Blog de José Ignacio Hernández

Estudiar derecho en Venezuela: Un acto de rebeldía; por José Ignacio Hernández G.

Por José Ignacio Hernández G. | 13 de julio, 2017
juan-german-roscio-640

Juan Germán Roscio

A mis ahijados de la UCAB, sección 5CD

I

Corría el año de 1816. La guerra de la independencia en Venezuela estaba en pleno desarrollo, luego de los estragos del año 14, cuando según Bolívar, desparecieron tres siglos de cultura. Cerca de Venezuela, en Jamaica, se encontraba el abogado Juan Germán Roscio, uno de los pensadores más notables de nuestra naciente República.

Luego de su destacada participación en los actos fundacionales de nuestra República, Roscio fue apresado junto a los otros “monstruos”, así llamados por Monteverde. Luego de su paso por la prisión de Ceuta, y de un escape que algún día deberá ser narrado con detalles, Roscio alcanza su libertad, y decide viajar a Jamaica, a donde llega aquel año de 1816.

El 26 de noviembre de ese año escribe Bolívar, quien opina que Roscio y sus compañeros deben regresar al “seno de la patria cooperando eficazmente en la construcción del gran edificio de nuestra república”. Pero Roscio no sigue el consejo de Bolívar, y decide quedarse en el extranjero, con un objetivo claro, esto es, librar la batalla más compleja de la independencia: la batalla del pensamiento.

En sus años de prisión, Roscio había llegado al convencimiento de que la independencia exigía un cambio de mentalidad, y que ese cambio se lograba a través de la palabra, que resumiendo los fundamentos jurídicos de la independencia, lograse demostrar las bondades de la República. El “gran edificio de la República”, para Roscio, pasaba por la fundamentación jurídica de la independencia, a fin de contrarrestar el dogma de la obediencia ciega impuesto desde la religión católica, defensora del despotismo.

Así se lo había explicado Roscio a Martín Tovar, algunos meses antes. En carta de 16 de junio, Roscio escribe estas palabras:

“Yo quisiera más bien obrar con las armas en la mano para vengar los agravios de la patria, que escribir más de lo que he escrito. Nunca fue esta mi profesión; pero ella lo debe ser de todo hombre que ame la libertad y que aspira darla a sus semejantes”

No es suficiente con las armas de la mano. Junto a ello, y con mayor importancia incluso, están las armas de la palabra. Precisamente, Roscio participó en la guerra de la independencia con las armas de la palabra, resultando de ello su libro El triunfo de la libertad sobre el despotismo, publicado hace doscientos años.

II

En los últimos años en Venezuela, y muy especialmente en el actual momento, he escuchado más de un comentario que minusvalora la importancia del Derecho. Tanto más si se trata del Derecho Constitucional. Cuando alguien me pregunta qué enseño en las universidades, y para simplificar digo que “Derecho Constitucional”, suelen mirarme con sorna. Con frecuencia, se cuela algún chiste, tomado de Eco: “más te valdría estudiar urbanística gitana”.

Comentarios como éstos se han hecho recurrentes en las últimas semanas. Más de uno rebate mis argumentos señalando que “el problema no es jurídico sino político”, acotando que con “libritos de Derecho” no solucionaremos nuestros problemas. En un grado más extremo, me han apuntado que es inútil actuar y pensar como “abogado constitucionalista” en estos tiempos.

No es de extrañar, por ello, que más de uno piense que estudiar Derecho y graduarse de abogado en Venezuela es, sencillamente, una pérdida de tiempo.

III

La realidad es otra. Hoy más que nunca se requieren abogados en Venezuela, dispuestos a pensar y construir, desde el pensamiento jurídico y la palabra, el “gran edificio de nuestra república”.

Pues si llegamos a este atolladero, en parte, fue por menospreciar el rol del Derecho en la construcción de una República. Imposible entonces superar esta crisis despreciando el Derecho. Por el contrario, con ello solo lograremos hundirnos más, como aquel que, atrapado en arena movediza, comienza a patalear.

