Paisajeno

Johan Santana (o la alegoría de un No Hit No Run), por Willy Mckey

Por Willy McKey | 1 de junio, 2012

a Oscar Marcano

El primer No Hit No Run en la histora de los Mets de Nueva York fue de un venezolano: Johan Santana.

Ésa es la frase.

Pero la noche del primero de junio de 2012 un hombre salió al campo nueve veces siendo humilde y, puedo jurarlo, persignándose cada una de las nueve. Viene de recuperarse de una de esas malas pasadas que intentan herir las biografías.

Un hombre salió al campo y caminó hasta la lomita sin saber que agarrando la pelota ya estaba haciendo historia, pero haciéndola.

Los periódicos nos lo mostrarán sonriente, épico, borroneando las horas de reposo y de rehabilitación. En las primeras planas no estarán las dudas ni las ganas de devolvernos todo cuanto prometían sus laureles de Cy Young.

“El primer No Hit No Run en la historia de los Mets de Nueva York fue de un venezolano: Johan Santana”. Debemos aprenderla de memoria. Convertirla en la licencia que justifique el sueño de cualquier personita que esta noche de viernes le diga a sus padres “Papá, yo quiero ser pelotero”. En conversación del fin de semana y del lunes de la oficina. En alegoría.

A mí me gustan las alegorías.

Johan Santana ha vuelto con la gloria convertida en ejercicio.

Volver es tan difícil. Volver bien. Regresar para que todo valga la pena.

El regreso de Santana es el que todos soñamos. Porque un pítcher que vuelve con un No Hit No Run no ha caminado hacia el pasado, sino hacia la utopía. Regresar se trata de confianza, de creer en uno y en los otros. De hacer equipo y esforzarse.

Volver, hoy en día, es hacerlo sin la frente marchita, sin que las nieves del tiempo plateen la sien y sin que deje de ser un soplo la vida.

Volver es un ahora irreductible.

Ser fanático de los Mets de Nueva York no es sencillo. Siempre tendremos el sambenito del estadio en medio del suburbio y del de nariz alzada, pero nunca hemos podido ser soberbios: somos los vecinos del gigante llamado New York Yankees, de esa maquinaria, de ese logotipo puesto en cada lugar posible.

Ese titán, ese rascacielos del béisbol que va desde Babe Ruth hasta Derek Jeter, mete miedo. Mucho miedo. Pero en ocasiones la tortilla se vuelve. Porque volver se trata de creer, de tener esperanza.

Y los venezolanos hoy vemos de cerca cómo la esperanza es capaz de derrotar el miedo y hacer historia.

El primer No Hit No Run en la histora de los Mets de Nueva York fue de un venezolano: Johan Santana.

Ésa es la frase histórica. Vamos a repetirla. Estamos cambiando cosas.

Willy McKey  Poeta, escritor y editor. Puedes leer más textos de Willy McKey en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @willymckey y visitar su web personal.

Comentarios (11)

@manuhel
2 de junio, 2012

Grande por Johan, un venezolano que nos representa a todos por su humilde actuacion; un venezolano que vale la pena tomar como ejemplo de lo que quisieramos ser aunque muchos no tengamos el valor.

El deporte en Venezuela sigue sacudiendo la fibra nascionalista de cada quien, mas alla de discursos y contiendas.

Seguimos divididos, aunque de vez en cuando nos da por actuar como gente con educacion. La gesta de estos atletas trata de hacernos entender que somos un pais que vale la pena y que debemos ser mas humildes con nuestros compatriotas sin importar su alienada condicion politica.

No se cual gesta fue mas trascendente para la historia deportiva venezolana, si el No-hit de Santana o la victoria de Maldonado.

Es muy dificil compararlas: hacerlo seria transitar por las pasiones y gustos; con temor a no dar con la verdad.

Lo cierto es, que en este año electoral, en un Pais donde todo pasa por el paladar politico antes que por la traquea; algunos han de celebrar segun se le presente la oportunidad.

Ya ambos candidatos han felicitado con premura a Johan y a Pastor, ya ambos bandos han buscado la manera de interpretar estos triunfos tratando de sacar el mejor provecho politico.

