Perspectivas

La constituyente simulada y la consolidación del mal; por Ramón Escovar León

Por Ramón Escovar León | 9 de mayo, 2017
hannah-arendt

Hannah Arendt

“Sin el totalitarismo podíamos no haber conocido nunca la naturaleza verdaderamente radical del mal”, expresa Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo. Los venezolanos empíricamente, podemos legitimar como cierta dicha afirmación, gracias a nuestra propia experiencia. Agrega la gran pensadora que “la verdad y la política nunca se llevaron demasiado bien” (Verdad y política). Cuando se juntan la mentira, la maldad, los dogmas ideológicos y el culto a la personalidad, la falta de límites del poder y de escrúpulos en la conducción política, nos colocamos ante un régimen totalitario de efectos devastadores para las libertades y la dignidad humana. Esto es lo que estamos viviendo los venezolanos con la represión brutal, sistemática y escalonada contra la población civil desarmada que manifiesta pacíficamente. Los juicios militares contra jóvenes civiles –juicios que violan el artículo 49, ordinal 4, de la Constitución–, son una manifestación de lo señalado.

En este ambiente de violencia, represión y de maldad –hablamos del Mal–, se ha iniciado inconstitucionalmente la convocatoria fraudulenta para celebrar una asamblea Constituyente “comunal”, que debe realizarse según las reglas que señale el Presidente. De acuerdo con los decretos 2830 y 2831, se elegirán 500 constituyentes, de los cuales la mitad será designada a dedo por el propio gobierno, y parte de la otra mitad estará controlada por el mismo convocante para garantizar los resultados. Es decir, un electorado escogido por quien inicia el proceso. Se trata, sin más, de una “Constituyente” simulada porque el Presidente dispone de la iniciativa para la convocatoria de la asamblea (artículo 348); sin embargo, la convocatoria solo corresponde al pueblo, por ser “el depositario del poder constituyente originario” (artículo 347). Se trata de una simulación, porque de esa manera le arrebata al mismo pueblo su naturaleza de “poder constituyente”. Una constituyente “comunal” es una contradicción en los términos.

Para consolidar la engañifa, Maduro entiende que el pueblo lo integran sus inconstitucionales comunas. De esta manera viola la sentencia vinculante de la Sala Constitucional –instrumento de la revolución– que definió pueblo como: “El conjunto de las personas del país y no una parcialidad de la población, una clase social o un pequeño poblado, y menos individualidades” (sentencia Nro. 24 / 22.01.2003, bajo ponencia del magistrado chavista Iván Rincón). Señala esta sentencia que “la soberanía reside de manera fraccionada en todos los individuos que componen la comunidad política general que sirve de condición existencial del Estado Nacional; concepto que toma la sentencia de Jean-Jacques Rousseau y su contrato social.

Por consiguiente, todo lo que se haga sin la participación del pueblo, que es el soberano entendido como todos los “individuos que integran la comunidad política general”, sin discriminar a los que no son seguidores de la dictadura, implica un golpe de Estado iniciado con las sentencias 155 y 156 del presente año. El objeto de la constituyente es demoler el Estado, “crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”. Pero claro está, si esta última es producto de un fraude constitucional, la misma será nula, no producirá efectos, y los actos que se hagan bajo su manto son actos de fuerza y dictatoriales. Se trata de una modalidad de la violencia institucional, al imponer, con una Sala Constitucional sumisa y la fuerza de las armas, una interpretación de la Constitución que implica con claridad su violación. Esta es una de las razones, entre muchas, que aconsejan no atender la invitación del gobierno a participar en una reunión sobre esa constituyente. No deben asistir ni a esa –ni a ninguna otra– reunión para no convalidar este proceso ilegítimo.

Desde que Maduro anunció su “Constituyente” se han publicado numerosos escritos de abogados y politólogos, así como pronunciamientos de universidades y academias explicando lo que implica una asamblea de esta naturaleza. Hay consenso en el sentido de que el presidente puede iniciar un aspecto de este proceso; no obstante, solo es el pueblo por medio del referéndum quien puede convocarlo. De no cumplirse este indispensable requisito, su propuesta quedará, al igual que cuando habló a las vacas, como un hecho burlesco. La convocatoria a la Asamblea está marcada por el contexto de dolor, sangre y muerte que padece trágicamente el pueblo de Venezuela en esta hora menguada de nuestra histórica.

La consolidación de este mal para nuestro país –que implica la Constituyente simulada con el propósito de establecer una Constitución reflejo de la cubana– necesitará del aval de la Sala Constitucional, la cual seguramente le dará su bendición. Nos encontramos con dos tipos de responsables: el que da la orden y el que colabora en su ejecución. Arendt explica en su libro sobre la banalidad del mal, cómo un mediocre y oscuro burócrata (Eichmann) pudo haber ejecutado, bajo la orden de sus superiores, la muerte de millones de judíos. Aquí ocurre lo mismo: ¿cómo un militar de rango medio puede ejecutar esas escenas horribles que vemos a diario en los videos e imágenes que se difunden en las redes? ¿Cómo pueden jueces militares seguirle juicio a jóvenes civiles que manifiestan pacíficamente? ¿Cómo pueden sostener que las protestas equivalen a “rebelión” para justificar el juicio militar? ¿Cómo pueden los magistrados de la Sala Constitucional dictar “decisiones” para arrebatarle facultades a un Poder constituido? La historia enseña que la justicia llega a estos abusos. Así ocurrió con el burócrata Eichmann, desdoblado en criminal de lesa humanidad, y que no pudo salvar su responsabilidad alegando que “obedecía” órdenes superiores. Así sucedió con los colaboradores de Videla y Pinochet. Pero, además, en Venezuela esto está más que claro porque el artículo 25 de la Constitución establece “responsabilidad penal, civil y administrativa, según los casos, sin que les sirvan de excusa órdenes superiores”, a quienes ejecuten actos contra los derechos fundamentales. Los ejecutantes de estas violaciones son piezas del engranaje dictatorial y, como tal, responsables de sus acciones.

