Perspectivas

El silencio, por Carolina Acosta-Alzuru

Por Carolina Acosta-Alzuru | 2 de abril, 2014

El silencio, por Carolina Acosta Alzuru 640

Venezuela no me suelta. “El país”, como le decimos los venezolanos cuando nos urge cosificarlo para hablar de él, no me toma la mano, no me sonríe. Más bien me hala con brusquedad y me grita su angustia, su desastre, su muerte. Venezuela se desgañita en pancartas que hablan de anaqueles vacíos y morgues llenas, y de la tiranía de un poder de furia desatada que insiste en sacralizar el legado de Hugo Chávez, mientras pretende imponerse a punta de represión.

No soy “de derecha”. Nunca lo fui. Pero pienso que lo que nos dejó Chávez no es un proyecto de justicia social sino una fortificación construida cuidadosamente con el objetivo de detentar el poder de manera absoluta y eterna. Los discursos del propio Chávez lo evidenciaban. Claro, para el que estuviera dispuesto a ir más allá de la etiqueta incompleta de “champion of thepoor”. Hoy el chavismo-madurismo trabaja con afán para convertir al país en una teocracia, al comandante en faraón y a ese edificio de poder en pirámide impenetrable y perpetua. He visto de cerca cómo erigieron su empalizada exterior. Desde el año 2004 he estudiado la construcción del cerco mediático que hoy le niega a los venezolanos su propia realidad y reduce al mínimo el espacio para las voces disidentes. Y no deja de sorprenderme cuántos de la izquierda internacional no se dan cuenta de todo esto, cuántos obvian las cifras de detenciones y torturados, aferrándose a una utopía socialista que no se parece en nada a la realidad de Venezuela.

Asirse al poder, esa es la obsesión. Por ello insisten en dividir. Les ha rendido frutos polarizarnos, decirnos que si no somos chavistas, no somos venezolanos, que ellos son “puro amor” y que los que estamos en desacuerdo somos “el odio”. Mientras, mantienen a toda una #tropa dedicada a insultar y a amenazar al que disiente. Entre tanto, el presidente también amenaza e insulta en cadena y, en el siguiente párrafo, llama al “diálogo” y “a la paz”. Acto seguido defiende el comportamiento de las milicias que siembran el terror en las calles. Son algunas de las muchas contradicciones que vemos en estos días entre discurso y accionar. En la oposición la intransigencia, los contrasentidos y el insulto tampoco están ausentes. Los radicales de ambos polos políticos, excesivos en su lenguaje y tono bélico, se dedican a enturbiar la mirada, a azuzar a los agresivos y a ensanchar grietas hasta hacerlas abismos. Están determinados a contagiarnos su ceguera. Los oficialistas se aprovechan del canibalismo interno de la oposición. Lo estimulan. Y los que les siguen el juego se convierten, aunque griten su identidad opositora, en amplificadores de la herencia más oscura del difunto comandante. La intolerancia nos tiene tan asfixiados como las bombas lacrimógenas.

Chavistas versus antichavistas. Venezolanos contra venezolanos. Un gentilicio que se agrede a sí mismo. Un país donde reconocer al otro es tarea impostergable.

Vivo en Estados Unidos desde hace más de 20 años, pero nunca me he ido de Venezuela. Estoy acostumbrada a la distancia geográfica, pero jamás estoy lejana, ni en lo intelectual, ni en lo emocional. Voy a mi país varias veces al año. Lo estudio. Lo adoro. Siempre me duele dejarlo, pero he aprendido a manejar ese malestar. Así que hace rato que me convertí en experta en “pasarme el suiche” entre mis dos países. Pero el 12 de febrero el interruptor dejó de funcionar correctamente y ahora vivo con un cortocircuito.

Soy profesora universitaria. No es solo mi trabajo, es mi manera de vivir. La universidad es el agua donde abrevo y navego a diario. Amo el bullicio de sus pasillos y los infaltables “hi, Carolina” y “hi, Dr. A” que me encuentro en ellos. Pero últimamente me siento íngrima en la universidad. Llego todos los días sobrecogida con las noticias y las imágenes de Venezuela, adolorida luego de analizarlas y abrumada por el incierto futuro del país donde nací. Pero no hablo de eso a menos que me pregunten. Y rara vez alguien lo hace. Venezuela no está en el radar de los que me rodean. Otros temas ocupan sus mentes. Otros titulares encabezan los medios del país donde vivo. Para mis colegas y alumnos el único recordatorio de Venezuela soy yo. Siempre ha sido así. Solo que antes eso no me importaba. Eso no me modificaba. Ahora me repliego como el que disimula un dolor de muela. Sé que no saben, que no entienden, que no se imaginan. Me mantengo en silencio también porque asumo que ya están obstinados del monotema en mi Facebook y en mi Twitter. Que ya se lo saltan.

