Perspectivas

El socialismo como problema; por Ramón Escovar León

Por Ramón Escovar León | 26 de octubre, 2017
Invasión soviética a Praga en agosto de 1968 / Fotografía de Josef Koudelka

Invasión soviética a Praga en agosto de 1968 / Fotografía de Josef Koudelka

“No es popular tener razón antes de tiempo” es frase atribuida a Octavio Paz. Decir lo que se piensa para exponer una opinión que luego se corrobora como acertada, coloca a quien la emite en la posición de aguafiestas. Fue lo que ocurrió con Teodoro Petkoff con su libro: Checoslovaquia. El socialismo como problema, publicado en 1968 luego de la invasión de los tanques soviéticos a Checoeslovaquia, que constituyó una advertencia de cuanto ocurriría posteriormente con el comunismo soviético.

El Ejército Rojo abatió la expresión de libertad que representó la denominada “Primavera de Praga”. La magnitud imaginaria que representó en el colectivo mundial esta invasión fue la materia prima que permitió a Petkoff escribir este ensayo canónico en el que demuestra los desvíos del comunismo soviético y la necesidad de romper con ese esquema. La repercusión de este libro en el comunismo del momento se evidenció cuando Leonid Brézhnev, secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, atacó tanto a las ideas como al autor en el informe del XXIV Congreso del Partido Comunista.

Las críticas de Petkoff contra el comunismo soviético estropearon la fiesta de los marxistas-leninistas de la época. Vale destacar el dogmatismo de los marxistas, al punto de equipararse a una religión: “Los comunistas nunca se equivocan”. En este sentido, Teodoro cuenta una anécdota recogida en una conversación que mantuvo con Alejo Carpentier en 1967, quien le dijo sobre Fidel Castro: “Yo creo lo que dice Fidel. Él nunca se equivoca […] El partido nunca se equivoca”. A esta ceguera religiosa no escapa Pablo Neruda con su Oda a Stalin. Esto es suficiente para entender la rigidez de los revolucionarios marxistas al imponer sus programas políticos y económicos: las llevan a cabo “como sea”, aun en contra de las realidades objetivas de los hechos y de la experiencia.

Desde la publicación Checoslovaquia. El socialismo como problema, el pensamiento de Teodoro no cesó de influir sobre la izquierda. En el caso venezolano la primera y evidente consecuencia fue la división del Partido Comunista y la fundación del Movimiento al Socialismo. Este partido nace rodeado de expectativas y simpatías, al punto que Gabriel García Márquez le expresa su solidaridad al momento de recibir el premio Rómulo Gallegos en el año 1972.

El tiempo dio la razón a Teodoro. El desprestigio y deterioro de los partidos comunistas en Europa del Este creció sin detenerse. En este contexto, Ronald Reagan el 12 de junio de 1987 pronuncia frente a la Puerta de Brandeburgo su lapidario pregón libertario: “Sr. Gorbachov, derribe ese muro” (tear down this Wall). El muro, que dividía la libertad de la esclavitud política, fue derribado, mandarria en mano, por el pueblo alemán el día 9 de noviembre de 1989. Así nació la nueva etapa de libertad y prosperidad en Alemania basada en la tolerancia y en la democracia. Lo que significó esta doble vida en un mismo pueblo, dividido por el muro del dogmatismo ideológico y de la intolerancia, puede verse en la película Adiós a Lenin: una familia que padece el drama de vivir en una ficción.

El socialismo es el mayor problema para los valores republicanos. El comunismo es incompatible con la libertad, y este es el valor nuclear de una república. Donde ha existido el socialismo marxista, la libertad es triturada por las bayonetas, la violación de los derechos humanos y la intolerancia sustentada fanáticamente en los dogmas ideológicos.

Todo eso lo pudo predecir Teodoro Petkoff en un libro que conviene recordar ahora, cuando Venezuela padece el socialismo marxista en su expresión más ruda. Las sociedades que toman este camino cierran las puertas a los valores republicanos, como Cuba. Lo esencial de una república es el Estado de derecho, los derechos humanos y la libertad; valores que no existen en los regímenes marxistas-leninistas.

Era difícil imaginar que los escombros ideológicos de los países de la Cortina de Hierro iban a naufragar hasta llegar a las costas venezolanas. Esto, unido al militarismo, dio nacimiento al movimiento populista-castrista que hoy domina a nuestro país. Semejante amenaza había sido igualmente anticipada por Teodoro cuando en 1998 decidió separarse del Movimiento al Socialismo, el partido que había fundado, por la decisión de este de apoyar electoralmente a Hugo Chávez. Petkoff fue uno de los primeros políticos de audiencia nacional que advirtió “el fantasma del comunismo” que -auspiciado por el militarismo- gravitaba sobre Venezuela. Nuevamente tuvo razón anticipada y fue también un aguafiestas de la izquierda radical.

Escribo este artículo en momentos en que Petkoff está retirado de la vida política por motivos de salud. A él debemos reconocer que en su ejercicio político -posterior a su rectificación en 1968- hizo prevalecer los valores republicanos sobre los intereses cortoplacistas propios del pragmatismo. Así lo advirtió Manuel Caballero en el prólogo de la segunda edición de la obra a que me refiero, cuando afirmó que Teodoro entendió “la política como una elevada tarea espiritual, y no el asqueante pragmatismo clientelar que hoy la caracteriza”.