Los magistrados de la Sala Constitucional dirán, con mirada que los delata, que son independientes y que se guían por el nuevo constitucionalismo social que les impone el deber de interpretar la norma constitucional sobre la base de los intereses revolucionarios; y que, en la defensa de la revolución, todo está permitido. Así lo han pretendido justificar los constitucionalistas marxistas que privilegian los intereses de la “revolución” sobre los beneficios generales de la sociedad. Pero nada de esto los libera de su participación como corresponsables de las infracciones que se cometen, tanto a la Constitución como a los derechos humanos de los venezolanos.

Como enseña Arendt en la cita con la que se inicia este artículo, los venezolanos podemos decir que sin el chavismo-madurismo no hubiéramos conocido ni padecido la naturaleza radical del mal. Los jóvenes atropellados salvajemente por una tanqueta, la muerte del músico Armando Cañizales, el aislamiento de Leopoldo López, la inhabilitación de Capriles, los presos políticos, los juicios militares contra civiles, el arrebato de la acción penal al Ministerio Público, el hampa, la corrupción, la acción de los colectivos, el hambre, los estragos de la falta de medicamentos y la miseria son expresiones de ese mal que describe la gran pensadora judía, que supo ver el desenlace fatal y la lógica ciega de las burocracias totalitarias. Todo esta maldad se sustenta, en definitiva, en la fuerza –la violencia– de las bayonetas, las cuales tarde o temprano cederán, como ocurrió en la Argentina de Videla y en el Chile de Pinochet; porque las “bayonetas sirven para todo, menos para sentarse sobre ellas” como le dijo Talleyrand a Napoleón. Las bayonetas no serán el soporte del mal a perpetuidad. No se puede declarar tal guerra a la verdad, porque tarde o temprano esta se constituirá en un grito de libertad.

Ramón Escovar León 

Comentarios (5)

Luis Melo
9 de mayo, 2017

La iniciativa del Dr. Escovar, para mostrarnos los fundamentos ideológicos utilizados para justificar interpretaciones de la Constitución que se apartan de los principios democráticos, es fundamental para dar respuesta a las pretensiones del gobierno. El artículo 350 de la vigente Constitución señala que el desconocimiento de los actos realizados, infringiendo la norma fundamental se justifican para proteger los valores, principios y garantías democráticos. De esto se sigue que una convocatoria a una asamblea constituyente, realizada contraviniendo las normas de la Constitución, negando la consulta de todos los ciudadanos y cuya conformación se pretende sea integrada por sectores afectos al gobierno, es un acto cuyo desconocimiento debe ser el norte de nuestra actuación como ciudadanos. Más aún, la invitación del articulo 333, de reconocer como nuestro deber rescatar la vigencia de los principios y valores de la Constitución, debe ser atendida por todos los ciudadanos.

CARLOS TAYLHARDAT
10 de mayo, 2017

Estimado Dr. Ramón Escovar León

En el ámbito país, el estudio del mal, nos lleva a la reflexión de los pasajes bíblicos, por ejemplo, el relato de los hermanos Abel, que por naturaleza obraba el bien y Caín, poseído por el mal. La sabiduría es que siendo pobladores de un mismo lugar (tierra de gracia) dejemos de dividirnos unos y otros en Abeles y Caines.

Saludos

James Rodner
10 de mayo, 2017

Excelente articulo. Escovar nos lleva reflexionar nuestra realidad con la ayuda de gran Pensadora Hannah Arendt. Agrego de Hannah Arendt que el toralitarismo cuando gobierna destruye la esencia humana,la creatividad, el libre pensamiento.

Guillermo Gorrín Falcón
11 de mayo, 2017

¡Buen artículo Ramón! En la historia de la humanidad han sido varias las ocasiones en las que hemos constatado la naturaleza verdaderamente radical del mal, lo común en todas ellas es que los que lo practican suelen convencer a la gente con un seductor canto, como el de la sirena, basado en ofertas irrealizables pero encantadoras, luego la realidad se impone. Venezuela no escapó a esta situación que se ha reiterado a lo largo de la historia de la humanidad. Venezuela no oyó la advertencia. Siempre recuerdo el artículo del 25/08/1962 del Dr. Nicomedes Zuloaga, publicado en La Esfera, donde dijo: “Que abran bien los ojos los empresarios venezolanos. Que se den cuenta de la maniobra. Que analicen los argumentos de los neomercantilistas al servicio del socialismo. Que se den cuenta de que son todos emocionales porque no tienen razones. Que se decidan a defender al sistema y no al bolsillo. Porque: “De la Habana viene un buque…” viene despacio, pero viene”.

otto rosales cárdenas
12 de mayo, 2017

Estimado Dr. como se siente la pasión por escribir con delicadeza lo que cuesta mostrar a los fanáticos del gobierno. Me recuerda lo escritos de su estimado Padre, el recordado Ramón Escobar que por cierto siempre leo en sus crónicas agudas. Gracias

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