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En busca de una “delicada belleza” / “Libros, secretos” de Jacobo Siruela; por Patricio Pron

Por Patricio Pron | 9 de enero, 2016

En busca de una delicada belleza Libros, secretos de Jacobo Siruela; por Patricio Pron 640

Alejado de los centros neurálgicos de la edición española en la localidad ampurdanesa de Vilaür, Jacobo Siruela viene realizando desde 2005 una labor excepcional al frente de la editorial Atalanta, cuya relevancia no sólo es determinada por la calidad de su catálogo (que incluye obras de René Daumal, Vernon Lee, Peter Kingsley, Ivan Morris, Max Ernst, Nicolás Gómez Dávila, Eliot Weinberger, Salvador Elizondo, Francisco Tario, Edward Gibbon, Felisberto Hernández, Joseph Campbell y William Blake, entre otros) sino también por lo que ese catálogo pone de manifiesto: que, pese a los argumentos de ciertos editores, la edición literaria de gran calidad es viable económicamente.

A este aspecto de su trabajo (que sirve, inevitablemente, de denuncia tácita de un cierto estado mental del resto de la edición en español), Siruela suma, sin embargo, su labor como antologador (Vampiros y la extensa Antología universal del relato fantástico, de 2010 y 2013 respectivamente) y autor de una obra ensayística relativamente breve que incluye su investigación cultural del onirismo El mundo bajo los párpados (2010).

Libros, secretos reúne ensayos publicados en diferentes circunstancias y con propósitos distintos; pese a ello, su hilo conductor es la posibilidad de que los textos posean algo más que los secretos que revelan con su lectura, y que esos secretos den cuenta de las formas en que hemos concebido a lo largo de la Historia la adquisición y la transmisión del conocimiento. El carácter indescifrable del famoso “manuscrito Voynich”, la prescindencia de texto en el Mutus Liber (1677) y la encriptación deliberada de las obras alquímicas para no ser leídas por “necios y locos” (36) establecen una relación específica entre ocultar y revelar que podría parecer restringida a su época, pero está presente en la “relampagueante prosa torrencial, plena de hallazgos verbales” del Finnegans Wake de James Joyce (62), en el emborronamiento de la autoría (y la elección por el latín) de “Petrus Talemarianus” en su L’Architecture naturelle (1944), cuyo propósito es “enseñar a construir casas y templos con materias naturales, ‘según las leyes secretas de la naturaleza'” (70), en la abstracción pictórica de Piet Mondrian, Vasili Kandinsky y Hilma af Klint (y sus vínculos con la teosofía, desconocidos para quien esto escribe antes de la lectura del libro), en la producción espiritista y la investigación psíquica de autores como Annie Besant y Charles Webster Leadbeater y en la obra de la surrealista Valentine Penrose.

En todos ellos se pone de manifiesto el problema de la legibilidad y sus límites; en todos ellos, también, la adquisición del conocimiento sólo se produce si se lee “lo que se dice, lo que está”, pero también (y particularmente) “lo que no se dice, lo que no está”, el excedente de significado que sólo puede acoger un tipo de significante particular, la metáfora. En los textos y obras antes mencionados, en la historia de Erzsébet Báthory, la “condesa sangrienta”, en el mito moderno del vampiro, en el antiguo de Gilgameš, en las visiones del sueño como parte del mundo objetivo, real, lo que se pone en juego es la metáfora (“lo que más nos aproxima a la esencia de lo real”, según el autor: 239) y la pregunta de si podemos (y en ese caso, de qué manera) acceder al significado profundo de lo que nos rodea.

Al igual que la singular producción fotográfica de Masao Yamamoto, cuyas imágenes “expresan la fuerza y sencillez de lo vivo: la poderosa y delicada belleza que irradia todo aquello que simplemente es” (247; cursivas del autor), Libros, secretos es una reflexión sobre unos textos, mitos y personajes a los que, por lo general, nuestra cultura ha relegado a la oscuridad o a una preeminencia desconcertada, así como una promesa de que en su estudio se encuentran las claves para acceder al conocimiento de lo que somos (cualquier cosa que seamos) y a esa “delicada belleza” que se encuentra (también) en los textos incomprensibles, en nuestras pesadillas, en los nombres con los que conjuramos el miedo, en los “territorios laterales” del pensamiento esotérico, en la metáfora.

Jacobo Siruela
Libros, secretos
Girona: Atalanta, 2015

Patricio Pron 

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