Perspectivas

El sabor de las uvas; por Gerardo Guarache

Por Gerardo Guarache Ocque | 29 de diciembre, 2016
S/A. Andrés Eloy Blanco. © Fotografía de la Fundación de Fotografía Urbana.

S/A. Andrés Eloy Blanco. ©Imagen del Archivo de Fotografía Urbana

Antes de que el calendario expirara, el abuelo se abstraía, soltaba el güisqui por un momento, acomodaba el vinilo sobre el tocadiscos y dejaba caer la aguja justo antes de unas campanadas y el primer verso, el mismo que había sonado el anterior diciembre, el que antecedió a ese, el otro y el otro. Madre: esta noche se nos muere un año

El abuelo, El Pay para nosotros, Doctor Fernando Guarache Mello para el resto, insistía en exponernos a esas verdades, esos sentimientos, esa sabiduría de antaño. Los demás, los pequeños explotando cebollitas contra el piso y los mayores maraqueando el escocés con finos movimientos de muñeca, no comprendíamos absolutamente nada. Eran vainas de viejo, pensábamos.

La casa de la abuela, La May para nosotros, Señora Beatriz para el resto, suponía varias certezas, y más aún en estas fechas. En aquella quinta, al final de la avenida Andrés Bello de Cumaná y frente al mar que separa la ciudad de la península de Araya, segurísimo habría pernil, hallacas, pan de jamón, ponchecrema, todo el combo navideño. También, en contraste con los fuegos artificiales, sonaría la voz metálica de otro Andrés, que venía del pasado para recitarnos su propia obra.

Las palabras emanaban del estéreo, testarudas y secas. Todos querían gaita zuliana, parranda, guaracha; pero el poeta se empecinaba en recordarnos que las doce uvas no siempre saben igual. Contra gritos de Feliz Año, espaldarazos sonoros y choque de copas, continuaba sus estrofas, que penetraban una a una el alma taciturna del abuelo, El Pay, el Doctor Guarache. 

Y ahora, madre, que tan sólo tengo
las doce uvas de la Noche Vieja,
hoy que exprimo las uvas de los meses
sobre el recuerdo de la viña seca,

siento que toda la acidez del mundo

se está metiendo en ella,
porque tienen el ácido de lo que fue dulzura
las uvas de la ausencia.

Cuentan que el joven Andrés Eloy Blanco, abogado, político, congresista, diplomático, poeta, humorista, uno de los cumaneses más ilustres del siglo XX, estaba nostálgico en la Navidad de 1923. Soportando el invierno y la soledad en Madrid, donde se encontraba a raíz del premio de poesía que recibió por su Canto a España, escribió aquellas líneas, de las que brotan el amor por su madre y la pesadumbre por recibir el primero de enero lejos de casa, a miles de kilómetros de distancia.

Doctor Fernando Guarache Mello

Doctor Fernando Guarache Mello

¡Madre, cómo son ácidas / las uvas de la ausencia!, se conmovía Andrés Eloy desde España y desde los años 20 cuando nosotros en Suramérica acabábamos de estrenar la década de los 90. El poema sonaba lejano. Aquel mensaje no parecía dirigido a nosotros. ¿Cuál ausencia? ¡Si todos estábamos allí! Hasta ese momento, en este racimo de guaraches, de más de 20 individuos —luego la cifra aumentaría sustancialmente—, no había ningún ausente. Todos saboreábamos juntos unas “uvas más dulces que la miel de las abejas”.

Prosperidad, abundancia, felicidad. Esas tres palabritas se repetían, como siempre, como una tarjetica prediseñada. Y una vez que comenzaban doce nuevos meses, el abuelo, El Pay, el Doctor Guarache, obligaba a su admirado poeta a cederle la batuta a Billo Frómeta. Las uvas del tiempo que nos daba para masticar ya estaban ahí dentro para añejarse, para que las digiriéramos por muchos años, para que en cada etapa de nuestras vidas experimentáramos la evolución de su sabor.

El abril siguiente, del que ya se cumplieron 25 años, un infarto sorprendió al Doctor Guarache en su consultorio, y con él murieron el abuelo y El Pay. Nadie, por años que me resultaron larguísimos, se atrevió a despertar a Andrés Eloy para que nos recitara de nuevo en vísperas de Año Nuevo. Como buenos venezolanos, le rehuíamos a la nostalgia. Escapábamos del recuerdo en lugar de reconciliarnos con él.

Ahora estoy escribiendo esto desde Bogotá, siempre fría, lluviosa y distante, evocando voluntariamente al poeta, descubriendo una acidez en las uvas que había permanecido agazapada; pensando en Cumaná, en los míos; en las abuelas y abuelos, todos muertos pero presentes; y he comprendido con abrumadora exactitud cada palabra que escribió aquel joven brillante mirando a través de la ventana de otro continente el último día de 1923.

Y vino toda la acidez del mundo
a destilar sus doce gotas trémulas,
cuando cayeron sobre mi silencio
las doce uvas de la Noche Vieja.

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Gerardo Guarache Ocque Periodista y músico, especialista en el ámbito del espectáculo, la crónica de concierto y la historia de la música popular. Puede seguirlo en cu cuenta de Twitter @gagueando

Comentarios (4)

Luis Felipe Blanco
29 de diciembre, 2016

Cada Nochebuena de Año Nuevo asistimos al rito del encuentro con él , y recordamos la última vez que lo recitó,alla en Mexico, el 31 de diciembre del 54 en una fiesta venezolana de destierro llena de un inesperado optimismo.Esa noche bailó un joropo largo, inédito para nosotros.

Ynes Bolivar
1 de enero, 2017

Infinitas gracias, por darle ese sabor de nostalgia a cada frase. Bien por ti, por Andrés Eloy, y, por el inolvidable Dr. Guarache.

Ramón Guerra
3 de enero, 2017

Mi madre compró para la casa un radio-pick up (?), que poseía su brazo para la caída del disco (LP) y el brazo con la aguja. Eran los años 70s, solo Rock y salsa emitía aquel aparato durante todo el año, bajo el control de los tres jóvenes hermanos. Mamá amenazaba con vender el aparato por el alto volumen con el que escuchábamos música. Le bajábamos un poquito, luego volviamos a subirle. Pero el 31 de diciembre, yo complacía a mamá. Radio Rumbos desde Caracas para la cuenta regresiva con Billos y cerca de las 12, Nestor Zavarce “Faltan cinco para las doce”. Ya antes Andrés Eloy y Las doce uvas del tiempo, habían sonado. Nuestra escucha en silencio con el mayor respeto.

Gerardo, Andrés Eloy tiene razón, las uvas se tornaron ácidas después de la partida de mi madre y de todos los tíos que amaban aquella declamación en esas horas postreras del año. No pude volver a escucharlas. Se que están allí aunque me esconda. Habrá tiempo. Saludos, desde Cumaná, Ramón Guerra.

Tropicana
4 de enero, 2017

Las Doce Uvas

Aunque se escondan..ELLAS.. seguirán ahí Ellas sólo llegan con el respeto y los valores, falta poco Son las doce uvas del tiempo Las declamaciones son íconos patrios, que por siempre vamos a valorar LLEGO el 2017, Mucha Suerte Venezuela. !!

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