Blog de Raúl Stolk

Error circular, por Raúl Stolk

Por Raúl Stolk Nevett | 12 de Noviembre, 2012
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En 1961 Joseph Heller publicó una novela que, sin quererlo, se haría esencial para explicar, o al menos darle nombre, a las trancas más absurdas de la burocracia tercer mundista. Catch-22 (Trampa-22), el nombre de la novela de Heller, se utiliza para describir una situación problemática, para la cual la única solución se encuentra negada por una condición inherente al problema original. En lenguaje informático —en el pequeño infierno virtual que es Excel— a esto se le llama Error de Referencia Circular (Circular Reference Error). Una fórmula que se refiere a sí misma para determinar la respuesta, y que, en consecuencia, queda cancelada. Algo así como el artículo 350 —aquel sobre la desobediencia civil— de la Constitución Bolivariana. “Bicha”, de cariño.

Conceptualmente la Defensoría del Pueblo tiene la función de defendernos, a los ciudadanos, de los excesos de la Administración Pública. Velar por nuestros Derechos Humanos. Y, como los gobiernos tienden a ser tan abusivos —y aquí no estamos hablando sólo de Venezuela—, a la figura del Ombudsman (Defensor del Pueblo, Gabriela), se le concede una inmunidad especial, por medio de la cual, no puede ser enjuiciado o perseguido en razón del ejercicio de su cargo. Realmente es muy sencillo. “Soy el protector, y como eres abusador, no me tocas.” Ese es el haiku del Defensor o Defensora del Pueblo.

¿Qué podría estar bajo el amparo de la defensoría? Algunas ideas: La desigualdad con la que el CNE aplica —o deja de aplicar— las normas electorales. El asunto de los miles de electores en Miami que, de un plumazo, se quedaron sin centro electoral. Las migraciones ilegales de votantes también representan un exceso que se encuentra dentro de la competencia de la Defensoría del Pueblo. La situación de las cárceles tendría que ser su día a día y, ya que salió el tema, los presos políticos serían un lomito para cualquier Ombudsman.

Mal podría la Defensoría del Pueblo atacar, por ejemplo, a un artista por violar derechos humanos, ya que el aludido no podría violar los derechos humanos de nadie, pues no es Estado —esto, sin entrar en esoterismos leguleyos—. No hablemos de atacar. Es un término muy fuerte. Digamos denunciar.

Ahora bien, qué significa que la Defensoría del Pueblo denunciará artistas. Caricaturistas, llamémosles. De cierta postura crítica a un gobierno, quizás.  Que, y por qué no, hayan utilizado la terminología —divisionista y políticamente correcta— introducida por un gobierno, para ironizar sobre un crimen ambiental cometido por ese mismo gobierno; o que, tal vez, hayan comparado la actitud fiel de quienes apoyan —a cambio de la expectativa de techo y comida— a ese tal gobierno, con la lealtad de un can. Éstos, por supuesto, son ejemplos sacados del sombrero de las incoherencias y nada tienen que ver con la realidad. Y sin embargo…

Los caricaturistas son artistas que, como elemento esencial de su oficio, deben ejercer su libertad de expresión, que por cierto es un derecho humano, de esos que la defensora debe proteger contra los abusos del Estado, pero que siendo ella Estado se siente en la obligación de reprimir —o denunciar—, para cumplir su función. ¿No hace esto coherente el primer párrafo de este escrito?

En lo personal, admito que la discusión de Derecho Constitucional me aburre, prefiero el humor de Heller o la antipatía de Excel.

Raúl Stolk Nevett 

Comentarios (3)

José Barnola (h)
12 de Noviembre, 2012

Impecable artículo. En lenguaje de a medio, o te agarra el chingo o te agarra el sin nariz

Marìa G de Nevett
12 de Noviembre, 2012

Estupendo, irònico y profundo

Rafael V
13 de Noviembre, 2012

Muy bueno y lo mejor es el lenguaje irónico que se usa mucho en estos tiempos

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