Perspectivas

Justificar lo injustificable; por Ramón Escovar León

Por Ramón Escovar León | 31 de mayo, 2017

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“El arte del jurista es el arte de la justificación. Su trabajo consiste en construir los argumentos suficientemente ingeniosos para convencer a su interlocutor o a su auditorio de que su solución reposa sobre normas y que estas normas tienen pleno valor jurídico”, dice Olivier Jouanjan en su libro Justifierl’injustifiable. L’ordre du discours juridique nazi (París, Collection Léviathan, PUF, 2017, p.16), publicado en enero de este año en Francia. Esta cita introduce un concepto esencial en las sentencias que se dictan en los sistemas democráticos: la motivación. Es a través de ella donde se plasman las razones que llevan a los jueces a decidir en un sentido o en otro, siempre buscando la respuesta correcta que ofrece el Derecho, tal como lo postula Ronald Dworkin. Si la respuesta a la que llegan no convence ni al interlocutor ni al auditorio, la sentencia seguramente será errada o injusta. Pero si la decisión llega a una solución que restringe los derechos fundamentales y las libertades, quienes las profieren se incluyen en la lista de los violadores de derechos humanos, y los hace responsables. Así aconteció con los jueces nazis, lo que es sobradamente conocido.

Con la intención de examinar ese momento monstrueux del “pensamiento jurídico”, Jouanjan reflexiona sobre las condiciones institucionales, intelectuales y morales que llevaron al sólido y reconocido ordenamiento jurídico alemán (uno de los pilares del sistema romano-germánico) a la perversión del nazismo. En este proceso, es determinante la manipulación del concepto de Derecho hasta degradarlo, al extremo tal de hacerle perder su naturaleza y convertirlo en instrumento de persecución y horror. Las palabras en el nazismo cambiaron de significado y los conceptos jurídicos fueron vaciados de contenido, “a golpe de oxímoron”, lo que dio origen o a una novlangue (neolengua). Y quisiera acá advertir cómo esta neolengua produce la disminución de la capacidad de pensar. En el caso venezolano existe un fenómeno equivalente al descrito por Jouanjan, pues se ha generado una degradación del lenguaje jurídico que lleva a llamar “terrorista” a un opositor político que protesta, “agente de la derecha”, “escuálido” y “traidor a la patria” a cualquiera que exprese una opinión contraria al régimen. Así, pues, se pretende desterrar de la mente de los jueces socialistas la capacidad de pensar, al ponerlos a decidir sobre la base de slogans trasnochados.

En un ordenamiento jurídico democrático, la tarea de motivar los fallos judiciales es crucial para determinar el calado y alcance de la decisión y su sentido de justicia. No en balde, el romanista galo André Magdelain afirmó que el “derecho es un lenguaje que difiere de todos los otros”. Por eso debe ser claro y preciso y debe alejarse de la ambigüedad, para que aquellos que no son abogados puedan entenderlo.

Lo expuesto llevó a separar la abstracción del Derecho de la concreción de la justicia. Nuestro sistema nace del Derecho Romano; y de esa manera la abstracción se hizo parte de nuestra cultura jurídica. Por esta razón, el razonamiento consiste en amoldar las circunstancias de hechos concretos en los hechos abstractos que regula el Derecho. Así se construyen los conceptos que deben ser labrados por el jurista, siempre basados en razonamientos convincentes. La fuerza del Derecho depende de esta faena. El “jurista” servil y sometido a un esquema dictatorial, como el nazi y equivalentes, vacía de contenido el concepto y lo degrada para complacer la voluntad tiránica.

En estos momentos lo que queda de libertad —casi nada— en Venezuela está amenazada por una asamblea constituyente comunal —necesariamente en minúsculas—, que viola la Constitución por todos sus costados. Las razones de la (in)constitucional maniobra han sido expuestas abrumadoramente por abogados, politólogos, sociólogos, historiadores, periodistas y analistas nacionales e internacionales. Entre ellas destaca el artículo publicado en El País por dos constitucionalistas marxistas españoles, Roberto Viciano Pastor y Rubén Martínez Dalmau titulado Una constituyente sin legitimidad (https://tinyurl.com/y9zwnzrw). En este artículo, los juristas que habían asesorado a Chávez en la constituyente de 1999, no vacilan en declarar que la propuesta de Maduro “pasará a la historia negra de la política latinoamericana”. En otras palabras: la propuesta de Maduro cada día recibe más rechazo, incluso de quienes apoyaron a su mentor, como se evidencia en las declaraciones de los mencionados profesores españoles y de los exfuncionarios chavistas.