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Ramón Escovar León 

Comentarios (6)

Estelio Mario Pedreáñez
26 de octubre, 2017

En Hispanoamérica la Contrarreforma caló hondo, tanto que los líderes políticos y nuestros “grandes intelectuales” generalmente están desfasados de la realidad en proporción de décadas (y ahora hasta de siglos) y sienten temor, odio, desdén o desprecio a la lectura, lo que explica que durante años y años negaran la realidad de los hechos ante el grave fracaso de las ideologías totalitarias (un gravísimo retroceso para la Libertad y la Dignidad de la Humanidad), y aunque ya nadie se entusiasma con el Nazismo y el Fascismo, si lo hacen con el Comunismo, una de las caras del Totalitarismo. El camarada León Trotsky publicó en 1940 “La Revolución Traicionada”, en 1955 Nikita Krushchov denunció ante el mismo XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética los crímenes de Stalin. En 1956 los tanques soviéticos invadieron Hungría. En 1965 la Cuba de los Reyes Comunistas (Dinastía Castro) ya era un país de esclavos alquilado a la Unión Soviética y vivía del subsidio. ¿Y no se enteraron?

Estelio Mario Pedreáñez
26 de octubre, 2017

Ante las grandes injusticias sufridas por las sociedades humanas, organizadas sobre la fuerza y las desigualdades, surgen las luchas por erradicarlas (la mayor injusticia, la esclavitud, en la milenaria Historia de la Humanidad apenas fue abolida en el siglo XIX, más por la invención de la máquina de vapor que por acción de muchos “libertadores”, algunos hasta “amos” de esclavitudes), y para promover las luchas contra tales injusticias propusieron modelos ideales, las famosas “utopías”, para reorganizar las sociedades humanas. Y error: Miraron y admiraron a la Esparta de los antiguos griegos, el primer Estado Totalitario que registra la Historia (reformado para asegurar la esclavitud de poblaciones y territorios conquistados), y vieron a los “Iguales” (los “Homoi”) como los “Hombres Nuevos”, que fueron adoctrinados esclavos del Estado 700 años antes de Cristo. Francois Babeuf en 1795 publicó en París su “Manifiesto de los Iguales” y Karl Marx lo copió en 1848 (“Manifiesto Comunista”).

Estelio Mario Pedreáñez
26 de octubre, 2017

Otra Nota: Lo peor del Totalitarismo Comunista es que nació de una utopía basada en la mentira: Karl Marx copió las tesis utópicas del revolucionario francés Francois Babeuf (verdadero “Padre del Comunismo Moderno”) quien en 1795 publicó en un periódico de París, su “Manifiesto de los Iguales” (Marx lo copió y amplió titulándolo “Manifiesto Comunista” en 1848), para implantar una sociedad sin clases, previo el establecimiento de la “Dictadura de los Trabajadores” (Marx, como pequeño-burgués despectivo le cambió el nombre por “Dictadura del Proletariado”). La utopía de Babeuf se inspiró (y así lo dijo) en la Antigua Esparta, el primer Estado Totalitario que registra la Historia de Occidente (reformado para asegurar la esclavitud de poblaciones y territorios conquistados), y vió a los “Iguales” (los “Homoi”) como los “Hombres Nuevos”, que fueron adoctrinados esclavos del Estado 700 años antes de Cristo. Marx dijo que su utopía era “científica” y muchos creyeron (y aún creen) sus mentiras

CARLOS TAYLHARDAT
26 de octubre, 2017

Estimado Dr. Ramón Escovar León

Excelente narrativa. Muy a propósito de la realidad que vive hoy Venezuela. El postchavismo ha abierto las puertas a la tan cruda realidad explicada entonces por Petkoff.

Felicitaciones!

Guillermo Gorrín Falcón
28 de octubre, 2017

La falta de tolerancia de la izquierda, junto a su dogmatismo, no solo de la extrema izquierda, también de una pretendida izquierda light, está bien resumida, entre otros párrafos de Jean-François Revel (La gran mascarada, 2000, p. 29), por el siguiente: “La izquierda no se equivoca jamás, o al menos, solo se equivoca en relación consigo misma, en su propio seno, de un modo que solo es digno de ser discutido entre los pares que la componen, jamás en unas condiciones que podrían llevar a dar la razón a sus adversarios, o incluso a darles la palabra”. No hay forma que no sea totalitaria, o que el eje sobre el cual se desempeña no sea el control de los ciudadanos a toda cosa, es decir, necesariamente contra los derechos fundamentales del hombre y del ciudadano.

James A Ramírez G
29 de octubre, 2017

Siendo candidato, Hugo Chávez Frías ya expresaba su amor al comunismo, llamando Padre a Fidel Castro, en su presentación en Cuba allá por los años 90. El problema es que la mayoría de la ciudadanía, no lee, y mira lo que le conviene. En aquel tiempo, Chávez era conveniente para algunos políticos…

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