#NadieSupo

Gato maldito; por Oscar Medina // #NadieSupo

Por Oscar Medina | 5 de agosto, 2017
Fotografía de Roberto Mata

Fotografía de Roberto Mata

Pabellón 4, sala B, cárcel de Tocuyito. He terminado una entrevista con demasiados silencios y evasivas. Respuestas incoherentes. Balbuceos. Burlas. He perdido el tiempo. Suena un golpe que parece metálico. Lejano. Se apagan las luces. Y esto es la boca oscura del infierno.

¿Por qué mierda estoy aquí?

No hay razón alguna para ir a Mariara. Es un nombre al que le pasas de largo por la autopista. Un pueblo al que imaginas caluroso y desangelado. Yo tuve que ir una vez a Mariara. Sé de lo que hablo. A menos de que seas del lugar, no tienes nada que hacer allí. Mejor dejarlo atrás. Siempre. Sigue recto por la autopista hasta llegar a tu destino.

La detective Valera no quiere ver lo que hacemos. La puerta de la casa es una lámina de zinc sujetada con alambres. Entramos. Hay restos de muebles chamuscados. Hollín en las paredes. Manchas negras. Si algo quedó, se lo habrán llevado, pero aquí el fuego debió acabar con todo. Lo que queremos ver está en el patio, allá atrás. Jorge hace unas cuantas fotos. No lo decimos, pero ninguno de los dos quiere moverse solo en este lugar.

Es un espacio estrecho, techado. Las paredes están cubiertas de baldosas que alguna vez fueron blancas. Si la miras de frente, la pared del fondo es como una ancha escalera con tres niveles a distinta altura. Imágenes de yeso ennegrecidas. Trozos por todas partes. Restos de cera de velas de diferentes colores. Era el altar de Juana arrasado por la furia.

Unos pocos pasos más y estamos sobre el patio trasero de la casa. Un jardín que no es jardín: tierra seca, monte, un árbol raquítico, basura y al fondo un muro de ladrillos desnudos que separa del galpón vecino. Detrás de ese muro se descubrió la evidencia. Un hueco en la pared. Trepamos para mirar del otro lado: un gran agujero. Allí encontraron los restos.

En esta oscuridad, paralizado por el miedo, recuerdo a la forense acercándome la caja: “Toma, aquí están”. Huesos, huesitos, es ridículo lo que uno piensa: parecen de pollo, parecen de perro. Pero esos son los que no se han logrado identificar y la doctora muestra un fémur y ahora sí, sabes que en esa caja de cartón hay partes de dos o tres personas.

Las otras cinco ya fueron identificadas y las osamentas están en bolsas con sus nombres: esperan que alguien las deposite nuevamente en la tierra, pero en otra muy lejos de la casa de Juana.

Que se sepa, José Leonardo mató al menos a cinco mujeres. A José Leonardo es a quien he estado tratando de entrevistar en esta cárcel. Ahora no lo veo, pero escucho su respiración. Siento que se mueve y voy retrocediendo con pasos cortos.

Las cinco mujeres habían ido una y otra vez a buscar consejo y consuelo en la casa de la bruja Juana. Tabacos, velas, ramazos, baños perfumados. Es fácil imaginar historias de abandonos, de amores frustrados, de dolor, de desesperación. Juana sabe. Juana te puede ayudar. Juana tiene el poder. Todo va a estar bien.

José Leonardo es un desquiciado, pero debe ser un tipo sagaz. Hay un brillo inteligente, malévolo, en su mirada. Las observó. Las estudió. Y una por una, a lo largo de años, fueron cayendo en sus manos. Alguna se le habrá entregado voluntariamente. A la mayoría las forzó. Las violó. Las debe haber golpeado. Acuchillado. Estrangulado. Las debe haber picado en pedazos. Las debe haber quemado. Y lo que quedó de ellas terminó enterrado aquí.

El terreno vecino lo compró un empresario para hacer un galpón. Al hombre le llamó la atención el extraño promontorio y al intentar aplanarlo aparecieron los huesos. Los investigadores fueron rápidos en identificar al principal sospechoso. José Leonardo fue más veloz. Una sobreviviente completó la historia. Se salvó de milagro: la violó, pero no alcanzó a matarla. Calló durante mucho tiempo, pero lo contó todo. José Leonardo ya estaba escondido en algún monte vecino. Cuatro veces se le escapó a la policía. Las balas no le alcanzaban. Desaparecía en la oscuridad. Se escurría por espacios imposibles. Dos detectives enviados desde Caracas tuvieron un accidente en la autopista: uno murió en el impacto. Los relatos corrían por el pueblo, magnificados, interpretados como evidencias del poder de Juana: ella lo mantenía a salvo. Un poder enorme: José Leonardo se convertía en gato, en perro. Así escapaba siempre.

El absurdo de su leyenda no cesó cuando lo capturaron y lo declararon culpable de cinco asesinatos. Pero a ese demonio no lo iba a detener una cárcel: se transformaba en animal y salía a merodear por los montes de Mariara.

El 11 de abril desapareció Rafael. Al día siguiente, jueves santo, su pequeño cuerpo de 8 años fue encontrado en un matorral. Abusado. Golpeado con saña. La piel quemada por el sol. Las fotografías del expediente duelen. ¿Había otro monstruo suelto en Mariara?

Los padres se convencieron: fue él. Se transformó en gato. Yo lo vi una vez en el techo de mi casa. Fue José Leonardo. En la madrugada del domingo de resurrección una turba roció gasolina en la casa de Juana: al mal había que combatirlo con fuego. El lunes lincharon a un indigente amigo de José Leonardo: él era quien le dejaba comida en el monte cuando andaba transfigurado en perro, en gato negro. El cadáver terminó quemado en una calle del pueblo.

Ella misma fue quien me contactó tras la publicación de una crónica sobre esta historia, la del “monstruo de Mariara”. Juana quería que se contara la versión de su hijo y logró –quién sabe cómo- que me dejaran hacerle una entrevista en Tocuyito.

Pabellón 4, sala B. El golpe metálico. La luz que se apaga en todo el penal. Ya no lo veo. Escucho su respiración que cambia de ritmo. Sostengo el bolígrafo como un cuchillo. Y justo cuando creo que se me viene encima, algo suave me roza el tobillo y al bajar la mirada tan solo durante un segundo o dos veo brillar un par de ojos felinos.

Oscar Medina 

Comentarios (2)

@manuhel
5 de agosto, 2017

El gato volador.

Gracias por el relato.

Stefany
7 de agosto, 2017

Entre gustos y colores.. ahora van contra los pobres gatos. (N)

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