Ante este cuadro, la Sala Constitucional dictó su sentencia Nro. 378/31.05.17 para decidir lo que se esperaba: ¡que el proceso constituyente no requiere de consulta al pueblo! Sostiene esta sentencia: “no hay previsión alguna sobre un referéndum acerca de la iniciativa de convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente”, lo cual no es verdad si se leen las disposiciones constitucionales en conjunto; para esto no podía escapar la norma del artículo 7 de la Constitución que, sin ambages, señala que la soberanía corresponde al pueblo; lo que admite la sentencia, pero agrega que la “ejerce directamente a través del poder popular”, lo es una interpretación interesada y dictatorial de la Constitución. De esta manera equipara pueblo con comuna, lo cual es radicalmente incierto. Por si fuera poco, afirma: “el poder popular encarna la democracia directa y sería contradictorio pretender que sus ‘expresiones’ sean elegidas como si se tratara de una ‘representación’ del cuerpo electoral”. En este ambiguo pasaje, con fallas de sintaxis, pretende justificar que el proceso constituyente no requiere de referéndum, lo cual no es admitido por nadie en ninguna parte.

Y aquí queda demostrado la veracidad de lo analizado por Olivier Jouanjan: los “magistrados” tenían que elaborar una decisión que convenciera al auditorio nacional e internacional con razones sólidas, coherentes, suficientes y jurídicas. Desde luego que no lo podía hacer jurídicamente y tuvieron que acudir a los métodos del nazismo, en su pretendido intento de defender lo que no puede ser defendido. Llama la atención que esta Sala, una vez más, apela al argumento de autoridad para desnaturalizarlo y convertirlo en falacias al citar extensamente y fuera de contexto a autores extranjeros —Enrique Dussel—,concluyendo lo que el autor expuso en otro contexto. En realidad, esta decisión carece de fundamentación, y está plagada de afirmaciones sin respaldo argumentativo.

A través de la motivación de las sentencias se descubre ese arte del jurista que define su trabajo de fundamentar y justificar sus veredictos. Hecho que nos permite entender mejor los métodos totalitarios y empobrecedores de conciencia que el ordenamiento jurídico socialista le está aplicando a los venezolanos. Aquí se tendrá que explicar ese oxímoron que pretende blindar brutalmente la constituyente comunal: ¡unas “bases comiciales” sin comicios!¡Un proceso constituyente sin consulta al pueblo!Con esta sentencia Nro. 378 los magistrados de la Sala Constitucional, le clavaron un golpe a la idea de libertad, porque no podían jurídicamente justificar lo injustificable.

Ramón Escovar León 

Comentarios (3)

CARLOS TAYLHARDAT
31 de mayo, 2017

Cuando tsj/sc obnubila la razón, es necesario repasar lo más elemental:

Artículo 4. A la Ley debe atribuírsele el sentido que aparece evidente del significado propio de las palabras, según la conexión de ellas entre sí y la intención del legislador

Artículo 347. El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución

Artículo 348. La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrá hacerla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; la Asamblea Nacional, mediante acuerdo de la dos terceras partes de sus integrantes; los Consejos Municipales en cabildos, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos; y el quince por ciento de los electores inscritos o electoras inscritas en el Registro Civil y Electoral

Alan Reid
2 de junio, 2017

Desde Carrasquero y Rodriguez tardaran la realización del referéndum de Chávez por casi dos años, el PSUV está usando todos los trucos, trampas, tecnicismos y inventos que pueden imaginar para retener el poder. Esta constituyente es más de lo mismo.

Guillermo Gorrín Falcón
3 de junio, 2017

Buen artículo Ramón! Lo que me gusta es que tocas un tema fundamental: el engaño al venezolano con la idea que no es capaz de solventar sus problemas, y como solo otro puede hacerlo por él, los socialistas le convencieron que son ellos quienes pueden hacerlo. Esa es la historia venezolana. Un sistema fracasado en todo el mundo ha regido en Venezuela con la anuencia de los venezolanos, avanzó sin su oposición, solo hicieron sentir su voz los afectados y un grupo minúsculo, porque era evidente lo que el futuro deparaba: los productos clásicos del socialismo, es decir, escasez, inflación, censura, violencia, represión, etc. Estos sí abundan, se consiguen por doquier, sin intermediación de los CLAP. Ojalá el venezolano entienda, de una vez por todas, que por él nadie va a velar mejor que él mismo, y se oponga a que asuman nuevamente los socialistas lo que el venezolano debe hacer directamente: esta vez se trata del ejercicio de la soberanía.

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