Ejemplos sobran. Si Jefferson hubiese pensado que la fundamentación jurídica era una pérdida de tiempo en medio de la guerra de independencia de Estados Unidos, no tendríamos hoy la Declaración de Independencia. Si Roscio hubiese pensado que el problema era solo político, no hubiese escrito El triunfo de la libertad sobre el despotismo, ni Yanes hubiese escrito su Manual Político del Venezolano.

 IV

Basta salir a cualquier marcha, o simplemente, caminar por las calles para percatarse cómo hay signos que respaldan la importancia de estudiar Derecho en Venezuela. La defensa Constitución es hoy, probablemente, una de las banderas que más une a los venezolanos, incluso entre aquellos que piensan distinto.

La defensa de la Constitución es la defensa del Derecho, como herramienta para solucionar conflictos de manera pacífica, partiendo del reconocimiento, la tolerancia, el pluralismo y los derechos humanos, procurando la convivencia social pacífica. No creo necesario señalar que, precisamente, todo esto es lo que hoy día más necesita Venezuela.

Por ello, la única solución a la crisis venezolana actual es a través del Derecho. Obviamente el Derecho por sí solo es insuficiente, pero es un instrumento indispensable para reconstruir, desde el pluralismo, nuestro “gran edificio de la República”.

Así que, en realidad, no solo sobran razones para estudiar Derecho. Es que, en realidad, creo que este es el mejor momento para aprender Derecho en Venezuela. Entre todos, tenemos un gran edificio por construir.

V

Ahora dejemos atrás el año de 1816 y viajemos casi siglo y medio, para llegar al año 1941. El mundo se enfrentaba a la amenaza totalitaria del fascismo. Desde Inglaterra, Winston Churchill, ya Primer Ministro, insistía en los peligros de la amenaza y en la importancia de la resistencia, desde la posición que cada uno debe ocupar.

En octubre de ese año Churchill pronunció uno de sus discursos más célebres. Llamando a la esperanza con un ¡nunca de rindas!, Churchill dijo:

“No nos permitamos hablar de días oscuros: hablemos más bien de días difíciles. No son días obscuros; son éstos días grandiosos –los días más grandiosos que nuestro país ha vivido. Y debemos dar gracias a Dios por la oportunidad de habernos permitido, cada uno de desde nuestras responsabilidades, participar en esos días memorables dentro de la historia de nuestra civilización”

A los que estudian Derecho, a los que se están graduando de abogados —como mis ahijados de la LX promoción de abogados de la UCAB— y a quienes ya se graduaron de abogados, bien vale la pena repetir esa consigna: vivimos todos días grandiosos, pues estamos colaborando a constituir el gran edificio de nuestra República.

José Ignacio Hernández G.  José Ignacio Hernández es abogado venezolano, Doctor en Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de la UCV y UCAB. Puedes seguirlo en Twitter en @ignandez

Comentarios (9)

Angel Zambrano
13 de julio, 2017

Sin palabras estimado José Ignacio. ¡Brillante! De pie aplaudo.

Enrique Esteban Niño Pineda
13 de julio, 2017

Soy Ingeniero, pero estoy totalmente de acuerdo con Ud.Soy un permanente lector de sus escritos. Lastima que nuestros grandes proceres civiles que trabajaron con Roscio en nuestra primera constitucion fallecieronprematuramente en la guerra de independencia. Precisamente la constitucion de los Estados Unidos fue redactada por los mejores abogados que tenian en ese momento y como herederos delos ingleses han cultivado un profundo respeto por la ley: Para ellos la Constitucion es sagrada.

María Viloria
13 de julio, 2017

Una vez más, gracias José, de parte de una estudiante de Derecho.

Elpidio Saldeño
14 de julio, 2017

Apreciado señor Hernández:

Soy aficionado a sus escritos, especialmente por su carácter didáctico. Soy ingeniero (nadie es perfecto) y en mi retiro activo me dedico a la traducción español/inglés/español. Lo maravilloso de este oficio o profesión es que uno se ve “obligado” a indagar, escrutar, investigar en el mundo de las palabras y sus significados, solas y en contexto. Eso me lleva a ser un lector muy crítico, en el sentido creativo del término. Con referencia a su artículo opino que sí debe haber lugar en Venezuela para más abogados, pero creo que nuestro problema no es de Derecho sino de Justicia. Las leyes están pero su aplicación por parte de los jueces es, desde hace mucho tiempo, tramposa. Son demasiados los testimonios de los atracos cometidos por muchos jueces para vender sus sentencias pret-a-porter. Más abogados? Puede ser. Pero que vengan con una sólida y firme vocación ética. Por último, ¿Roscio dijo “con las armas en la mano” o “con las armas de la mano”? Mis respetos