Estamos todos tan ocupados. Hay clases que preparar, exámenes que corregir, papers que escribir, congresos que asistir. Mala cosa que no haya tiempo para explicaciones que no estén en el cronograma del semestre.

Mis alumnos me necesitan.

Afuera el cielo y los árboles están vestidos de primavera. La luz ha desterrado las tinieblas del invierno. Pero yo llevo la oscuridad de mi país por dentro. También mis lágrimas. Aquí no lo saben. Habrá quien lo suponga.

Entro al aula. Sonrío.

Una vez me dijeron que todos los profesores somos actores y que nuestro teatro es el salón de clase. No estuve de acuerdo. Me equivoqué.

Carolina Acosta-Alzuru 

Comentarios (18)

Mariel Patronelli
2 de abril, 2014

Impresionante artículo.Lo compartí en facebook y en twitter para que muchos lo lean. Hay mucha gente equivocada,dolorosamente equivocada. Un beso grande,y un rezo. Por tu país.Por todos.

juan
2 de abril, 2014

Muy conmovedor tu mensaje aquí en tu país sentimos lo mismo al ver un centro comercial lleno de gente en un día de protestas y muerte

joaquin rivas cesari
2 de abril, 2014

Hi Dr. A. Yo naci vivo y trabajo en venezuela y me identifico con la esencia de su articulo. Soy servidor publico. . Medico. Estoy en corto circuito igualmente de acuerdo con la esencia que expone en sus lineas. Todos los que nos circuitamos recien por asumir tal definicion, nos convertimos en actores porque mas que por supervivencia laboral aca en nuestro pais es vital reconocernos, reconciliarnos y funcionar. Y comenzar por tu trabajo es necesariamente incomodo por lo cual el artista interno se proyecta para cumplir tu labor sin perder tu esencia. Un abrazo a la distancia y gracias por compartir con nosotros tu pensar.

Denise Reiners de Guinand
2 de abril, 2014

Estimada Carolina, Te conozco y no te conozco, pero hoy te quiero transmitir un poco de esperanza y alegria en tu corazon. Para los que estamos en Venezuela y participamos activa y en paz en esta lucha, sentimos que Venezuela DESPERTO y cada dia se nos hace mas evidente. Vamos por el camino correcto, mucho sufrimiento, mucho miedo, mucha angustia, sobre todo si tenemos hijos involucrados o sufriendo las consecuencias. Cada dia vemos a venezolanos mas involucrados, mas comprometidos y aunque suene imposible, identificados todos con los mismos problemas. Las asambleas de calle han dado su fruto, han levantado la voz miles de lideres. El ejemplo de lucha de los JOVENES Y de Maria Corina ha sido muy impresionante y a tocado la fibra de muchos. El Gobierno esta cada dia mas solo, dentro y fuera de Venezuela. !Animo que seguro muchos si leen tus Tweets y tus mensajes de Facebook!

Luis Enrique Palacios
2 de abril, 2014

Escuchando el contenido y la melodía de las palabras de Carolina, no puedo más que agradecerle por permitirme una vistazo a su intimidad venezolana. He sido testigo de su noble tarea por buscar comprender a los venezolanos de lado y lado, buscando siempre ese puente que una al país. Ahora que también vivo la actual crisis desde el exilio, no puedo más que solidarizarme con su pensar y sentir, con la esperanza de que esa luz primaveral penetre y caliente los corazones fríos de los que con su intolerancia tienen secuestrado a una nación. La noche es más negra a medida que se acerca el amanecer. Eso es lo que esperamos ver en nuestra amada patria al norte del sur. Viva Venezuela, nuestra patria querida!

Ana Giusti
2 de abril, 2014

“La intolerancia nos tiene tan asfixiados como las bombas lacrimògenas. Triste realidad la de nuestros paìs,todos compartimos un mismo sufrimiento ,tanto los que se fueron , como los que lo viven en carne propia. Todos somos Venezuela!

Manuel Dommar Gago (@mdommargago)
2 de abril, 2014

No vives aquí pero pareciera que sí,pues,en tu articulo haces un retrato de la Venezuela que se vive día,a día.Saludos.

Luis Miguel Abad
2 de abril, 2014

Llegará la primavera, querida amiga…

Un beso

ignacio
2 de abril, 2014

Wao que hermoso creo que describe lo que muchos sentimos solo que, otros simplemente lo vemos desde nuestras ventanas o en cada protesta a la que asistimos con la mayor impotencia y sin la certeza que todo vaya a mejorar. Simplemente emotivas tus palabras besos tu ahijado

