Blog de Rafael Rojas

El racismo rutinario; por Rafael Rojas

Por Rafael Rojas | 6 de marzo, 2017
Participantes de una marcha a través de Alabama a favor de los derechos de los votantes afroamericanos. En el tercer intento, el Dr. Martin Luther King lideró la marcha desde Selma, Alabama hasta Montgomery, capital del estado. / Fotografía de Getty Images

Participantes de una marcha a través de Alabama a favor de los derechos de los votantes afroamericanos. En el tercer intento, el Dr. Martin Luther King lideró la marcha desde Selma, Alabama hasta Montgomery, capital del estado. / Fotografía de Getty Images

Frente al ascenso del racismo que vivimos a nivel global, lo menos pertinente es asumirnos libres de todo prejuicio racial. El prejuicio racial, como siempre, pensó León Poliakov, el gran historiador del antisemitismo, es algo tan firmemente incrustado en la mentalidad, por siglos y siglos de reproducción de uno u otro poder, que sólo se puede combatir desde el reconocimiento de su omnipresencia. Nada más racista que los decretos del fin del racismo, postulados por el socialismo real del periodo soviético, las filosofías del mestizaje en Brasil, México o Cuba o el republicanismo naive de Estados Unidos.

La reacción, primero filosófica y luego ideológica, contra la corrección política y la legislación multicultural que se abrieron paso en Occidente, sobre todo, en los años 90, ya comienza a cosechar sus primeros frutos políticos. La llegada al poder de líderes nacionalistas en Europa del Este, como Orbán, Tudor o Siderov, o como Donald Trump en Estados Unidos y, probablemente, Geert Wilders en Holanda, coloca al mundo ante una eventual reversa del paradigma de la diversidad. Si Marine Le Pen no se inmutó al comparar la inmigración musulmana con la ocupación nazi, Trump hizo campaña presidencial con el estereotipo de los mexicanos como “drogadictos, criminales y violadores”.

Por lo menos el multiculturalismo, fuera de sus variantes más triunfalistas, parte de la premisa de que el racismo es un mal cotidiano que debe corregirse. Hay una racionalidad contractual en esa filosofía, que, como en Hobbes o en Locke, nos recuerda que en cualquier momento, de no respetar ciertas normas del habla y el trato, caemos en el estado de naturaleza de la lucha de razas. Michel Foucault lo apunta en su Genealogía del racismo (1976), cuando señala que una vez que entramos en la guerra de razas, se pierde la distinción entre dominantes y dominados y el otro aparece siempre como enemigo.

Tanto la crítica neoconservadora al multiculturalismo, al estilo de Samuel P. Huntington, como la neomarxista, a la manera de Slavoj Zizek, tienen el inconveniente de subestimar la enorme capacidad de mutación del racismo.

Ambas críticas insisten en la hipocresía de los discursos de la diversidad, pero, a cambio, no ofrecen ningún paliativo contra la práctica cotidiana de la discriminación racial. Ni el liberalismo, con su doctrina de los derechos naturales del hombre, ni el republicanismo, con su quimera de una ciudadanía post-étnica, sirven de mucho para enfrentar la rutinización del racismo.

Tampoco los discursos de la identidad nacional ofrecen alternativas. Ya sea sobre la base de la homogeneidad étnica, como en Europa, o del mestizaje, como en América Latina, el nacionalismo, cualquier nacionalismo, tiende a normalizar la dominación racial. En nombre del nacionalismo se cierran fronteras, pero también se venera a padres o a caudillos de la nación, que son los primeros interesados en mantener el poder biopolítico de una élite blanca. Hay racismo, también, como advertía Frantz Fanon, en la demagogia anticolonial.

Una zona del antirracismo europeo y norteamericano pierde esto de vista, cuando respalda nacionalismos que consideran “subalternos”, en América Latina, y que en vez de reducir el racismo, lo han dotado de nuevas formas. La lección de Michel Foucault sigue siendo válida: el derecho, las leyes y las convenciones no escritas deben transformarse en armas del antirracismo. Y para ello se requiere dejar atrás cualquier prurito liberal, republicano o socialista y comprender la diversidad racial como parte del bien común.