Eduardo
14 de julio, 2017

Roscio como Jefferson en mi parecer eran todo lo contrario al caudillismo ramplon que se adueño de la política del siglo XIX en América Latina. En el caso del subcontinente esto se torna preocupante porque no salimos de esta situación por lo menos el legado de Jefferson ha prevalecido como parte de lo esencia misma del sentir político Norteamericano así se le critique todo lo que se le pueda criticar.

Edmundo Pérez Arteaga
14 de julio, 2017

Los venezolanos estamos transitando por una etapa de la historia de nuestro país que no pensábamos transitar. Una etapa de la historia que países europeos, asiáticos y Cuba, en América, han conocido. Con mucha razón los europeos y los asiáticos que residen en nuestro país se adelantan -con acierto- a los acontecimientos. Europeos y asiáticos han buscado y muchos logrado apartarse de esa etapa de la historia que hoy los venezolanos vivimos; los cubanos están en busca de ese apartamiento. Los europeos demostraron que los regímenes socialistas no aportan felicidad a las personas; que la felicidad, el vivir mejor se alcanza en democracia. Bueno, esto tiene mucho que ver con nuestro estudio de las ciencias jurídicas ¿Por qué? Porque estamos viviendo una etapa que nos enriquecerá -como sucedió con europeos y asiáticos- jurídicamente. Etapa que, una vez rebasada, nos permitirá la paz social. Estamos defendiendo nuestro Derecho Constitucional;por ello, hoy es importante ser abogado.

Noris
14 de julio, 2017

Hermoso artículo profesor. Gracias.

Maximilian L G Grüber
14 de julio, 2017

No me atrevo a pensar que el Sr Hernández no pilló la ironía, el chiste -macabro, por cierto- de que no vale la pena estudiar Derecho hoy en Venezuela, no menor pérdida de tiempo es estudiar CC Políticas. En un país donde alguien que no conoce bien la Ley de Tránsito, dicta sentencia por TV y condena a 30 años (cifra standard) a quien se le antoja. Donde un homínido con rudimentario bate cierra periódicos y ordena compensación por calumnias (resalto las calumnias)… Hoy el problema no es jurídico ni político tampoco, en estas circunstancias es duro encontrar solución en “libritos de Derecho” o conjeturas políticas, solo con “habilidades particulares”. Ocurre que, los que no valemos para otra cosa tenemos que hacer Derecho, Medicina, Políticas… En aras de contribuir a la ilusión con que se estrenan sus ahijados de la UCAB, diré con seguridad como adjunto en radiología después de 12 años: jamás me matricularía en uno de esos “centros preparatorios” cuyos egresados tanto éxito derrochan.

Edmundo Pérez Arteaga
29 de julio, 2017

Señor Gruber, usted lo dijo: “…no vale la pena estudiar Derecho hoy…hoy el problema no es jurídico…en estas circunstancias…” pero, por ello, por todo lo que expresó es por lo que vale la pena ser abogado. Señaló la palabra “HOY”, pero es que estudiamos no sólo para HOY sino para el futuro. Más que nunca, HOY necesitamos abogados que defiendan la patria, que instruyan al venezolano para que lo que sucede HOY, no continúe sucediendo y no suceda más en Venezuela. Los europeos vivieron los embates del socialismo y lo derrotaron y no lo quieren; nosotros lo estamos viviendo HOY y tampoco lo queremos. Ellos vivieron una etapa que estamos conociendo HOY y esa etapa enriquecerá a nuestro pueblo y a nuestro derecho. HOY necesitamos abogados para señalar lo aprendido y que es en el derecho y en democracia y no con hechos dictatoriales donde se puede alcanzar la paz social y el vivir mejor. Si valemos para otra cosa y no para la viveza criolla;para pensar y crear. Salud abogados.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.