Blog de José Ignacio Hernández

¿Existe la patria?; por José Ignacio Hernández G.

Por José Ignacio Hernández G. | 3 de julio, 2013

El dilema de la patria. En el documental Tiempos de dictadura, de Carlos Oteyza, se narra cómo el dictador Marcos Pérez Jiménez, en su afán por imponer el “Nuevo Ideal Nacional”, creó una festividad especial: la Semana de la Patria. Básicamente se trataba de un conjunto de actos culturales orientados a reivindicar la patria y prestaban especial atención a nuestra Independencia.

Al ver esas imágenes no pude menos que recordar todo el debate que actualmente se ha generado entre nosotros en relación a la noción de Patria. Incluso, para plantear —cual dilema cartesiano— una posible disyuntiva entre la Patria y cierto producto de aseo personal que, por decirlo de algún modo, hoy no abunda en los mercados.

¿Pero qué es la Patria? ¿Existe la Patria?

Hacia un concepto de patria. En las aulas de Derecho se enseña que Patria no es tanto un concepto jurídico sino sociológico, por decirlo de algún modo. La expresión proviene del latín pater para aludir a la tierra de nuestros padres o, más exactamente, la tierra de nuestros antepasados. La patria es, de esa manera, el conjunto de tradiciones y valores familiares, culturales, políticos, económicos e históricos que determinan el arraigo de una persona a cierto país. Lo relevante del concepto es, precisamente, ese vínculo afectivo o arraigo.

Desde este punto de vista, el concepto de patria se explica desde la identificación del individuo con sus tradiciones. El riesgo está, como señala Orwell, en confundir patria por la exaltación del nacionalismo, algo propio de los regímenes autocráticos.

El culto a la patria. Historiadores venezolanos como Germán Carrera Damas y Elías Pino Iturrieta han observado, con base en estudios objetivos, cómo la exaltación de la patria y de sus símbolos ha sido impulsada por regímenes autocráticos, como el caso de Antonio Guzmán Blanco o el ya señalado ejemplo de Marcos Pérez Jiménez. Esto no quiere decir que la democracia se haya negado a la patria: lo que quiero señalar es que la exaltación a la patria (o el culto a la patria) ha sido particularmente fomentada en nuestra historia por regímenes autocráticos.

La explicación es sencilla, valorando otros ejemplos históricos comparados: los regímenes autocráticos —especialmente de corte totalitario— tratan de aniquilar al individuo y su libertad a través de concepciones colectivistas que apelen a sentimientos no-racionales. El culto a la patria, en su derivación del nacionalismo, exalta un conjunto de tradicionales comunes con la sola pretensión de socavar la libertad individual. Lo importante no es que el individuo sea libre, sino que quiera y ame a su patria. Ese culto generalmente está asociado al personalismo y a cierta concepción de la geopolítica, en la cual siempre hay imperios enemigos que confabulan contra la patria.

La patria según el Dr. Johnson. Desde esta perspectiva puede entenderse esta frase de Samuel Johnson: “la Patria es el último refugio de los cobardes”. Johnson fue un escritor británico del siglo XVII que cultivó especialmente la lengua inglesa, así que ha debido querer mucho a su país. ¿Por qué llamó entonces “cobardes” a los patriotas?

Johnson se refería a los falsos patriotas, que se esconden tras el concepto de “patria” para imponer decisiones arbitrarias y despóticas. Y ése es el caso, precisamente, de nuestros autócratas que, a lo largo de nuestra accidentada vida republicana, han promovido el culto a la patria para justificar sus regímenes.

La clara intención de ese culto es unir indisolublemente al Gobierno con el concepto patria, de forma tal que toda oposición al Gobierno —algo que es consustancial a toda democracia— pase a ser un ataque a la patria. De allí que el calificativo de “apátrida”, se utilice en nuestros días con más frecuencia de la querida.

La historia patria y oficial y la Independencia. El culto a la patria, en el  marco del nacionalismo, tiene una conexión directa con la historia. La historia pasa a ser la narración de los hechos constitutivos de la patria, transformándose en una historia “patria y oficial”. Entre nosotros, ese culto a la historia patria ha promovido especialmente la visión según la cual nuestra Independencia fue una gesta heroica militar, llena de batallas en la cual pelearon bravos militares. Una historia patria que eclipsa, de cierta manera, a nuestra República Liberal, como recordara Luis Castro Leiva en De la patria boba a la teología bolivariana. El riesgo de esa visión es que, inevitablemente, manipula a la historia y deja de ser lo que fue para pasar a ser lo que al Gobierno de turno le conviene que sea.

