Blog de Alejandro Oliveros

Eneas y Mark Strand; por Alejandro Oliveros

Por Alejandro Oliveros | 11 de febrero, 2017
Paisaje con Dido y Eneas, 1769. Thomas Jones

Paisaje con Dido y Eneas (1769), de Thomas Jones

Entre los libros que me regaló Mark Strand en uno de nuestros últimos encuentros en Nueva York, se encuentra The Weather of Words. Lo subtituló, “Poetic invention”, tal vez haciendo referencia a una pieza que es puramente ficcional, donde su hijo de cuatro años entabla con él una discusión sobre las traducciones de Palazzeschi que el niño estaría acometiendo. Son quince trabajos ensayísticos donde se reúnen diversas consideraciones sobre su arte poética y la de algunos colegas como Joseph Brodsky; sin embargo, el que más me llamó la atención al abrir el libro fue una aproximación a Virgilio. Lo he dicho en otra parte, la admiración por el romano es una de las afinidades que mantengo con Strand. “Algunas observaciones sobre el Libro VI de Eneida”, es como llamó el autor a esta original aproximación a la narrativa de las experiencias de Eneas en el Hades. Strand llama la atención sobre la cantidad de ocasiones y las circunstancias en las que los héroes homéricos y virgilianos se abrazan. Comienza recordando el abrazo que le da Ulises al fantasma de su madre en el Canto XI de Odisea, que es el del descenso del hijo de Laertes al submundo. Luego señala Strand el abrazo de Eneas al fantasma de su esposa en el Libro II de Eneida en medio de las ruinas de su hogar en Troya. Creúsa se devuelve en medio de la huida y es atrapada por el desastre. Cuando Eneas llega es demasiado tarde y lo que encuentra es el cadáver de su esposa, “más grande que el natural”, que se dirige a él con prudentes palabras. Strand tiene razón al detenerse en este episodio que narra el encuentro del héroe con un fantasma. No es nada inusual este tipo de encuentros entre los esforzados héroes. En otra secuencia memorable, en Eneida VI, Eneas se va a tropezar con cantidad de fantasmas, incluyendo los de Palinuro y Anquises. Pero ninguno tan impresionante como el del héroe virgiliano y Dido, su ex amante y reina de Cartago. Pero no nos adelantemos. Vamos a hacer como Strand y detenernos en la reunión Eneas y el cadáver de Creúsa, su amada esposa.

La historia de Eneas con el episodio de Creúsa, la cuenta el héroe en presencia de Dido en el Libro II de Eneida. La bella reina africana todavía no sospecha, porque así pasa, que va a ser la sucesora de la troyana en el “corazón del visitante”. Eneas concluye su narrativa con las últimas palabras que le dirigió el fantasma de Creúsa, donde lo “libera de toda obligación hacia ella”. Lo que sigue es una traducción al castellano de la celebrada, con justicia, versión al inglés de Robert Fitzgerald

“No se gana nada lamentándote de tan desgarrada manera, amado esposo. Todo ha ocurrido como lo dispusieron los dioses. No puedes llevar a Creúsa contigo; no estuvo dispuesto así ni lo permitiría el Señor del Olimpo. Te espera un dilatado destierro y largas millas de mar. Llegarás a Hesperia donde el lidio Tiber fluye suavemente entre ricas haciendas y con los años llegará la paz te favorecerá y un reino y una reina. Seca esas lágrimas por tu amada Creúsa. Ya no veré la orgullosa patria de los mirmidones ni la de los dólopes, ni serviré a las damas griegas yo una troyana y nuera de la divina Venus. No, la gran Madre de los dioses me retiene aquí en esas costas. Adiós y saluda a tú hijo que es también mío”

Hay que reconocer la prudencia de Creúsa. Sabía que en su largo periplo se iba a encontrar con Dido y la convertiría en su amante. Pero no dice nada, ¿por qué? me pregunto. Cuando alude al “un reino y una reina”, no se refiere, precisamente, a Cartago y Dido. Habla de Roma y de Livia, la hija del rey Latino, a la que encontrará a su llegada al futuro emplazamiento de la Urbe. ¿Era prudencia o celos? No menciona a Dido en su largo y acertado vaticinio. Prefirió ignorarla, no mencionar su nombre siquiera. Dido por su parte, tiene que haberse sentido confundida. ¿Se refería a ella la narración de Eneas? Era reina y tenía un reino, amén de ser viuda y joven. Desde el primer momento se sintió atraída por el troyano exiliado. Se trataba de un héroe en busca de un reino y ella tenía uno. Durante años había gobernado con sensatez los dominios cartagineses, pero ahora sentía la necesidad de un hombre que gobernara a su lado, que se encargara de las difíciles tareas del gobierno. Y ahora este esforzado visitante le hablaba de lo que iba a ser su futuro, un futuro que estaba dispuesto a compartir. El silencio de Creúsa, su reticencia a contar el cuento completo va a ser la causa de la ruina de Dido y de la vergüenza de Eneas.

Lo de Strand es un signo más de nuestros tiempos de cambiante sensibilidad. Que consiste en una relectura de Virgilio, el gran vate condenado por la miopía de la modernidad al papel de mero imitador de Homero. Una distorsión que comenzó a ser cuestionada a finales del novecientos y que, en estas décadas primeras del XXI ya no ha quien se atreva a mantener. Una actitud más sensata sería la más obvia: Homero es Homero, y Virgilio es Virgilio.