Mildred Franco
3 de abril, 2014

Carolina, Muy hermoso tu escrito. Expresa un sentimiento que yo siento muy mio. Yo como tu sali de Venezuela hace muchos anos (1987), y como tu siento a Venezuela todos los dias. No he podido regresar a Venezuela desde el 2002, pero vivo a medias porque todo lo que creci valorando lo siento perdido. Yo me siento impotente ante lo que vive Venezuela ahora, pero he decidido que puedo aportar algo usando Facebook,Twitter y email para compartir noticias con mis compatriotas en Venezuela y en el resto del mundo, y mantener informados a mis amigos en USA, Canada y Europa de lo que realmente esta sucediendo ya que como tu dices “la izquierda internacional no se dan cuenta de todo esto, cuántos obvian las cifras de detenciones y torturados, aferrándose a una utopía socialista que no se parece en nada a la realidad de Venezuela” y como todos sabemos la mayoria de los medios de comunicacion tradicional tienen un bias hacia la ideologia de izquierda. Ademas, he decidido que puedo ayudar a contrarestar la deinformacion y obtener apoyo internacional a traves del sistema politico de USA y Canada. Gracias por tus palabras. De una venezolana que aunque lejos no esta ausente, como tu.

Aquiles Marino
3 de abril, 2014

Apreciada desconocida profesora, gracias por el tono familiar y emotivo de su artículo, lo suscribo plenamente, quisiera mostrar mi mirada que solo recoge algunos pensamientos. Como lo veo “la tolerancia” no es suficiente para el reencuentro de nosotros, creo que el RESPETO es lo que se impone, un respeto autentico que no implique alineamientos y que valide la condición humana y venezolana de todos. Creo que aceptar que no tenemos más remedio que: coordinar nuestras acciones futuras con la otra mitad de conciudadanos que piensan diferente, esto es urgente, partiendo de esta aceptación se facilitaran los caminos de dialogo y reencuentro. Creo que las posiciones van más allá de “Asirse al poder, esa es la obsesión”, creo que la defensa es de un sistema, que este sistema solo se puede mantener conservan do poder autocrático, que nuestro gobierno defiende con su “Patria Socialismo o Muerte”, el mismo que tiene sus tentáculos mas allá de nuestras fronteras. Creo que hemos descubierto un monstruo que amenaza con llevarse lo mejor de nuestro gentilicio: El Radicalismo, este que con su inhumana violencia hoy nos despoja de libertades al tiempo que condena a la esclavitud del resentimiento, el monstruo que no tiene ideologías ni bandos. Profesora, el repliegue en silencio, con todo respeto, nos privará de su cálida mirada y de su aporte en la construcción del reencuentro.

jesus perez
4 de abril, 2014

cual primavera, cual invierno¿?. tu das clases en ucrania acaso¿?. Cual cerco mediático¿?. basta abrir la prensa todos los días y leer los artículos de opinión. Vives en una realidad distinta a la nuestra. Y si le paras mas a los medios internacionales y al twitter te pones peor.hay gente que cree en las falsedades que se dan por las redes sociales y no en la democracia y en el libre ejercicio del voto

Lucía Vera de Gutierrez
4 de abril, 2014

Carolina, estás en lo cierto, también tengo 6 hijos de 8 fuera del país que se fueron por buscar un futuro mejor, pero siguen llevando a VENEZUELA en su mente y su corazón, la lucha sigue pero DIOS que lo ve todo, sacara muchos frutos de todo esto, confiemos y sigamos luchando. Un abrazo fuerte

Camila
4 de abril, 2014

Profesora, su escrito es conmovedor por demás.

Jamás pretenderé entender con certeza qué y cómo se sienten los Venezolanos ante todo lo que está sucediendo en su país. Pero si sé lo es vivir en ese espacio de la diáspora – tan lejos de mi patria y de mi familia. Un espacio que hala y desgarra a uno, siempre poniendo a prueba lo que por tantos años uno daba por sentado. Sólo quería expresar que usted es una gran escritora, tanto en Inglés como en Español, y que me siento orgullosísima de poder ser su estudiante. ¡Un abrazo solidario!

Alejandro Zapata
5 de abril, 2014

no estas sola, todo el que lea lo que siente se conecta con tu forma de ver lo que queda de nuestro país que bello sentimiento por Venezuela falta mucho para ver una luz ,pero somos 30 millones, no dos partes.

elsymananares
5 de abril, 2014

Mis respetos al sentimiento de este ensayo. Vivir la patria a distancia duele mucho, pero llevarla tan profundamente en el corazòn reconforta.

Jesus Ssoa
5 de abril, 2014

Carolina, Te felicito por esta entrega. Se siente tu amor por el pais. Muy acertado por el comentario de elsymanares, me subscribo a este!

Abzs

Carolina Acosta-Alzuru
6 de abril, 2014

Estoy agradecida con la lectura de tantos de este escrito. Es un texto arriesgado para alguien como yo, acostumbrada a la distancia de lo personal que genera la escritura en tono y formato académico.

Los comentarios recibidos me conmueven profundamente. Agradezco cada palabra que han dejado aquí, cada enseñanza y tanta comprensión y generosidad. Gracias por compartir desgarraduras y esperanzas, exilios geográficos y emocionales, y la determinación de ver la primavera florecer en Venezuela.

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