Alvarez
4 de marzo, 2016

Excelente artículo Willy. Abría que preguntarle a estos hijos de la revolución si consideran que las urbanizaciones de Caricuao, El Valle, Coche y el 23 de Enero, por nombrar unas pocas, se construyeron también por obra y gracia del Espíritu Santo

Pedro Celis
4 de marzo, 2016

Es necesario reconocer los errores de antes y de ahora. No es mito el tema de la perrarina en la población que se encuentra en pobreza extrema. Fue una realidad, y esa realidad esta volviendo con más fuerza hoy. La perrarina no sustituye ni al arroz, ni a las caraotas, ni a la pasta ni a las sardinas. Sustituye a la leche. Sustituye a las proteinas. Es una realidad que muchas madres, por desconocimiento, ignorancia o falta de dinero dan a sus bebes teteros de agua de pasta en vez de leche. Algo para nada nutritivo. Mejor darle perrarina…

nerio leon
4 de marzo, 2016

un pueblo ignorante y lleno de miedo es instrumento ciego de su propia destrucción fin.

pancho pepe
5 de marzo, 2016

Como diría el fallecido Hermano Cocó: “la fe mueve montañas, pero hay que pagar”.

Petrusco
7 de marzo, 2016

Dice McKey que mi amigo Luis Carlos Díaz “desmiente” lo de los pobres comiendo perrarina en la cuarta república pero, ¿que edad tenía Luis Carlos en esa época? Yo creo que ni siquiera había nacido aún ese joven comunicador. Su desmentido es hemerográfico y proviene de una época sin twitter y sin blogs. Así cualquiera desmiente cualquier realidad.

El análisis de McKey es interesante, ojalá nos obsequiara uno similar sobre el mareante giro argumental de la nueva Asamblea Nacional y su engaño continuado.

¿Como se le llama a eso de ofrecer que la del 6D era la última cola que iba a hacer la gente, para, luego de ganar, decirle a la gente que nunca ofrecieron acabar con ninguna cola?

¿Cómo se le puede decir a ese parlamento de oposición que, en lugar de reformar el Código Penal o el COPP, para coadyuvar en la solución al principal problema del país: la inseguridad, se dedica es a amnistías, leyes anti cadenas, títulos de propiedad y discusiones sobre como salir del presidente?

@manuhel
8 de marzo, 2016

El perro de la casa comía pellejos, caraota, sardina; entre otras cosas porque la perrarina era para los perros de los ricos.

En los barrios, yo nací y crecí en uno, jamás vi a perros comiendo perrarina; mucho menos a la gente.

Que me diga petrusco, que nació en el año de la conchinchina, qué comían los perros de su barrio en los 90´s?

Más que fe, este Gobierno se mantiene aún el el poder por el miedo que ha logrado causar metiendo preso a quien sea que proteste o por el odio que tienen sus votantes duros.

En Catia los chavistas no muestran más que odio. Te lo hacen saber. Votar en contra del Gobierno es de ñeros, de escualidos, de personas despreciables que no merecen siquiera vivir.

No me engaño. He visto tanto odio de parte y parte que me convencí hace rato de que no vamos a salir de esta crisis facilmente.

Los chavistas duros prefieren comer estiercol que votar por la oposición. Se les ve en los ojos lo que quieren: el fin de la clase media y de todo lo que huela a buen vivir

Petrusco
8 de marzo, 2016

La verdad es que en aquellos tiempos, en los cuales Luis Carlos todavía no había nacido, muchos perros caseros comían carne o cualquier cosa, porque en ese entonces aún se desconocía ampliamente el profundo daño que ese tipo de comida le hace a los canes.

Era más fácil alimentarlos con sobras que con la perrarina la cual se podía comprar por saco y rendía bastante, aunque no tenía la misma calidad que tienen los alimentos caninos hoy en día.

La razón era el desconocimiento, no el precio.

Pero lo que interesa aquí es analizar el desempeño de la nueva Asamblea Nacional, con mayoría de diputados de oposición, cuyo accionar hasta ahora ha estado totalmente divorciado de las necesidades más urgentes del país. ¿No se supone que ellos son la alternativa superior, eficiente y brillante a la mediocridad del chavismo?

¿Como lo analizaría McKey?

Gloria Muñoz
15 de marzo, 2016

Creo que esta situación ya traspaso los límites de la Fe. todos los que aquí vivimos tenemos nuestra cuota de responsabilidad de lo que sucede. Cada quién analice cuál es la suya. Personalmente creo en la ley universal ce Causa y Efecto todos hemos sembrado tantas causas que cada quien esta recogiendo los efectos. Todo lo sucedido nos lleva a una profunda reflexión que parece que aún no hacemos ni cambiamos. Corrupción, avaricia, codicia cada quien sobreviviendo desde su parcela. Aprovechándose unos y otros sufriendo. Pero en lo mas profundo de mi ser tengo la Fe arraigada en valores y virtudes que recogen buenos efectos. Este es el momento para transformarnos en mejores Seres. No dejemos pasar la oportunidad-NO SABREMOS SI TENDREMOS OTRA.

Eduardo
19 de mayo, 2016

El pueblo chavista quiere seguir creyendo en el proceso, en el fondo es un derecho el hacerlo pero la situación puede ser mejor y debemos procurarlo. Esto quiere decir que es necesaria una conversión es parte de la fe para ser mejores cada día.

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