Blog de Federico Vegas

La cebolla y el verdugo; por Federico Vegas

Por Federico Vegas | 17 de octubre, 2016
Tres figuras y un retrato de francis Bacon

Tres figuras y un retrato (1975), de Francis Bacon

El país que somos nos persigue. Desesperado pide explicaciones, soluciones, acosándonos hasta entumecernos. Cuesta entender que hemos vivido por más de una década sometidos a una guerra económica de desgaste, la de un gobierno contra su propio pueblo.

Hay un ejército de ocupación que acaba con nuestros recursos y ecosistemas, nos proyecta ante el mundo como unos sumisos payasos, patrocina el miedo a ser asesinados, persigue al productor y degrada al consumidor, celebra los exilios de nuestros hijos como un enemigo menos, encarcela a nuestros representantes y anula a la Asamblea que elegimos democráticamente.

Cuando ese ejército te hace perder horas de trabajo para buscar comida en una cola, ha logrado quebrarte más allá de un principio bíblico: “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente”, pues ese sudor se te irá haciendo cada vez más degradante, ajeno a los dictados de tus pensamientos y súbdito de un regalo.

Cuando te piden tus huellas digitales y la cédula laminada para comprar un kilo de auyama, ¿crees que el ejército de ocupación lo hace porque es necesario? Te equivocas. Lo hace porque le da placer someterte, dominarte, hacerte sentir indigno de merecer tu propia tierra.

Ayer entré a una papelería para hacer tiempo antes de una cita y, para mi sorpresa, había un estante con libros de poesía. Abrí al azar un ejemplar con la obra del sueco Tomas Tranströmer y encontré dos poemas que se miran uno al otro. En la página 152 está “Fachadas”. Tiene sólo dos estrofas:

Al final del camino veo el poder
Y parece cebolla
Con rostros superpuestos
Que caen uno a uno…

Se vacían los teatros. Medianoche.
Arden las letras en las fachadas.
El misterio de la carta sin responder
Se hunde en el destello frío.

El poema de la página 153 tiene un título para el que sólo faltan pocos días: “Noviembre”. También es breve:

Si se aburre, el verdugo se vuelve peligroso.
Se enrolla el cielo ardiente.

Se oye tocar de celda en celda
Y la habitación desborda la helada.

Y ya no pude continuar disfrutando el libro. Los dos poemas me oprimen, me obligan. No existe una casualidad que me libere de la opresión, todas me conducen al mismo punto, el de una sensación de inutilidad que se acerca a la inexistencia, a lo inorgánico.

La cebolla tiene un merecido y ancestral sitial en la gastronomía, pero en la poesía se lo ha ido ganando poco a poco. Mi ignorancia me lleva a apostar que uno de los primeros ejemplos se lo debemos a Pablo Neruda con su “Oda a la cebolla”. Es un bello poema, pero resulta excesivamente culinario. Van apareciendo ollas y aceites, tomates y ensaladas, sales y cuchillos, y lágrimas que no afligen. Prefiero “La cebolla” de Wislawa Szymborska. La encuentro más centrada y guarda, además, inquietantes semejanzas con la de Tranströmer. Ofrezco dos estrofas:

La cebolla es otra historia.
No tiene entrañas la cebolla.
Es cebolla hasta la médula,
hasta el colmo de la cebollosidad.
Cebolluda hasta el meollo,
acebollada por fuera,
podría escrutar su interior
la cebolla sin temor.

En nosotros hay barbarie y salvajismo
apenas cubiertos por la piel,
el infierno de lo interno,
y anatomía ardiente.
Pero en la cebolla, hay solo cebolla
y no sinuosos intestinos.
Reiteradamente desnuda
Nunca jamás diferente.

Por culpa de mi obsesión, fruto de la expectativa constante por ese evidente final que nunca llega, veo metáforas politizadas por todas partes. Puedo jurar que en esa cebolla, “múltiples veces desnuda” y “nunca jamás diferente”, está retratado el gobierno, un poder cuyos rostros superpuestos caen uno a uno mientras sigue siendo puro poder hasta la mera médula. En el fondo no hay nada, ni ideología, ni verdades, ni logros, ni metas, ni más finalidad que un acebollado y cebolludo aferrarse al poder.