Rafael Rojas Rafael Rojas es autor de más de quince libros sobre historia intelectual y política de América Latina, México y Cuba. Recibió el Premio Matías Romero por su libro "Cuba Mexicana. Historia de una Anexión Imposible" (2001) y el Anagrama de Ensayo por "Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano" (2006) y el Isabel de Polanco por "Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica" (2009).

Comentarios (4)

Estelio Mario Pedreáñez
6 de marzo, 2017

Tiene mucha razón el siempre talentoso Rafael Rojas: El racismo es un mal antigüo en la mayoría de las sociedades humanas. Nace de considerar “inferior” al “otro”, pero ya el conocimiento científico, biológico, nos dió las mejores armas para combatirlo y erradicarlo: La especie humana es una sola y se originó en África. Todos somos afrodescendientes. El considerar “inferior” a quienes tienen caracteristicas étinicas distintas se remonta a los antigüos griegos que calificaban a los extranjeros como “bárbaros” por no entender sus lenguas y por esto los consideraron menos inteligentes. Y fueron unos “bárbaros” quienes los derrotaron, conquistaron y oprimieron: Los romanos. ¿”Inferior” un estadista y alma superior como Nelson Mandela? ¿”Inferior” Mahatma Gandhi? ¿”Inferior” un chino como el genio General Sun Tzu, autor del “Arte de la Guerra”? ¿”Inferior” un estadista como Benito Juárez? ¿”Inferior” un costeño colombiano como Gabriel García Márquez? ¿”Inferior” el “indiano” Simón Bolívar?

Estelio Mario Pedreáñez
6 de marzo, 2017

Así pues, se estableció y probó históricamente que todas las étnias humanas conforman una única y misma especie, que todas tienen las mismas capacidades intelectuales y que los seres humanos tenemos todos iguales potencialidades, que no existen “inferiores” ni “superiores”. El racismo solo es una brutal manifestación de atavismos primitivos, de ignorancia y de atraso moral. Son falsas todas las “teorías” de “Superioridad”, como la “Aria” sobre el “pueblo judío”, refutada en 1905 cuando el genio Albert Einstein elaboró su teoría E=cm2, base del desarrollo atómico, al explicar que toda masa es una organización de energía, con todas sus transcendentales implicaciones. Ya en 1936 el negro norteamericano Jesse Owens ganó sopotocientas medallas olímpicas en el propio Berlín. Además los “inferiores” (a juicio de los imbéciles y malvados nazis) eslavos y “la mezcolanza inferior” de EE.UU. (también a juicio de Hitler y secuaces) derrotaron totalmente a Hitler y sus nazis en la II Guerra Mundial

Sandra Castro
6 de marzo, 2017

…”que son los primeros interesados en mantener el poder biopolítico de una élite blanca “…Entonces sólo los blancos son racistas? ó queremos trabajar la mente de lectores para que demos razón a Maduro?

Luis Fernando Gutierrez C.
7 de marzo, 2017

Este enjundioso articulo no puede ser leido una vez solamente. Es complicado el tema. Es peligroso tomar partido, es inutil encontrar un atajo para salir del problema que ya es muy complicado y muy extendido. Esto, ademas de que tiene tantas variantes y caras, que uno termina enredado y sin comprender ” de que se trata” eso en realidad. Hay casos absurdos e incomprensibles de actos o actitudesw racistas en personas altamente calificadas que ponen en peligro hasta la paz y el bienestar colectivo. Yo no se si la actitud asumida por el señor Trump, es una actuacion o una conviccion. De todas maneras, es muy peligrosa y francamente ofensiva por discriminante contra Mexico y America Latina en general. Hay que esperar un tiempo, pero no desentendernos. Yo creo que hay que replantear el problema. La gente cree que el racismo es contra los negros solamente,pero en USA vemos como se discriminan a orientales, indues, latinos, arabes etc. Es grave la cosa.

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