Nosotros, los ciudadanos que mas alla de la politica somos la verdadera imagen de este pais en construccion, tomemos de ellos el ejemplo que ni uno ni el otro bando politico nos dio.

Oscar Marcano
2 de junio, 2012

Grande, Johan. Grande, Willy.

Lin
2 de junio, 2012

Me encantó el artículo tanto como el no hit no run. Me confieso fan incondicional de Johan Santana, y al leerte me hiciste suspirar de la alegría. ¡Gracias, Willy!

Ruben
2 de junio, 2012

Bonito sentirnos todos parte de este logro que aunque de él uno lo siente de la patria que podemos ser. Todos al unísono, como uno solo, grande Santana y viva Magallanes jeje!!

Norberto José Olivar
2 de junio, 2012

“un pítcher que vuelve con un No Hit No Run no ha caminado hacia el pasado, sino hacia la utopía”, ¡Una joya! Un gran abrazo Willy

Lilian Rios
2 de junio, 2012

Willy: Vi mi primer juego “de pelota” de la mano de mi papá en el viejo estadium de San Agustín. No creo haber entendido mucho del juego, pero mi papá estaba emocionado y yo aprendí a amar esa emoción. Muchísimas veces escuché muy tarde en la noche – a escondidas porque “mañana hay colegio” – las narraciones radiales en la cálida voz de Pancho Pepe Cróquer Ayer fue el colosal salto en el tiempo de una TV en colores y pantalla grandooota desde Nueva York Ayer pude revivir muchas de mis viejas emociones en la cara de Santana: primero la decisión de ganar, luego, la tensión en los últimos tres outs, para finalmente,gozar, casi palpar, la explosión de alegría del juego perfecto, y al final la imagen de la espalda del gocho al lado del dueño del equipo entrando en el dogout (¿se escribe así?) ¡Bravo, poeta!!!Te felicito por esa crónica ¡Gracias! Bravo por tí y mil veces bravo por ese otro poeta de la pelota, por regalarnos ese sentimiento mezcla de orgullo y temor que nos mantuvo “con el alma en un hilo” hasta que consiguió su juego perfecto! ¡Bravo por los gochos empeñosos que no se dejan amilanar por las caras feroces de los bateadores del equipo contrario! Mil y mil veces gracias por ese juego perfecto! Lo necesitábamos.

Juan Carlos
2 de junio, 2012

Enorme Santana!! Orgullo Nacional

montenegro
3 de junio, 2012

Podemos traducir un no hit no run como un juego sin desperdicio. El artículo también. Bravo por ambos. ¡Hacia otro!

Willy McKey
4 de junio, 2012

Quiero agradecerle a todos sus lecturas. De verdad, muchas gracias. El entusiasmo es, a veces, la única manera de darnos cuenta de que todos andamos soñando con las mismas cosas. Este NH-NR de Santana es eso: entusiasmo. Y “entusiasmarse”, decía uno de mis profesores, es permitir que lo divino nos habite por un momento. Eso hizo Santana. Eso hicimos aplaudiendo cada out. Eso hicimos después de ese último swing. Eso somos: entusiasmos comunes.

Deily Becerra
6 de junio, 2012

La primera vez que escuché “No Hit No Run” fue una experiencia desoladora…era Urbano Lugo hace 25 años (más o menos) para dejar plantados a Los Tiburones de La Guaira en el terreno del Universitario…180 grados de diferencia entre el sentimiento de aquel momento a éste causado por el gocho. Como dice Willy el entusiasmo nos mueve fibras internas, nos hace “come flores” momentáneos, nos hace celebrar los deportes, las artes, la belleza…la venezolanidad positiva. Gracias a Santana, a Willy y a Prodavinci por acercarnos en cierta forma a las cosas buenas que pasan

Nasly
7 de junio, 2012

Tengo que decir que la crónica me conmovió hasta (casi) las lágrimas. El aire fresco, de renovación, y, sobre todo, la vapuleada esperanza que te sacas de la manga, Willy, como si de una renovada Pandora se tratara me hicieron disfrutar muchisimo esta lectura. Gracias a Prodavinci por traernos estos momentos!

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