Nuestra barbarie y salvajismos los conocemos tanto como la piel que cubre nuestras ardientes anatomías, pero esa composición no debe avergonzarnos. Tantas veces ese peligroso hervidero se ha tornado en amor y creatividad. Sí debemos temer esa insaciable y tozuda superposición de la cebollosidad. Wislawa lo explica en la última estrofa:

La cebolla tiene esencia.
Su vientre es una promesa
que se envuelve a sí misma en aureolas
para su propia gloria.

En nosotros hay grasas, nervios, venas,
secreciones y secretos.
Se nos ha denegado
la idiotez de lo perfecto.

Esa idiotez de un perfecto y obsesivo afán por permanecer en el poder sólo la logran unos pocos gobiernos.

Un mal gobierno dura poco.

Un gobierno muy malo dura mucho.

Un gobierno maldito no logras quitártelo de encima.

Uso el adjetivo “maldito” sin rencor y con generosidad, pues se trata de una maldición que nos incluye junto a los gobernantes. Ellos tampoco saben cómo salir del cataclismo que han creado y lo advierten en sus rostros al mirarse en el espejo, por más adornos y riquezas que tenga el marco. Observemos sus expresiones, ¿acaso no parece que alguien les estrujara una cebolla en las narices?

La segunda estrofa del poema “Fachadas” no deja lugar a las metáforas. Es una descripción fidedigna. Ya sabemos que significan los vacíos, la oscuridad, las letras ardiendo hasta consumirse, los justos pedidos sin respuesta, los destellos del frío, los hundimientos.

Y pronto viene noviembre. ¡Atención! El verdugo se está aburriendo. Después de acabar con la Asamblea del pueblo le queda poco por destruir. No se soporta a sí mismo y ya no encuentra descanso tocando de celda en celda. Necesita más prisioneros y los va a encontrar, hasta terminar devorándose a sí mismo. Es tan equitativo y saludable que caiga el último velo que cubre el meollo de la nada.

Alexis Romero propone en el prólogo del libro de Tranströmer que cada poema es un manifiesto contra el destierro inesperado de la alegría y la inocencia, “un llanto de la cultura”. Es cierto. Hay líneas y alternativas que pueden ser muy duras:

Al final solo el humo negro, al final solo el verdugo devoto.

Federico Vegas 

Comentarios (16)

charles
17 de octubre, 2016

gracias

Georgette
17 de octubre, 2016

Terrible, brillante como siempre. Hay tanta desesperanza, ya con el alma famélica, y viendo y viviendo ante tanta oscuridad, este desasosiego que no se le ve fin, más sin embargo hay que rescatarnos, porque ciertamente hay personas brillantes y valiosas que trabajan, piensan, escriben, diseñan, pintan, juegan…. de vez en cuando voy a ellos y así me entibian un poco esta suerte de esperanza. Gracias

Diógenes Decambrí.
17 de octubre, 2016

La cebolla se eterniza cuando logra aislarse, como en NorCorea y Cuba, ante la complicidad mundial, que las usa como Parques Temáticos, y referencias de sus izquierdas gourmet. La cebolla se deshace cuando sus víctimas se hacen inmunes al llanto estéril que ella misma provoca cuando la están picando, como le pasó a la URSS (que tenía cebollas hasta en su capital) y sus países satélites. Es cuestión de conocer o inventar recetas y disponerse a preparar -con estas cebollas- la que más nos convenga, para una digestión sana y democrática. Metabolizarlas para nuestro provecho.

Raquel
17 de octubre, 2016

La cebolla y el Verdugo de Federico Vegas, aunque toca el rayado tema político y social que estamos caóticamente viviendo fue un deleite leerlo, esa cebolla se la estrujaria en los ojos al verdugo…

José E. Espinoza Dávila
18 de octubre, 2016

Cuando niño odiaba la cebolla y unas cuantas verduras más. Esos sentimientos infantiles alcanzan tal arraigo, que ni modo, apenas tolero la cebolla y demás hierbas aromáticas, hoy Vegas me descubre horizontes ignorados acerca del humilde vegetal como que Neruda le dedicó una oda y otros vates, aedas o que sé yo la han eternizado en su producción. Y eso, eso se agradece. Buen dia.

