Si una cosa deja en claro el pasado resultado electoral, es que las fuerzas que sustentan los dos modelos sociopolíticos en pugna están cada vez más parejas. Por tanto, nadie tendrá la hegemonía suficiente para desaparecer a la otra, y tendremos que construir una visión conjunta (ni la que dejamos atrás ni la actual) de país, nacida del consenso. Tarde o temprano todos tendremos que ceder en algo para encontrar un significado nuevo, mestizo, que recoja una idea plural de la palabra nación. Digan lo que digan los dueños del megáfono, la sociedad deberá encontrar los puntos de una agenda común que permita propiciar el reconocimiento del otro.
En una entrevista que le hicieran a Jacobo Borges, el artista advirtió que “toda sociedad montada sobre el enfrentamiento y la violencia lleva a la insensibilidad”, lo cual explica por qué estamos anestesiados ante la dramática violencia que vive el país. “Sólo importa quién manda, quién dirige, quién tiene la sartén por el mango”, señaló para concluir que “el problema no es el poder, sino cómo se ejerce y para qué. El problema es cómo hacer las cosas para que todos nos sintamos mejor”.
¿Suena comeflor? Quizá, pero me gusta. Porque precisamente ese, el de la violencia, es un tema perfecto para propiciar el encuentro de los venezolanos. Violencia y Vinotinto son, de hecho, los temas que nos convocan a todos. Los que no distinguen inclinación electoral a la hora de repartir terror y esperanza, respectivamente.
Y así como en un partido de la Vinotinto nadie anda buscando elementos que delaten la condición de aliado/enemigo del que está al lado, el tema de la violencia también deberá despartidizarse para promover soluciones con el concurso de todos. En primer lugar porque funcionarios que tienen escoltas y carros blindados no tienen la misma percepción —ni prioridad— sobre el tema que nosotros los ciudadanos (indistintamente de la filiación partidista), y en segundo lugar porque es una ocasión ideal para poner la situación en la perspectiva correcta: pueblo (los que sufrimos los embates del hampa) somos todos, lo que nos permitirá ver al otro como un interlocutor válido en la solución de un problema común. Proyectos como “Esperanza” han sido exitosos en sensibilizar al colectivo sobre el tema, precisamente por nacer de la sociedad civil.
En la estremecedora película American History X (Tony Kaye, 1998), el protagonista era un recalcitrante neonazi que lideraba una pandilla racista en el barrio donde vivía. Fue a parar a la cárcel luego de asesinar con saña a dos negros que intentaron robar su carro. Por circunstancias surgidas de la dinámica de los grupos de poder dentro del recinto, terminó enfrentado a la mafia de blancos y fueron los negros los que le dieron el apoyo que lo mantuvo vivo hasta salir de allí. Al volver a su vida anterior le parecía estúpida la idea de dividir al mundo entre blancos y negros.
De eso se trata. Al margen del gobierno y sus intenciones, hay más puntos de encuentro entre los ciudadanos, chavistas u opositores, de los que sus prejuicios les hacen creer. Superar esos prejuicios es fundamental para ver esos puntos de encuentro. Desmontar el discurso que acentúa la segregación es un primer paso. La agenda electoral es necesaria, pero la agenda ciudadana es vital.
Estamos hablando de un proyecto común: preservar nuestras vidas.
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23 de Octubre, 2012
Excelente el enfoque de Hector
23 de Octubre, 2012
Los puntos de encuentro entre los ciudadanos siempre han existido. Pero conviven con una intención de poder continuista que teme todo tipo de apertura. Esta puede representa pérdida de poder. Ideologizar, en el sentido más negativo del término -si es que tiene algún síntoma positivo-, es labor crucial de todo poder constituido y que lucha denodadamente por mantenerse en él. Los ciudadanos podamos, quizá, en un trabajo del día a día, ir venciendo barreras y ahuecando muros -muy difícil abatirlos-, pero es a nivel ciudadano que tal horizonte podría plantearse. Somos casi iguales en número -bueno los que no votaron por el chavismo son más, incluyendo a los que “no votaron”: 55 vs. 45 %-. El gran problema continúa siendo que ellos tienen el poder. Usan y abusan de él, sin recato. El que tiene un bate entre las manos mira altivo al que se presenta con las manos desnudas. Si se logra que abandone el bate para sentarse a conversar, habremos logrado el gran paso que puede abrirnos el camino a la unidad y al entendimiento ciudadanos. Lo considero el gran obstáculo. Porque el Hermano Mayor, aunque “habla” de diálogo, jamás ha dialogado. Y si él es incapaz de hacerlo, los hermanos menores siguen el ejemplo para que no los señalen con el dedo. Como en la Unión Soviética Staliniana. Los Comisarios rivalizaban por enviar al Padre de todas las Rusias, reportes de persecución, retención, tortura y muerte de los llamados “enemigos del Pueblo”. Las listas de Tascón y Maisanta lo prueban. Habrá una nueva lista del 7-O?. El problema no son los ciudadanos, sino los “listeros” que rivalizan por un puesto de poder, una beca, un crédito, una vivienda. Nos han transformado en pobres de solemnidad. Difícil olvidar la solemnidad y sentarse a hablar como iguales: inter pares.
24 de Octubre, 2012
Hector, comparto 100% tu planteamiento.
Pero, en la practica es difícil -al menos en este momento- llegar a un punto de convergencia.
Fijate que los chavistas nos siguen viendo como los groseros, los racistas, los que se creen que se las saben todas. Ellos no ven defectos en su Comandante.
El Comandante insulta, confronta, agrede, excede los limites y las maneras y ellos no lo ven.
Peor aun, lo imitan, se hacen eco de su agresión. A mi me han llamado majunche no se cuantas veces, antes fue escuálido. Y si uno en una de esas le da por reaccionar e insultarles, de una vez salen con que uno es el agresor.
Asi es difícil.
Ellos se atrincheran contra nosotros, en cambio nuestro bando tiene que aguantar y a la vez rogarles su comprensión.