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí

Alejandro Oliveros Alejandro Oliveros, poeta y ensayista, nació en Valencia el 1 de marzo de 1948. Fundó y dirigió la revista Poesía, editada por la Universidad de Carabobo. Ha publicado diez poemarios entre los que figuran El sonido de la casa (1983) y Poemas del cuerpo y otros (2005). Entre sus libros de ensayos destacan La mirada del desengaño (1992) y Poetas de la Tierra Baldía (2000).

Comentarios (9)

Malula C
11 de febrero, 2017

Profe..gracias.. … y que bueno reencontrarse con la Eneida de Virgilio y con DIDO..la reina amable, perseverante y ciega de amor , lo cual la vuelve desconsiderada y dura cuando alguien le muestra las cosas como son, y que luego su ceguera la pagará muy caro..

Sael Ibáñez
12 de febrero, 2017

Un excelente temprano ejemplo, uno de los mayores, de mataliteratura. Borges enfatizó esa diferencia Homero y Virgilio, al menos la sugirió, y hasta llegó a considerar la Eneida como el mayor libro de la literatura. Bueno Borges era él y su estilo de opinar, también dijo lo mismo de la Divina Comedia.

Sael Ibáñez
12 de febrero, 2017

Claro, quise decir metaliteratura, esa matalitetura suena muy irónico!

Victoria I
12 de febrero, 2017

Lastimosamente todo y TODO lo que se publique por aquí o en cualquier portal criollo..va a enlodarse con el FANGO ROJO que nos asfixia en estos tiempos..De ahí que a la Reina Dido de Virgilio la veo como a la reina venezuela..que se empalagó de amor ciego por una fétida ideología roja y se arruinó…..( Sorry..Profe !!!..).

Sheyla Falcony
12 de febrero, 2017

Es decir ..Amiga Victoria I,… lo cual quiere decir que todos los temas se desplazan hacia una elaboración significante en un TODO, al deslizarlos hacia un único objetivo común, y en este caso: ¡Venezuela y su karma actual!. Bueno esto no luce descabellado, dada la libertad que ofrece el idioma , y que se vuelve un condominio liberal, donde todos caben. Creo que a eso lo llaman metadiscurso..(?). ……………….Profesor Oliveros, mil gracias por sus aportes, y lo esperamos de vuelta.

Mary
12 de febrero, 2017

Hola Profe..¿qué opina de este comentario?.

La mataliteratura para algunos, es una “torsión del texto”. para otros este término ofrece dilemas y confrontación de diversa naturaleza. Ahora bien.. resulta curioso que este término no aparece en los diccionarios oficiales de la lengua hispana, a pesar de su uso cada vez más frecuente. Los anglosajones usan el término.” metaficción “.

douglas
13 de febrero, 2017

Si Dido no se mata ella misma lo hubiera hecho Yarba, el negro que la pretendía y que le había permitido construir a Cártago. Virgilio hace que Eneas cuente, así como Ulises lo hace ante los feacios, lo que Dido desea oír y que Creusa no sabe porque no se trata, en su caso, de anagnórisis. Por lo demás Virgilio escribe para Augusto. Solamente la incuria académica de estos países puede plantear esa confrontación imbécil entre Homero y Virgilio. Sigo insistiendo en que debe leerse el Pequeño tratado de la presunción de Briceño Iragorry, por ser una de las pocas veces en que un venezolano se encontró con el Minotauro. El libro VI de la Eneida merece el esfuerzo: Seamus Heaney, en su empeño antibritánico, lo tradujo antes de morir. Virgilio, junto con Dante, Petrarca y todos los númenes de la antiguedad grecoromana deben ser nuestros best-sellers secretos y cotidianos. Hasta Robespierre en su último discurso citó el episodio de Salmoneo, quien pretendió sustituir a Zeus.

Carlos Rojas Malpica
14 de febrero, 2017

Conmovedor el encuentro de Eneas con el bondadoso fantasma de Creúsa. No lo recordaba porque leí La Eneida en mi lejana adolescencia. Lo lamento, porque termino de escribir un largo ensayo sobre “La sensación de presencia. Neurofenomenología y análisis existencial” y he podido citarlo. Es muy frecuente que la viuda o el viudo sientan que el cónyuge fallecido se siente a su lado, en la butaca de siempre, o incluso que se tienda en la cama al momento de dormir. Ello ocurre porque el amor y la meternidad producen registros muy fuertes, que no se borrran porque el compañero de vida o el hijo se hayan marchado. Ocurre igual que con el llamado “miembro fantasma” de los mutilados, quienes siguen sintiendo la mano o el pie que ya no los acompaña. Incluso un perro que se haya querido mucho, puede ser percibido como una “sensación de presencia”. Cuando la “presencia” se percibe del lado derecho, el fenómeno se vive con un afecto “casi agradable”, y lo que falta para ser totalmente agradable, es porque siempre hay algo ominoso y conmovedor, muy difícil de calificar…¿De qué lado estaba Creúsa cuando le habló a Eneas?

douglas
16 de febrero, 2017

Creusa es una aparición fantasmática, psíquica. En el caso de Dido, Anquises y Palinuro Eneas realiza su nekya.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.