Cesar Sellitto
18 de octubre, 2016

La situacion actual es una suerte de escenario,y me refiero a la percepción de cual debería ser la actuación de nuestra juventud o la nuestra,ya no tan jóvenes..,encuentro una parcial respuesta a esto en la pregunta hecha al arquitecto Rem Koolhaas: ¿Por qué cree que se dio el Brexit? Sucedieron dos cosas: un enfado generalizado –fácil de entender– y una razón de peso: la gente joven no votó. Ellos estaban mayoritariamente a favor de la Unión. Hay una generación capaz de saber lo que prefiere y lo que le importa, pero incapaz de hacer el más mínimo esfuerzo por conseguirlo. Eso me parece un crimen. ¿Cómo motivar a los jóvenes? Se trata de que se responsabilicen. La motivación la debe encontrar uno en sí mismo. Gracias

David
18 de octubre, 2016

la Cebolla tan envuelta , Cuando se encuentra acorralada por nuestro cuchillo, ella se defiende, logrando que nuestros ojos por si solos lloren y nublen nuestra vision, Pero se siente temerosa, cuando ya su defensa no nos toca y evitablemente nuestro cuchillo cae y expone su centro a los ojos del mundo y mostrando su pequeñez ante nuestra gran mano.

Luis Toró
18 de octubre, 2016

Gracias por este conmovedor artículo

Elsa Este
18 de octubre, 2016

Su artículo es muy triste. Y no, no creo en maldiciones, es una desgracia este gobierno que permitimos que sucediera. Y nuestros políticos, nuestros intelectuales, nuestros dirigentes tendrían que estar pensando en como salir de esto y no en explicarlo. No necesitamos explicaciones, necesitamos acciones que nos conduzcan a salir de esta ignominia.

Gerardo Alberto Santelíz Cordero
18 de octubre, 2016

Gracias, Federico, una vez más. Me cuelgo de la brillantez de tus escritos, me obligo a ello. No sé si cabe la palabra catarsis. Pero alguien debe demostrarme que está pensando, alguien público que, si publica además, si propaga su voz, tanto mejor, tanto más efecto; claro, en los que leemos. Yo quiero sentirme diferente en esta escena de país porque pienso, o porque creo que pienso. Es realmente duro convivir con este patetismo de gobernantes y focas, que son y subsisten a costa de transeúntes que alguna vez supieron ostentar una decidida dignidad. Nada mejor verdad a la hora de catalogarlos: “en el fondo no hay nada, ni ideología, ni verdades, ni logros, ni metas, ni más finalidad que un acebollado y cebolludo aferrarse al poder”. Así de simple, así de catastrófico. Confieso que la analogía me cuesta un poco: con la cebolla, que la disfruto, logro llegar hasta el placer de ingerirla. Un abrazo.

Sheyla Falcony
18 de octubre, 2016

¿Una cebolla?..ahh ok..falta poco para que su última capa se evapore en ella misma …esa es su ventaja, se va deshojando capa por capa hasta que desaparece..¡por fin !!.. Gracias por recordármelo..!!

Ana Maria Olalde
19 de octubre, 2016

Gracias Federico, estupendo artículo¡, felicitó que mentes brillantes escriban lo que piensan y sienten de esta pesadilla, bienvenido al ruedo¡,,,

Roberto Arocha larrazabal
19 de octubre, 2016

Que buen articulo Federico!!

Douglas De Abreu
19 de octubre, 2016

Gracias Estimado amigo Federico, como siempre tan acertado y didáctico, siempre consigues hacer crítica de las costumbres y de los vicios nacionales de manera magistral! la verdad que es un honor siempre leer tus escritos, un abrazo…

@manuhel
20 de octubre, 2016

Excelente.

Uno de mis poetas favoritos, Miguel Hernández, también le escribió a la cebolla un poema.

Nanas de la cebolla.

La cebolla es escarcha cerrada y pobre: escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla: hielo negro y escarcha grande y redonda.

En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre, escarchada de azúcar, cebolla y hambre.

Una mujer morena, resuelta en luna, se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ríete, niño, que te tragas la luna cuando es preciso…

luis villarreal
10 de diciembre, 2016

Definitivamente siga leyendo otros poema de romulo gallego…este desatres esta inyectado para que nosotros seamos debilites y ellos regalar nuestra riquezas….

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.