Los invisibles
Adecos y copeyanos se descalificaban unos a otros llamándose, precisamente, “adeco” y “copeyano”. Entonces rara vez se gritaba fraude, pero también era porque, ganara quien ganara, nada cambiaba demasiado. Solo había cambios en los altos cargos, pero el equipo técnico que mantenía el país en pie (nos parecía insuficiente, pero tampoco sabríamos lo que vendría después) era bastante estable. Eso permitía que la alternabilidad en el poder se diera sin sustos ni sobresaltos. La gente del común no veía diferencias entre las prácticas de las doctrinas de la democracia cristiana y la social democracia. No más allá de aquella sentencia, sobreviviente de algún recuerdo de mi infancia y primera juventud, repetida como si fuese un análisis político: “adeco roba y deja robar, en cambio los copeyanos lo quieren todo para ellos”.
Así se fue minando el prestigio de la democracia. La corrupción, el tráfico de influencias, la ineficiencia y la indolencia fueron las patas de una mesa que se fue resquebrajando poco a poco. Se cambiaba el gobierno cada cinco años pero nada cambiaba demasiado. La enorme energía con la que nació la democracia venezolana se fue diluyendo y el ciudadano comenzó a hacerse invisible detrás de la figura del elector. Y si las dos opciones con posibilidad reales de triunfo se parecían tanto, aquel elector fue perdiendo el interés en el único rol al que lo invitaba esa democracia.
Hasta que llegó el Vengador que puso sobre el tapete a los que se sentían invisibles en ese Paraíso de pocos en que había devenido la democracia. Pero ambos, vengador y vengados, tenían el mismo origen, por lo que esa energía renovadora demostró muy pronto no ser más que una lupa que amplificaría los males y derribaría las bondades de la Venezuela que decían dejar atrás. Y exigió muy poco a sus “vengados”, con el tácito convenio de que hicieran recíproco el gesto. Se entiende, el que asume el rol del vengador no se dispone a redimir sino, precisamente, a vengar, que no es lo mismo. Los militares no tienen adversarios, sino enemigos, que es la fundamental diferencia.
Chávez se ha inventado una serie de epítetos para invisibilizar a sus oponentes: oligarcas, afligidos, apátridas, escuálidos… hasta llegar a la versión 2012: majunches. Y aunque son absolutamente condenables esas palabras en la boca de un jefe de Estado, los que reciben esos epítetos los han devuelto con igual creatividad contra los seguidores de Chávez, con lo cual alimentan, sin proponérselo, su estrategia: mientras haya invisibles (o gente dispuesta a invisibilizarlos), su presencia será necesaria.
Negar la mayoría chavista que se expresó el 7O apunta en esa dirección. Actitud más peligrosa en tanto el electorado opositor sigue creciendo (de ser un poco más de un tercio en las anteriores elecciones presidenciales a acercarse a la mitad en las recientes), lo que aumenta el resquemor de muchos de volver a ser invisibles. Es decir, volver al principio.
La enorme torpeza de esos pequeños grupos que cantaron fraude, por creer que el país es la urbanización en la que viven o su timeline de twitter, habla de su distorsionada visión de la realidad. Y aconsejarse por esas distorsiones envía una señal inquietante al sector que, tarde o temprano, será minoría: si así se comportan en la derrota, ¿cómo se comportarán en la victoria?
El reconocimiento del otro va a ser la clave para desatascar este juego.
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16 de Octubre, 2012
Bravo, Héctor Me identiico con buena parte del contenido de tu texto.No es tu tema, gracias a Dios. pero es aguda y pertinente tu observaciónLa soberbia, la insolencia, la miseria humna, no es privativa de ningún grupo en particular. Y aun cuando no sea una idea original – esta mía- bien está que se la recuerdes con tus palabras de escritor, a quienes parecen desconocerla.
16 de Octubre, 2012
Tremendo coñazo me has metido hermano. “si así se comportan en la derrota, ¿cómo se comportarán en la victoria?”
17 de Octubre, 2012
Así es. Comparto el escrito plenamente y justamente, ya a varios de mis amigos opositores les había dicho que seguro nosotros en la victoria saldríamos como pavos reales a machacarsela a los vencidos. Creo que no tantos como parece, han entendido el mensaje de Capriles, el cual comparto plenamente. Unidad de Venezuela.
17 de Octubre, 2012
La democracia no se ha desprestigiado, lo que se ha pervertido es el usufructo de la renta petrolera. No debemos contribuir con una aberración que no es ninguna democracia, nunca lo ha sido. No se puede confundir la democracia con la repartición de la renta petrolera desde las alturas de un poder político centralizador. En democracia ninguna institución del Estado se impones sobre las otras y el gobierno no es dueño de la riqueza natural, del Capital que mueve la economía y de los medios de producción, sus únicos ingresos son los impuestos que pagan los ciudadanos que producen, comercializan y consumen, y a los cuales se les debe informar en qué y cómo se gastaron.
Por supuesto que en esas condiciones los ciudadanos siempre han sido invisibles a los ojos del poder supremo que adquieren los que llegan al gobierno. O invertimos las condiciones políticas o invitamos a todos los ciudadanos a convertirnos en políticos, es la única actividad en Venezuela donde se obtienen los mayores rendimientos, y de paso, el mayor prestigio.
18 de Octubre, 2012
El autor confunde los discursos dominantes en las distintas épocas con la realidad histórica respectiva. Si bien lo discursivo puede sustituir en los imaginarios colectivos, a la realidad, ello no significa que ésta deje de tener existencia propia, tanto como el discurso. El resultado de no hacer esta distinción, es un escrito superficial, próximo a una frivolidad engreida.
18 de Octubre, 2012
Pienso igual. En el territorio venezolano conviven dos masas y cada una ignora a la otra, nos negamos mutuamente. De un lado no creemos que exitan chavistas y por el otro creen que somos una minoria manipulada del imperio oligarca ápatrida majunche (insertar más insúltos). La lección de 7O es que llegó la hora de aceptar que la otra parte existe y demostrar disposición a reconocernos y aceptarnos, no me refiero a que el presidente nos quiera a ese 45%, pero al menos que no olvide que vivimos aquí porque este también es nuestro país, tan nuestro como suyo, un buen comienzo seria que deje de marginarnos, si dejara de insultarnos, también seria estupendo pero no me hago tantas ilusiones.
22 de Octubre, 2012
Excelente reflexión, Héctor. Totalmente de acuerdo, el momento presente requiere, entre otras cosas, “soltar la isla”, para no terminar aceptando el discurso y la actitud de la guerra, que sólo es capaz de ver en el otro un enemigo, cualquiera sea la etiqueta con la cual se pretenda disimular ese propósito. Saludos.
5 de Noviembre, 2012
Excelente artículo, más hay algo en lo que no estoy de acuerdo, y es aquello de que el supuesto vengador tiene el mismo origen de los vengados; es esa una de las grandes mentiras repetidas una y mil veces y que para muchos se hizo verdad; no para mí. El supuesto vengador es de extracción humilde, cierto, como la gran mayoría de los que hoy pertenecemos a esa inmensa clase media. Tuvo las oportunidades que no pocos en la provincia tuvieron; hogar constituido y oportunidades de estudio y superación; no fue cosa del azar que todos los hermanos Chávez Frías, alcanzaron un título universitario, todos. Lo del vendedor de arañitas… a otro perro con ese hueso…