Tecnosociedad

Fotografía digital: El vals del segundo; por Luis Carlos Díaz

Por Luis Carlos Díaz | 8 de diciembre, 2012

Hay una pieza de antología dentro de la inmensa obra de Les Luthiers llamada “el vals del segundo”. En ella, Marcos Mundstock describe durante 2 minutos y 50 segundos el inicio, desarrollo y culminación de una pieza musical compuesta por el fantástico Johan Sebastian Mastropiero, que apenas dura, como es de esperar, un segundo. Los humoristas argentinos no pueden ser acusados de falsa oferta: La orquesta se prepara, frotan las cuerdas y en pleno gozo de vibración, finaliza el compás.

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Así es la vida diaria. Es una sucesión de momentos únicos que en ocasiones crean tensiones entre los dueños de un aparato para registrar la cotidianidad. Somos como los buses de turistas japoneses, con más cámaras que gente, disparando fotos en ráfaga para capturar lo que está ante nuestros ojos. Queremos hacer un aleph por compresión de bits.

Parecía gracioso el cuento de los indígenas que se incomodaban con las fotografías porque pensaban que una impresión de su ser les extraía el alma. Lo que ocurre en realidad es que ese pensamiento mágico-religioso está en el corazón de los fotógrafos: desean capturar un trozo del alma de aquello que ven.

En algún punto de la década pasada, el mayor fabricante de cámaras fotográficas del mundo ya no eran las tradicionales casas Nikon y Canon, sino la casa de teléfonos Nokia. Si cada aparato móvil tenía una cámara y se producían por millones a bajo costo, ocurrieron dos fenómenos que han marcado este nueva etapa de la red: se masificó la fotografía y ésta además se desprendió finalmente del soporte físico. Prescindimos del rollo para revelar y poco a poco tenemos menos fotos impresas. Hoy día llevamos más fotos de nuestra familia en el teléfono que en la cartera. Hay menos álbumes de fotos guardados en el closet que compartidos en Facebook, Picasa o Flickr. La foto actualmente es un contenido social en el que además podemos etiquetar, compartir, reenviar y replicar hasta el infinito.

Hacer una pausa

En junio de este año, el seminario de diseño de la información realizado en Caracas incluyó a Jorge Silva, fotógrafo de Reuters, que se apuntó una intensa reflexión en torno a la imagen:

“La fotografía se ha democratizado. Ya la realidad no es sólo vista a través de los ojos de los especialistas. Por eso, para entender cómo nos vemos hoy en día tenemos que entender cómo ha cambiado la percepción. La imagen nace primero como la búsqueda de la belleza y también como el concepto de verdad. De hecho, la imagen se ve como un mecanismo certificador de la realidad”.

Y a su vez rescató el valor de la calidad por encima de las ráfagas ruidosas:

“También fotografiamos para recordar, Siempre tomamos fotos con una intención, lo que pasa es que nuestra capacidad de asombro se ha deteriorado. Hoy en día las imágenes están determinadas por los pie de foto. Las buenas imágenes tienen que llevarnos a hacer una pausa, a generar en nosotros una reflexión. La realidad está sumergida en varias subjetividades”.

Exclusividad

Cuando el infociudadano tiene una cámara en sus manos, se convierte automáticamente en un potencial grabador de exclusivas. Sin embargo la tentación no deja escape para nadie: si está solo, tomará fotos porque nadie más lo ve, y así comparte; pero si es parte una gran audiencia, entonces tomará fotos porque es una manera de decir “yo también estuve aquí”.

Esa es la razón por la que hay gente que paga por ir a un partido de fútbol, de esos que ya se transmiten en casa en alta definición, 3D y repeticiones desde diversos ángulos, pero cuando están en las gradas no se quedan con el latir del estadio, sino que pasan el partido detrás de la pantalla del teléfono o la cámara capturando sus pequeñas exclusivas. Quizás se perdió el gol a primera vista, pero tendrá entonces la grabación de cómo no lo dejó pasar en su memoria digital. Es una suerte de arquero de realidades.

Algo un poco distinto ocurrió con las visitas de los candidatos presidenciales a las comunidades, al menos de aquel que se dejaba tocar por la gente: en esos meses de campaña proliferaron innumerables pines, fotos de avatar y joyas de Facebook de todas esas personas, sobre todo chicas, que se tomaron la foto con el candidato. Y el político se dejaba. Vale más, mucho más, una foto de avatar compartida y envidiada por los otros contactos, que un afiche en un poste.

Revivir

Si usted quiere escudriñar los límites de ver una y otra vez las videograbaciones de su vida, busque (descargue de la red) el tercer episodio de una miniserie británica llamada Black Mirror.

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Fue realizada en 2011 por el periodista Charlie Brooker y emitida a principios de año en Inglaterra. En el capítulo indicado, los humanos contamos con un aparato instalado en nuestro cerebro que es capaz de grabar todo lo que ven nuestros ojos. De esa manera las vivencias pueden ser revisitadas. El resultado en la ficción de Brooker es oscuro y enfermizo, como todas los excesos. Revisar en detalle su pasado, encierra al protagonista en la soledad de la autocontemplación. El cerebro fue diseñado para olvidar, por salud.

Mapa de sentidos

Sin embargo, con la explosión de cámaras fotográficas y plataformas para compartir imágenes está surgiendo otro fenómeno maravilloso: estamos llenando mapas con imágenes del mundo.

La posibilidad de que cada imagen tenga su información por GPS del lugar donde fue tomada, permite agregarla a un mapa mundi de imágenes como las de Instagram o las tomadas en Flickr. Así la foto no será solamente un documento temporal, sino que conformará un mosaico más amplio. Es una segunda piel del mundo. Aunque se acuse de banal, la fotografía es un hecho cotidiano que nos exigirá mayor disciplina para su organización y más autocontrol para no perdernos la realidad.

La vida es un vals de segundos para disfrutar por compases.

Luis Carlos Díaz Periodista y bloguero

Comentarios (1)

Marco Antonio Rojas
10 de diciembre, 2012

Que excelente artículo, que desmiente el famoso “Ojo electrónico” del que habla Umberto Eco como una actividad con consecuencias negativas para la sociedad, en el que además demerita el verdadero valor de las cámaras y su verdadera utilidad.

El artículo lo pueden conseguir en: http://prodavinci.com/2012/09/03/actualidad/sindrome-del-ojo-electronico-por-umberto-eco/

Para mi el problema no está en el dispositivo, ni siquiera en el “mal uso” que algunas personas podrían darle; sino a la constante mal interpretación y aplicación de prejuicios de personas que no comprenden la utilización de este o que desconocen valores individuales que tienen otras personas con respecto a este; es decir la constante desvalorización de una cultura por otra.

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