Tomemos un ejemplo: en pocos días, con ocasión a una nueva conmemoración del 5 de julio de 1811 —una “fecha patria”— se volverá a repetir que ese día se celebra la firma del Acta de la Independencia que inició una gesta militar de grandes héroes. El detalle es que ese día no se firmó el acta de la Independencia —hecho que tuvo lugar días después— ni la Independencia fue una “gran guerra militar”, sino el intento por fundar una República liberal y civil, a través de un sistema republicano, popular y federal. Hubo militares heroicos, sin duda, pero la guerra y nuestra propia Independencia fue sólo un camino hacia la libertad que únicamente podía asegurarse en un régimen republicano contrario a toda forma de despotismo, incluido el de la Colonia española.

No está de más recordar, por cierto, que el acta del 5 de julio fue confeccionada por uno de nuestros prohombres que, quizás por ser civil, no ocupa un lugar destacado en la historiografía oficial: Juan Germán Roscio, autor de un texto que siempre recomiendo leer: Del triunfo de la libertad sobre el despotismo.

Y entonces, ¿existe la patria? La patria existe, sin duda. Pero no se trata de la patria manipulada desde un culto que pretende socavar al individuo y su libertad, sino de la patria entendida a través del conjunto de valores comunes que otorgan arraigo al individuo, que para ser tal debe ser libre.

La patria existe más allá de la historia patria y oficial. Existe cada vez que un venezolano lee, por vez primera, las páginas de Doña Bárbara. O cuando se entonan las primeras notas de Jarro Mocho. O cuando se prepara una olleta de gallo. La patria existe cuando se recuerda que hace más de doscientos años se intentó construir entre nosotros una República llamada a garantizar la libertad, propiedad, igualdad y seguridad.

No se trata entonces de escoger entre un producto de aseo personal, la inseguridad, la inflación o la patria. Se trata de recordar de dónde venimos y de dónde somos, para saber el camino por el cual debemos ir.

José Ignacio Hernández G.  José Ignacio Hernández es abogado venezolano, Doctor en Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de la UCV y UCAB. Puedes seguirlo en Twitter en @ignandez

Comentarios (6)

María Borgo Aponte
3 de julio, 2013

Muy interesante su artículo; excelente! Me gustaría preguntarle qué le pasó a esta Patria que se dividió en dos grupos que ya no se reconocen?

jesus manuel rodriguez ramirez
4 de julio, 2013

Bueno, no fué un redactor del acta de independencia, sino dos: el otro era un médico, que había sido nombrado secretario del Congreso, Francisco Isnardi: entre el y Roscio elaboraron la noche del 5 de julio y parte de la mañana siguiente, al Acta.

José R Pirela
5 de julio, 2013

Ahora bien, ¿Cómo desmontar la manipulación de la conciencia del pueblo-masa? La entrega de la soberanía al comunismo castrista es la más fácil, ya que el sentimiento de patria está asociado al concepto de soberanía. El otro vínculo de patria es la asociación con la masa, prole, manada, que se identifica más con el autoritarismo que con la libertad individual, que es el concepto primario de democracia. Ese es el más difícil de desmontar porque depende del comportamiento político de los dirigentes, y con la independencia económica del ciudadano, que es precisamente lo que no practica en Venezuela.

Roselis González Rosas
5 de julio, 2013

Muy bueno su artículo. Muchas gracias por recordarnos la importancia de la historia como relato y memoria del pasado. Cuando desvalorizamos la historia le hacemos lo mismo a la Patria. Hoy muchas personas decían con sorna “feliz día de la dependencia”. Yo en particular no me reconozco dependiente de ningún régimen, me defino como una persona libre, con apego a mi Patria, pero libre.

irma ruiz
7 de julio, 2013

Mi patria hoy sin valores, son mis lagrimaa y sueño por recuperar su decencia, justicia y libertad

Mireilly
12 de julio, 2013

Excelente articulo

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